lunes, 30 de abril de 2012
viernes, 27 de abril de 2012
Zen y depresión. Geología emocional
Juro que la tierra será para el hombre o la mujer cabales.
La tierra está mellada y rota únicamente para el hombre o la mujer mellados y rotos.
Walt Whitman, Canto de la tierra rodante
En plena depresión traté de escribir sobre cómo me sentía. Escribí acerca de un profundo pozo oscuro, de un abismo que me atenazaba y fascinaba a la vez.
Al principio resultaba terrorífico e inhóspito, el último lugar que hubiera querido explorar. Pero aunque seguí conservando esa imagen más tarde me di cuenta de que podía penetrarlo y explorarlo para ver lo que contenía. Ya no sentía miedo de caer en su interior para descubrir que carecía de fondo, de que sólo se trataba de una negrura interminable. En lugar de ello, descubrí que podía realizar excursiones al interior del pozo y que en su interior había muchas cosas interesantes que observar.
La imagen cambió. Pude ver las plantas, flores y árboles que crecían a los costados del agujero. También había algunos animales pequeños que aprovechaban la escasa luz que pudiera existir. Y en lugar de una oscuridad sin fondo, hallé un fresco arroyo que burbujeaba en el fondo.
Hay un tipo de "minería" espiritual que puede llevarse a cabo durante la depresión. El agujero es sólo el principio, como la entrada al inframundo del que habla la mitología. Hay en su interior mucho mas que un mundo de descomposición y muerte. Las profundidades a las que se puede llegar durante la depresión pueden ser como el mundo subterráneo que encontró Alicia al explorar la madriguera del conejo aterrador pero extremadamente hermoso.
Ya no pienso que explorar la depresión implique un descenso al inframundo. Por el contrario, considero la depresión como geología espiritual y emocional. Explorar esa geología revela oro y gemas.
Pero incluso esos tesoros son cosas sin importancia. Lo que buscamos debe ser hallado a mucha más profundidad. Cuando atravesamos la superficie de nuestros mundos externo e interno, dejamos atrás el suelo increíblemente rico donde se turnan de manera infinita el nacimiento y la descomposición, y llegamos a un lecho de roca, a aquello que es sólido en nuestra vida.
Si perforamos la roca, bajo ella hallaremos agua. Aquí es donde encontramos los arroyos frescos, los lagos y ríos subterráneos. Ellos son los que nos proporcionan el sustento, la calma oculta. Aquí es donde tiene lugar el movimiento constante, donde se manifiesta la naturaleza fluida y cambiante de nuestra vida, que se halla bajo la aparentemente sólida base que imaginamos que existe.
También allí abajo se da la transformación alquímica de animales y plantas muertos y descompuestos. Transformados mediante el calor y la presión en combustibles fósiles, se convierten en la luz y energía de nuestra vida. Nos proporcionan calor, iluminan nuestro camino y nos ayudan a lo largo de nuestro viaje.
Finalmente, bajo todo eso hay pura energía. Autosuficiente, no dependiente de la luz del sol, ni del viento o del agua, se trata del centro derretido. Aquí hallamos el lugar donde son transformados pasión y deseo, al igual que una roca es transformada en lava. Una lava que fluye finalmente hacia la superficie, para volver a convertirse en piedra, para crear islas, continentes y nuevas tierras. Es el núcleo que también puede transformar nuestra vida. Aquí también encontramos la fuente de la gravedad, la fuerza que emana desde el centro para mantener todas las cosas unidas, al igual que nuestra vida está entrelazada con las vidas de todos los seres.
Exploración complementaria
Puede que antes se haya imaginado la depresión como un lugar. Puede que lo imaginase como un árido desierto, un denso bosque, un desfiladero brumoso, o tal vez como el fondo del océano. Realice una visita de regreso al lugar. Prepare las provisiones y el equipo que pudiera necesitar. A continuación, realice una cuantas excursiones a ese territorio; al principio serán viajes cortos y lentos.
¿Puede imaginar su depresión de manera distinta? En lugar de considerarla como un lugar feo, espantoso y de mal augurio, ¿puede imaginarlo como un lugar que puede ser explorado, un lugar con posibilidades? Realice su exploración con sentido de la curiosidad, de asombro. ¿Hay algún tipo de belleza que pasó por alto la primera vez? ¿Hay algún tipo de vida que no percibió? Al igual que si fuese un explorador en un país nuevo, trate de no ver éste con los filtros de su viejo mundo. ¿Qué es lo que ve que le interesa? ¿Qué le asusta? ¿Qué le sorprende o sobrecoge? ¿Hay algo que haya visto que quisiera traerse consigo y que pueda ayudarle en su viaje cotidiano? ¿Puede regresar con historias de maravillas y aventuras?
En un viaje de ese tipo, las personas suelen hacer algo más que regresar con nuevas experiencias:suelen regresar totalmente cambiado. Han aprendido lecciones nuevas, o hallado una fuerza o sabiduría que no sabían que poseían. Cuando realiza este viaje hacia la depresión con una mente y un corazón abiertos, ¿cuáles son esos dones internos con los que regresa?
Realizar la exploración sólo si te sientes cómodo haciéndola. Recomendación del propio autor.
(Extraído del libro "El camino del Zen para vencer la depresión". Autor Philip Martin)
miércoles, 25 de abril de 2012
lunes, 23 de abril de 2012
Trastornos de aprendizaje
Una de las satisfacciones que se reciben luego de escribir suficientes libros, es que la sociedad permite cosas que uno quería realizar, pero no podría. Típicamente, a esas alturas uno ya no recuerda bien cuáles eran, pero yo había anotada algunas. Cuando se me pidió que trabajara en un distrito escolar, había ciertas ideas que me motivaban. Una de ellas es la noción total de "trastornos de aprendizaje", "disfunción cerebral mínima", "dislexia" o "handicap educacionales". Son palabras llenas de prestigio, y lo que todas describen es que la enseñanza no está funcionando.
Cada vez que un niño no aprende, los expertos rápidamente diagnostican un "trastorno de aprendizaje", aunque nunca aclaran "quién lo padece". Quizás se hayan fijado en que nunca lo llaman "problema de enseñanza". Siempre se supone que la explicación del fracaso es que el cerebro del niño es débil o está dañado, a menudo por presuntas causas genéticas. Cuando la gente ignora cómo cambiar algo busca una manera de justificar el fracaso, en vez de pensar cómo podrían patentar algo diferente que funcionara bien. Si parten del dogma que el chico tiene el lóbulo del aprendizaje cojo, entonces no hay remedio hasta que se perfeccionen las operaciones de transplantes de cerebro.
Yo prefiero no explicar el fracaso de esta forma. Prefiero catalogarlo como una "disfunción de la enseñanza", y al menos dejo abierta la posibilidad de que podamos aprender a cambiarla. Si postulamos que se puede enseñar cualquier cosa a cualquier persona, averiguaremos donde esto no es verdad (aún). Pero si creemos que cuando alguien no aprende significa que no se le puede enseñar, entonces nadie ni siquiera lo intentará.
En el siglo pasado, todos sabían que el hombre podría volar. Y cuando los aviones llegaron a formar parte de la rutina diaria, la mayoría consideraba imposible enviar a un hombre a la luna. Si uno adopta la actitud de que todo es factible, encontrarán que miles de cosas que antes se rotulaban como imposibles devienen en posibles.
La totalidad de la idea de los "transtornos de aprendizaje" se basa principalmente en viejos estudios neurológicos de "estirpación", que obedecen a un esquema bastante primitivo del funcionamiento del cerebro: que puedes imaginar lo que algo aporta, observando qué sucede cuando se ha roto. Encontraban una lesión enuna parte del cerebro de alguien privado del lenguaje, y afirmaban "Ahí es donde reside el lenguaje". Esa e la misma lógica implícita en cortar un cable del televisor. Para algunas de las áreas más primitivas del cerebro hay un cierto grado de localización de funciones. Sin embargo, también se constato hace años que un niño puede perder un hemisferio cerebral completo y aprender todo lo nuevo, perfectamente, con el otro.
Evidencias recientes tienden a sepultar una enorme cantidad de dogmas neurológicos. En un reciente estudio de tomografía con rayos X descubrieron a un graduado universitario, muy inteligente, con ventrículos cerebrales tan agrandado ¡que su corteza sólo tenía un espesor de un centímetro! La mayor parte de su cabeza estaba llena de líquido, y de acuerdo al dogma no debería haber sido capaz ni de levantarse en las mañanas, menos de soñar siquiera con matricularse en la universidad.
Otro viejo dogma es que en los vertebrados no se forman nuevas neuronas después del nacimiento. El año pasado se comprobó que el número de neuronas en la parte del cerebro que usa el canario macho para cantar, se duplica en la parte del cerebro que usa el canario macho para cantar, se duplica cada primavera y en seguida muere la mitad de ellas durante el resto del año.
En otro estudio encontramos que si se le corta un dedo a un mono, la parte del cerebro encargada de activar el dedo faltante es usada por los dedos próximos dentro de unas pocas semanas, y esto determina que los restantes dedos sean más sensibles que antes. Toda la información última apunta a que el cerebro es mucho más flexible y adaptable de lo que presumíamos.
Nunca compartí la idea de que los niños exhiban "déficits educacionales", porque nunca supuse que el leer fuera primariamente genético. Un niño puede aprender a hablar en tres años, ¡incluso en la selva, sin padres doctorados! ¿Por qué debería demorar diez o más años el enseñarle a leer lo mismo que ya sabía hacer? Los niños en los ghettos comprenden tres idiomas a la vez, y pueden escribir toda clase de cosas en códigos secretos. Pero el método de enseñanza en los colegios produce una situación en la que algunos niños no aprenden a leer. Más de alguno de ustedes recordará clases en las que no aprendían mucho a raíz de la forma atroz en que se presentaba la materia.
Aprender a leer no es realmente tan complicado. Todo lo que se requiere es conectar la imagen de la palabra con el sonido de la palabra que ya conocen. Si saben la palabra hablada, ya han conectado el sonido con una experiencia de lo que la palabra significa. Cuando niños, probablemente aprendieron bien temprano que el sonido "gato", significaba una cosita suave, peludita, que se movía, que tenía garras y maullaba. El cómo logran eso en su cerebro es oír la palabra "gato", al mismo tiempo que evocan su experiencia de la vista, sonido y sensaciones de un gato. Entonces, si alguien pronuncia la palabra, esa experiencia está ahí en su mente, y si oyen, ven o tocan un gato ahí está el sonido adecuado. La lectura, pues, agrega una imagen de la palabra a lo que ya conocen. Cuando ven la palabra "perro". obtienen en su mente un sonido y una imagen diferente que cuando ven la palabra "gato".
Esto parece bastante elemental, y lo es. Sin embargo, hay una enorme cantidad de artificios escritos sobre problemas de lectura, y una impresionante cantidad de esfuerzos se dedican a procurar resolver problemas de lectura. Por el contrario, hay un grupo entrenado en PNL, en Denver que trabaja con toda clase de problemas educacionales. Garantizan la superación del nivel de lectura de un niño, medido por test standard, en un mínimo de un grado en 8 sesiones de una hora. Generalmente pueden progresar más en un tiempo más corto.
En los últimos tres años sólo han pagado la garantía en una ocasión. El único prerrequisito es que el niño posea estabilidad muscular para usar sus ojos, de modo que pueda ver lo que está leyendo.
Richard Bandler
*** *** ***
Si, difícilmente se reconoce que puede ser uno el que no encuentra el modo de comunicarse con el otro. Viví esa experiencia en la facultad. Pienso que es una nefasta forma de comportarse ante las dificultades que surgen en un mundo tan cambiante, y más, si hablamos de la enseñanza en niños, y no sólo. (Pienso en acontecimientos que han ido surgiendo según vivo la experiencia de escribir en un blog.) Un mundo tan cambiante en unos aspectos, mas... que poco en otros... La fragmentación y el miedo. O miedo y fragmentación. El uno antecede a la otra.
viernes, 20 de abril de 2012
Zen y depresión. Trabajo
Hyakujo solía trabajar en su templo incluso a la edad de ochenta años, recortando los jardines, limpiando la maleza y podando los árboles. Los monjes sentían pesar al ver al anciano maestro trabajando tan duramente, pero sabían que no haría caso de su recomendación de dejar de trabajar, así que le escondieron las herramientas. Ese día el maestro no comió, ni tampoco al día siguiente. Los monjes acabaron devolviéndole las herramientas. Ese día Hyakujo trabajó y comió, como hacía antes. En su charla vespertina les dijo: "Sin trabajo no hay comida".
Historia Zen
Un monje de le dijo a Joshu:
–Acabo de entrar en este monasterio. Por favor, maestro, instrúyeme.
Joshu le preguntó:
–¿Te has tomado tus gachas de arroz?
El monje contestó:
–S, lo he hecho.
Joshu replicó:
–Entonces, ve a lavar tu cuenco.
El monje alcanzó una cierta iluminación.
Mumonkan, Caso 7
La depresión se caracteriza por la lentitud, por la inactividad y por una incapacidad para tomar decisiones y llevar a cabo acciones. Hay mucho que aprender de esta faceta de la depresión, pero hay ocasiones en las que a pesar de ello debemos pasar a la acción.
Porque la actividad es importante a la hora de curar la depresión. Se ha demostrado que hacer ejercicio es eficaz como atenuante de la depresión. Además, llevar a cabo algo, lograr algo, ser útil, puede ayudarnos enormemente a superar nuestra sensación de inutilidad. Y el hecho es que, aunque hay mucho que aprender y obtener del silencio, la calma y la introspección, hay ciertos trabajos que debemos realizar para mantener nuestras vidas. Debemos cocinar los alimentos, limpiar la casa, cuidar de los niños y lavar la ropa.
Solemos considerar la meditación y la práctica zen como algo inmóvil, pasivo, inactivo: muchas de las mismas características que aplicamos a nuestra depresión. Pero en la meditación llega un momento en que debemos levantarnos del cojín y hacer algo. Incluso en un intensivo de meditación zen, la meditación está entretejida con la actividad; la tarea de preparar las comidas,lavar los platos y el mantenimiento del edificio y sus terrenos.
En los monasterios zen tradicionales, el trabajo del cocinero jefe se le encargaba a un monje veterano como parte de su práctica espiritual. Tampoco dejaba mucho tiempo para meditar. En esta situación podemos ver el énfasis dual del zen: sobre la actividad y el trabajo por una parte, y en el silencio y la quietud por otra.
Al igual que los monjes de un monasterio zen, en lugar de considerar el trabajo como una desagradable necesidad, podemos considerarlo como parte de nuestro camino y práctica espiritual. Podemos permanecer conscientes y atentos mientras llevamos a cabo nuestras actividades.
También podemos considerar el trabajo como parte de nuestro proceso de curación, y concederle la misma importancia que le damos a cualquier otra cosa que hacemos con ese fin. Lavar los platos, limpiar el coche, acudir a nuestro trabajo puede sernos de tanta ayuda como cualquier otra cosa que hagamos. No tiene por qué ser un gran logro,; sólo tenemos que hacer un esfuerzo para levantarnos y hacer algo cada día, eso marcará una diferencia y nos hará avanzar por el sendero de la curación.
En nuestra vida podemos hallar el equilibrio entre quietud y actividad. Al hacerlo podemos empezar a vivir de manera que todas las cosas se conviertan en oportunidades de aprender y curar. Podemos participar de manera total en el mundo con atención plena y compasión, no sólo en la relativamente cómoda esfera del silencio y la calma, sino en el ruidoso y desordenado mundo de la vida humana.
Exploración complementaria
Ponga su atención el alguna tarea que deba realizarse. En lugar de hacerlo corriendo para poder acabar, trate de prestar la misma atención a su trabajo que la que prestaría a su respiración durante la meditación.
Realice el trabajo sin prisas, de manera que pueda llevarlo a cabo con total atención. Concéntrese en las sensaciones y experiencias del trabajo, no en su finalización. Su objetivo es la atención que pone, no el trabajo que hay que hacer.
Si barre el suelo, fíjese en la sensación de la escoba en su mano, en el sonido que hace al pasar por el suelo, en los remolinos de polvo que levanta a su paso.Si está lavando los platos, sienta el agua jabonosa en el plato, el agua caliente, la respiración en el vientre, el peso de su cuerpo en las plantas de los pies.
Cuando haya finalizado la labor, no se apresure a hacer la siguiente. Fíjese en su respiración. Tómese un momento para sentir el espacio existente entre ambas tareas, como un silencio entre notas musicales.
Realizar la exploración sólo si te sientes cómodo haciéndola. Recomendación del propio autor.
(Extraído del libro "El camino del Zen para vencer la depresión". Autor Philip Martin)
miércoles, 18 de abril de 2012
lunes, 16 de abril de 2012
viernes, 13 de abril de 2012
miércoles, 11 de abril de 2012
Convertir las Dificultades en el Camino
haideé iglesias
"La tradición budista tibetana instruye a los principiantes en una práctica conocida como Convertir las Dificultades en el Camino. Lo cual implica aceptar conscientemente los sufrimientos no deseados, las penas de nuestra vida, las luchas con nosotros mismos y el mundo exterior, y utilizarlas como base para alimentar nuestra paciencia y compasión, la herramienta para desarrollar una mayor libertad y nuestra verdadera naturaleza de Buda. Las dificultades se consideran de tanto valor, que la oración tibetana que se recita antes de cada pasa de la práctica realmente pide:
Concédeme en este viaje las dificultades y sufrimientos apropiados para que mi corazón pueda despertar realmente, y mi práctica de liberación y compasión universal pueda ser realmente satisfecha.
En el mismo espíritu, el poeta persa Rumi escribió sobre un sacerdote que rezaba por los ladrones y los pillastres de la calle. ¿Por qué?
Porque me han hecho favores tan generosos
Cada vez que doy la espalda a lo que quieren
Acudo a ellos. Me golpean y me dejan
en el camino, y vuelvo a comprender, que lo que quieren
no es lo que quiero.
Aquellos que te hacen volver, por cualquier razón,
al espíritu, agradéceselo.
Preocúpate por aquellos que te dan
deliciosas comodidades que te alejan de la oración.
La mayoría de las veces, lo que alimenta nuestro espíritu es lo que nos pone cara a cara con nuestras mayores limitaciones y dificultades. Millarepa fue un famoso yogui tibetano que, de joven, hizo daño a mucha gente usando sus poderes psíquicos. Pero después, cuando encontró a un maestro auténtico, éste le hizo trabajar durante años sin utilizar sus poderes, construyendo y derribando a mano, piedra a piedra, tres grandes casas de piedra. Mediante este esfuerzo aprendió a ser paciente, humilde y agradecido. Estas dificultades lo prepararon para recibir, y comprender, las enseñanzas más elevadas.
Mi maestro Achaan Chah lo denominaba: "práctica contra el hilo" o "afrontar las propias dificultades"- Cuando consideraba que estaban preparados, enviaba a mojes miedosos a meditar al cementerio durante toda la noche, y los perezosos eran inevitablemente destinados a tocar la campana para despertar a las 8:00 A.M., por todo el monasterio."
Jack Kornfield
Cómo me recuerda Millarepa, de joven, al que fue mi maestro... Espero que también logre iluminarse.
lunes, 9 de abril de 2012
Los que saben no almacenan
haideé iglesias
Un erudito de la antigüedad, que cargaba con un montón de libros, se encontró con un eremita en el camino. El eremita dijo: "Los servidores públicos actúan en respuesta a los cambios y los cambios se producen en el tiempo; por lo que , aquellos que conocen el tiempo, no actúan de forma predeterminada. Los libros son producto de las palabras, y las palabras provienen de aquellos que saben; así que los que saben no almacenan".
El Tao de la política
miércoles, 4 de abril de 2012
No sigas al rebaño
(Imagen de autor desconocido para mi)
Al atacar a un rebaño, una tigresa dio a luz y poco después murió. El cachorro creció entre las ovejas y llegó él mismo a tomarse por una de ellas. Se esforzaba por comer hierba, lo cual no le gustaba nada, y por balar, lo cual le era muy difícil. Cuando un chacal se acercaba al rebaño, el joven tigre, imitando a los corderos, huía aterrado. Era sumamente apacible, pacía y balaba, ignorando por completo su verdadera naturaleza. Así transcurrieron algunos años.
Un día, un tigre adulto surgió en lo alto de un peñasco que dominaba una llanura. Todos los corderos huyeron, y el tigrecito con ellos.
El tigre persiguió al rebaño y agarró al tigrecito por la piel del cuello. Le preguntó, intrigado:
–Oye, ¿por qué te comportas como una oveja, si tu eres un tigre?
Pero el tigre-oveja baló asustado.
Se lo llevó. El pequeño tigre temblaba de miedo y ya se veía devorado. Llegaron a la orilla de un río. El tigre, dejó al tigrecito en el suelo, y lo empujó hasta el borde del río. Entonces se sentó a su lado e inclinó su cabeza sobre el agua. De esa forma, el tigre y el tigrecito se vieron reflejados, el uno al lado del otro. El tigrecito vio que se parecía al tigre adulto, pero no se convenció totalmente.
El tigre-oveja seguía creyéndose una oveja, hasta tal punto que cuando el tigre recién llegado le dio un trozo de carne ni siquiera quiso probarlo. "Pruébala", le ordenó el tigre. Asustado, sin dejar de balar, el tigre-oveja probó la carne. En ese momento la carne cruda desató sus instintos de tigre y reconoció su verdadera y propia naturaleza. El tigrecito comprendió cuál rea su verdadera condición, y los dos animales se alejaron juntos.
(Cuento recogido por Yosano Sim y Pedro Palao Pons)
Cuántos de nosotros vivimos convencidos de ser aquello que los demás dicen que somos. Representamos personaje tras personaje para sentir que no desentonamos con lo que dice el grupo en el que vivimos y... nos olvidamos de esas vocecitas que nos están recordando constantemente: "Esto a mi no me gusta, ¿por qué lo hago?" o "Me callo, porque van a pensar que estoy loco si digo lo que estoy pensando" o "Si yo quiero hacer esto, ¿por qué siempre acabo haciendo lo que otros quieren?"... Y... últimamente hay tanto experto diciéndonos lo que hay que hacer... que seguimos sus directrices sin pararnos a pensar si realmente es aquello que necesitamos, si eso que me dicen que haga es mi verdadera naturaleza. Personaje y persona no son lo mismo. Así como no es lo mismo el ego que el Yo Superior. Uno nace de la confusión y el otro de la comprensión última, estar despierto reconociendo la esencia en vez de dejarse llevar por las muchas representaciones que adoptamos para sobrevivir, tal y como hacía el tigrecito. La adaptación, esa gran potencialidad del cualquier ser vivo mas, a los humanos, y no sólo, nos esclaviza más que nos libera. Depende de nosotros descubrir como nos puede ayudar a ser libres. Porque lo mismo que uno se adapta a sobrevivir, esa capacidad, o potencialidad, también le ayuda a adaptarse a todo lo nuevo que surja en el continuo vivir para conseguir reconocer que es la libertad. Entonces uno ya no necesita adaptarse. Aparece así la aceptación, aceptación que nace de la libertad del corazón y no de la necesidad del ego.
miércoles, 28 de marzo de 2012
Perspectiva cerrada
haideé iglesias
Ángulo obtuso de la mente encajonada por las visiones condicionadas que nos engañan... No hay error, sólo dolor...
Abre tu campo de visión y encontrarás una mayor comprensión de por qué no puedes encontrar eso que tanto anhelas: amor... felicidad...
Permite que tu corazón se abra a una perspectiva mayor alejándote de lo que vives como real... y fluirá la humildad al comprender cuán poco de lo que vivimos nos pertenece... Todo en interacción con lo demás.
Una esencia si, mas, no la encontrarás desde una perspectiva cerrada, cerrada por el miedo a ver que puede haber más allá de la puerta que con tanto ahínco has cerrado para proteger al único que necesita estar en libertad: el corazón.
*** *** ***
Confluyen las líneas en un punto cerrado que dificulta la visión abierta. Aún así, esta perspectiva puede permitir una mayor apertura de comprensión. No es errónea, sólo limitada. Es bueno ejercitarla mas, uno se ha de abrir para ir abarcando la totalidad... Tomar perspectiva nos adentra en una comprensión más objetiva, al no estar tan cerca del objeto observado o... de las emociones que se viven como ciertas. Si nos pueden parecer ciertas porque así se las está viviendo (de ahí el aferrarnos a una identidad) pero no lo son porque nacen del condicionamiento en el que nos sume el sufrimiento, sufrimiento que no siempre ayuda a interpretar acertadamente lo que nos está sucediendo, por esto el alejarse durante un tiempo nos permite encontrar otro manantial emocional que no está tan contaminado. Dolerá, si, puede doler, mas es así que se puede comprobar cuan engañados vivimos acerca de lo que pensamos como cierto y es tan sólo producto de la emoción que menos nos gusta encontrar: miedo.
lunes, 26 de marzo de 2012
Cadencia
haideé iglesias
En el movimiento, en el sonido, en la luz...
Todo en armónico ritmo cadencioso que amansa las revueltas piruetas emocionales vividas en dobleces insustanciales mas, enriquecidas por la luz de la perseverante atención que las difumina en la misma cadencia armoniosa que fluye en cada ola...
viernes, 23 de marzo de 2012
Zen y depresión. Observar sin inculpar

Dirigir todas las culpas hacía uno mismo
Dicho de la práctica tibetana
Cuando nuestra vida se convierte en dolorosa, o parece que no funciona, se pone en marcha de manera casi automática nuestra necesidad de buscar algo a lo que echar la culpa. Es exactamente la situación opuesta a examinar nuestra situación y permanecer abiertos y curiosos.
Esa búsqueda de algo a lo que culpar se intensifica cuando estamos asustados o sufrimos y por ello dejamos de examinar la situación, y en lugar de ello iniciamos una frenética búsqueda de algo o alguien a quien hacer responsable. Solemos empezar a buscar un origen fuera de nosotros, ya que no queremos aceptar la responsabilidad. Entonces, hacemos responsables del dolor que sentimos a nuestros cónyuges, nuestros hijos o nuestros amigos. Al cabo de poco tiempo nos sentimos amargados y enfadados con respecto a todo el mundo.
Resulta igualmente fácil echarnos la culpa a nosotros mismos, ya que uno de los síntomas más comunes de la depresión es la sensación de ser defectuosos en nuestro centro neurálgico. Podemos incluso sentirnos responsables por los problemas y sufrimientos de los demás. En su peor aspecto, la depresión puede hacernos sentir que somos responsables de todo lo que funciona mal en el mundo. De esa manera, puede parecer que nuestra depresión confirma nuestros peores temores acerca de nosotros mismos.
Sea como fuere, buscar algo a lo que culpar es el resultado de creer que si sentimos dolor es porque algo está equivocado y por ello debemos hallar un medio para evitar el dolor y la situación en la que nos hallamos.
Ambas acciones nos apartan del dolor y nos distraen de lo que realmente está sucediendo. Porque, tanto si culpamos a los demás como a nosotros mismos, la inculpación es una barrera que nos impide alcanzar la verdadera comprensión de nuestras vidas, así como sumergirnos en su intimidad.
Hay una historia zen sobre un monje joven que trabajaba en la cocina de un monasterio. Al recoger las verduras para la cena, accidentalmente cogió una serpiente, que cortó y sirvió en la cena, totalmente ignorante de su presencia. A la hora de servir resultó que el pedazo de serpiente más grande fue a parar al cuenco del maestro del templo. Enfadado al encontrar carne en su comida, el maestro rugió: "¿Qué es esto?". El monje lo miró, se lo zampó de inmediato y replicó: "Muchas gracias".
La acción del monje joven de la historia suele utilizarse para hacer referencia a "comerse la culpa". Comerse la culpa significa que debemos tomar toda la culpa de lo que ocurre dentro de –no sobre– nosotros. Esta historia nos enseña que, al igual que el monje, podemos ir más allá de la inculpación, apartar a un lado nuestro deseo de echarles la culpa a los demás o a nosotros mismos.
Cuando nos sentimos acorralados contra la pared, echar la culpa es un método que utilizamos para escapar. No obstante, aunque una de las características más comunes de la depresión es la sensación de que se está acorralado contra la pared, inculpar no nos será de gran ayuda. Buscar a ciegas algo o alguien a quien inculpar sólo nos reportará una sensación de mayor inutilidad, insatisfacción e irritabilidad.
En lugar de ello, podemos "comernos" la culpa apartándola a un lado, y observarla en lo que es, en lugar de preguntarnos por qué es. Podemos dejar de tratar de comprenderlo todo y dejar de tratar de escapar de nuestras emociones y nuestro dolor. Asimismo, podemos regresar al doloroso y desnudo acto de sólo ser con lo que nos está sucediendo. Y al hacerlo descubrir que nada sigue siendo tan horrible al aceptarlo como da la impresión de ser cuando tratamos de huir de ello.
Por lo general consideramos nuestras dificultades con vistas a tratar de comprender el porqué de las cosas, y nos imaginamos que la respuesta nos explicará todo lo que necesitamos hacer. En cambio, podemos observar la situación en profundidad y con tranquilidad, sin tratar de comprender nada. Podemos mirarla con una profunda curiosidad, sólo para ver cómo funcionan bien las cosas. Si hacemos eso podemos llegar a darnos cuenta de que no hay nada que no tenga que hacerse, y es suficiente sólo con ver las cosas tal como son. O podemos llegar a darnos cuenta de que al observar el proceso se nos presenta una respuesta.
Esta práctica resulta tan fundamental para el budismo que el primer tipo de meditación practicada por muchos budistas se llama vipassana o meditación de profunda visión. La forma vipassana es una forma de mirar en profundidad en nuestro interior en el momento presente. La comprensión que reporta esta práctica meditadora puede ayudarnos a pasar del sufrimiento a la alegría.
Eso es lo que le sucedió al Buda en la noche de su iluminación. Observó profundamente los mecanismos de su cuerpo y mente, en el interior de su propia naturaleza.
Si usted ha realizado un esfuerzo para mirar en su interior, en su depresión y en su sufrimiento, entonces habrá aprendido muchas cosas sobre sí mismo y sobre sus reacciones. Será usted capaz de investigar la situación en la que se encuentre. Podrá continuar enfrentándose sin miedo a los hechos de su depresión y sufrimiento tal como son. Tal vez sin ni siquiera darse cuenta, habrá cambiado mediante el simple acto de observación. Habrá cambiado la depresión al verla claramente.
Cuando podemos observar nuestra situación sin buscar explicaciones, podemos alcanzar una compresión más profunda, más allá de nuestra manera habitual de pensar. En el interior de dicha compresión se nos pueden revelar soluciones. Aprendiendo a ver lo que es efectivo de verdad, lo que funciona y lo que pude llegar a empeorar las cosas. Podemos empezar a pasar a la acción e iniciar (o continuar) la curación.
Exploración complementaria
Cuando algo va mal en la vida, ¿a que le echa la culpa? ¿Empieza inculpándose a usted mismo? ¿O bien primero intenta hacerlo tomando algo o alguien externo a usted mismo? Si pone su atención fuera de usted, ¿tiene gente o cosas "favoritas" a las que inculpar?
Sea consciente de su impulso de inculpación cuando éste surge. ¿Puede observarlo y separarse de la necesidad de seguirlo? ¿Cómo se siente cuando lo logra?
Permanezca con la situación y con las sensaciones desagradables que tiene. ¿Desea hallar la manera de deshacerse de esas sensaciones?
¿Puede observar la situación sin deseo de inculpar o tratar de hallar una solución?
¿Le resulta difícil? ¿Encuentra algo de alivio al no tener que señalar a alguien (o a usted mismo) como responsable?
¿Cambia la situación al esperar y simplemente observarla? ¿Ve necesario hacer algo? Si hay que hacer algo, ¿encuentra una respuesta diferente de la que normalmente tendría en situaciones en las que busca inculpar a alguien o algo?
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¿A quién echa la culpa de su depresión? ¿A usted mismo? ¿A su familia o amigos? ¿A su empleo? ¿A su vida? ¿A Dios?
¿Le alivia echar la culpa a alguien? ¿O bien es algo que evita que tome una iniciativa que pueda resultarle de ayuda? ¿Aumenta el inculpar su sensación de inutilidad en la depresión?
¿Puede aceptar no saber de dónde proviene su depresión? ¿Le hace eso sentirse incómodo? ¿O bien representa un alivio en sí mismo?
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Un verso para recordar al inculpar:
Cuando todo va mal y busco echar la culpa
me tragaré ese pedazo escurridizo
y miraré más allá de la culpa
para ver qué es en realidad.
Realizar la exploración sólo si te sientes cómodo haciéndola. Recomendación del propio autor.
(Extraído del libro "El camino del Zen para vencer la depresión". Autor Philip Martin)
jueves, 22 de marzo de 2012
miércoles, 21 de marzo de 2012
Cantarina corriente
haideé iglesias
Agua que fluye imperturbable ante mis ojos. Sonidos que recorren el paisaje emocional que me alimenta. Vida en constante movimiento. Fuerza imparable de la corriente que fluye por mi venas, en rojo terciopelo, satinado y denso, como la cantarina corriente que salta en cada tropiezo. Así late el corazón, cantarinamente... pom, pom... pom, pom... pom, pom... y sigo viviendo...
martes, 20 de marzo de 2012
lunes, 19 de marzo de 2012
viernes, 16 de marzo de 2012
Zen y depresión. Elegir y preferir
Una de las principales características de mi propia depresión esa el estado mental cínico y crítico que fomentaba. En público miraba constantemente a otra gente, juzgándola mentalmente a causa de su indumentaria, sus modales y su forma de hablar. Me resultaba difícil leer, porque mientras leía un libro podía escucharme a mí mismo criticando al autor, pensando que yo lo habría escrito mucho mejor, o desarrollado un argumento mejor. Imaginaba que las personas que me eran próximas vivían sus vidas basadas en motivos y pensamientos negativos.
MIs juicios sobre mí mismo eran todavía más severos. Constantemente me recriminaba cada uno de los pensamientos y acciones. Sentía que en el fondo yo era defectuoso, una brillante manzana roja con un corazón podrido.Por entonces ya tenía cierta experiencia respecto de lo que en el budismo se denominaba la mente discriminadora o crítica, pero en la depresión era como si esa mente se hubiese hecho con un megáfono. Me hice consciente de cómo esta mente crítica se mantiene constantemente en segundo plano, intentando a cada momento tener una influencia sobre la manera en que vivimos nuestras vidas.La depresión saca a la luz a esta mente crítica y nos permite apreciar su presencia en nuestro pensamiento. Aunque puede resultar más evidente y negativa durante la depresión, también puede realizar juicios positivos. En esas ocasiones puede resultar más difícil de observar. Pero los juicios positivos pueden acabar siendo tan problemáticos como los negativos, porque quiere decir que seguimos eligiendo, escogiendo, juzgando, evaluando y categorizando.Nuestra mente crítica examina toda experiencia y determina si es agradable o desagradable, para a continuación decidir si debe ser buscada o evitada. Compara y agrupa todo aquello con lo que entramos en contacto. Analiza si se parece a otras cosas que ya hemos experimentado y le otorga una puntuación.La mente crítica resulta indispensable en muchas de las actividades de nuestra vida. Se ha dicho que puede ser la causa de gran parte de nuestro sufrimiento, pero seguramente nos es de ayuda cuando queremos tomar el autobús. La dificultad es que no sabemos cuándo escucharla y cuándo tratarla como a un niño quisquilloso, con amabilidad pero con firmeza.El constante elegir y preferir evita en última instancia que podamos experimentar nuestra vida. A menudo estamos demasiado ocupados tratando de analizar una experiencia con nuestras mentes en lugar de vivirla con una mente abierta. Al tratar de conceptuar todas las cosas, evaluarlas y ordenarlas, ignoramos la realidad de su interrelación.Jesús dijo: "No juzguéis y no seréis juzgados". No es sólo una descripción de causa y efecto. La depresión nos permite ver que creamos gran parte de nuestros sufrimientos a través de los juicios que hacemos de otros y de nosotros mismos. Cuando juzgamos y discriminamos, en ese mismo momento nosotros también estamos siendo juzgados, porque nos vemos obligados a vivir en ese mundo de enjuiciamiento que nosotros hemos creado.Exploración complementariaDurante una meditación tranquila, después de haberse sosegado y permanecer observando la respiración, oriente la conciencia hacia el pensamiento. Manténgase al margen y observe sus propios pensamientos. Al principio puede resultar difícil, pero cada vez que se dé cuenta de que se ha vuelto a implicar en el pensamiento, no tiene más que regresar, sin juzgarse, a observar de nuevo.Ponga especial atención a la manera en que juzga y organiza mentalmente. No trate de pararlo. Cuando sea consciente de que lo hace, sólo tiene que advertirse: "Juzgas".Nuestra mente crítica y discriminadora es sutil. Puede que se dé cuenta de que se está juzgando a usted mismo: "Soy terrible por ser tan crítico", o: "Soy un mal meditador porque no puedo hacerlo". Cuando se dé cuenta de que se está juzgando a sí mismo, sólo tiene que tomar nota. Puede resultarle de ayuda el pensar: "Vaya, aquí viene la crítica de nuevo", como método para reducir la culpa anexa.Cuando sienta que ya tiene suficiente, regrese a la respiración unos minutos antes de parar.-----En sus actividades cotidianas trate de orientar su conciencia al pensamiento y fíjese en qué momento está juzgando. Insisto en que no se eche la culpa. Sólo tome nota:"Vaya, de nuevo juzgando".-----Para experimentar de qué manera le afectan los juicios, trate de hacer cosas que siempre ha creído que odiaba. Escuche música de zarzuela, lea una novela de detectives, alquile una película de Sylvester Stallone, o mire un concurso televisivo. Hágalo con una mente abierta y ponga la atención sobre el pensamiento. Fíjese en cuándo y cómo juzga la experiencia. ¿Qué sintió al hacerlo?¡Estaba disgustado? ¿Le sorprendió ver que disfrutaba? ¿Se sintió superior a causa de las críticas que vertió?-----Pero ver cómo los juicios afectan sus relaciones con otras personas, identifique a una que le desagrada bastante, o hacia la que siente animadversión. A continuación, durante una semana, realice un esfuerzo para apartar esos sentimientos. Trate de imaginar lo que es la vida de esa persona. Sin que dicha persona se entere, haga algo amable por ella: déjele un trozo de pastel en casa, envíele una postal amistosa pero anónima, realice alguna tarea que esa persona tenga que hacer."¿Cómo se sintió respecto a esa persona durante esa experiencia? ¿Cómo se siente mientras lo hace? ¿Y al final de la semana?¿Se comporta esa personas de manera diferente con usted? ¿Qué piensa de usted mismo ahora que lo ha hecho? ¿Era usted una "mala" persona antes? ¿Se juzga a sí mismo con orgullo por haber sido agradable durante una semana? ¿Es ese juicio correcto? ¿Importa si lo es o no?Realizar la exploración sólo si te sientes cómodo haciéndola. Recomendación del propio autor.(Extraído del libro "El camino del Zen para vencer la depresión". Autor Philip Martin)
miércoles, 14 de marzo de 2012
La sinceridad sin resquicios
Cuando el agua está contaminada, los peces se asfixian, cuando el gobierno es severo, el pueblo se rebela.
Cuando la sociedad está en orden, te proteges con la justicia; cuando la sociedad es caótica, te creas tu propia justicia.
La duplicidad no puede vencer a una sola persona; la sinceridad sin resquicios puede derrotar a cien personas.
Los sabios utilizan la cultura para comunicarse con la sociedad y utilizan la realidad para hacer lo que es correcto. No están atados a una sola senda; no se estancan o rehusan adaptarse. Sus fracasos son mínimos y sus éxitos cuantiosos y, por ello, sus directrices son aplicadas y nadie puede rechazarlas.
Cuando los sabios están en posición elevada, las gentes están satisfechas con el gobierno; cuando los sabios ocupan posiciones inferiores, las gentes estudian sus ideas. Cuando las personas triviales están en posiciones elevadas, no hay posibilidad de estar un instante tranquilo.
Los sabios utilizan la cultura para comunicarse con la sociedad y utilizan la realidad para hacer lo que es correcto. No están atados a una sola senda; no se estancan o rehusan adaptarse. Sus fracasos son mínimos y sus éxitos cuantiosos y, por ello, sus directrices son aplicadas y nadie puede rechazarlas.
Cuando los sabios están en posición elevada, las gentes están satisfechas con el gobierno; cuando los sabios ocupan posiciones inferiores, las gentes estudian sus ideas. Cuando las personas triviales están en posiciones elevadas, no hay posibilidad de estar un instante tranquilo.
El Tao de la política. Sobre el estado de la sociedad.
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