
El que estudia
aumenta su conocimiento día a día.
El que practica el Tao, lo abandona día a día.
Lo reduce y reduce, hasta llegar a no hacer.
No hace nada y nada queda por hacer.
Se debe de renunciar a todo y a toda actividad,
para alcanzar el reino.
Los activos no son sabios, no alcanzarán el reino.




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