martes, 30 de noviembre de 2010

La enfermedad como camino. Enfermedad y síntomas (VI) y última


Aquí está la diferencia entre combatir la enfermedad y transmutar la enfermedad. La curación se produce exclusivamente desde un síntoma derrotado, ya que la curación significa que el ser humano se hace sano, más completo (con el aumentativo de completo, gramaticalmente incorrecto, se pretende indicar más próximo a la perfección; por cierto, tampoco sano admite aumentativo). Curación significa redención, aproximación a esa plenitud de la conciencia que también se llama iluminación. La curación se consigue incorporando lo que falta y, por lo tanto, no es posible sin una expansión de la conciencia. Enfermedad y curación son conceptos que pertenecen exclusivamente a la conciencia, por lo que no pueden aplicarse al cuerpo, pues un cuerpo no está enfermo ni sano. En él sólo se reflejan, en cada caso, estados de la conciencia.
Sólo en este contexto puede criticarse la medicina académica. La medicina académica habla de curación sin tomar en consideración este plano, el único en el que es posible la curación. No tenemos intención de criticar la actuación de la medicina en sí, siempre y cuando ésta no manifieste con ella la pretensión de curar. La medicina se limita a adoptar medidas puramente funcionales que, como tales, no son ni buenas ni malas sino intervenciones viables en el plano material. En este plano, la medicina puede ser, incluso, asombrosamente buena; no se pueden condenar todos sus métodos en bloque; si acaso, para uno mismo, nunca para otros. Aquí se plantea, pues, la disyuntiva de si uno va a porfiar en el intento de cambiar el mundo por medidas funcionales o si ha comprendido que ello es vano empeño y, por lo que le atañe personalmente, desiste. El que ha visto la trampa del juego no tiene por qué seguir jugando (... aunque nada se lo impedirá, desde luego), pero no tiene derecho a estropear la partida a los demás, porque, a fin de cuentas, también perseguir una ilusión nos hace avanzar. 
Por lo tanto, se trata menos de lo que se hace que de tener conocimiento de lo que se hace. El que haya seguido nuestro razonamiento, observará que nuestra crítica se dirige tanto a la medicina natural como a la académica, pues también aquélla trata de conseguir la "curación" con medidas funcionales y habla de impedir la enfermedad y de llevar vida sana. La filosofía es, pues, la misma; sólo los métodos son un poco menos tóxicos y más naturales. (No hacemos referencia a la homeopatía que no se alinea ni con la medicina académica ni con la natural). 
El camino del individuo va de lo insano a lo sano, de la enfermedad a la salud y a la salvación. La enfermedad no es un obstáculo que se cruza en el camino, sino que la enfermedad en sí es el camino, mejor podrá cumplir su cometido. Nuestro propósito no es combatir la enfermedad, sino servirnos de ella; para conseguir esto tenemos que ampliar nuestro horizonte. 

viernes, 26 de noviembre de 2010

La enfermedad como camino. Enfermedad y síntomas (V)


Pero la medicina es incapaz de dar este paso, y en esto radica su problema: se deja fascinar por los síntomas. Pero ello, equipararía síntomas y enfermedad, es decir, no puede separar la forma del contenido. Por ello, no se regatean recursos de la técnica para tratar órganos y partes del cuerpo, mientras se descuida al individuo que está enfermo. Se trata de impedir que aparezcan los síntomas, sin considerar la viabilidad ni la racionalidad de este propósito. Asombra ver lo poco que es realismo consigue frenar la frenética carrera en pos de este objetivo. A fin de cuentas, desde la llegada de la llamada moderna medicina científica, el número de enfermos no ha disminuido ni en una fracción del uno por ciento. Ahora hay tantos enfermos como hubo siempre –aunque los síntomas sean otros–. Esta cruda verdad es disfrazada con estadísticas que se refieren sólo a unos grupos de síntomas determinados. Por ejemplo, se pregona el triunfo sobre las enfermedades infecciosas, sin mencionar qué otros síntomas han aumentado en importancia y frecuencia el mismo período. 
El estudio no será fiable hasta que, en vez de considerar los síntomas, se considere la "enfermedad en sí", y ésta ni ha disminuido ni parece que vaya a disminuir. La enfermedad arraiga en el ser tan hondo como la muerte y no se la puede eliminar con unas cuantas manipulaciones incongruentes y funcionales. Si el hombre comprendiera la grandeza y dignidad de la enfermedad y la muerte, vería lo ridículo del empeño de combatirla con sus fuerzas. Naturalmente, de semejante desengaño puede uno protegerse por el procedimiento de reducir la enfermedad y la muerte a simples funciones y así poder seguir creyendo en la propia grandeza y poder.
En suma, la enfermedad es un estado que indica que el individuo, en su conciencia, ha dejado de estar en orden o armonía. Esta pérdida del equilibrio  interno se manifiesta en el cuerpo en forma de síntoma. El síntoma es, pues, señal y portador de información, ya que su aparición interrumpe el ritmo de nuestra vida y nos obliga a estar pendientes de él. El síntoma nos señala que nosotros, como individuo, como ser dotado de alma, estamos enfermos, es decir, que hemos perdido el equilibrio de las fuerzas del alma. El síntoma nos informa de que algo falla. Denota un defecto, una falta. La conciencia ha reparado en que para estar sanos, nos falta algo. Esta carencia se manifiesta en el cuerpo como síntoma. El síntoma es, pues, el aviso de que algo falla. 
Cuando el individuo comprende la diferencia entre enfermedad y síntoma, su actitud básica y su relación con la enfermedad se modifica rápidamente. Ya no considera el síntoma como su gran enemigo cuya destrucción debe ser su mayor objetivo sino que descubre en él a un aliado que puede ayudarle a encontrar lo que le falta y así vencer la enfermedad. Porque entonces el síntoma será como el maestro que nos ayuda a atender a nuestro desarrollo y conocimiento, un maestro severo que será duro con nosotros si nos negamos a aprender la lección más importante. La enfermedad no tiene más que un fin: ayudarnos a subsanar nuestras "faltas" y hacernos sanos.
El síntoma puede decirnos qué es lo que nos falta –pero para entenderlo tenemos que aprender su lenguaje–. Este libro tiene por objeto ayudar a reaprender el lenguaje de los síntomas. Decimos reaprender, ya que este lenguaje ha existido siempre, y por lo tanto, no se trata de inventarlo, sino sencillamente de recuperarlo. El lenguaje es psicosomático, es decir, sabe de la relación entre el cuerpo y la mente. Si conseguimos redescubrir esta ambivalencia del lenguaje, pronto podremos oír y entender lo que nos dicen los síntomas. Y nos dicen cosas más importantes que nuestros semejantes, ya que son compañeros más íntimos, nos pertenecen por entero y son los únicos que nos conocen en verdad. 
Esto, desde luego, supone una sinceridad difícil de soportar. Nuestro mejor amigo nunca se atrevería a decirnos la verdad tan crudamente como nos la dicen siempre los síntomas. No es, pues, de extrañar que nosotros hayamos optado por olvidar el lenguaje de los síntomas. Y es que resulta más cómodo vivir engañado. Pero no por cerrar los ojos ni hacer oídos sordos conseguiremos que los síntomas desaparezcan. Siempre, de un modo o de otro, tenemos que andar a vueltas con ellos. Si nos atrevemos a prestarles atención y establecer comunicación, serán guías infalibles en el camino de la verdadera curación. Al decirnos lo que en realidad nos falta, al exponernos el tema que nosotros debemos asumir conscientemente, nos permiten conseguir que, por medio de procesos de aprendizaje y asimilación conscientes, los síntomas en sí resulten superfluos. 

jueves, 25 de noviembre de 2010

La enfermedad como camino. Enfermedad y síntomas (IV)


Aquí trataremos de trazar un cuadro unitario de la enfermedad que, a lo sumo, sitúe la diferenciación "somático/psíquico" en el plano de la manifestación del síntoma que predomine en cada caso.
Con la diferenciación entre enfermedad (plano de la conciencia) y síntoma (plano corporal) nuestro examen de desplaza del análisis habitual de los procesos corporales hacia una contemplación hoy insólita del plano psíquico. Por tanto, actuamos como un crítico que no trata de mejorar una mala obra teatral analizando y cambiando los decorados, el atrezzo y los actores, sino que contempla la obra en sí.
Cuando en el cuerpo de una persona se manifiesta un síntoma, éste (más o menos) llama la atención interrumpiendo, con frecuencia bruscamente, la continuidad de la vida diaria. Un síntoma es una señal que atrae atención, interés y energía y, por lo tanto, impide la vida normal. Esta interrupción que nos parece llegar de fuera nos produce molestia y desde ese momento no tenemos más que un objetivo: eliminar la molestia. El ser humano no quiere ser molestado, y ello hace que empiece la lucha contra el síntoma. La lucha exige atención y dedicación: el síntoma siempre consigue que estemos pendientes de él.
Desde los tiempos de Hipócrates, la medicina académica ha tratado de convencer a los enfermos de que un síntoma es un hecho más o menos fortuito cuya causa debe buscarse en los procesos funcionales en los que tan afanosamente se investiga. La medicina académica evita cuidadosamente la interpretación del síntoma con lo que destierra tanto el síntoma como la enfermedad al ámbito de lo incongruente. Con ello, la señal pierde su auténtica función: los síntomas se convierten en señales incomprensibles. 
Vamos a poner un ejemplo: un automóvil lleva varios indicadores luminosos que sólo se encienden cuando existe una grave anomalía en el funcionamiento del vehículo. Si, durante un viaje , se enciende uno de los indicadores, ello nos contraría. Nos sentimos obligados por la señal a interrumpir el viaje. Por más que nos moleste parar, comprendemos que sería una estupidez enfadarse con la lucecita; al fin y al cabo, nos está avisando de una perturbación que nosotros no podríamos descubrir con tanta rapidez, ya que se encuentra en una zona que nos es "inaccesible". Por lo tanto, nosotros interpretamos el aviso de la lucecita como recomendación de que llamemos a un mecánico que arregle lo que haya que arreglar para que la lucecita se apague y nosotros podamos seguir viaje. Pero nos indignaríamos, y con razón, si, para conseguir este objetivo, el mecánico se limitara a quitar la lámpara. Desde luego, el indicador ya no estaría encendido –y eso es lo que nosotros queríamos–, pero el procedimiento utilizado para conseguirlo sería muy simplista. Lo procedente es eliminar la causa de que se encienda la señal, no quitar la bombilla. Pero para ello habrá que apartar la mirada de la señal y dirigirla a zonas más profundas, a fin de averiguar qué es lo que no funciona. La señal sólo quería avisarnos y hacer que nos preguntáramos que ocurría.
Lo que en el ejemplo era el indicador luminoso, en nuestro tema es el síntoma. Aquello que en nuestro cuerpo se manifiesta como un síntoma es la expresión visible de un proceso invisible y con su señal pretende interrumpir nuestro proceder habitual, avisarnos de una anomalía y obligarnos a hacer una indagación. También en esta caso, es una estupidez enfadarse con el síntoma y, absurdo, tratar de suprimirlo impidiendo su manifestación. Lo que debemos eliminar no es el síntoma, sino la causa. Por consiguiente si queremos descubrir qué es lo que nos señala el síntoma tenemos que apartar la mirada de él y buscar más allá.

miércoles, 24 de noviembre de 2010

La enfermedad como camino. Enfermedad y síntomas (III)


Tanto en medicina como en el lenguaje popular se habla de las más diversas enfermedades. Esta inexactitud verbal indica claramente la universal incomprensión que sufre el concepto de enfermedad. La enfermedad es una palabra que sólo debería tener singular; decir enfermedades, en plural, es tan tonto como decir saludes. Enfermedad y salud son conceptos singulares, por cuanto que se refieren a un estado del ser humano y no a órganos o partes del cuerpo, como parece querer indicar el lenguaje habitual. El cuerpo nunca está enfermo ni sano, ya que en él sólo se manifiestan las informaciones de la mente. El cuerpo no hace nada por si mismo. Para comprobarlo, basta ver un cadáver. El cuerpo de una persona viva debe su funcionamiento precisamente a estas dos instancias inmateriales que solemos llamar conciencia (alma) y vida (espíritu). La conciencia emite la información que se manifiesta y se hace visible en el cuerpo. La conciencia es al cuerpo lo que un programa de radio al receptor. Dado que la conciencia representa una cualidad inmaterial y propia, naturalmente, no es producto del cuerpo ni depende de la existencia de éste. 
Lo que ocurre en el cuerpo de un ser viviente es expresión de una información o concreción de la imagen correspondiente (imagen en griego es eidolon y se refiere también al concepto de la "idea"). Cuando el pulso y el corazón siguen un ritmo determinado, la temperatura corporal mantiene un nivel constante, las glándulas segregan hormonas y en el organismo se forman anticuerpos. Éstas funciones no pueden explicarse por la matería en sí, sino que dependen de una información concreta, cuyo punto de partida es la conciencia. Cuando las distintas funciones corporales se conjugan de un modo determinado se produce un modelo que nos parece armonioso y por ello lo llamamos salud. Si una de las funciones se perturba, la armonía del conjunto se rompe y entonces hablamos de enfermedad. 
Enfermedad significa, pues, la pérdida de una armonía o, también, el trastorno de un orden hasta ahora equilibrado (después veremos que, en realidad, contemplada desde otro punto de vista, la enfermedad es la instauración de un equilibrio). Ahora bien, la pérdida de armonía se produce en la conciencia, en el plano de la información, y en el cuerpo sólo se muestra. Por consiguiente, el cuerpo es vehículo de la manifestación o realización de todos los procesos y cambios que se producen en la conciencia. Así, si todo el mundo material no es sino el escenario en el que se plasma el juego de los arquetipos, con lo que se convierte en alegoría, también el cuerpo material en el escenario en el que se manifiestan las imágenes de la conciencia. Por lo tanto, ello se manifiesta en su cuerpo en forma de síntomas. Por lo tanto, es un error afirmar que el cuerpo está –enfermo sólo puede estarlo el ser humano–, por más que el estado de enfermedad se manifieste en el cuerpo como síntoma. (¡En la representación de una tragedia, lo trágico no es el escenario sino la obra!). 
Síntomas hay muchos, pero todos son expresión de un único e invariable proceso que llamamos enfermedad y que se produce siempre en la conciencia de una persona. Sin la conciencia, pues, el cuerpo no puede vivir ni puede "enfermar". Aquí conviene entender que nosotros no suscribimos la habitual división de las enfermedades en somáticas, psicosomáticas, psíquicas y espirituales. Esta clasificación sirve más para impedir la compresión de la enfermedad que para facilitarla. 
Nuestro planteamiento coincide en parte con el modelo psicosomático, aunque con la diferencia de que nosotros aplicamos esta visión a todos los síntomas sin excepción. La distinción entre "somático" y "psíquico" puede referirse, a lo sumo, al plano en el que el síntoma se manifiesta, pero no sirve para ubicar la enfermedad. El antiguo concepto de las enfermedades del espíritu es totalmente equivoco, dado que es espíritu nunca puede enfermar: se trata exclusivamente de síntomas que se manifiestan en el plano psíquico, es decir, en la conciencia del individuo. 

martes, 23 de noviembre de 2010

La enfermedad como camino. Enfermedad y síntomas (II)


Si prestamos atención al animado debate que se mantiene en el mundo de la medicina, observamos que, generalmente, se discute de los métodos y de su funcionamiento y que, hasta ahora, se ha hablado muy poco de la teoría o filosofía de la medicina. Si bien es cierto que la medicina se sirve en gran medida de operaciones concretas y prácticas, en cada una de ellas se expresa –deliberada o inconscientemente– la filosofía determinante. La medicina moderna no falla por falta de posibilidades de actuación sino por el concepto sobre el que –a menudo implícita o irreflexivamente– base su actuación. La medicina falla por su filosofía o, más exactamente, por su falta de filosofía. Hasta ahora, la actuación de la medicina responde sólo a criterios de funcionalidad y eficacia; la falta de un fondo le ha valido el calificativo de "inhumana". Si bien este inhumanidad en muchas situaciones concretas y extremas, no es un defecto  que pueda remediarse con simples modificaciones funcionales. Muchos síntomas indican que la medicina está enferma. Y tampoco esta "paciente" puede curarse a base de tratar los síntomas. Sin embargo, la mayoría de críticos de la medicina académica y propagandísticas de formas de curación alternativas asumen automáticamente el criterio de la medicina académica y concretan todas sus energía en la modificación de las formas (métodos).
En este libro, nos proponemos ocuparnos del problema de la enfermedad y la curación. Pero nosotros no nos atenemos a los valores consabidos y que todos consideran indispensables. Desde luego, ello hace nuestro propósito difícil y peligroso, ya que comporta indagar sin escrúpulos en terreno considerado vedado por la colectividad. Somos conscientes de que el paso que damos no será el que vaya a dar la medicina en su desarrollo. Nosotros, con nuestro planteamiento, nos saltamos muchos de los pasos que ahora aguardan a la medicina, cuya perfecta comprensión ha de dar la perspectiva necesaria para asumir el concepto que se presenta en este libro. Por ello, con esta exposición no pretendemos contribuir al desarrollo de la medicina en general sino que nos dirigimos a esos individuos cuya visión personas se anticipa un poco al (un tanto premioso) ritmo general. 
Los procesos funcionales nunca tiene significado en si. El significado de un hecho se nos revela por la interpretación que le atribuimos. Por ejemplo, la subida de una columna de mercurio en un tuvo de cristal carece de significado hasta que interpretamos este hecho como manifestación de un cambio de temperatura. Cuando las personas dejan de interpretar los hechos que ocurren en el mundo y el curso de su propio destino, su existencia se disipa en la incoherencia y el absurdo. Para interpretar una cosa hace falta un marco de referencia que se encuentre fuera del plano en el que se manifiesta lo que se ha de interpretar. Por lo tanto, los procesos de este mundo material de las formas no pueden ser interpretados sin recurrir a un marco de referencia metafísico. Hasta que el mundo visible de las formas "se convierte en alegoría" (Goethe) no adquiere sentido y significado para el ser humano. Del mismo modo que la letra y el número son exponentes de una idea subyacente, todo lo visible, todo lo concreto y funcional es únicamente expresión de una idea y, por tanto, intermediario hacia lo invisible. En síntesis, podemos llamar a estos dos campos forma y contenido. En la forma se manifiesta el contenido que es el que da significado a la forma. Los signos de escritura que no transmiten ideas y significado resultan tontos y vacíos. Y esto no lo cambiará el análisis de los signos, por muy minucioso que sea. Otro tanto ocurre en el arte. El valor de una pintura no reside en el calidad de la tela y los colores; los componentes materiales del cuadro son portadores y transmisores de una idea, una imagen interior del artista. El lienzo y el color permiten la visualización de lo invisible y son, por lo tanto, expresión física de un contenido metafísico.
Con estos sencillos ejemplos hemos intentado explicar el método que se sigue en este libro para la interpretación de los temas de enfermedad y curación. Nosotros abandonamos explícita y deliberadamente el terreno de la "medicina científica". Nosotros no tenemos pretensiones de "científicos", ya que nuestro punto de partida es muy distinto. La argumentación o la crítica científica no serán, pues, objeto de nuestra consideración. Nos apartamos deliberadamente del marco  científico porque éste se limita precisamente al plano funcional y, por ello, impide que se manifieste el significado. Esta exposición no se dirige a racionalistas y materialistas declarados, sino a aquellas personas que estén dispuestas a seguir los senderos tortuosos y no siempre  lógicos de la mente humana. Serán buenos compañeros para este viaje por el alma humana un pensamiento ágil, imaginación, ironía y buen oído para los trasfondos del lenguaje. Nuestro empeño exige también tolerancia a las paradojas y la ambivalencia, y excluye la pretensión de alcanzar inmediatamente la unívoca iluminación, mediante la destrucción de una de las opciones. 

lunes, 22 de noviembre de 2010

La enfermedad como camino. Enfermedad y síntomas (I)


Vivimos en una época en la que la medicina continuamente ofrece al asombrado profano nuevas soluciones, fruto de unas posibilidades que rayan en lo milagroso. Pero, el mismo tiempo, se hacen más audibles las voces de desconfianza hacia esta casi omnipotente medicina moderna. Es cada día mayor el número de los que confían más en los métodos antiguos o modernos, de la medicina naturista o de la medicina homeopática, que en la archicientífica medicina académica. No faltan los motivos de crítica –enfermedad, costes exorbitantes y otros muchos– pero más interesante que los motivos de crítica es la existencia de la crítica en sí, ya que antes de concretarse racionalmente, la crítica responde a un sentimiento difuso de que algo falla y que el camino emprendido, a pesar de que la acción se desarrolla de forma consecuente, o precisamente a causa de ello, no conduce  al objetivo deseado. Esta inquietud es común a muchas personas, entre ellas no pocos médicos jóvenes. De  todos modos, la unanimidad se rompe cuando de propones alternativas se trata. Para unos la solución está en la socialización de la medicina, para otros, en la sustitución de la quimioterapia por remedios naturales y vegetales. Mientras unos ven la solución de todos los problemas en la investigación de las radiaciones telúricas, otros propugnan la homeopatía. Los acupuntores y los investigadores de los focos abogan por desplazar la atención del plano morfológico al plano energético de la fisiología. Si contemplamos en su conjunto todos los esfuerzos y métodos extracadémicos, observamos, además de una gran receptividad para toda la diversidad de métodos, el afán de considerar al ser humano en su totalidad como entre fisico-psiquico. Ya para nadie es un secreto que la medicina académica ha perdido de vista al ser humano. La superespecialización y el análisis son los conceptos fundamentales en los que se basa la investigación, pero estos métodos, al tiempo que proporcionan un conocimiento del detalle más minucioso y preciso, hacen que el todo se diluya.

(Texto extraído del libro "La enfermedad como camino" Autores Thorwald Dethlefsen y Rüdiger Dahlke) 

viernes, 19 de noviembre de 2010

No es fácil imitar a la naturaleza

Creada originalmente por Haideé Iglesias

Un rey convocó en una ocasión un concurso para premiar al artísta capaz de realizar una obra que imitase a la naturaleza, de tal modo que nodie fuera capaz de distinguirla del modelo original. Se presentaron muchas esculturas mágnificas, de gran belleza y delicadeza, pero comparadas con el modelo natural, todas ellas podían ser diferenciadas por un motivo u otro. Pero un día se presentó un viejo artísta que mostró al jurado una cesta llena de hojas verdes. Durante años había estado el escultor trabajando con un jade hasta finalizar aquella pieza maestra absolutamente idéntica a unas hojas de verdad. Hasta el más mínimo detalle, hasta el más ligero matiz estaban persentes en aquella escultura excepcional. Examinadas las hojas presentadas por el viejo escultor, ninguno de los presentes fue capaz de distinguir cuál de todas ellas era la pieza artificial y cuáles eran las naturales. Lógicamente, el premio le fue concedido de inmediato. Feliz por aquel resultado, el rey mandó llamar a su sabio consejero.
–Contempla, mi buen amigo, la obra maestra que ha ganado el concurso. Seguro que nadie es capaz a simple vista de distinguirla de unas hojas verdaderas. Este irrepetible artista ha estado trabajando más de diez años en su obra, y ha demostrado que la mano del hombre es capaz de igualar en belleza a la naturaleza. Me gustaría conocer tu opinión.
–Mi opinión es que si  un árbol tardase más de diez años en hacer unas hojas, ¡apañádos estaríamos! –contestó el consejero entre risas.

Esto mismo contestaría yo a algunos ciéntificos que presumen de sus logros en el ámbito de la medicina, pero no sólo, queríendo imitar a la naturaleza en cuanto a la perfección del funcionamiento del cuerpo humano.¡Ay!

jueves, 18 de noviembre de 2010

La realización


Creada Originalmente por Haideé Iglesias

Dijo un maestro: "Quienes han alcanzado el Zen se mantienen siempre libres, independientess y sin deseos". 

Maestro Yuanwu

miércoles, 17 de noviembre de 2010

Meditación y/o psicoterapia (IX)


Shambhala sun: ¿Y usted cree que Platón estaba realmente implicado en ese tipo de reconocimiento?
KW: Por supuesto que sí. Y ello resulta evidente en los maestros neoplatónicos que le sucedieron. Además, no hay que olvidar que las manzanas rara vez caen lejos del manzano. El mismo Platón afirma que una vez fuimos plenos, pero que la amnesis, un "error del recuerdo", no hizo perder esa totalidad. Y la "recomposición" sólo será posible cuando recordemos quiénes somos realmente. En este sentido, Platón es muy concreto cuando dice, por ejemplo, "No es algo que puede expresarse con palabras como otras ramas de aprendizaje; sólo después de una larga pertenencia a una comunidad [contemplativa] podrá la verdad resplandecer sobre el alma, como la chispa que hace prender la llama"... La iluminación súbita. Luego agrega (y esto es muy importante): "No es posible, ni nunca lo será, escribir un tratado a este respecto".
Shambhala sun: Porque es sencillamente inefable.
KW: Eso es lo que yo opino. Se trata de "una transmisión especial que va más allá de las escrituras, no depende en absoluto de las palabras y apunta directamente hacia la mente para ver nuestra propia naturaleza y reconocer la budeidad". Debemos ser muy cuidadosos con las comparaciones, pero creo honestamente que almas del calibre de Parménides, Platón y Plotino recordaron quiénes eran. Se trata, efectivamente, de una experiencia que se asemeja muchísimo al recuerdo, como cuando uno mira al espejo y exclama: "¡Oh!". Como Filosofía dijo a Boecio en su infortunio: "Has olvidado quién eres".
Shambhala sun: Quisiera formularle una última pregunta en torno a la relación existente entre la verdad relativa y la verdad última. Según usted, las enseñanzas del Buda son completamente adecuadas para la realización de la Verdad Última, pero sus manifestaciones relativas cambian de continuo porque "la Vacuidad asume numerosas formas". Pero eso es precisamente lo que afirman las enseñanzas budistas, eso es lo que los tantras del Ati denominan rigpa, algo idéntico a vipashyana o prajña. Está usted de acuerdo con la exigencia de esa única inteligencia? ¿Se trata de la misma inteligencia que comprende el cálculo, que descubre las leyes de la física cuántica y que utilizan los microscopios para cartografiar el mapa del genoma humano?
KW: ¿Por qué pregunta eso?
Shambhala sun: Se supone que no existe más que una sola inteligencia, pero los descubrimientos científicos y filosóficas de Occidente ilustran verdades relativas que no fueron descubiertas en Oriente que, por su parte, parece haberse especializado en el redescubrimiento de la Vacuidad. ¿Existe o no una única inteligencia?, dicho de otro modo, ¿por qué no descubrió el rigpa el cálculo, la física cuántica o el ADN humano?
KW: Porque no existe una única inteligencia; no, al menos, en ese sentido. Recuerde que el Madhayamika –que nos habla de la doctrina de las Dos Verdades– se refiere a dos modalidades de conocimiento, samvritti (que se ocupa de las verdades de la ciencia y la filosofía) y paramartha (que se centra en el reconocimiento de la Vacuidad pura). Cualquier manifestación relativa es iluminada o activada por rigpa, la única inteligencia de todo el universo. Pero dentro del espacio absoluto de la Vacuidad/rigpa, emergen todo tipo de verdades relativas, de objetos relativos y de conocimientos relativos. Rigpa no elige esto sobre aquello ni se decanta por algo en particular, porque nada se halla fuera de él.
Shambhala sun: ¿Y cómo resumiría usted todo esto?
KW: Existe una sola inteligencia que resplandece de modos muy diversos. Como dijeron los místicos cristianos, todos disponemos de un ojo de la carne, y de un ojo de la contemplación, todos los cuales dependen de rigpa, la única inteligencia, la Gran Mente. Pero cada una de esas modalidades tiene su propio ámbito de aplicación, sus propias verdades y sus propios conocimientos y, lo más importante, el hecho de dominar un ojo no necesariamente significa dominar los demás. Como ya he dicho, se trata de aspectos relativamente independientes.

Meditación y/o psicoterapia (X) y última


Shambhala sun: De modo qeu el ojo de la contemplación se ocupa de la verdad absoluta o Vacuidad, mientras que el ojo de la mente y el ojo de la carne se centran en las verdades relativas y en las realidades convencionales.
KW: Sí, ése, me parece un resumen muy adecuado de estas cuestiones tan complejas.
La metáfora tradicionalmente utilizada para explicar estas cuestiones es el océano y sus olas, una analogía un tanto monótona, pero sumamente fructífera. Desde este punto de vista, la humedad del agua es la Talidad (o Espíritu) y todas las olas poseen el mismo grado de humedad. Una ola no está más húmeda que las demás, de modo que, cuando descubra la humedad de cualquier ola, habré descubierto la humedad de todas ellas. Cuando reconozca directamente, aquí y ahora, la Talidad o Vacuidad –la humedad, por así decirlo, de mi propio ser–, habré descubierto la verdad última de todas las olas. La Vacuidad no es una ola muy grande que se halle separada de las olas pequeñas, sino la humedad que se halla igualmente presente en todas las olas, altas o bajas, grandes o pequeñas, sagradas o profanas. Y es por ello que la Vacuidad no puede ser utilizada para elegir una ola sobre las demás.
La iluminación no consiste en elegir una ola muy grande, sino en darse cuenta de la humedad que se halla presente en cualquiera de las olas que ya soy. Entonces es cuando me libera radicalmente de la identificación con está pequeña ola llamada yo, porque soy fundamentalmente uno con todas las demás olas y ninguna humedad me es ajena. Yo soy literalmente Un Solo Sabor con todo el océano y con todas las olas. Y ese sabor es la humedad, la Talidad, la Vacuidad, la transparencia absoluta de la Gran Perfección.
Pero no olvide que nunca podrá conocer todos los detalles relativos a todas las olas, su altura, su peso, su número, etcétera. Eso es algo que deberá ir descubriendo ola tras ola. No existe –ni nunca podrá existir– ningún Sutra de la humedad.
Como he dicho, basta con la contemplación para alcanzar la verdad última, porque la contemplación le mostrará la humedad de todas las olas, la esencia radical de todos los fenómenos, la Vacuidad que alientas en el Corazón del Kosmos, la pureza primordial que es su conciencia intrínseca en este mismo momento, y en éste y también en éste. Pero la meditación no pretende –ni nunca podrá– proporcionarle todos los detalles de todas las olas que continuamente emergen en el despliegue incesante de la Vacuidad y de la luminosidad espontánea. Como usted dice, la meditación no le enseñará automáticamente el cálculo, el mapa del genoma humano ni la física cuántica. Y el hecho de que históricamente no lo haya hecho debería darnos que pensar a este respecto.
Shambhala sun: Tengo una pregunta en torno a la Gran Cadena del Ser ya que se me antoja que la Gran Cadena podría estar directamente relacionada con lo que usted está diciendo acerca de la manifestación y de la verdad relativa.
KW: Si, se trata de nociones muy similares. Dicho en otras palabras, todos los grandes teóricos de la Gran Cadena, desde Yogachara y el Vedanta en Oriente hasta el neoplatonismo y la Cábala en Occidente, sostienen que la Vacuidad (o el "Uno", es decir, lo no dual) se manifiesta a través de una serie de dimensiones, niveles, koshas, vijnanas u "ondas" que configuran un espectro de ser y de conciencia. El espectro de los niveles es la verdad manifiesta o relativa, y la inmensa amplitud de la que emanan es la Vacuidad o la verdad absoluta. Finalmente lo absoluto y lo relativo son "no dos", porque la Vacuidad no es una cosa separada de las demás sino la talidad de todas las cosas, la humedad de todas las olas. Y rigpa es el destello, el reconocimiento de la esencia no dual, la simplicidad de su conciencia, clara, presente y ordinaria, la apertura o claro de la que emanan el universo, sólo Eso.
Obviamente, no estoy hablando ahora de un mero concepto abstracto. Un Solo Sabor es el reconocimiento simple, directo y claro en el que resulta absolutamente evidente que usted no ve el cielo, sino que es el cielo que usted no toca la tierra. sino que usted es tierra; que el viento no sopla sobre usted sino que sopla dentro de usted. En Un Solo Sabor, usted puede beberse el océano Pacífico de un solo trago y devorar el universo entero. Las supernovas nacen y mueren dentro de su corazón y las galaxias se arremolinan por toda la eternidad en donde usted pensó que se hallaba su cabeza, y todo es tan simple como el canto del petirrojo en una madrugada transparente y cristalina.
Shambhala sun: Diferentes formas de la Vacuidad, diferentes olas de la Gran Perfección.
KW: Si, en el mundo relativo continuamente están apareciendo nuevas verdades; verdades que emergen en la Vacuidad, en una apertura resplandeciente que es su conciencia en este mismo instante. Y lo que emerge en la inmensa amplitud de su conciencia primordial ahora mismo (el cálculo, la física, la alfarería o el proceso de fabricación de la manteca de yak), dependerá de mil variables relativas que emergen en la simple, clara, omnipresente y transparente conciencia o humedad de su Ser, gestos de la Gran Vacuidad.
De modo que, dentro de esa "única inteligencia" o Gran Mente" emergen multitud de mentes pequeñas o inteligentes locales –la Gran Cadena del Ser–, y esas verdades relativas, como las nubes en el cielo y las olas en el océano, tienen una cita con su karma relativo en donde encontrarán su propio destino.
Occidente y Oriente tienen sus propias verdades relativas. Y creo que el hecho de que Oriente disponga de una compresión más clara de la verdad absoluta explica el hecho de que la hoguera no aguardase a quienes osaban emprender el camino. Mi opinión , en suma, es que la adecuada combinación de las verdades relativas proporcionadas por Oriente y Occidente en el contexto primordial de la Vacuidad, puede proporcionarnos un abordaje muy sensato a la condición humana.

martes, 16 de noviembre de 2010

Meditación y/o psicoterapia (VIII)


Shambhala sun: Dice usted que las razones son complejas y estoy seguro de que lo son, pero ¿podría al menos, mencionar algunas?
KW: Veamos una que tal vez sea la más interesante. La historia primitiva de las Iglesias estuvo dominada por los pneumáticos, "aquellos en los que el Espíritu está vivo", personas que tenían una experiencia directa de la espiritualidad, de la conciencia crística. ("Deja que la conciencia esté en ti como lo estaba en Cristo"). En este sentido, podríamos decir que el Nirmanakaya de cada pneumático realizón el Dharmakaya de Cristo a través del Sambhogakaya del fuego transformador del Espíritu Santo. Lo cierto, en cualquier caso, es que se trataba de personas que experimentaban el Espíritu de un modo muy vivo, muy directo y muy inmediato.
Al cabo de cientos de varios cientos de años, sin embargo con la codificación del Canon y el Credo de los Apóstoles, la experiencia real acabó viéndose sustituida por una serie de creencias. Pero los pneumáticos y los profetas no podían se controlados y la Iglesia fue transformándose lentamente en la ekklesia, la asamblea gobernada por el obispo local, el detentador del "dogma correcto". A partir de entonces, la Iglesia dejó de ser la asamblea de los realizados y se convirtió en la asamblea de los obispos.
Esta situación acabó legalizándose con Tertuliano, y con Cipriano la espiritualidad quedó finalmente ligada a la oficina legal de la Iglesia. Entonces fue cuando el sacerdocio pasó de las manos de las personas despiertas a los simples funionarios. El sacerdote ya no era el santo (sanctus) que había despertado y alcanzado la iluminación, sino alguien designado por la burocracia oficial. Del mismo modo, la "salvación" ya no dependía del hecho de despertar, sino de comulgar con los sacramentos legales. Como dijo Cipriano:"Quien no tiene a la Iglesias como Madre no puede tener a Dios como Padre".
Y esto complicó muchísimo las cosas porque, a partir de ese momento, los únicos gestores de la salvación pasaron a ser burócratas. Y fueron ellos precisamente los que acabaron prohibiendo que cualquiera pudiera tornarse uno con Dios. ¡Se acabó esa historia de la Unidad!.
Shambhala sun: ¿Y eso por qué ocurrió?
KW: Simple y llanamente a causa del poder político. Porque, como usted sabe, la experiencia mística tiene la mala costumbre de no necesitar obispos ni intermediarios de ningún tipo. Como usted ve, el motivo es el mismo, a fin de cuentas, por el que las grandes empresas petrolíferas no parecen estar muy a gusto con la energía solar.
En tal caso, quien osara afirmar que estaba directamente conectado con Dios, no sólo era culpable de haber vulnerado las leyes de la Iglesia y de haber incurrido en una herejía religiosa (un pecado por el que su alma podría condenarse eternamente), sino también de traición política (un delito que podría ser castigado con el descuartizamiento).
Por todas estas razones el summun bonun del despertar espiritual (la identidad suprema entre Atman y Brahman o entre la mente ordinaria y el Espíritu) acabó convirtiéndose oficialmente en uno de los tabúes de Occidente durante unos mil años. Es cierto que todas las corrientes mencionadas por usted, desde el neoplatonimo hasta el hermetismo, han seguido presentes, pero no lo es menos que han sido muy marginadas. Es por ello que Occidente ha producido tantos místicos del nivel sutil (Sambhogakaya,), que afirmaban la posibilidad de unión entre el alma y Dios, tan pocos del nivel causal (Dharmakaya) y menos todavía del nivle no dual (Svabhavikakaya), que no sólo hablaran de la unión sino de la identidad suprema entre el alma y Dios en la Divinidad pura, pues esa afirmación bien podía constarles la vida.
Shambhala sun: ¿Cuál es, en su opinión, la relación existente entre el concepto de "reminiscencia" según Platón y la iluminación? Desde que leí el Menon he pensado que eran idénticos, pero lo cierto es que no lo tengo muy claro.
KW: Si, yo creo que existe una relación muy estrecha entre ambas cuestiones. Si suponemos que cada ser sensible posee ya la mente del Buda y si estamos de acuerdo en que la iluminación no consiste tanto en alcanzar esa mente como en reconocerla, deberíamos afirmar que la iluminación se base en el reconocimiento de la mente de Buda o en el recuerdo de la Vacuidad pura.
Dicho en otras palabras, resulta tan imposible alcanzar la naturaleza de Buda como alcanzar nuestros pies. Lo único que nosotros podemos hacer es mirar hacia abajo y darnos cuenta –o mejor dicho, recordar– que ya tenemos pies, para lo cual, en ocasiones, resulta de gran utilidad que alguien nos lo señale. En este sentido, los maestros zen están muy dispuestos a ayudarnos ya que, cuando alguien dice: "Yo no tengo ningún pie", el maestro no dudará en pisarle e increparle diciéndole: "De modo que no tenías pies ,¿eh?".
El "ejercicio capital" no apunta hacia algo de los que carecemos y debamos conseguir, sino que señala hacia algo que se halla total y completamente presente ahora mismo, pero de lo que tal vez nos hayamos olvidado. La acepción más básica de la iluminación se refiere a este simple recuerdo, reconocimiento o percepción que nos lleva a advertir que nuestra conciencia simple, clara y omnipresente, tal cual es, es ya la Pureza primordial. En ese sentido, el despertar no es más que un simple recuerdo.
(Idem)

lunes, 15 de noviembre de 2010

Meditación y/o psicoterapia (VII)


Shambhala sun: Anteriormente dijo que los meditadores podrían "seguir meditando", pero ¿realmente cree que basta con eso?
KW: Lo cierto es que usted no me preguntó si creía que bastaba con la meditación. Usted me preguntó lo que le respondería a alguien que me dijera : "¡Déjeme seguir meditando!", en cuyo caso, efectivamente, respondería: ¡Pues siga meditando!". No tengo el menor deseo de interferir en la vida e nadie. Si usted, en cambio, me hubiera preguntado: "¿Qué otras prácticas considera que podrían utilizar los meditadores para fomentar su proceso de desarrollo?", yo le hubiera respondido más o menos como acabo de hacerlo, es decir, diciéndole que, en mi opinión, el modo adecuado de proceder debería compaginar la visión contemplativa oriental con los enfoques psicodinámicos occidentales. Porque, en el caso de que usted quisiera una visión del mundo más comprenhensiva que incluyera verdades absolutas y verdades relativas, podría beneficiarse de los numerosos descubrimientos realizados en este sentido por Occidente.
Nadie está obligado a participar de esta visión de las cosas, aunque todos, no obstante, estamos invitados, porque la visión integral, dicho sea de paso, deja manifiestamente patente la parcialidad de cualquier enfoque aislado. En mi opinión, la visión de Shambhala de Chögyam Trungpa constituye un abordaje secular e integral que ubica al Dharma en el contexto de las diversas corrientes culturales en que se halla inmerso. Breve historia de todas las cosas perfila muchas de esas corrientes y sugiere un modo de pensar en el Dharma que las enriquece al tiempo que es enriquecido por ellas. Así de sencillo.
Shambhala sun: Muy bien. Quisiera ahora hacerle unas preguntas más bien técnicas. ¿Le parece bien?
KW: Adelante.
Shambhala sun: Una de las cosas que más confunden a los practicantes de las tradiciones místicas orientales es el hecho de que, antes de la Ilustración, Occidente tenía una tradición milenaria basada en el cristianismo, una religión profundamente mística. En Sexo, ecología, espiritualidad usted se refiere a este punto diciendo que se trató de un milenio muy prometedor, pero que no cuajo en una disciplina auténticamente transcendente, ¿Por qué dice usted eso? ¿Cómo pudo equivocarse durante tanto tiempo toda una civilización cuando Platón, el Corpus Hermeticum, el neoplatonismo y el cristianismo místico, por ejemplo, hablaban ya con tanta claridad de ello?
KW: Suponga que el mismo día en que el Buda alcanzó la iluminación, hubiera sido colgado por ese motivo. Suponga también que aquellos seguidores del Buda que afirmaban haber alcanzado la iluminación, también hubieran sido colgados. ¿No le parece un panorama un tanto desalentador?
Porque eso es, precisamente, lo que ocurrió con Jesús de Nazaret. "¿Por qué me apedreáis?", pregunta él un un determinado momento, a lo que la muchedumbre responde: "Porque siendo un hombre afirmas ser Dios". Al Atman individual no se le permite comprender que es uno con Brahman. Entre otras razones muy complejas, la afirmación de que "Yo y mi Padre somos Uno" acabó con la crucifixión de Cristo.
Pero, aunque las razones sean muy complejas, el hecho sigue siendo el mismo ya que, cuando el practicante comienza a acercarse a la realización de que Atman y Brahman son uno, de que nuestra mente es idéntica al Espíritu primordial, ocurren cosas muy graves. Nadie duda de que el neoplatonismo y otras corrientes y otras corrientes occidentales encierran enseñanzas muy elevadas, pero hay que recordar que, en aquellos lugares en los que la Iglesias tuvo influencia política –y no hay que olvidar que dominó la escena de Occidente durante más de un milenio–, resultaba muy peligroso caminar por la estrecha senda que une a Atman con Brahman, Juan de la Cruz y su amiga Teresa de Ávila fueron algunos de los que lo hicieron, pero tuvieron que borrar sus huellas tras un lenguaje tan escrupulosamente pío que, en ocasiones, resulta un tanto difícil de comprender. Meister Eckhart también lo hizo y de un modo más osado, pero la Iglesias condenó oficialmente su enseñanza y sus libros terminaron pudriéndose en el infierno. Giordano Bruno fue otro de los seguidores de ese camino y acabó en la hoguera. Así eran las cosas en esa época.

viernes, 12 de noviembre de 2010

Meditación y/o psicoterapia (VI)


Shambhala sun: Cualquier persona que haya practicado seriamente la contemplación estará de acuerdo con usted en que el desarrollo suele ser bastante desigual. Pero hay quienes dicen que las neurosis son verdaderas regresiones, que la persona que da un paso hacia adelante en el camino de la meditación se ve luego seducida por el samsara y queda atrapada en la neurosis samsárica. Otros en cambio, dicen que la meditación pone de relieve las neurosis ocultas existentes en el practicante avanzado. ¿Cree usted que hay alguna verdad en todo ello o, por el contrario, su visión al respecto es diferente?
KW: Creo que todo lo que usted acaba de mencionar puede ocurrir. Hay personas que realizan verdaderos progresos en la meditación, pero luego terminan abandonándola porque resulta una disciplina muy exigente y, en ese caso, el aumento de sensibilidad provoca el empeoramiento de sus "viejas" neurosis.
Y el otro caso también es bastante común, especialmente en los estadios avanzados de la meditación, cuando los complejos profundamente enterrados comienzan a aflorar a la superficie de la conciencia. Los practicantes avanzados pueden ser personas muy exageradas, porque ya han trabajado los problemas más sencillos y sólo les resta el karma más pesado ligado, por ejemplo. a la reencarnación en la que el sujeto asesinó a veinte monjas. Estoy bromeando, claro está, pero ¿entiende usted lo que quiero decir? La práctica avanzada puede hacer emerger problemas muy profundos, lo cual puede resultar muy confuso, porque eso no se parece en nada a un "progreso". Se trata de algo semejante a lo que ocurre con las personas congeladas que, cuando la zona congelada empieza a calentarse, duele terriblemente. Algo parecido ocurre en el caso de la meditación avanzada (una especie de calentamiento rápido), un despertar que suele ser terriblemente doloroso.

[Tal como yo he constatado {esto que está encerrado desde y entre los paréntesis es de mi atoria no de Wilber}, esto no sólo ocurre en la meditación sino también en la psicoterapia –también con la terapia de Flores de Bach–, en cuanto se siente que salen aspectos que no se quieren reconocer se suele abandonar o bien se proyecta sobre el terapeuta la responsabilidad que no se quiere asumir sobre la propia curación de la neurosis y/o evolución espiritual. Pocas personas son capaces de encontrar –aún con ayuda– confianza en si mismos –y por ello en el maestro o terapeuta– para saltar al abismo, un paso necesario para poder romper el ciclo del samsara].

Shambhala sun: Y usted tiene algunas ideas sobre los "problemas" que pueden acompañar a la meditación.
KW: Así es. La cuestión, como estábamos diciendo, es que el proceso de desarrollo consiste en una serie de corrientes distintas que atraviesan diferentes estadios básicos u ondas del desarrollo de la conciencia, y las grandes tradiciones de sabiduría tienden a centrarse en algunas de estas corrientes –como la cognitiva (consciencia), la espiritual (y moral) y el afecto superior (amor y compasión)– descuidando, al mismo tiempo, otras –como la emocional, la interpersonal, la de las relaciones o las interacciones convencionales.
Por ello tengo tanto interés en articular una práctica integral, una práctica que incluya lo mejor de la sabiduría antigua con lo mejor del conocimiento moderno, y lo contemplativo con lo convencional. Y aunque sepa perfectamente que mis libros no ofrecen una respuesta definitiva a estos problemas, también considero que constituyen un buen punto de partida para entablar un diálogo de buena voluntad.

jueves, 11 de noviembre de 2010

Meditación y/o psicoterapia (V)


Shambhala sun: Los antiguos sistemas de transformación espiritual omiten gran parte del material que usted incluye en su síntesis. ¿Cree usted que son inadecuados para los tiempos modernos?
KW: ¿Inadecuados dice? No en cuanto a la verdad absoluto, pero estoy completamente convencido de que sí en lo que respecta a la verdad relativa, y ello simplemente se debe al hecho de que la Vacuidad no deja de manifestarse en formas diferentes. ¿No le parece? No podrá encontrar ningún sutra ni ningún tantra que le enseñe las instrucciones necesarias para trabajar con un ordenador. Esos textos no pueden decirle nada sobre el ADN, la anestesia médica o el transplante de riñón. No conviene olvidar que el Occidente moderno ha realizado contribuciones muy importantes y útiles a nuestra comprensión de la psicología y de la psicoterapia, contribuciones que, por otra parte, no tienen parangón en las antiguas enseñanzas orientales. (No comparto la opinión de Wilber en éste punto. Pienso que Occidente aún tiene mucho que aprender de Oriente, aquello que hasta ahora ha despreciado o obviado por no convenir al paradigma imperante, tanto en medicina como en autoconocimiento. Si comparto lo que más adelante resalto en otro color, por experiencia propia con personas que meditaban y estaban muy avanzadas en ésta práctica pero habían caído en el narcisismo, algo que Jung ya señala como uno de los obstáculos en los que uno puede quedar atascado cuando comienza a expandirse su conciencia).
Pero en realidad, yo no hablaría tanto de inadecuación como de aprovechar todo aquello de lo que disponemos. Me parece que, en el caso de que tuviera problemas, pudiera recurrir a algún tipo de terapia. Y no creo que nadie deba sentirse amenazado por ello. El nuestro es un universo inmenso y en él hay lugar de sobra para Freud y el Buda.
Shambhala sun: ¿Qué piensa usted –por seguir con el mismo tópico– sobre los tantras internos, como el kundalini yoga, y lo que los budistas hacemos con prana, nadi y bindu (visiones espirituales interiores)? Porque la ciencia no admite este tipo de realidades que, no obstante, ocupan dos de los niveles más elevados de su sistema, el sutil y el causal. Esto resulta un tanto confuso, porque son muchos los practicantes espirituales que no admiten la existencia de esos niveles y que, en consecuencia, nunca emprenden esas prácticas. ¿Acaso le parecen necesarios para el desarrollo espiritual o estoy comprendiéndole mal?
KW: No creo que constituyan un requisito indispensable. Lo único que ocurre es que ese tipo de procesos pueden presentarse -o no– en los estadios superiores del desarrollo que usted ha mencionado (el sutil y el causal), dependiendo, entre otras cosas, del tipo de disciplina que usted practique. En cierto momento de la práctica meditativa, los distintos procesos ordinarios tienden a verse reemplazados por fenómenos sutiles o muy sutiles (que incluyen, en ocasiones, corrientes de energía, prana, bindu, etcétera). En estos casos, no obstante, puede tratarse simplemente de un aumento de la claridad y de la conciencia panorámica. Mi intención ha sido simplemente la de enumerar los diferentes tipos de fenómenos meditativos que pueden presentarse en la medida en que la meditación va desarrollándose desde la conciencia ordinaria hasta la sutil y la muy sutil. Y debo decir que estoy hablando de cuestiones bastante normales en las distintas tradiciones.
Shambhala sun: ¿Por qué parece que algunos practicantes espirituales avanzan en ciertas facetas y sigue siendo, no obstante, verdaderos estúpidos en otras?
KW: Bien, una de las cosas que trato de hacer con el modelo del desarrollo de la conciencia es esbozar dos cuestiones diferentes a las que podríamos denominar corrientes y olas. Las corrientes son las diferentes líneas del desarrollo (como el desarrollo cognitivo; el desarrollo emocional, el desarrollo impersonal, el desarrollo espiritual, por ejemplo), cada una de las cuales atraviesa diferentes estadios u olas. La investigación parece indicar, por una parte, que las distintas corrientes se desarrollan de un modo avanzado en una de ellas (como la espiritual, por ejemplo) y "estancado" en otras (como la emocional o la interpersonal, pongamos por caso). Pero también hay que señalar, por otra parte, que aunque esas corrientes se desarrollen de manera independiente, todas ellas atraviesan los mismos estadios u olas del desarrollo, todo ellos, por ejemplo, comienzan en las modalidades preconvencionales, siguen con las convencionales y desembocan en las postconvencionales.
De modo que existen muchas corrientes diferentes del desarrollo y todas ellas atraviesan las mismas olas generales o estadios del desarrollo de la conciencia. Es por ello que hay personas que pueden hallarse muy avanzadas en una corriente y seguir siendo unos "verdaderos estúpidos" en otras. (Toda esta investigación está resumida en El ojo del espiritu: Una visión integral de un mundo que está enloqueciendo poco a poco.)
Pero, por volver a su pregunta, debo decir que, en efecto, el desarrollo puede ser bastante desigual. La mayor parte de las grandes tradiciones de sabiduría se centran en la enseñanza de la conciencia y la cognición superior o postconvencional y del afecto superior o postconvencional (el amor y la compasión), pero tienden a descuidar el desarrollo interpersonal y emocional, sobre todo en los dominios convencionales. Todos conocemos meditadores avanzados que son personas más bien desagradables. Ahí, obviamente, es donde la psicoterapia occidental tiene cosas interesantes que decir, aunque suela limitarse al otro extremo y obviar las ondas superiores o transpersonales. Y ése es otro de los motivos por los cuales necesitamos integrar a Freud y al Buda.

miércoles, 10 de noviembre de 2010

Meditación y/o psicoterapia (IV)


Shambhala sun: Usted describe el Kosmos cmo la "pauta que conecta" todos los dominios de existencia. Esto me recuerda a Mind and Nature: A Necesaru Unity (Espíritu y Naturaleza) de Gregory Bateson. ¿De qué modo han influido en su obra los movimientos de la Nueva Era?
KW: La verdad es que no mucho. Por otra parte, no soy de los que consideran importante el pensamiento de Bateson. El libro que usted ha mencionado, por ejemplo, es lo que yo llamaría un ejemplo de libro "chato", monológuico y unidimensional escrito en el lenguaje del "ello" y, a decir verdad, no muy bueno. Ésa es, francamente, mi opinión.
Shambhala sun: ¿Cree usted que Foucalult, Derrida y compañía hablan de las mismas cuestiones de las que, de un modo u otro, ya habían hablado los absolutistas orientales u opina, por el contrario, que el postestructuralismo es algo completamente nuevo?
KW: Sinceramente creo que los abordajes postestructuralitas son más novedosos e ingenuos y mucho menos profundos. En última instancia, las grandes tradiciones orientales son técnicas de transformación y de liberación en la Vacuidad radical. Y debe saber que los posestructuralistas no hablan de transformación, sino simplemente de traducción. No niego que sean versiones más o menos interesantes de la verdad relativa, pero no cabe la menor duda de que no tienen nada que ver con un yoga de la verdad absoluta. Es cierto que, dentro del ámbito de la verdad relativa, de algunas de las tradiciones orientales, como el no fundacionalismo, la contestualidad de la verdad, la naturaleza deslizante de los significados, la relatividad de los significados, etcétera.
Y si bien todas estas similitudes son interesantes e importantes –y trato de tenerlas muy en cuenta–, también, son por otra parte, bastante secundarias con respecto al problema central que es, como usted sabe, moksha, kensho, satori, rigpa, yeshe, shikan-taza, algo de lo cual no hablan, en modo alguno, Foucault, Derrida, Lyotard y compañía.
Shambhala sun: ¿Qué papel ha desempeñado la cosmología del budismo tibetano en el desarrollo de su filosofía? Lo digo porque, a veces, me recuerda algunas visiones apocalítpticas de la escuela de Kalachakra.
KW: El Vajrayana, en casi todas sus formas, ha desempeñado un papel muy importante para mí y para mi modo de ver las cosas. El Kalachakra, al igual que el anuttaratantra, es muy profundo y también lo son las enseñanzas de Ati: semde, longde y upadesa. Francamente, debe decirle que siento una gran simpatía por todas esas escuelas.
Shambhala sun: Usted trata de integrar a Freud con el Buda o, en sus propias palabras, la "psicología de la profundidades" con las "psicología de las alturas". ¿Por qué considerar esto necesario? ¿Cree acaso que sin esta integración ambos sistemas están incompletos?
KW: Bien, yo creo que el Kosmos se halla en estado de evolución y que, en consecuencia, todo está incompleto. Continuamente están apareciendo nuevas verdades, nuevas revelaciones y nuevos budas, ¿no le parece? Freud y Buda no son más que dos ejemplos de verdades muy importantes que podrían enriquecerse mutuamente. Es cierto que la Vacuidad no depende de ninguna de ellas, pero el mundo manifiesto es un lugar inmenso y en él hay lugar de sobra para esos dos grandes pioneros. Es por ello que creo que el diálogo entre ellos puede resultar beneficioso.

martes, 9 de noviembre de 2010

Meditación y/o psicoterapia (III)


Shambhala sun: Usted no divide el mundo en átomos, elementos o estados psicológicos, sino en unidades a las que denomina holones, una visión muy parecida a los dharmas de los que habla el Abhidharma budista. ¿Cómo ha influido el Aghidharma budista en su teoría?
KW: Como usted sabe, yo soy budista practicante desde hace muchos años y, en consecuencia, muchas de mis ideas son budistas o inspiradas en el budismo. Me estoy refiriendo, fundamentalmente, a Nagarjuna y el Madhyamika, a la Vacuidad pura y la Pureza primordial (que constituye la "filosofía central" de mi enfoque), al Dzogchen y el mahamudra y también, obviamente, a los principios del Abhidharma y al análisis de la experiencia en dharmas (que también es bastante similar a las "ocasiones reales" de las que habla Whitehead. Ésas son algunas de las fuentes que originaron mi presentación de los holones. Y también, en este sentido, trato de rescatar lo mejor de cada una de esas tradiciones y sintetizarlas de un modo provechoso.
Shambhala sun: Su visión del mundo es bastante compleja. ¿Qué les diría a aquellos meditadores que opinan que no necesitan ninguna visión histórica global y que lo único que quieren es que les dejen meditar tranquilos?
KW: Las alentaría a que siguieran meditando.
Shambhala sun: Usted ha realizado una crítica muy interesante al modernismo y al posmodernismo que parece incluir sus conclusiones y, al mismo tiempo, trascenderlas y ubicarlas en su justo lugar. ¿Podría explicar este punto?
KW: Si, la idea es que todos los enfoques, teorías y prácticas tienen algo importante que decirnos, pero que ninguno dispone de la verdad completa en todo sus detalles. Desde esta perspectiva, cada enfoque es cierto pero parcial y el asunto consistiría en encontrar el modo más adecuado de articular las distintas verdades correctas, el modo de integrarlas en una visión espectral semejante al arco iris. Es por ellos por lo que admito todas esas posiciones pero también trato de trascenderlas o, como usted dice, de "ubicarlas en su justo lugar". Pero todavía está por ver si eso es o no posible.
Shambhala sun: ¿Por qué utiliza la palabra "Kosmos" en lugar de cosmos?
KW: El término Kosmos es un antiguo término pitagórico que engloba todas las dimensiones del universo (física, emocional, mental y espiritual). La palabra cosmos, por su parte, sólo se refiere al universo físico, a la dimensión física. De modo que podríamos decir que el Kosmos incluye a la fisiosfera (o cosmos), la biosfera (o vida), la nooesfera (o mente), todas ellas manifestaciones radiantes e idénticas a la Vacuidad pura.
Una de las catástrofes del mundo moderno es la de haber negado la realidad del Kosmos y haberla reducido al cosmos. Desde esta perspectiva, dicho en otras palabras, el mundo moderno y postmoderno considera que la única "realidad" es el "mundo chato" unidireccional y desvaído propio del que nos habla el materialista científico. Y una de las cosas que trato de hacer en esos dos libros es rehabilitar la credibilidad del concepto Kosmos.

lunes, 8 de noviembre de 2010

Meditación y/o psicoterapia (II)


Shambhala sun: ¿Y qué es lo que espera conseguir con ello? ¿Qué es lo que puede aportar su filosofía al avance de la conciencia?
KW: La verdad es que no mucho. Cada uno de nosotros debe comprometerse con una disciplina contemplativa real, ya sea el yoga, el zen, el Shambhala Training, la oración contemplativa o lo que fuere, porque es precisamente eso –y no tanto mi charla y mis libros– lo que fomenta el avance de la conciencia.
Pero si lo que usted quiere saber es el modo en que su práctica concreta se relaciona con el resto de los abordajes, mis libros le brindan un mapa global que puede ayudarle a ponerse en marcha, eso es todo, Pero nada de ello, obviamente, podrá reemplazar a la práctica.
Shambhala sun: Pero qué sucede, por ejemplo, en el caso de que yo sea una persona que se ha convertido la budismo y no necesita otros sistemas de desarrollo o de transformación. Breve historia de todas las cosas me transmite la sensación de que no estoy haciendo las cosas bien, de que estoy omitiendo algo. Usted ha ubicado el budismo exclusivamente en uno de los cuatro cuadrantes, de modo que debo estar dejando algo de lado. ¿Acaso cuando alcance la iluminación, se tratará –desde su punto de vista– de una iluminación incompleta?
KW: Si cuando habla de "iluminación" se refiere usted al reconocimiento inmediato y directo de la Vacuidad, no, no tiene por qué estar dejando nada de lado porque la Vacuidad lo incluye todo y, en consecuencia, resulta imposible dejar nada de lado. Pero no olvide que la tradición habla de la bodhicitta absoluta y de la bodhicitta relativa [o, dicho en otras palabras, de la verdad absoluta y de la verdad relativa]. Es por ello que el reconocimiento directo del absoluto no le lleva a dominar todos los detalles de lo relativo. Usted puede estar iluminado y no ser capaz, pongamos por caso, de explicar los detalles matemáticos de la ecuación de onda de Schrödinger. Mis libros tienen que ver con todos los detalles relativos, algunos de los cuales no son adecuadamente explicados por el budismo, como tampoco lo son por ninguna de las grandes tradiciones de sabiduría del mundo. Pero, en lo que respecta al reconocimiento directo de la Vacuidad radical y a la iluminación, el budismo me parece un sistema realmente completo.
Shambhala sun: ¿Para qué necesitaría, pues, su historia de la conciencia si ya dispongo de las enseñanzas budistas?
KW: La verdad es que no tiene el menor motivo para hacerlo, a menos que le parezca interesante o divertido, en cuyo caso lo hará por el mero gusto de hacerlo poro, que yo sepa, las enseñanzas budistas no hablan de la cocina mexicana, un tema que podría, sin embargo, resultar apasionante para algunas personas.
Shambhala sun: Tal vez pudiéramos abordar las cosas desde otra perspecitiva. ¿Qué es, a su juicio, lo que Buda no enseña?
KW: Por ejemplo, el modo de conducir un Jeep.
Shambahala sun: ¿Cómo usted mismo señala en Breve historia de todas las cosas, existen muchas teorías sobre la historia y la evolución espiritual. Hay ocasiones en que su teoría se asemeja a la dialéctica de Hegel, otras veces se parece a Darwin y otras, por último, parece tener que ver con la visión de la mente sustentada por las distintas visiones orientales. Pero ¿qué es, desde su punto de vista, lo que diferencia su enfoque de todos esos sistemas?
KW: Ése es, precisamente, el punto. Por una parte, creo que se parece a todas esas teorías en el sentido de que las tiene en cuenta y trata de sintetizar lo mejor de cada una. Por otra parte, sin embargo, creo que eso mismo es también lo que las diferencia, porque yo estoy tratando de integrar todos esos abordajes, algo en lo que no todo el mundo parece interesado.

domingo, 7 de noviembre de 2010

Meditación y/o psicoterapia (I)


Hace veinte años, cuando el budismo comenzaba a dar sus primero pasos en esta país, a nadie se le ocurría pensar siquiera en la posibilidad de combinar la meditación con la psicoterapia porque, según se decía, el budismo era un "sistema completo" y si uno lo practica adecuadamente, no necesita necesita ninguna terapia. Y el mismo tipo de resistencia han mostrado casi todas las religiones del mundo moderno: cree en Dios y lo demás te será dado por añadidura, reza y sanarás tu psiquismo, el zikr lo cura todo, el yoga resuelve todos los problemas, etcétera, etcétera. Desde esta perspectiva, quienes tienen fe o practican adecuadamente una disciplina espiritual no necesitan psicoterapia y viceversa, y, si necesita terapia, es que algo anda mal con su fe. Pero la relación existente entre la espiritualidad y la ciencia, en general, y la espiritualidad y la psicoterapia, en particular, es el problema más apremiante de la espiritualidad en el mundo moderno... y no parece que las religiones actuales estén afrontándolo de manera adecuada.
Aunque mi práctica real haya sido fundamentalmente budista (y también vedántica), mi obra ha sido contemplada con cierta suspicacia en los círculos budistas, como si pusiera en cuestión la suficiencia de su visión de las cosas, hasta el punto de que muchos budistas se niegan a leer mis escritos y algunos han llegado incluso a presionarme para que me expresara en términos inequívocamente no budistas.
Veinte años después, las cosas han cambiado mucho. Casi todos los maestros budistas americanos conocidos han emprendido algún tipo de psicoterapia (aunque lamentablemente muchos de ellos siguen ocultando este hecho a sus discípulos). Pero la mayor parte de ellos admite –al menos en privado– que la meditación no resuelve (y no puede resolver) todos los problemas. Y los mismo podríamos decir con respecto a la oración, el satsang, el zikr, el yoga, etcétera. Porque la cuestión es que la práctica espiritual y la práctica psicológica constituyen corrientes diferentes de las grandes olas de la conciencia y el hecho de que uno tenga problemas en una de ellas no necesariamente significa que no deba tenerlos en otra. La neurosis, dicho desde otro punto de vista, no es ningún pecado.
Cuando, hace un año aproximadamente, Shambhala Sun (una importante revista budista) me propuso una entrevista, yo tenía ciertas resistencias pero, como quiero apoyar las visiones contemplativas integrales, terminé accediendo. La entrevista comenzó con la habitual "¿Cómo puede usted decir que el budismo no es un camino completo?", pero no tardó en orientarse en una dirección más interesante. Y aunque la entrevista se centra fundamentalmente en la práctica budista, me gustaría subrayar que ocurre lo mismo con cualquier otro abordaje espiritual, desde el cristianismo hasta el judaísmo, el taoísmo y el islam. Los creyentes de otras religiones pueden aplicar lo que sigue a su propia práctica, porque los problemas que aquí se debaten son cruciales, a mi entender, para entablar un diálogo entre la religión y la terapia.

A continuación una versión reducida (en el propio libro del autor) de la entrevista original titulada "Big Map: The Kosmos According to Ken Wilber".

Shambhala sun: He leído su visión de la evolución de la conciencia en dos libros más recientes que parecen formar una unidad, Sexo, ecología, espiritualidad (un libro de unas 800 páginas) y Breve historia de todas las cosas (un resumen del anterior escrito para el ser humano normal y corriente). ¿Para quién escribió esos libros?
KW: Si, Breve historia de todas las cosas es un libro mucho más corto y accesible o eso es, el al menos, lo que espero. ¿Se refiere usted a los hombres y mujeres normales y corrientes? Bueno la verdad es que, en mi opinión, los que leen esta revista ya son un tanto raros, ¿no le parece? Yo escribí el libro para las personas no tan normales, para personas tan locas como para interesarse en el despertar y otras cuestiones similares. Creo que estos libros están dirigidos a aquellas personas que buscan algo así como una visión filosófica global, una aproximación a la conciencia y a la historia que trate de incluir lo mejor de Oriente y lo mejor de Occidente.

(Extracto del libro titulado "Diario". Autor Ken Wilber)

viernes, 5 de noviembre de 2010

Los bambúes

Creada originalmente por Haideé Iglesias

Nuestro perro Brownie, estaba sentado en tensión, las orejas aguzadas, la cola menándose tensamente, los ojos alerta, mirando fijamente hacia la copa del árbol. Estaba buscando a un mono. El mono era lo único que en ese momento ocupaba su horizonte consciente. Y, dado que no posee entendimiento, no había un sólo pensamiento que viniera a turbar su estado de absoluta absorción: no pensaba en lo que comería aquella noche, ni si en realidad tendría algo que comer, ni en dónde iba a dormir. Brownie era lo más parecido a la contemplación que yo haya visto jamás.
Tal vez tú mismo hayas experimentado algo de esto, por ejemplo cuando te has quedado completamente absorto viendo jugar a un gatito. He aquí una fórmula, tan buena como cualquier otra de las que yo conozco, para la contemplación. Vive totalmente en el presente.
Y un requerimiento absolutamente esencial, por increíble que parezca: Abandona todo pensamiento acerca del futuro y acerca del pasado. Debes abandonar, en realidad, todo pensamiento, toda frase y hacerte totalmente presente. Y la contemplación se produce.

Después de años de entrenamiento, el
discípulo pidió a su maestro que le
otorgara la iluminación. El maestro
le condujo a un bosquecillo de bambúes
y dijo: "Observa qué alto es ese
bambú. Y mira aquel otro, qué corto es".
Y en aquel mismo instante el
discípulo recibió la iluminación.

Dicen que Buda intentó practicar toda espiritualidad, toda forma de ascetismo, toda disciplina de cuantas se practicaban en la India de su época, en un esfuerzo por alcanzar la iluminación. Y que todo fue en vano. Por último, se sentó un día bajo un árbol que le dicen "bohdi" y allí recibió la iluminación. Más tarde transmitió el secreto de la iluminación a sus discípulos con palabras que pueden parecer enigmáticas a los no iniciados, especialmente a los que se entretienen en sus pensamientos: "Cuando respiréis profundamente, queridos monjes, sed conscientes de que estáis respirando profundamente. Y cuando respiréis superficialmente, sed conscientes de que estáis respirando superficialmente. Y cuando respiréis ni muy profunda ni muy superficialmente, queridos monjes, sed conscientes de que estáis respirando ni muy profunda ni muy superficialmente". Consciencia. Atención. Nada más.
Esta forma de quedarse absorto podemos observarla en los niños, que son quienes tienen fácil acceso al Reino de los Cielos.

Anthony de Mello
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Absorto no es lo mismo que ensimismado. Cuando estás ensimismado estás preso en la red de asociaciones de lo que piensas: te aíslas. Cuando estás absorto eres lo que ves, eres lo que sientes: participas.

jueves, 4 de noviembre de 2010

Psicología de la meditación oriental (XI) y última


Nuestra psicología occidental tiene realmente tanto alcance como el yoga, en el sentido de que es capaz de demostrar científicamente un estrato unitario más profundo del inconsciente. Los motivos mitológicos, cuya existencia ha sido comprobada por la investigación del inconsciente, constituyen en sí, es cierto, una pluralidad, pero ésta culmina en un ordenamiento concéntrico y radiado, que forma realmente el centro o la esencia del inconsciente colectivo. Debido a la notable coincidencia entre las experiencias del yoga y los resultados de la investigación psicológica he escogido para este símbolo central el término sánscrito mandala, "el círculo".
Pero podría plantearse la pregunta: ¿cómo es posible que la ciencia haya llegado a tales conclusiones? Para ello hay dos cominos. El primero es el histórico. Analicemos en primer lugar, por ejemplo, los métodos introspectivos de la filosofía natural de la Edad Media y veremos que utiliza siempre de nuevo el círculo, dividido generalmente en cuatro sectores, para simbolizar el principio central y usando para ello la alegoría de la cuaternidad eclesiástica, tal como se encuentra en numerosas representaciones del rex gloriae con los cuatro evangelistas, los cuatro ríos del Paraíso, los cuatro vientos, etcétera.
El segundo camino es el empírico-psicológico. En un cierto estadio del tratamiento psicológico, los enfermos dibujan a veces en forma espontánea mandalas semejantes, sea porque lo sueñan, o porque repentinamente sienten la necesidad de comprender su desorden espiritual por medio de la representación de una unidad ordenada. Nuestro santo nacional, el bienaventurado hermano Nicolás von der Flüe sufrió un proceso semejante, cuyo estado final puede verse todavía en la iglesias parroquial de Sachseln. en la imagen de una visión de la Trinidad. Ordenó su visión aterradora, que lo conmovió hasta lo más hondo, con ayuda de los dibujos circulares del pequeño libro de un místico alemán.
Pero, ¿qué dice nuestra psicología empírica respecto al Buda sedente en el loto? Cristo, para el occidental, debería estar entronizado, consecuentemente, en el centro del mandala. Como hemos dicho, así sucedía en la Edad Media. Pero nuestros mandalas modernos, cuya aparición espontánea hemos visto en numerosos individuos, sin prevención ni intromisión externa, no contienen ninguna figura de Cristo y menos la de Buda sedente en el loto. [...]
Entre el mandala cristiano y el budista existe una diferencia sutil, pero enorme. El cristiano en contemplación no dirá nunca: Yo soy Cristo, sino que reconocerá con San Pablo: "ahora yo no vivo, sino Cristo vive en mi". Pero nuestro Sutra dice: reconocerás que eres Buda. En el fondo el reconocimiento es el mismo, pues el budista sólo logra este reconocimiento cuando es anatman, es decir, cuando no tiene ya sí-mismo; pero en la fórmula hay una infinita diferencia: el cristianismo alcanza su fin en Cristo, el budista reconoce que él es Buda. El cristiano llega del mundo transitorio con su yo adherido al mundo de la conciencia, el budista en cambio descansa todavía en el fondo eterno de la naturaleza interior, cuya identidad con la divinidad o con el ser universal encontramos también en otros creencias indias.

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Buda no es un ser, es un estado. Para mi, en eso se diferencian, en que el cristianismo habla de un ser del que uno se siente acompañado, y en el budismo de en un estado en el cual uno se ha liberado. Mas, también es posible que todo sea lo mismo pero al ser transmitido por parte de los cristianos se haya convertido en algo que parece tener una gran diferencia.
Es posible que el inconsciente colectivo alcance bastante más allá de lo que se está considerando en esta reflexión de Jung, respecto a lo mitológico, y pueda ser también conciencia, la conciencia que nos une a todos. Las palabras separan –más que unen– la conciencia.
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