viernes, 31 de octubre de 2008

Sin percepción correcta, no hay juicio correcto

Un jinete vio que un escorpión venenoso se introducía por la garganta de un hombre que dormía tumbado en el camino. El jinete bajó de su cabalgadura y con el látigo despertó al hombre dormido a la vez que le obligaba a comer unos excrementos que había en el suelo. Mientras, el hombre chillaba de dolor y asco:
-¿Por qué me haces esto? ¿Qué he hecho yo?
El jinete continuaba azotándolo y obligándole a comer los excrementos.
Instantes después, aquel hombre vomitó arrojando el contenido del estómago con el escorpión incluido. Comprendiendo lo ocurrido, agradeció al jinete el haberle salvado la vida y después de besarle la mano insistió en entregarle una humilde sortija como muestra de gratitud. Al despedirse le preguntó:
-Pero ¿por qué sencillamente no me despertaste? ¿Por qué razón tuviste que usar el látigo?
-Había que actuar rápidamente –respondíó el jinete-. Si sólo te hubiera despertado, no me habrías creído, te habrías paralizado por el miedo o habrías escapado. Además, de modo alguno hubieras tomado los excrementos, y el dolor de los azotes provocaba que te convulsionaras, evitando que el escorpión te picara.
Dicho lo cual partió al galope hacia su destino.
No muy lejos de allí, dos hombres de una aldea vecina habían sido testigos del episodio. Cuando regresaron junto a sus paisanos, narraron lo siguiente:
-Amigos, hemos sido testigos de unos hechos muy tristes que revelan la maldad de algunos hombres. Un pobre labrador dormía plácidamente la siesta a la vera de un camino, cuando un orgulloso jinete entendió que obstaculizaba su paso. Se bajó de su caballo y con el látigo comenzó a azotarlo por tan mínima falta. No contento con eso, le obligó a comer excrementos hasta vomitar, le exigió que le besara la mano y además le robó una sortija. Pero no os preocupéis, a la vuelta de un recodo hemos esperado al arrogante jinete y le hemos propinado una buena paliza por su deplorable acción.


Los juicios de valor, las opiniones; sentenciar sin conocimiento de causa: nos lleva una y otra vez a equivocaciones. Pero en nuestro empeño en ayudar desde una percepción que puede ser errónea, no podremos salir del laberinto donde nos meten nuestros pensamientos, o para ser más exactos, nuestras construcciones mentales. Interpretaciones y nada más que interpretaciones, sesgadas por nuestros convencimientos, creencias, prejuicios y estereotipos, contaminados todos ellos por conflictos emocionales sin resolver. Incurrimos demasiadas veces en el mismo error sin aprender de los anteriormente cometidos. Impulsivos y con ansias de justicia, caemos en aquello que juzgamos y lo peor y más peligroso: que no somos conscientes de ello. Y no lo somos porque el odio puede ser hacia otro, quedando contaminando nuestro entendimiento y por lo tanto las respuestas que damos, llamadas estas proyecciones. Proyectamos en los otros aquello que no soportamos de nosotros mismos o aquello que nos hace daño de otro (ese otro que en su momento fue para nosotros un infierno o que aun lo es) pero que no podemos enfrentarnos con él, buscando así lo que se llamó siempre un "chivo expiatorio".
De nuevo, "ver la paja en el ojo ajeno, y no ver la viga en el propio". ¿Quienes somos nosotros para juzgar a nadie? ¿Acaso nos creemos superiores y con mejores virtudes que aquellos a los que juzgamos? No juzgar ni a buenos, ni a malos. Vista esta historia, mejor reflexionamos calmadamente sobre ello. La comprensión no se alcanza sólo con leer, la compresión se alcanza viviendo de primera mano los acontecimientos y aun así con mucho tiento y serenidad. Nos afanamos en criticar las acciones de jueces y demás personas públicas y nosotros en lo privado lanzamos proclamas para encender los ánimos de los demás haciendo exactamente aquello que criticamos, porque ¿acaso sabemos la verdad de aquello que juzgamos? ¿Sabemos a ciencia cierta por qué el otro comete tal acto o error o lo que sea? ¿Y con que fin lo hacemos? Me pregunto. Dejo la pregunta abierta, cada uno que encuentre su respuesta.
Y otra frase que en su momento me fue de gran ayuda. Si, porque yo también fui escupida por la furibunda rabia de los que juzgan sin conocimiento de causa en su momento, y sentí la impotencia de no saber porqué se hacia; y sentí la impotencia de saber que eran mentiras y aun así no escuchaban; y sentí como la violencia sólo genera violencia; y sentí como es de necesario tener la cabeza bien fría para hacer el menor daño posible a los demás; y sentí que no era comprendida ni escuchada, solo juzgada, así que esta frase del evangelio para mi es tan esclarecedora como la historia contada: "El que esté libre de culpa que tire la primera piedra"

jueves, 30 de octubre de 2008

Dolor

Me está doliendo el dolor del mundo. Se ha abierto una brecha y por ella sin poderlo evitar me estoy precipitando…las heridas mal cerradas se abren de nuevo, se abren para poder comprender...
Por mucho que entienda, por mucho que sepa, por mucho que intente sobrellevarlo, de momento puede conmigo... es un peso demasiado grande para mi…
Se necesita despertar ante le sufrimiento ajeno, sea cual sea. Día a día sigue habiendo algún acto para causar daño a otro ser… Ahora mismo al estar escribiendo esto, hay miles de miles de seres vivos sufriendo agonías terribles provocadas por otros.
¿Por qué? ¿Para qué?
El mundo necesita evolucionar para poder poner remedio a esta masacre…
El ser humano necesita evolucionar hacia una mayor sensibilización del dolor ajeno y propio.
Todos necesitamos ser amados, pero nos cuesta entender como amarnos a nosotros mismos y así este cambio es difícil –aunque no imposible. Caminar hacia una mayor conciencia y una mayor comprensión de cómo se puede evitar este sufrimiento. No sintáis dolor por mi, sino por esos otros muchos seres que sufren (animales y humanos), así se podrán tomar iniciativas para transformarlo y cambiarlo. Yo tengo herramientas para salir de este estado; estos seres de los que hablo no. Torturados por los que se saben más poderosos que ellos no pueden hacer nada, solo sufrir y esperar que la muerte les libere de la atrocidad.
La tortura aun sigue vigente pues cada día se practican en algún lugar hacia un ser vivo atroces actos. Sigue habiendo campos de concentración, sigue habiendo cárceles y lugares donde se tortura, laboratorios donde se martiriza animales atrozmente, y así un largo etcétera… y ya no vale cerrar los ojos... en esta sociedad globalizada que se ha impuesto hemos de ser capaces de hacer algo más que asistir impertérritos a tanto desmán, las herramientas están, aprendamos a utilizarlas, que nuestro aburrimiento se convierta en algo más que consumo...
Los que practican estas atrocidades también necesitan ser ayudados, también necesitan ser amados, para poder dejar de hacer sufrir a los demás. Encontrar justificaciones a nuestros actos no nos arranca de lo ya conocido. Podemos dar mucho más de nosotros como seres humanos.
Si somos capaces de amarnos, esto vendrá por si mismo. Comprendiendo como con nuestros pensamientos también hacemos que nada cambie, es uno de los primeros pasos para hacer que esto se transforme.
Esto para mi es mirar con los ojos del alma en nuestro interior y en el mundo.
Cambio yo, cambia el mundo.

lunes, 27 de octubre de 2008

Ante lo nuevo...

video
... el miedo. La dificultad de comprender o aceptar la novedad. No para todos resulta tan fácil comprender. Podría extenderme más, pero prefiero poner este video que nos lo cuenta en clave de humor. La risa esa gran liberadora, como me gusta entenderla.
"A buen entendedor pocas palabras bastan"

domingo, 26 de octubre de 2008

Una sonrisa

Una sonrisa cuesta poco y produce mucho.

No empobrece a quien la da y enriquece a quien la recibe

Dura solo un instante y perdura en el recuerdo eternamente.

Es la señal externa de la amistad profunda.

Nadie es tan rico que no pueda vivir sin ella y nadie tan pobre que no la merezca.

Una sonrisa alivia el cansancio, renueva las fuerzas y es consuelo en la tristeza.

Una sonrisa tiene valor desde el comienzo en que se da.

Si crees que a ti la sonrisa no te aporta nada, se generoso y da la tuya porque nadie tiene tanta necesidad de la sonrisa como quien no sabe sonreír.

sábado, 25 de octubre de 2008

El amor

El amor transmuta, el amor irrumpe, el amor consigue, el amor desprende, el amor comprende, el amor sosiega, el amor despierta, el amor despliega, el amor rompe, el amor da, el amor resplandece, el amor recrea, el amor replantea, el amor suma, el amor resta, el amor multiplica, el amor trasciende, el amor susurra, el amor dulcifica, el amor diversifica, el amor entrega, el amor complementa, el amor cura, el amor dedica, el amor adelanta, el amor intuye, el amor labra, el amor siembra, el amor recoge, el amor suaviza, el amor perdona, el amor nutre, el amor aprende, el amor calma, el amor olvida, el amor entiende, el amor satisface, el amor acaricia, el amor susurra, el amor traspasa, el amor libera, el amor vuela, el amor ríe, el amor eleva, el amor despierta, el amor alegra, el amor vive, el amor vibra, el amor resuena, el amor mueve, el amor dinamiza, el amor encanta, el amor danza, el amor lanza, el amor enciende, el amor impulsa, el amor cumple, el amor siente, el amor palpita, el amor juega, el amor sonríe, el amor dice, el amor calla, el amor tiembla, el amor inunda, el amor enmudece, el amor habla, el amor sabe, el amor pacifica, el amor hace, el amor aquieta, el amor sigue, el amor encuentra, el amor ve, el amor confía, el amor acerca, el amor canta, el amor profundiza, el amor purifica, el amor libera, el amor turba, el amor rejuvenece, el amor resurge, el amor cree, el amor abre, el amor conjuga, el amor crea, el amor renuncia, el amor...

viernes, 24 de octubre de 2008

Rutina o conciencia

Un joven discípulo se acercó a su maestro y le preguntó:
-Señor, cómo podemos huir de la rutina: todos los días nos vestimos, comemos…
El maestro le contestó:
-Nos vestimos y comemos.
-No comprendo –dijo el joven.
-Si no comprendes, ponte la ropa y come –respondió el maestro.

Hacer de cada uno de nuestros gestos un acto de atención. Viviendo en plenitud se borra la rutina y aparece la alegría.

miércoles, 22 de octubre de 2008

Déjame

Déjame decirte que los molinos son aspavientos.
Déjame decirte que tu mente esta en el viento.
Déjame decirte que los sueños vencen al intruso.
Déjame decirte que todos los ciertos acabaran inciertos.
Déjame decirte que vives en el infierno de tu caduca convicción.
Déjame decirte que no tendrás sosiego hasta el mudo amanecer.
Déjame decirte que saldrás victorioso sólo cuando te arrojes al abismo.
Déjame decirte que todos los marinos son bufones.
Déjame decirte que si vives ahora tendrás un luego.
Por dejarme, déjame decirte que abras los ojos de tu alma, ella es la única que está en lo cierto.

lunes, 20 de octubre de 2008

El hombre que plantaba árboles (Jean Giono)

Un relato lleno de sensibilidad que es un canto al desinterés y a la generosidad y que exalta el enorme valor que hay en un acto tan sencillo como es plantar un árbol.

En una yerma comarca de Provenza, un hombre solitario planta centenares de miles de árboles y transforma en un paraíso lleno de vida lo que antes era una región inhóspita y casi deshabitada. Es la historia de Elzéard Bouffier, un personaje inolvidable por su desinterés, por su enorme generosidad y por dejar huella en la tierra sin anhelar recompensa alguna. Jean Giono, uno de los escritores franceses más importantes de este siglo (XX), creó el personaje de Bouffier para “hacer que la gente amara a los árboles, para ser más exacto, hacer que amen el plantar árboles”. En su obra alienta una comunión con el silencioso mundo de las plantas, que purifica y renueva la tierra que nos rodea, nos reconforta y nos reconcilia.

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Para que un personaje manifieste sus más excepcionales cualidades, hay que tener la fortuna de poder observar su actuación a lo largo de muchos años. Si dicha actuación está desprovista de todo egoísmo, si obedece a una generosidad sin par, si es del todo cierto que no abriga un afán de recompensa y que, por añadidura, ha dejado una huella patente sobre la faz de la tierra, entonces no cabe error alguno.
Hará cosa de cuarenta años, hice un largo viaje a pie por unos montes poco frecuentados por turistas, sitos en esa antigua región donde los Alpes se adentran en la Provenza. En los tiempos en que comprendí mi caminata a través de aquellos parajes despoblados, todo era tierra yerma y descolorida. Nada crecía en ella salvo el espliego.
Cruzaba la comarca por su parte más ancha y, tras tres días de camino, me encontré en medio de la más absoluta desolación. Acampé junto a las ruinas de un pueblo abandonado. Me había quedado sin agua el día antes y precisaba encontrar más. Aunque asoladas, aquellas casas, arracimadas como un panal de avispas viejo, indicaban que una vez tuvo que haber allí una fuente o un pozo. Fuente había, en efecto, pero seca. Las cinco o seis casas sin techo, roídas por el viento y la lluvia, y la minúscula capilla con el campanario medio derruido, se levantaban como las casas y capillas de los pueblos habitados, mas todo signo de vida se había esfumado.
Hacía un hermoso día de junio, radiante bajo el sol, pero sobre aquella tierra expuesta, el viento, en lo alto del cielo, soplaba con una insoportable ferocidad. Rugía entre los esqueletos de las casas cual león defendiendo su comida. Tuve que trasladar el campamento.
Después de cinco horas de marcha, seguía sin encontrar ni una gota de agua y nada alentaba la esperanza de hallarla. En todos lados la misma sequedad, los mismos hierbajos. Acerté a divisar en la lejanía una pequeña silueta negra, erguida, que tomé por el tronco de un árbol solitario. En cualquier caso, me encaminé hacia ella. Resultó ser un pastor. Treinta ovejas yacían a sus pies sobe la tierra achicharrada.
Me dio a beber de su calabaza y, poco después, me llevó a su morada, en un pliegue de la llanura. Se abastecía de agua (un agua excelente) de un pozo natural muy profundo sobre el que había dispuesto una polea rudimentaria.
Era hombre de pocas palabras. Así es como son quienes viven en soledad, pero se notaba que estaba seguro de sí mismo, con un convencimiento absoluto. Algo inesperado en aquellos campos. No vivía en una cabaña, sino en una casa de piedra que daba fe de los esfuerzos realizados para reformar la ruina que había encontrado allí a su llegada. El tejado era recio y firme. El viento contra las rejas producía un murmullo como el del mar en la orilla.
Estaba todo ordenado, los platos, limpios, el suelo, barrido, el rifle, engrasado; la sopa hervía en el hogar. Advertí entonces que iba pulcramente afeitado, que llevaba todos los botones bien cosidos, que había remendado su ropa con la meticulosidad que hace invisibles los remiendos. Compartió la sopa conmigo y luego, cuando le ofrecí mi petaca de tabaco, me dijo que no fumaba. Su perro, tan silencioso como el amo, era amistoso sin mostrarse servil.
De buenas a primeras dimos por sentado que me quedaba a pasar la noche. La aldea más cercana se hallaba a más de día y medio de viaje y, por otra parte, estaba más que familiarizado con la naturaleza de los escasos villorrios de aquellos pagos. Apenas cuatro o cinco, dispersos por los cerros, al final de largos caminos de carro. Los habitaban carboneros que vivían en la penuria. Las familias, apiñadas a causa de un clima en demasía severo tanto en verano como en invierno, no se libraban de los incesantes conflictos entre personalidades encontradas.
La ambición irracional alcanzaba proporciones desmesuradas debido a la continua ansia por escapar. Los hombres acarreaban las carretadas de carbón hasta la ciudad para luego regresar. El yugo perenne de aquel penoso trabajo vencía a los caracteres más firmes. Las mujeres avivaban los motivos de agravio en todo había rivalidad, en el precio del carbón como por un banco en la iglesia, en las virtudes opuestas como en los vicios, así como en la perpetua lucha entre el vicio y la virtud. Y por encima de todo estaba el viento, también incesante, crispando los nervios. Se daban epidemias de suicidios y frecuentes casos de locura, habitualmente homicida.
El pastor fue a por un saquito y vertió un montón de bellotas sobre la mesa. Comenzó a inspeccionarlas, una por una, con un gran concentración, separando las buenas de las malas. Yo fumaba en mi pipa. Le ofrecí ayuda. Me respondió que era su trabajo. Y, en efecto, en vista del esmero con que se entregaba a la tarea, no insistí. En eso consistió todo la nuestra conversación. Tras separar una cantidad suficiente de bellotas buenas, las fue contando por decenas, al tiempo que eliminaba las más pequeñas o las que presentaban alguna grieta, pues ahora las examinaba con mayor detenimiento. Cuando hubo seleccionado cien bellotas perfectas, puso fin a la labor y se acostó.
Aquel hombre irradiaba paz. Al día siguiente le pregunté si me podía quedar un día más. Le pareció lo más natural, o, para ser exactos, me dio la impresión de que nada podía desconcertarlo. No es que tuviera una necesidad imperiosa de descanso, pero había despertado mi interés y quería saber más acerca de él. Abrió el redil y se llevó el rebaño a pastar. Antes de irse, sumergió en un cubo de agua el saco de bellotas cuidadosamente contadas y seleccionadas.
Advertí que a modo de cayado empuñaba una vara de hierro gruesa como un pulgar y de metro y medio de longitud. Andando a mi aire, seguí un camino paralelo al suyo. El pasto se hallaba en un valle. Dejó al perro a cargo del reducido rebaño y subió hasta donde yo me encontraba. Temí que fuera a reprenderme por mi indiscreción, mas no fue ni mucho menos así: él iba en aquella dirección y me invitó a acompañarlo si no tenía nada mejor que hacer. Trepó hasta la cresta de la loma, un centenar de metros arriba.
Entonces comenzó a clavar la vara de hierro en la tierra, abriendo agujeros en los que plantaba una bellota; luego rellenaba el agujero. Así plantaba robles. Le pregunté si aquella finca le pertenecía. Me repuso que no. ¿Sabía de quién era? No lo sabía. Suponía que era de propiedad comunal, o tal vez perteneciera a personas que no le otorgaban mayor importancia. No tenía el menor interés en descubrir de quién era. Plantó las cien bellotas con sumo cuidado.
Tras el almuerzo reanudó las tareas de plantación. Supongo que me mostré persuasivo en mi interrogatorio, pues obtuve algunas respuestas. Llevaba tres años plantando en aquel desierto. Había plantado ya cien mil bellotas. De las cien mil, veinte mil habían germinado. De las veinte mil, contaba con perder la mitad a manos de los roedores y de los impredecibles designios de la Providencia. Así pues, todavía quedaban diez mil robles con vida donde antes nada crecía.
Fue entonces cuando empecé a preguntarme qué edad tendría aquel hombre. Saltaba a la vista que había cumplido los cincuenta. Cincuenta y cinco, me dijo. Se llamaba Elzéard Bouffier. Una vez había poseído una granja en las tierras bajas. Allí había construido su vida. Perdió a su único hijo; luego a su esposa. Acabó retirándose a aquellos solitarios parajes, donde se encontraba muy a gusto viviendo sin prisas con sus ovejas y el perro. A su parecer, aquella tierra se estaba muriendo por la ausencia de árboles. Agregó que, a falta de otra ocupación más apremiante, había decidido poner remedio a aquel estado de cosas.
Puesto que en aquellos tiempos, a pesar de mi juventud, llevaba una vida solitaria, me constaba que debía tratar con amabilidad a los espíritus solitarios. Pero esa misma juventud me empujaba a considerar el futuro con relación a mí mismo y a una determinada búsqueda de la felicidad. Le dije que en treinta años sus diez mil robles serían magníficos. Respondió con toda sencillez que si Dios le concedía bastante vida, en treinta años habría plantado tantos más que aquellos diez mil serían como una gota de agua en el océano.
Por otra parte, estaba estudiando la reproducción de las hayas y tenía un vivero de plantones nacidos de hayucos junto a su casa. Los plantones, protegidos de las ovejas mediante una cerca de alambre, eran muy bonitos. También tenía en mente plantar abedules en los valles donde, según me dijo, había una cierta humedad a pocos metros bajo la superficie del suelo.
Al día siguiente, nos separamos.
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Un año después estalló la guerra de 1914, en la que me vi implicado durante cinco años. Un soldado de infantería apenas disponía de tiempo para reflexionar sobre los árboles. A decir verdad, aquel asunto no me había impresionado; lo había tomado como un hobby, una colección de sellos, para luego olvidarlo.
Finalizada la guerra, me encontré en posesión de una diminuta prima por desmovilización y un enorme deseo de respirar aire puro durante algún tiempo. Sin más propósito que éste enfilé otra vez la carretera hacia las tierras yermas.
El paisaje no había cambiado. No obstante, a lo lejos vislumbré, más allá del pueblo abandonado, una sombra de neblina grisácea que cubría las cumbres de las montañas como una alfombra. El día anterior había empezado a pensar de nuevo en el pastor plantador de árboles. “Diez mil robles -reflexioné-, ocupan mucho espacio.
Había visto morir a demasiados hombres a lo largo de aquellos cinco años como para dar por sentado que Elzéard Bouffier estaría muerto, más aún cuando a los veinte años se contempla a los hombres de cincuenta como ancianas a quienes nada les queda por hacer salvo morir. Mas no había muerto. En realidad, estaba mas vivo que nunca. Había cambiado de trabajo. Ahora sólo tenía cuatro ovejas y, a cambio, cien panales. Se había desprendido de las ovejas porque constituían una amenaza para los árboles jóvenes. Pues, tal como me explicó (y pude comprobar con mis propios ojos), la guerra no lo había trastornado lo más mínimo. Impertérrito, había seguido plantado.
Los robles de 1910 contaban entonces diez años de edad y ya eran más altos que nosotros. Un espectáculo impresionante. E quedé literalmente sin habla y, como tampoco él decía nada, pasamos todo el día caminando en silencio a través de su bosque. En tres sectores, medía once kilómetros de longitud por tres kilómetros en lo más ancho. Al recordar que todo aquello era fruto de las manos y el alma de una única persona desprovista de recursos técnicos, se comprendía que los hombres podían ser tan efectivos como Dios en ámbitos distintos del de la destrucción.
Había llevado a cabo su plan, y unas hayas que me llegaban al hombro y se extendían hasta donde alcanzaba la vista lo confirmaban. Me mostró hermosos grupos de abedules plantados cinco años atrás (es decir, en 1915, mientras yo luchaba en Verdún). Dispuestos en cuantos valles había supuesto (y acertado) que la capa húmeda casi afloraba, eran delicados como niñas pero estaban muy bien arraigados.
Fue como si la creación floreciera en una suerte de reacción en cadena. A él tanto le daba; tenía la determinación de concluir su tarea con toda sencillez; pero de regreso hacia el pueblo vi que el agua manaba en arroyos que llevaban secos desde tiempos inmemoriales. Aquel era sin duda el resultado más sobrecogedor de la reacción en cadena que mis ojos presenciaban. Alguna vez, tiempo atrás, el agua había corrido por aquellos riachuelos secos. Parte de los tristes villorrios mencionados antes fueron construidos en los emplazamientos de antiguos asentamientos romanos, de los que aún quedaban vestigios; y los arqueólogos, en sus exploraciones, habían hallado anzuelos donde, en el siglo veinte, se precisaban cisternas para garantizar un exiguo abastecimiento de agua.
El viento, además, esparcía las semillas. Con el resurgió del agua reaparecieron los sauces, los torrentes, los prados, los jardines y las flores en un alegato a favor de la vida. Pero esta transformación se produjo de forma tan gradual que se integró en el entono sin causar el menor asombro. Los cazadores, que subían a los páramos siguiendo la pista de las liebres y los jabalíes, advirtieron, por supuesto, la repentina aparición de arbolillos, pero la atribuyeron a un capricho natural de la tierra. De ahí que nadie se entrometiera en la labor de Elzéard Bouffier. De haber sido descubierto habría suscitado oposición. Pero pasaba desapercibido. ¿Quién, en los pueblos o en la administración, podría soñar siquiera en semejante perseverancia y tan magnífica generosidad?
Para hacerse una idea exacta de lo excepcional del personaje es preciso no olvidar que trabajaba en soledad absoluta: tan absoluta que hacia el final de su vida perdió el hábito de hablar. O tal vez fuese que no lo veía necesario.
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En 1933 recibió la visita de un guarda forestal para notificarle una resolución judicial que prohibía encender fuego al aire libre con vistas a proteger el crecimiento de aquel bosque natural. Era la primera vez, le dijo el hombre con toda ingenuidad, que oía hablar de un bosque surgido motu propio. Por aquel entonces Bouffier se disponía a plantar hayas en un lugar a unos doce kilómetros de su casa. Para ahorrarse tantas idas y venidas (pues ya había cumplido los setenta y cinco), decidió construir una cabaña de piedra junto a la plantación. Al año siguiente la levantó.
En 1935 el Gobierno envió a toda una delegación a inspeccionar el “bosque natural”. Un alto cargo del Servicio Forestal, un diputado, varios tecnócratas. Hubo mucho parloteo fútil. Se decidió que algo había que hacer y, por fortuna, nada se hizo salvo lo único que tenía sentido; el bosque fue puesto bajo la protección del Estado y se prohibió la producción de carbón. Pues resultaba imposible no dejarse cautivar por la belleza de aquéllos árboles jóvenes rebosantes de salud que lograron hechizar al mismísimo diputado.
Entre los funcionarios de la delegación se contaba un amigo mío, a quien desvelé el enigma. Un buen día de la semana de la semana siguiente fuimos juntos a visitar a Elzéard Bouffier. Lo encontramos trabajando con ahínco, a unos diez kilómetros del lugar donde se había efectuado la inspección.
Aquel guardabosque no era amigo mío porque sí. Se regía por firmes principios. Sabía guardar un secreto. Entregué los huevos que llevaba como presente. Comimos juntos y pasamos varias horas en muda contemplación del paisaje.
Por donde habíamos ido, las laderas estaban cubiertas de árboles de entre seis y ocho metros de altura. Rememoré el aspecto que ofrecía la región en 1913; un erial. El sosiego, el esfuerzo constante, el aire vigorizador de la montaña, la frugalidad y, por encima de todo, la paz de espíritu habían dotado a aquel hombre de una vitalidad impresionante. Era un atleta de Dios. Me pregunté cuántas más lomas cubriría de arboleda.
Antes de partir, mi amigo se limitó a recomendar algunas especies de árboles especialmente indicadas para las condiciones del suelo. Tampoco insistió en el tema. “Por la convincente razón -me diría después-, de que Bouffier sabe mucho más que yo”. Una hora de camino después, tras haberle dado unas cuantas vueltas, añadió: “Sabe mucho más que cualquiera. ¡Ha descubierto una forma maravillosa de ser feliz!”
Gracias a este funcionario quedaron a buen recaudo no sólo el bosque sino también la felicidad del hombre. Delegó el cometido en tres guardabosques, a quienes adoctrinó hasta tenerlos a prueba de las botellas de vino que los carboneros les ofrecerían.
La obra sólo se vio seriamente en peligro durante la guerra de 1939. Dado que los coches se propulsaban con gasógenos (generadores alimentados con leña), se disparó la demanda de madera. La tala se inició en el robledo de 1910, pero aquel sitio distaba tanto de cualquier estación de tren que la empresa resultaba temeraria desde el punto de vista financiero. Así que fue abandonada. El pastor no se enteró de nada. Se hallaba a treinta kilómetros del lugar, prosiguiendo su labor con toda tranquilidad, pasando por alto la guerra del treinta y nueve tal como había hecho con la del catorce.
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Vi a Elzéard Bouffier por última vez en junio de 1945. Tenía ochenta y siete años. Emprendí de nuevo la ruta de la tierra baldía; pero ahora, a pesar del caos que la guerra sembrara por todo el país, había un autobús que cubría el trayecto entre el valle de Durance y el monte. Atribuí el hecho de no reconocer los escenarios de mis anteriores viajes a la relativa velocidad de aquel medio de transporte. Me pareció, asimismo, que la carretera discurría por territorios nuevos. Pero me bastó el nombre de un pueblo para convencerme de que me hallaba, en efecto, en aquella comarca que había sido todo ruinas y desolación.
El autobús me dejó en Vergons. En 1913 aquella aldea de diez o doce casas tenía tres habitantes. Eran criaturas salvajes que se odiaban unas a otras, que vivían cazando con trampas, próximas aún, tanto física como moralmente, al estado de hombres prehistóricos. Por todas partes crecían las ortigas entre los restos de las casas abandonadas. Habían perdido toda esperanza. No les restaba más que esperar la muerte, una situación que raramente predispone a la virtud.
Todo había cambiado. Incluso el aire. En lugar de los severos vientos secos que solían atacarme, soplaba una brisa amable, cargada de fragancias. De las montañas llegaba un rumor como de agua: era el viento en el bosque. Lo más asombroso de todo fue oír un sonido real de agua cayendo en un estanque. Comprobé que habían construido una fuente que manaba en abundancia y (fue lo que más me emocionó) que alguien había plantado un tilo junto a ella, un tilo que contaría unos cuatro años, ya en plena floración, como un símbolo incontestable de la resurrección.
Por otra parte, Vergons daba fe de un empeño cuya envergadura exigía tener esperanza. Así pues, la esperanza había vuelto. Se retiraron los escombros, se abatieron las paredes derruidas y se restauraron cinco casas. Ahora se contaban veintiocho almas, cuatro de las cuales eran jóvenes casados. Las casas nuevas, recién enlucidas, estaban rodeadas de jardines donde crecían verduras y flores en ordenada confusión: calabazas y rosas, puerros y dragones, apios y anémonas. Se había convertido en la clase de pueblo que invita a vivir.
A partir de allí proseguí a pie. La guerra recién terminada aún no permitía que la vida floreciera en todo su esplendor, pero Lázaro se había levantado de la tumba. En las faldas de la montaña divisé pequeños campos de cebada y centeno; al fondo de los valles estrechos los prados reverdecían.
Han bastado ocho años desde entonces para que todo el campo rebose vitalidad y prosperidad. Allí donde en 1913 no vi más que ruinas, ahora se levantan granjas bien cuidadas, pulcramente enlucidas, testimonio de una vida cómoda y placentera. Los antiguos arroyos, alimentados por la lluvia y la nieve que acumula el bosque, fluyen de nuevo. Sus aguas se han canalizado. En todas las granjas, en bosquecillos de arces, las albercas rebosan agua clara sobre tapices de hierbabuena. Los pueblos se han ido reconstruyendo poco a poco. Las gentes de las llanuras, donde la tierra es costosa, se han establecido aquí, trayendo consigo juventud, acción y espíritu aventurero. Junto a los caminos encuentras hombres y mujeres campechanos y cordiales, muchachos y jovencitas que saben reír y han recuperado la afición por las meriendas campestres. Contando a los antiguos pobladores, irreconocibles ahora que viven con holgura, más de diez mil personas deben su felicidad a Elzéard Bouffier.
Cuando pienso que un solo hombre, armado únicamente de sus recursos físicos y morales, fue capaz de hacer surgir de un yermo esta tierra prometida, me convenzo de que, a pesar de todo, el género humano es admirable. Pero cuando hago el cómputo de la constante grandeza de espíritu y de la tenaz benevolencia que sin duda ha requerido alcanzar este resultado, me embarga un inmenso respeto por este viejo campesino iletrado que ha sabido completar una obra digna de Dios.
Elzéard Bouffier falleció tranquilamente en 1947, en el hospicio de Banon.

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EPÍLOGO
Reuní el valor suficiente para llamar a la puerta de Jean Giono en Manosque, Provenza, a las once de la mañana del 15 de agosto de 1970…
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(Traducción de Borja Folch. José J. de Olaeta, Editor. Colección “Los pequeños libros de la sabiduría”) He aquí la animación del cuento (pinchar) por si alguien quiere verla-
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Este bonito relato me lo ha dado a conocer Algial, cuyo blog Cristal Rasgado (pinchar) hace poquito lo conozco, siendo una agradable y gratificante sorpresa para mi. Le doy las gracias por su gesto y me encanta el hecho de que compartamos esta sensibilidad hacia la naturaleza.

domingo, 19 de octubre de 2008

Cantando bajo la lluvia (feliz)

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Fui, soy y seré feliz siempre cantando y bailando bajo la lluvia... hasta el policía se pondría a bailar y cantar conmigo... salgo a mojarme a propósito en las tormentas (sin paraguas claro y, me da igual verano que invierno), chapoteo en los charcos... me baño en el mar lloviendo... en un pequeño río helado... ¡qué sensación!... soy agua, soy vida... soy feliz...¡contagiate!... este virus es pura salud...

Debes abandonar la vida que tienes para conseguir la vida que te espera. James Hillman

sábado, 18 de octubre de 2008

El guerrero pacífico-2 (película)

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"No somos nuestros pensamientos"...

viernes, 17 de octubre de 2008

El guerrero pacífico-1 (película)

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Una película que me ha gustado y que recomiendo.

jueves, 16 de octubre de 2008

SEWA bajo ataque (Asociación mujeres autónomas India)

Disculpar si esta entrada es un poco larga, me parece relevante ponerla, y máxime cuando hace una hora que me he enterado de que está amenazada.
La autoestima es física: las mujeres de Ahmedabad
En la India moderna, las mujeres que venden verduras en la calle, lían cigarrillos o tejen cestos para venderlos mientras amamantan a sus bebés, transportan materiales de construcción sobre la cabeza formando largas cadenas humanas y realizan otros miles de trabajos individuales a destajo, constituyen el sector de las llamadas “trabajadoras autónomas”, el escalón más bajo de la fuerza de trabajo. Sin embargo, su labor es indispensable. Además de fabricar y distribuir gran número de pequeños artículos, también remiendan y revenden cacharros de cocina, recogen desechos de papel en las oficinas y en los vertederos de basura, y enderezan los clavos usados para su reutilización: un sistema de reciclaje humano en un país donde todo se usa repetidas veces.
Además de ser las trabajadoras más pobres de la India, también están sujetas a penalidades especiales por el hecho de vivir en un cuerpo femenino. El valor atribuido a una niña es tan inferior al de un niño que dos terceras partes de la mortalidad infantil antes de los cuatro años corresponde a las niñas, como consecuencia del infanticidio y de la práctica de reservar los alimentos y la atención médica para los varones en caso de escasez. La probabilidad de que una niño asista a la escuela es muchísimo más baja, hasta el extremo de que las tasas de alfabetización femenina sólo representan la mitad del nivel masculino (y entre estas trabajadoras autónomas a menudo son aún muchísimo más bajas) y el reconocimiento de sus derechos humanos es tan ínfimo que el asesinato de la esposa para tomar otra –y conseguir de este modo otra dote- es uno de los principales sufrimientos contra los cuales se enfrenta el movimiento de mujeres de la India.
En un mundo que tan poco las valora, sus motivos, para la autoestima son escasos. De ahí la importancia de la lección que pueden enseñarnos sus éxitos.
La prensa y las instancias gubernamentales habían venido condenando durante años el duro trabajo físico que deben realizar estas mujeres, pero todo seguía igual. Hasta que en 1971 una joven organizadora laboral de orientación gandhiana llamada Ela Bhatt adoptó un nuevo enfoque: les preguntó a las propias mujeres cuales eran sus aspiraciones.
Descubrió que la insistencia por parte de especialistas sin callos e las manos en que ese trabajo no era propio de mujeres era motivo de burla e irritación entre ellas desde hacía tiempo. No estaban dispuestas a renunciar a un trabajo que contribuía a dar de comer a sus familias y les proporcionaba un pequeño grado de autonomía. Lo que querían era poder realizarlo en mejores condiciones: disponer de un lugar seguro donde poder dejar a sus hijos; recibir mayor remuneración por sus productos artesanales o reciclados y su trabajo en la construcción; no verse obligadas a pagar sobornos a la policía para que les permitiera vender sus productos en la calle; librarse de los prestamistas que les cobraban intereses usurarios por el puñado de rupias que debían pedir a crédito cada mañana para adquirir las verduras o materias primas y que devolvían al final de la jornada. Por último, también querían disponer de un lugar seguro para constar sus magros ingresos fuera del alcance de sus maridos, que de lo contrario se apropiaban de ellos considerando que les pertenecían.
Pero a la vez que expresaron todos estos deseos, también manifestaron su convencimiento de que nada podían hacer. No confiaban en los demás, ni en Ela Bhatt, y no tenían motivo para creer en la posibilidad de un cambio. ¿Quién querría escuchar a un grupo de mujeres pobres y analfabetas?
Cuando conocí a Ela y a algunas de estas mujeres de Ahmedabad en 1978, su Asociación de Trabajadoras Autónomas, cuyo acrónimo SEWA también significa “servicio”, contaba casi seis años de existencia. Habían denunciado la corrupción de la policía que les exigía sobornos, habían organizado guarderías y centros de atención infantil, e incluso habían conseguido el beneplácito del Banco de la India para establecer una oficina bancaria especial donde obtener sus pequeños créditos y depositar sus duramente ganados ahorros. Ellas mismas habían creado literalmente un banco. (El problema del analfabetismo se había resuelto incorporando una fotografía de cada una a su libreta de depósito. “Aunque no sepamos leer, sabemos pensar”, me explicó una de ellas con una sonrisa). Hasta el grupo que patrocinaba la labor de Ela Bhatt –un sindicato textil ganhdiano que no creía posible organizar a aquellas mujeres, por considerar que ellas eran demasiado pasivas y sus ocupaciones demasiado dispares-, comprobó con asombro los resultados conseguidos, muy superiores a los logrados por sindicatos más organizados con una afiliación más instruida.
¿Cómo explicaba esta diferencia? En primer lugar, habían contado con el respaldo de una mujer que conocía por experiencia propia los problemas de la condición femenina y que había escuchado como una hermana de lucha las opiniones de cada una. Por primera vez, alguien concedía importancia a sus palabras. En segundo lugar, habían contado con el apoyo mutuo y el respaldo de la pequeña pero creciente lista de éxitos conseguidos en sus enfrentamientos con las prácticas policiales corruptas y los abusos empresariales. Como abogada y organizadora experimentada, Ela conocía muy bien la importancia de escuchar y explicar las nuevas opciones, como manifestaciones, denuncias a través de la prensa e incluso el recurso a los tribunales.
Pero Ela Bhatt creía poder señalar un momento decisivo en el proceso.
Después de los esfuerzos en la creación de la asociación, Ela propuso celebrarlo con una excursión colectiva del grupo fundador. Aunque ninguna de las mujeres había salido nunca sin su familia y sus hijos, otros trabajadores a veces hacían excursiones. ¿Por qué no ellas?
Después de debatirlo, decidieron visitar varios santuarios hindúes próximos, pero aun así más distantes de sus hogares de lo que jamás se habían alejado aquellas mujeres. Tras muchos planes y preparativos para liberarlas de sus obligaciones familiares, cosa nada sencilla aunque sólo fuese por unas pocas horas, Ela alquiló un desvencijado autobús y se pusieron en camino.
Todo marchó sobre ruedas hasta que llegaron a un templo, para acceder al cual era preciso atravesar un río en barca. Las mujeres menstruantes tienen vedada la entrada en los templos y, como cabía esperar, algunas de ellas tenían la regla. Estaban convencidas de que si cruzaban el río, la barca se hundiría como castigo por haberse atrevido a desafiar la tradición y todas se ahogarían, puesto que no sabían nadar.
Apelando a todo la gama de emociones, desde curiosidad, hasta la rebeldía, Ela por fin logró persuadírlas para que se embarcasen, confiando su suerte al ancho río y al destino.
Completaron sanas y salvas la travesía. Depositaron sus ofrendas de frutas y flores en el templo y volvieron a cruzar el río, nuevamente sin ningún contratiempo. Por primera vez en sus vidas, habían desafiado unas normas que las denigraban y habían salido triunfantes de la prueba.
En cierto modo, todo lo que ocurriría después tuvo su origen en aquel primer desafío y aquella primera victoria. Si los cuerpos de las mujeres no eran en realidad tan “impuros” e inferiores como se decía, quizá su trabajo tampoco fuese tan inferior.
Ahora tras doce años de existencia, la Asociación SEWA es el sindicato de mujeres más poderoso de la India y uno de los más importantes del mundo, con organizaciones de base autónomas en otras nueve regiones. Ofrece créditos que permiten a las mujeres cultivar la tierra y establecer pequeños negocios, y así arañar un mínimo de seguridad en un sistema que brinda escasas salidas para quienes ocupan los estratos más bajos. Ela Bhatt, por su parte, ha colaborado con el Banco Mundial como consultora en temas de desarrollo económico de base y ha sido diputada en el Parlamento de la India. Pero ante todo es una organizadora y sigue dedicando la mayor parte de su tiempo a fomentar la autoafirmación y la iniciativa entre las mujeres más pobres.
La Asociación SEWA se ha convertido en un modelo de autoayuda y emancipación económica para las mujeres en todo el Tercer Mundo. E incluso en un país industrializado como el nuestro se la cita como ejemplo universal para cualquier iniciativa de autoorganización de las mujeres pobres o desprovistas de poder por cualquier otro motivo.
Pero el ejemplo de estas menospreciadas mujeres también debería servir de inspiración a cualquier persona, mujer u hombre, que en cualquier lugar del mundo sea víctima de una desvalorización tan profunda que parece ser inherente a la realidad de su propio cuerpo, ya sea de edad, o de cualquier otro tipo.
Si los sentimientos de inferioridad tienen sus raíces en nuestro cuerpo, la autoestima debe empezar también por él.
"La revolución desde dentro" Gloria Steinem

Las emociones son una de las respuestas-soluciones con las cuales se puede comprender como encontrar herramientas para poder ayudar y ayudarse. Lo que empecinadamente llamamos realidad tiene muchas facetas, cada ser humano ve la suya, por ello poner en cuestión esa pretendida realidad, interior o exterior es tan importante. Hay muchas historias que pueden romper los mitos, sean cuales sean. Algunas personas cercanas a la ciencia se ha empeñado en romper sólo una gama (las supersticiones, la religión, el pensamiento mágico), pero se olvidaron de dedicarse a las emociones (y cuando han hablado de ellas ha sido desde el ámbito de los animales y por pura supervivencia, dentro de la teoría de la evolución, aun en el cognitivismo que se circunscribe al ámbito del cerebro). Sería conveniente aprender a pensar por nosotros mismos y ver de que manera se puede derribar todo aquello que damos por hecho. No es bueno pensar que la palabra de alguien es infalible, incluida la de uno hacia si mismo. Saber discriminar donde puede estar esa verdad es difícil, y para muchos imposible. Y es curioso, porque precisamente cuando una persona ha logrado llegar más lejos en ese entendimiento, más se aleja de ponerse en posición de afirmar verdad alguna.

Un ejercicio saludable y recomendable, más que intentar ser objetivos y no tener prejuicios, consiste en intentar explicar, buscando razones para ello, como podrían no ser acertadas mis creencias.
Intentar explicar una teoría contraria a la nuestra, puede reducir e incluso eliminar el sesgo de perseverancia en la creencia.
Anderson (estudios en Psicología Social)
Las emociones están tanto para bien, como para mal. Ahora mismo esta asociación esta siendo atacada por un gobierno que la percibe como amenaza. Al final MIEDO. Siempre es el miedo el causante del egoismo y otras desdichas que provoca el ser humano. Es nuestro eterno compañero. Cuanto primero lo veamos, mejor podremos actuar para atajar las acciones de las personas que tanto miedo tienen. No hace falta sublevarse, no hace falta violentarse, sólo hace falta entender que estas personas tienen más miedo que todos aquellos a los que pretenden quitar de en medio. Lo pongan del color que lo pongan, sigue siendo miedo. Este siempre fue una de las más poderosas herramientas usadas por los regimenes totalitarios. Bien ¿encontraremos nosotros a través de entender que estas personas tienen aun mucho más miedo que nosotros, las herramientas para hacerles comportarse como seres humanos en armonía?No hace falta que creais mi versión, pensad por vosotros mismos. Granitos de arena, cada uno el suyo. Pongo el enlace a este blog (pinchar, por favor) en el que habla de la noticia y, donde trae los correos de esta Asociación para poder enviarles mensajes de apoyo. No piden más.

Aqui me parece que están reflejadas las dos caras de una realidad, entre las miles que hay. La autoestima (SEWA) y la falta de autoestima (este gobierno que se siente amenazado por la libertad de esta Asociación).

Prejuicios

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¿De verdad nos conocemos tan bien que sabemos cuales son TODOS nuestros prejuicios?

A ver si ahora resulta, que gritando más por una causa soy MEJOR que otros que gritan por otra.

Uniendo fuerzas para generar COMPRENSION es como se CREARA la dinámica para conseguir transformarnos.

Es el mejor modo que conozco de poder TRANSFORMAR el entorno.

Todos con su granito de arena. El de uno será más grande; el de otro más pequeño.

Mas todos formamos parte del universo, todo y todos.

martes, 14 de octubre de 2008

Rock mountain Haig (John Denver)

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Un tema que siempre me ha hecho sentir viva. John Denver,(pinchar) alguien que lucho por la naturaleza. Si no despertamos y nos damos cuenta de que esta está irremediablemente unida a nosotros -pues nosotros somos naturaleza- no sólo va a ir mal en la naturaleza si no en nosotros mismos. Somos muy frágiles, mucho más de lo que podemos suponer, y a la vez tan fuertes que podemos despertar de nuestro estado de hipnosis en la que esta sociedad totalmente mediatizada por las maquinas (nosotros somos los que nos mediatizamos, las maquinas no tienen vida), que no vemos la inmediatez en la que vivimos, como si no pasara nada (felices los que son tan ingenuos, pero esta vez la ingenuidad es una trampa mortal). Como si se tratara de una película que ves hoy (esas de usar y tirar) y mañana ya ni te acuerdas porque tantas cosas has tenido que hacer que no te da tiempo ni para respirar. Pero respirar depende de la naturaleza. La belleza que ella nos da depende de nosotros. Y por mucha necedad que tengan los que quieren pasar por alto esto, cada uno de nosotros puede ser una dinamo trabajando para su conservación. ¿O no? Pensarlo bien, Lo que se deja de hacer hoy no ayuda al mañana. Y la naturaleza manda. ¿O se nos está olvidando su potencial destructor? Somos microscópicos al lado de su fuerza. La decisión está en vuestras manos.

Aquí dejo la dirección de uno , otro (y su página donde habla de ello) blog. Según este blog y página, se halla en peligro un hábitat (dormidero) de grullas. Pinchar si se quiere información. Yo pienso que merece la pena hacer algo al respecto. Será mi inagotable optimismo que no me deja ser engañada por los espejismos de la desconfianza, de la desmoralización, del miedo, y de tantos y tantos estados de ánimo y sentimientos que me puedan impedir ver como hacer para vivir mejor y sobre todo sentirme mejor conmigo misma cada día que pasa, algo que me hace sentir mejor emocionalmente y por lo tanto más optimista, retroalimentación.

Y ya que estoy voy a poner un libro:"El poder del ahora" (pinchar para descargar) Para todos los cínicos que desprecian tanto este tipo de lecturas, si dejaran de lado su miedo a ser engañados podrían aprender bastante. Comprendo muy bien su miedo, pero no es más que eso, un mecanismo de defensa ante la desconfianza. Animo, que leer este libro no mata y si ayuda a comprendernos un poco más. También están todos los que recomiendo en la columna de la derecha. Cualquiera de ellos ayuda a comprender en que cárcel vivimos. La de afuera y la de adentro.

Esto de descansar me esta viniendo de maravilla. Gracias, por estar y ser, a todos vosotros.

NOTA: Por lo visto se me colo un video de AC/DC. Esto de la informatica, ja,ja,ja,... lo pongo aquí para si alguno decide escucharlo y también ahora que lo he visto, para ver que movilización pude conseguir un grupo musical. ¿Seremos capaces de hacer eso por la naturaleza? Solucionados los errores, disculpad y gracias por advertirmelo.

lunes, 13 de octubre de 2008

Tú puedes ayudar a una persona (Cadena de favores film)

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La estrategia del caracol

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Más vale buena esperanza que ruin posesión. Miguel de Cervantes

Donde la esperanza no existe, no puede existir el esfuerzo. Samuel Johnson

La esperanza es la segunda alma del desdichado.
Si por la mañana no nos desvela para nuevas alegrías y si por la noche no nos queda ninguna esperanza, ¿es que vale la pena vestirse y desnudarse? Johann W. Goethe

domingo, 12 de octubre de 2008

Bailando en la oscuridad (secuencias)

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Cuando hayáis cometido un error, no mintáis para negarlo o atenuarlo. La mentira es una torpe debilidad. Acepta que te has equivocado; en ello hay magnanimidad. Silvio Pellico

sábado, 11 de octubre de 2008

LIberación (Deliverance film)

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Duelo de banjos

viernes, 10 de octubre de 2008

Freezing

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PHILIP GLASS

jueves, 9 de octubre de 2008

Superación (carta de un sin techo)

“Soy un sin techo, pero creo en mí”
Soy un hombre de 48 años, divorciado y con un hijo. Hace ahora cinco años salí de mi isla hacia la península con una serie de penosas experiencias profesionales y afectivas, un billete de ida hacia Alicante y 20 € en el bolsillo. En este tiempo he estado en cuatro ciudades con un solo objetivo: sobrevivir. He llegado a dormir en la calle, a comer de lo que los demás tiran, a vestir de lo que Cáritas me daba. Pero nunca he pedido dinero a nadie. En todo este tiempo siempre tuve un refugio común: las bibliotecas, las he usado para estudiar, descansar, asearme, buscar empleo, cambiarme de ropa, pasar mis horas “bajas” y hasta para guardar mis pocas pertenencias en sus taquillas. He trabajado de comercial, vigilante, cocinero, camarero… Todos empleos precarios y temporales. Por mi edad lo tengo difícil, a pesar de haber estudiado turismo, hablar tres idiomas, tener cursos… Mentiría si no dijese que he pasado hambre y frío, que he vivido situaciones de verdad kafkianas, soledad, miedo… ¿Pero saben? También es cierto que he conocido a mucha gente, he preparado mi acceso a la Universidad, he visto exposiciones de Botello, al ballet imperial ruso, al Cigala, que he estado en una conferencia de Bernabé, que soy miembro de una ONG “Solidarios”… Y lo que es mejor todavía, he aprendido a aceptarme, a conocerme, a no depender de nadie para saber que valgo, que me quiero, a no depender del dinero para ser feliz, a disfrutar de la soledad, de compartir una conversación con un desconocido o ayudar a los más necesitados. Hoy soy un “sin”: sin techo, sin dinero, sin trabajo, sin comida… Pero todas las mañanas me levanto sabiendo que soy mejor persona, que hoy puede ser un gran día, que alguien me dará trabajo o me regalará la mejor de sus sonrisas. Las personas que conocen mi situación siempre me preguntan lo mismo: ¿Cómo puedes sonreír con lo que estás pasando? Y siempre contesto lo mismo, que mi actitud cambió cuando empecé a leer una revista de psicología en la biblioteca. Gracias a ella pude ver que puedo creer en mi, que mi valor como persona no lo marcan mis fracasos, que estoy esperando al amor de mi vida, que me querrá por cómo soy y no por lo que soy. Les doy las gracias por ese soplo de vida cada vez que leo la revista.

J.L.A. (Murcia)
Tener coraje y saber disponer de lo que hay en el mundo para aprovechar hasta la última gota. antes de rendirse. No todo tiene por qué acabar mal. Estamos llenos de recursos, si sabemos verlos y utilizarlos, aunque en ocasiones puedan ponerse las cosas muy negras, siempre aparecerá algo o alguien que te despierte o te ayude a ver como puedes hacer para salir del bache y si estás, saber como superarlo de la mejor manera posible. No todo es malo en esta sociedad. Ver el vaso medio lleno o medio vacío. Se trata de eso, de ser capaz de transformar el pensamiento negativo en positivo. Lo demás viene por si mismo.

martes, 7 de octubre de 2008

Clones

Poco a poco iba pasando el tiempo, no gratamente lo reconozco, e iba perfilándose una característica de comportamiento en el carácter de algunas personas. Me resultaba asombroso el que una y otra vez se repitieran unos rasgos de personalidad, que dicho sea de paso, esto de lo que hablo y la personalidad para mi tienen poco que ver, en estas personas. Al principio no entendía muy bien a que se debía. También tengo que decir que por esa época mis estados de ánimo fluctuaban al son de los que me encontraba. Lo más destacable era su modo de expresarse, de comunicarse. Nunca había dulzura, nunca. Les salía de adentro una fiera. Como el demonio de Tasmania, si alguien lo conoce. Soltaban latigazos verbales pero no de lenguaje, sino de tonalidad fonética. Imposición, por eso lo del demonio de Tasmania (por cierto, que está en peligro de extinción debido a un cáncer facial). Era como encontrarse con el peor dictador que hubiera habido en este planeta: arrogancia, prepotencia, soberbia, manipulación, engaño, imposición,… todos los sinónimos que se puedan encontrar. Era imposible el diálogo, o gritabas como ellos o callabas. Una y otra vez se repetía el patrón. ¿Por qué? Me preguntaba, ya que para mí si no hay respuestas se acaba el sentido de toda mi existencia pues soy analítica, ya desde pequeñita, lo observo todo, lo integro todo y luego lo voy digiriendo poco a poco hasta sacarle el jugo necesario, ni más ni menos.
Poco a poco aparecían las respuestas. Se cerraba el círculo en torno a un determinado sector en el que estaba inmersa, por desgracia y por suerte, como siempre. Con paciencia y bastante sufrimiento fui viendo aquello que llevaba a estos seres a comportarse tan altivamente. No fue fácil, lo reconozco, pues me fijaba más en el daño que me producía su comportamiento que en lo que ellos me mostraban con el suyo. Cuando fui capaz de deshacerme de la desazón que me producían apareció diáfana la respuesta.
Todos sin excepción estaban en un grupo o sector. Todos y sin excepción seguían los pasos de su tutor. Y aquí apareció el hilo conductor. ¿Quién era este señor? Gran honor y gloria tenía. Renombre y cuantía. ¡Lo que hace el prestigio! A uno mismo se le pasa desapercibido hasta que punto puede contaminar con sus ideas a los que están a su alrededor. ¿O no hay tal inocencia? Bueno esto aún está por determinar. Uno se dedica a impartir sus creencias fiel a sus enseñanzas, no en vano le ha costado tanto esfuerzo llegar a conseguir ese estatus. Pero quizás se le escapa que cada ser humano es único en si mismo. Qué si conviertes a tus pupilos en dóciles sirvientes se te agota el rico patrimonio creativo. Pero esto es lo que ocurre y se convierten en sumisos seguidores de tus ideas, repartiendolas por el mundo creyendo de buena fe que están en la posición correcta, en el camino correcto. ¿Cómo algo puede ser correcto si se repite hasta el infinito? (es un decir diciendo). Me argumentarán algunos que precisamente ese es el papel de la ciencia demostrar que en la replicación de un experimento es donde se halla el acierto. Difiero y difiero grandemente. Se hallará el acierto en el propio experimento, esto es, que si, que el experimento es valido si puede replicarse por diferentes experimentadores, pero precisamente ahí radica el error para mi entendimiento. En si es el experimento el que es replicable no el hecho analizado. El hecho como tal está sujeto a mi interpretación y ya desde el principio esta contaminado por mi subjetividad o falta de honestidad, que todo lo hay que decir. Pero a lo que voy aquí es más importante, la subjetividad. Yo siempre interpreto de acuerdo con mis premisas, si estas se repiten constantemente ya no es valido el experimento. ¿Por qué? Pues porque hablamos de seres vivos. Somos predecibles ¿lo somos? Tan predecibles como para construir teorías o hipótesis, no más allá. Posiblemente es aquí donde se estén equivocando los que quieren hacer del ser humano un robot feliz, pero robot al fin y al cabo.
Todo esto esta basado en intuición no en investigación, huyo de ella como alma que lleva el diablo y soy investigadora, si, pero yo me llamaría más bien husmeadora, rastreadora. Vamos que me guío por lo más ancestral que puede haber en mi dotación genética, el instinto. Hay más, pero eso no lo cuento.
Aquí aparecen los fieles servidores de doctrinas enseñadas por seres a quienes se admira. Si yo admiro, imito. No me queda otra. Eso lo saben muy bien los que crean sectas, ya se encargaran de no dejar pensar mucho para que no se descubra que aquello que tanto se admiraba ya no es lo que se pensaba en un principio. Si, en realidad estoy hablando de algo semejante a una secta. Toda institución lo es. Necesita crear un nexo de unión aglutinando comportamientos para un mejor manejo de las situaciones que acontezcan (en vez de crear diversidad de criterios). Pero de esto a convertirse en un pobre lugar donde todos piensan y se comportan igual, hay una gran diferencia, esto habla de actos dictatoriales. No hay cabida para nada más que para lo que yo quiero y pienso. ¿Por qué siguen estos pupilos tan ciegamente ese criterio? Por pura supervivencia. El grupo les da sustento una vez perdida su identidad única e irrepetible. Bien es cierto que todos los seres humanos nos regimos por patrones de conducta, si pero de ahí a no pensar por ti mismo media un abismo. En estudios de comportamientos de grupo se dan casos extremos cuando se pone a los sujetos en contextos muy mediáticos. Cárceles, hospitales, universidades, iglesia, administración, etc. De hecho es donde más problemas surgen entre individuos. Necesitamos espacio, necesitamos contacto, un poco de cada uno. Unos más espacio, otros más contacto. Difícil saber con que quedarse. Bien pues estos seres a los que yo llamo clones –realmente lo son- infieren de su pertenencia una conjunción de ideas que les impide ver en su misma doctrina el quid de lo que digo. “Es que la comunidad científica...” frase usada para derribarte si te creías diferente: tú no eres de nuestra comunidad. Y te lo escupen teniendo claro que si ellos se sienten inmediatamente perdidos ante esa frase lapidaría, tú estás abocado a lo mismo. Ah, pero si tu no juegas… estos seres que se sienten tan seguros en su cajita fuerte, ven en ti a un enemigo potencial del grupo. ¿Y que hacen pues? Buscar la manera de confundirte, de humillarte, de infravalorarte, de reírse de ti ante los otros, esos afines cómplices –o bien por ignorancia, o bien por miedo- que callan al boca ante el ataque arrogante y fiero al que te someten. Líbreme Dios de estos seres y de sus tutores que tan bien los han adoctrinado. Y pensar que todo esto se vive en tantos lugares que se está en grupo y en los que son tan necesarios el entendimiento y el diálogo. Quienes han vivido estas situaciones entienden bien de los entresijos escondidos de estos lugares. Los de afuera solo viven el glamur del prestigio. Estos clones son personas bastante dañinas ante las que no se hace nada por miedo o desidia, pero cuanto más callemos más víctimas habrá y más se conocerá de estos hechos. Investigar esto es lo relevante, no perder el tiempo en hacerles la vida imposible a unos pobres animales. Somos nosotros los humanos los que necesitamos ser investigados, muy investigados, para que salgan a la luz todos nuestros trapos sucios a ver si así se desmantela de una vez por todas tanta insensatez y arrogancia por parte de los que tienen algún medio de ejercer el poder. No es el poder el que corrompe, sino la incapacidad de los seres humanos de comprender su libertad y sus obligaciones para con el resto. Amedrentarse sólo ayuda a los clones y ya vemos que poco valor tienen, a no ser como seres humanos, por ello son dignos de compasión, pero no de omisión de acción. Que son ignorantes, se sabe, pero también se sabe que al necesitar de un líder, si este líder es nefasto, y lo es, pues para eso a educado a serviles seres, el resultado, a la vista está. Cada vez más empobrecimiento de la cultura que se puede transmitir en estos lugares. Cada vez más despotismo donde se requiere de dulzura, como en los hospitales, por ejemplo, donde ya eres ganado, alguien que se queja más de lo debido –para ellos- es una molestia. Si investigo esto veo que lo único que puede explicar estos comportamientos es el miedo. Miedo a la soledad, miedo a no ser valioso para los otros, miedo a equivocarme y que se rían de mi y tantos otros miedos. Amplificados por la insatisfacción permanente que les acompaña día y noche, generando tal estrés que las emociones se disparan aflorando entonces la reactividad, el descontrol de uno mismo, o también la sumisión atroz que te envuelve en una nube de oscuridad llevándote a estar de baja constantemente… y así podría seguir y seguir, pero de lo que se trata es de ver que un ser clonado sólo es un ser problemático para el entorno que está fuera de su grupo. Eso si, cuando se le aisla pierde toda su arrogante valentía. Es por esto que digo que no lo llamaría personalidad, sino mimetismo: clones.
¿Leerá esto algún clon y despertará?. ¿Por qué no?. Me alimenta la positividad a pesar del mucho daño que me han hecho y me pueden hacer. Ya no tengo miedo, sólo quiero vivir tranquila en mi singularidad. Viviendo y dejando vivir. Que para ello tengo que soliviantar los ánimos de estos seres dormidos, bien, mejor que despierten y sufran, que no que sigan dormidos y fastidiando (léase acoso) a los que no son como ellos.

domingo, 5 de octubre de 2008

En ocasiones...

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... las imagenes valen más que mil palabras... ¿os ha ocurrido alguna vez? A mi si. Cada vez que entro en la facultad y van pasando los días...ay...
Risoterapia y desfogar, qué bien me sientan las dos cosas. Mundo de contrastes, ¡qué bien!

sábado, 4 de octubre de 2008

Fractal

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Música de Brian Wayne Transeau. 1618

Fractal: (voz inventada por el matemático francés B. Mandelbrot en 1975, y este del latín fractus, quebrado)

Escuchar... mirar...sentir...alma...
El palpito del corazón y la vibración de todo mi cuerpo en resonancia...
Tan adentro me llegaste...

La impaciencia mata la belleza. Una de mis lecciones de vida. Ni antes ni después, todo en su momento. El universo se desenvuelve como debe...

miércoles, 1 de octubre de 2008

El hombre autorrealizado

El individuo motivado por necesidades superiores o del desarrollo:

-Es más autosuficiente y su conducta se rige más por determinantes internos que por ambientales o sociales; importa más la opinión que tenga sobre si mismo que la que puedan tener los demás. Sus deseos y propósitos, el motivo o por qué de su existencia son el verdadero motor de sus actos; de ahí su independencia y libertad psicológica frente a las presiones del ambiente.
-Necesita menos la alabanza o los honores, prestigio, halagos y recompensas.
-Soporta con relativa calma y estoicismo las circunstancias externas adversas: tragedias, privaciones, dificultades, frustraciones, carencias…
-No utiliza a los demás, ni los chantajea, los percibe de forma desinteresada y los admira por las cualidades objetivamente admirables con independencia de las alabanzas, reconocimiento y amor que reciba de esas mismas personas. Al otro le permite ser él mismo.
-El respeto y la aceptación de si mismo y de los demás es una constante.
-Criterio propio, firme y claro, autonomía y libertad de juicio, y clara resistencia a la indoctrinación y manipulación.
-Comprensión, tolerancia, actitudes democráticas, propensión a defender al débil, perseguido o necesitado, altruismo, generosidad…
-Naturalidad, espontaneidad y trato afable con todos, sea cual sea su condición sociocultural, prestigio o fama.
-Actitud mental positiva en cualquier situación, tratando siempre de encontrar alternativas, sea cual sea la dificultad.
-Aunque necesite recibir amor, está más dispuesto a proporcionarlo a los demás y puede pasar largos periodos de tiempo sin ser amado.
-Vive internamente el presente sin permitir interferencias negativas del pasado, ni le inquieta el futuro.
-Humildad e individualidad acusadas y bien definidas en un ego único, fuerte, comprensivo, eficaz, bondadoso y disfrutador incansable hasta de lo más sencillo y cotidiano.

Abraham Maslow

Al leer esto muchos pueden sentirse identificados con algunas de ellas, mas para que la autorrealización sea plena, han de darse en conjunto. Este logro activa la creatividad y un modo de vivir sin pretensiones. Se es así con total espontaneidad y es una constante en la vida, con lo que se convierte en un rasgo de personalidad, mediante el cual pueda accederse a un estado superior que tendría que ver con la iluminación, mediante la practica de la meditación, especifica para cada uno, al modo en el cual lo aconsejaba Buda. Para vivir en sociedad esta autorrealización es la más equilibrada en cuanto a capacidad para ser más ecuánime, dando por ello más objetividad. Jung hablaba de que una persona llegaría a esta autorrealización (individuación) a partir de una determinada edad, al igual que los hindús que también recomiendan el camino hacia el autoconocimiento cuando uno ya ha pasado por varios estados en su vida social. La edad seria a partir de los cuarenta o cincuenta años. Evidentemente con excepciones, pues existen personas que ya son maduras mucho tiempo antes y también las acompaña una visión del mundo mucho menos prejuiciosa, dogmática y gregaria que otros de su mismo entorno, como pueden ser los niños superdotados. Estos perciben el mundo desde muy jóvenes con una sensibilidad superior incluso a la de los adultos que les puedan rodear: familiares, profesores…
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