viernes, 6 de febrero de 2009

Reorientar el poder


La mayoría de las personas que asisten a mis seminarios lo hacen porque comprenden que necesitan cambiar de vida. Algunas tienen miedo de dejar a su pareja o su trabajo, mientras que otras desean encontrar una manera de soportar una situación incompatible con sus necesidades emocionales. No podría ni comenzar a calcular el número de veces que alguien me ha dicho: “Creo que estaba mejor antes de darme cuenta de lo infeliz que soy.”
Una vez que tomamos conciencia de nuestras necesidades emocionales es imposible olvidarlas. Una vez que conocemos el origen o la causa de nuestra infelicidad, no podemos borrar ese conocimiento. Tenemos que elegir, tomar decisiones. La capacidad de elegir es un poder activo, y la sensación de tener poder activo es a la vez emocionante y temible, porque hace que deseemos cambiar esas partes de nuestra vida que ya no son apropiadas, y cambiarlas nos estimula a poner en tela de juicio otros aspectos que no son satisfactorios.
Cambiar la vida suele ser difícil debido a las lealtades que tenemos. Normalmente aprendemos la lealtad dentro de la estructura familiar y en conexión con la familia. La lealtad hacía uno mismo, sin embargo,, es una virtud totalmente distinta, y adherirse a ella puede provocar un tremendo cataclismo en la familia. Ser leal a sí misma podría, por ejemplo, hacer que una mujer reconozca que ya no puede continuar en su matrimonio. En lo que respecta a hacer partícipe de esa información a su marido, se le dirá: “Piensa en tus hijos.” Su caso es un ejemplo muy común de lealtad al grupo que está en conflicto con la lealtad a uno mismo. Mientras vivimos en una situación insatisfactoria, tal vez tratamos de respetar por un tiempo las exigencias de la lealtad al grupo y evitamos pensar en nuestras necesidades emocionales personales. En algún momento, no obstante, nuestro cuerpo emocional adquiere el poder suficiente y la mente ya no logra engañar al corazón. La esposa infeliz o bien acaba en una permanente confusión personal por continuar en el matrimonio o bien decide divorciarse, presa de un sentimiento de culpabilidad por haber sido desleal al grupo, su familia. La verdad es que no hay muchas maneras de introducir con éxito las necesidades personales en una circunstancia que se creó antes de saber cuáles eran esas necesidades.
Julie asistió a uno de mis seminarios porque sufría de grave cáncer de ovario y de mama. Desde hacia varios años su matrimonio no funcionaba bien. Deseaba sanar del cáncer, pero vivía con un hombre que la trataba con total desprecio, costumbre que había comenzado dos años antes de que se casaran. Solía decirle que sólo verla le causaba repugnancia, peso a que ella era muy atractiva. Para ganarse su aprobación, ella se dejaba morir de hambre y hacia ejercicio. Se definía como maestra de la manipulación; empleaba la manipulación para soportar su matrimonio aunque con eso no conseguía lo que deseaba. Cuando quería que él le prestara atención, se inventaba interesantes historias sobre personas que decía haber conocido mientras hacia la compra. Una vez telefoneó a la oficina para decirle que un hombre había intentado violarla cuando estaba haciendo jogging. Pero inventara lo que inventase, nada conseguía atraer su interés o su respeto.
El dinero era otro problema entre ellos. Aunque él ganaba mucho, le daba muy poco para los gastos domésticos y personales, y exigía que le rindiera cuenta de hasta el último céntimo. A pesar de esa humillación, a Julie nunca se le ocurrió buscar un trabajo porque creía que no tenía ninguna habilidad laboral.
La actividad sexual había acabado a los dos años de matrimonio. Los esfuerzos que hacía ella por mantener viva esa parte de su relación conyugal la humillaban más aún. Cuando le diagnosticaron cáncer, su marido se negó a dormir en la misma cama con ella. su reacción ante ese rechazo fue dormir en el suelo, en el pasillo de entrada al dormitorio. Todas las mañanas, él pasaba por encima de ella para entrare en el cuarto de baño, y de vez en cuando la insultaba cuando ella lo miraba y le pedía ayuda.
Le pregunté por qué no lo dejaba y ella contestó que nunca había sido capaz de cuidar de si misma ni emocionalmente ni económicamente, y que en esos momentos necesitaba más que nunca que él la cuidara. Lo irónico es que siempre que hablaba de su marido aparecía una expresión soñadora en su cara, casi como si estuviera hechizada, y decía que él era un hombre muy cariñoso y que simplemente estaba agotado por los negocios. La quería de verdad, añadía: simplemente, le constaba demostrar afecto.
Cuando le sugerí que viera a un psicoterapeuta me dijo que su marido pensaba que los terapeutas no hacen ningún bien, así que no podría ir. También le dije que recuperaría algo de fuerzas si comía alimentos nutritivos, entre ellos un intenso programa de vitaminas con una dieta sana. Contestó que si su marido lo aprobaba, lo haría.
Desde el punto de vista de la energía, es significativo que Julie desarrollara un cáncer en los órganos femeninos, primero en los ovarios y después en la mama. Su enfermedad simbolizaba sus sentimientos ante el rechazo como mujer. […] Los órganos sexuales contienen nuestra energía biográfica, la de nuestras relaciones con las personas y la de nuestra manera de ser un nuestro entorno. Julie era incapaz de verse a sí misma con poder personal porque, para ella, la fuente de seguridad era su marido; su biología recibía constantes “señales de impotencia.” Julie murió antes de que acabara el año.
Dada que esta mujer depende totalmente de su marido, todos los circuitos de energía están adheridos al campo energético de él. La consecuencia de este desequilibrio es que la mujer no le queda nada de energía para mantener sano su cuerpo, y al mismo tiempo genera en el marido una sensación de ser “ahogado”.
El tipo de personas que tienen un poder activo son muy diferentes de las adquisidoras como Julie. Son “automotivadoras”, consideran una prioridad el cuidado de si mismas, y su circuitos de energía están adheridos al conocimiento, la fuerza y la vitalidad emocional. Una persona automotivadora es capaz de hacer cualquier cosa que sea necesaria para mantener el equilibrio entre cuerpo, mente y alma.
A semejanza de Julie, Joanna formaba parte de un matrimonio disfuncional y desarrolló un cáncer de mama. Si bien su matrimonio no era la historia de horror emocional de Julie, tenía sus problemas. Su marido, Neil, buscaba la compañía de otras mujeres. Ella lo sabía, pero trataba de hacer la vista gorda. Con el fin de soportar el adulterio de su marido, comenzó a asistir a seminarios de capacitación de mujeres y, gracias a ellos, finalmente vio que el comportamiento de Neil violaba sus límites emocionales. Antes de esos seminarios jamás se le había ocurrido pensar que tenía esos límites emocionales personales. Como hacen muchas personas, se había casado con la idea de que dos personas deben transformarse en uno solo sistema emocional.
Joanna no tardó en comprender que su cáncer de mama (la zona del cuerpo relacionada con la acción de dar y nutrir) sólo sanaría si tomaba medidas para respetarse, para desarrollar su autoestima. Fue fortalecíéndose en ella la imagen una persona fuerte; al considerarse “individuo” comenzó a relacionarse consigo misma de un modo que antes lo habría parecido imposible, dado que su concepto de identidad siempre había necesitado un cónyuge.
Cuando reconoció sus necesidades, ejerció su recién adquirida autoridad enfrentándose a Neil y exigiéndole que cumpliera las promesas del matrimonio. El le prometió cambiar de comportamiento, pero la promesa duró menos de un mes. Finalmente Joanna comprendió que no lo conseguiría, y que ella había cambiado tanto que ya no podía aceptar esas violaciones emocionales. Si quería sanar del cáncer tenía que apartarse de la situación que le estaba arruinando la salud. Se divorció de Neil y se recuperó del cáncer.
Los grupos de apoyo para personas enfermas suelen inducir a éstas a redefinirse a sí mismas. Reconociendo sus necesidades y evaluando sus vidas según ellas mismas, admiten que sus circunstancias actuales no son aceptables para la persona en que se están transformando ni conducen a la curación. Comprenden que tienen que tomar medidas para cambiar. En el proceso de la curación aprenden a separarse de los objetos o las personas que les roban la fuerza del cuerpo.
La necesidad de cambio convierte la curación en una experiencia aterradora para muchas personas. Consciente o inconscientemente, saben que desenchufar sus circuitos energéticos de un objetivo de poder es lo mismo que decirle adiós. Entran en un perturbador limbo donde desean separarse de su objetivo de poder y a la vez seguir aferradas a él. Algunas personas terminan por intentar vivir en los dos mundos de forma simultánea, sin habitar totalmente el que ya no les viene bien ni pasar totalmente al otro. Así es como muchas personas hacen el viaje al pozo de la curación y, una vez que llegan allí, descubren que no pueden beber de él.
La curación exige actuar. No es un acontecimiento pasivo. Estamos hechos para utilizar nuestros recursos interiores, a fin de encontrar la fuerza material para dejar atrás creencias y comportamientos anticuados y vernos de un modo nuevo y sano.

jueves, 5 de febrero de 2009

Adquisidores


La madre que sufría de depresión y dolor crónico de cuello y espalda es un ejemplo de persona que sólo tiene poder pasivo. Este tipo de persona dependiente cree que debe extraer poder del ambiente externo y de otras personas o por medio de ellas. Conscientemente o inconscientemente, piensa: “Sola no soy nada,” Este tipo de persona busca adquirir poder mediante el dinero, la posición social, la autoridad política, social, militar o religiosa, y la relación con personas influyentes. No expresa francamente sus necesidades, sino que se hace experta en tolerar o manipular situaciones insatisfactorias.
En el sistema energético humano, las interacciones de la persona con su entorno se pueden comparar con circuitos electromagnéticos. Estos circuitos, recorren todo el cuerpo y nos conectan con objetos externos y otras personas. Nos sentimos atraídos hacia objetos o personas poderosos, u “objetivos de poder”, para introducir ese poder en nuestro sistema. Pero esa conexión con un objetivo de poder extrae una parte de poder de nuestro campo y lo sitúa en el objetivo. Al principio yo he llegado a creer que en realidad son verdaderos caminos de energía. Con frecuencia oigo decir a personas que se sienten “enganchadas” a otra persona o a una experiencia del pasado. Algunas comentan que se sienten “agotadas” después de estar con cierta persona o un determinado ambiente. De hecho estas palabras corrientes describen mejor de lo que podríamos pensar la interacción de nuestro campo energético con nuestro entorno. Cuando una persona dice que está “enganchada” a alguien o algo de un modo negativo, o se identifica excesivamente con un objeto o posesión, inconscientemente está realizando el modo en que pierde poder. A estas personas yo las llamo adquisidoras.
El tipo más extremo de adquisidor es el adicto. Al margen del tipo de adicción que tenga la persona (drogas, alcohol o dominio sobre los demás), sus circuitos energéticos están tan absolutamente conectados con el objetivo que ya no pueden hacer uso de su capacidad de razonar. En un seminario que di en Dinamarca para personas que eran seropositivas o ya habían desarrollado el sida, me encontré ante un caso que ilustra trágicamente las consecuencias energéticas de una adicción. Había allí una mujer llamada Anna, que había contraído el virus del sida debido a su ocupación, la prostitución. Anna tenía modales de niña y era muy menuda. También cojeaba, porque hacía un mes uno de sus “clientes” le había roto varias costillas.
En un momento dado hablé de lo que necesita hacer una persona para superar una enfermedad grave. Dije que las adicciones, por ejemplo, al tabaco, a las drogas o al alcohol, restan valor al proceso de curación. Durante uno de los descansos Anna se acercó a mí y me dijo: “Pero, Carolina, “qué daño puede hacer fumar sólo dos cigarrillos al día?” Al mirarla comprendí que si yo hubiera tenido un una mano la cura para el sida y en la otra un cigarrillo, y le hubiera dado a elegir entre ambas cosas, su mente habría elegido la cura para el sida, pero todos sus circuitos energéticos habrían ido directamente hacía ese único cigarrillo.
Es imposible insistir lo suficiente en este punto: los objetivos a los que conectan sus circuitos energéticos los adquisidores son personas o cosas a las que les han cedido su poder, concretamente el poder de dominarlos. La adicción de Anna a los cigarrillos tenía más autoridad sobre ella que su deseo de sanar. Incapaz de tomar decisiones capacitadotas para ella, estaba atada a un hábito de dejar su energía en manos de otros, casi siempre a su chulo y a sus cigarrillos, los dos objetivos de poder que la dominaban totalmente. La curación estaba fuera de su alcance porque, en esos momentos, su poder sólo existía fuera de los límites de su cuerpo físico.
No es fácil para la mente competir con las necesidades emocionales. Anna sabía muy bien que tanto su ocupación como su adicción a los cigarrillos eran peligrosas para su salud. Pero emocionalmente seguía anhelando el tabaco porque creía que la relajaba, y continuaba con su chulo porque creía que éste cuidaba de ella. Su mente había racionalizado su aferramiento emocional, y quería negociar su proceso de curación proponiendo que dos cigarrillos no podían dañar su salud. Su incapacidad para superar sus adicciones, la incapacitaban para recuperar su poder de sanar.
No es la mente, sino nuestras necesidades emocionales las que controlan nuestra adhesión a los objetos de poder. Le famoso dicho “el corazón tiene razones que la razón no comprende” capta perfectamente esta dinámica. Inevitablemente, a la persona adquisidora le resulta muy difícil utilizar su intuición. Su propia estima está tan adherida a la opinión de su objetivo de poder que automáticamente niega cualquier información que le
transmita su intuición. La intuición clara precisa la capacidad de respetar las propias impresiones. Si necesitamos que otra persona dé validez a nuestras impresiones, obstaculizamos enormemente nuestra capacidad de intuir.
Puesto que la curación no es negociable, el reto es mucho mayor para las personas adquisidoras que para las que tienen un sentido de poder activo. Sanar es, por encima de todo, la tarea de una sola persona. Nadie puede sanar por otro. Podemos ayudar a otras personas, ciertamente, pero nadie puede, por ejemplo, perdonar a alguien en nombre de otra persona, ni tampoco hacer que otra persona se libere de recuerdos o experiencias dolorosos que necesita liberar para sanar. Dado que la naturaleza misma del poder pasivo es “poder mediante adhesiones”, va en contra de toda la biología de una persona adquisidora soltar o separarse de los objetivos que agotan su energía. Estas personas están casi programadas para los tratamientos de la medicina oficial, lo que no siempre es necesariamente negativo; el tratamiento oficial es la forma de curación más apropiada para ellas mientras continúen pasivas.

martes, 3 de febrero de 2009

El tercer principio. La persona puede sanarse sola


La medicina energética es una filosofía holística que enseña lo siguiente. “Yo soy responsable de la creación de mi salud, por lo tanto, en cierto sentido yo participé en la creación de esta enfermedad. Puedo participar en la curación de la enfermedad sanándome yo, lo que significa sanar el mismo tiempo mi ser emocional, psíquico, físico y espiritual.
Curación total y cura no son lo mismo. Se produce una “cura” cuando la persona ha logrado controlar o detener el avance físico de una enfermedad. Curar una enfermedad física, sin embargo, no significa necesariamente que se haya aliviado también el estrés emocional y psíquico que formaba parte de ella. En este caso es muy posible, y con frecuencia probable, que la enfermedad reaparezca.
Es proceso de la cura es pasivo, es decir, el paciente se inclina a ceder su autoridad al médico y al tratamiento prescrito, en lugar de desafiar activamente la enfermedad y recuperar la salud. La curación total, en cambio, es un proceso activo e interno que implica investigar las actitudes, los recuerdos y las creencias con el deseo de liberarse de todas las pautas negativas que impiden la total recuperación emocional y espiritual. Esta revisión interna conduce inevitablemente a la revisión de las circunstancias externas, con el fin de recrear la vida de modo que active la voluntad: la voluntad de ver y aceptar las verdades de la propia vida y de la forma en que se han utilizado las energías, y la voluntad de utilizar la energía para crear amor, autoestima y salud.
El lenguaje de la medicina oficial tiene un tono más militar que el de la medicina energética: “El paciente fue atacado por un virus”; o bien: “Una sustancia contaminó el tejido celular, produciendo un tumor maligno.” La filosofía de la medicina oficial considera al paciente una víctima inocente, o prácticamente impotente, que ha sufrido un ataque no provocado.
En la medicina oficial, el paciente sigue un tratamiento prescrito por el médico, de modo que la responsabilidad de modo que la responsabilidad de la curación la tiene el médico. Si el paciente colabora o no con su médico es un hecho que ciertamente influye en el tratamiento, pero su actitud no se considera importante para el proceso, ya que los medicamentos y la cirugía son los que hacen la mayor parte del trabajo. En las terapias holísticas, por el contrario, la disposición del paciente para participar plenamente en su curación es necesaria para el éxito.
Las medicinas holística y oficial adoptan dos actitudes diferentes respecto al poder: activa y pasiva. Los tratamientos con sustancias químicas de la medicina oficial no requieren ninguna participación del paciente; en cambio, una técnica holística , como la visualización, por ejemplo, es mejorada, intensificada, por un paciente activo e implicado. Es decir, se produce una conexión energética entre la conciencia del paciente y la capacidad curativa de la terapia y a veces incluso del terapeuta. Cuando la persona es pasiva, es decir, adopta la actitud de “hágamelo”, no sana totalmente; puede recuperarse, pero es posible que jamás trate realmente el origen de la enfermedad.

(Idem. Primera parte de este tercer principio)

jueves, 29 de enero de 2009

El segundo principio. El poder personal es necesario para la salud


Un día Norm me llamó para que hiciera la evaluación de una mujer que sufría de depresión y de dolores en el cuello y la parte inferior de la espalda. También quería saber si la beneficiarían diversos tratamientos electromagnéticos- “De ninguna manera –contesté yo-. No tiene el poder suficiente en su organismo para que esos aparatos le resulten beneficiosos.”
Esa era la primera vez que yo hacía un comentario sobre el poder de una persona para sanar. Norm me pidió que se lo explicara más, y sólo entonces caí en la cuenta de lo que acababa de decir. De pronto tuve una percepción totalmente distinta del sistema energético humano como expresión del poder personal.
Le expliqué que las actitudes de esa mujer habían sido la causa de que perdiera poder en su vida. Se sentía incapaz, siempre buscaba aprobación, y tenía un enorme miedo a estar sola. Su estima propia se basaba solamente en su capacidad para dominar a los demás, principalmente a sus hijos. Sus temores y su incapacidad eran como un agujero negro, hacia el cual atraía a todas las personas, sobre todo a sus hijos, para finalmente aplastarlos. Continuamente los criticaba con el fin de que continuaran dependiendo de ella, ya que a los hijos débiles les resulta difícil abandonar el nido. Encontraba defectos en todo lo que hacían, ya fueran cosas relacionadas con los estudios o con los deportes, porque no podía arriesgarse a capacitarlos con apoyo emocional. Dado que dominar a los demás le consumía una enorme cantidad de energía y que jamás se sentía al mando, vivía agotada. Su dolor crónico también era consecuencia de su incapacidad para dominar a otros. Cuando llegó a la consulta de Norm parecía derrotada.
Esa mujer no podía aceptar el hecho inevitable de que sus hijos se fueran del hogar, pero afirmaba que actuaba así por el bien de ellos. Según ella, era una madre sustentadora porque les proporcionaba una casa limpia, alimentos sanos y ropa buena. Sin embargo, se esforzaba sistemáticamente en minarles el desarrollo emocional, hecho que ella se negaba a admitir.
Puesto que los tratamientos médicos usuales no le habían servido de nada, Norm estaba pensando en un médico alternativo, que combinara psicoterapia, estimulación craneal mediante un aparato eléctrico y terapia de color y luz. Me di cuenta de que con esas técnicas ella podría mejorar durante una semana o tal vez un mes, pero que no sanaría totalmente mientras no renunciara a su lucha patológica por dominar.
Esa tarde comprendí que para que una terapia tenga alternativa tenga éxito es necesario que el paciente tenga un concepto “interno” del poder, una capacidad para generar energía interna y recursos emocionales, como por ejemplo creer en su autosuficiencia. Esa mujer sólo tenía un concepto “externo” del poder, el que extraía de una fuente externa, sus hijos. Lógicamente, esa paciente podría ir a sesiones de psicoterapia, pero mientras no afrontara la verdad acerca de si misma, lo único que haría sería hablar de sus quejas durante una hora a la semana. No habría ninguna curación real. Como observa M. Scout Peck en sus libros People of The Lie y Y The Road Less Traveled, para sanar es esencial ver y reconocer la verdad acerca de nosotros mismos, acerca de nuestra participación en la creación de nuestros problemas y acerca de cómo nos relacionamos con los demás.
La evaluación de esa mujer me hizo ver con más profundidad el papel que desempeña el poder en nuestra vida y nuestro sistema energético. El poder está en la raíz de la experiencia humana. Nuestras actitudes y creencias, sean positivas o negativas, son prolongaciones de la forma en que definimos, utilizamos o no utilizamos el poder. Nadie está libre de problemas con el poder. Por ejemplo, es posible que tratemos de superar sentimientos de incapacidad o impotencia, o de mantener el dominio sobre otras personas o situaciones que creemos que nos dan poder, o de conservar la sensación de seguridad (sinónimo de poder) en nuestras relaciones personales. Muchas personas desarrollan una enfermedad cuando pierden algo que para ellas representa poder, como dinero, un trabajo o un partido de fútbol, o cuando pierden a alguien a quien han investido de poder o de su identidad, como el cónyuge, un amante, un progenitor o un hijo. Nuestra relación con el poder está en el núcleo de nuestra salud.
Consideremos juntos el primer principio (que la biología se convierte en biología) y este segundo principio (que el poder personal es necesario para la salud). El poder media entre nuestros mundos interno y externo, y al hacerlo se comunica en un lenguaje de mito y símbolos. Piense, por ejemplo, en el símbolo más común del poder, el dinero. Cuando una persona interioriza el dinero como símbolo de poder, su adquisición y control se convierten en símbolo de su salud: cuando adquiere dinero, su sistema biológico recibe el mensaje de que está entrando poder en su cuerpo. Su mente transmite el mensaje inconsciente: “Tengo dinero, por lo tanto estoy a salvo, estoy segura. Tengo poder y todo está bien.” Este mensaje positivo transmitido al sistema biológico genera salud.
Ciertamente, ganar mucho dinero no garantiza la salud, pero es innegable que la pobreza, la impotencia y la enfermedad están ligadas. Ganar dinero con dificultad o perderlo repentinamente puede debilitar el sistema biológico. Recuerdo a un hombre que a mediados de los años ochenta se hallaba en al cima del éxito. Su empresa era cada vez más próspera y él tenía la energía de diez personas. Trabajaba hasta muy tarde, hacia vida social hasta altas horas de la madrugada, y a la mañana siguiente era el primero en llegar al trabajo, siempre alerta, alegre, pendiente de todo. En octubre de 1987 se produjo una crisis en el mercado bursátil y su empresa fue una de las que cayeron. La salud de este hombre se deterioró en meses. Empezó a sufrir de migrañas, después de dolor de espalda y finalmente de un trastorno intestinal bastante grave. Ya no podía soportar trabajar hasta tarde ni su vida social, y se retiró de todas las actividades que no consistieran en hacer sobrevivir su imperio financiero.
Ese hombre no sabía que había “calibrado” su salud para hacer dinero. Pero cuando cayó enfermo vio de inmediato la conexión. Comprendió que para él el dinero representaba la libertad y la capacidad para llevar el estilo de vida con el que siempre había soñado. Cuando perdió su fortuna, perdió su poder y en cuestión de semanas también se arruinó su biología. ciertamente, el estrés de reactivar una empresa puede debilitar a cualquiera. Este hombre había soportado mucho estrés cuando su empresa estaba en la cumbre, pero aquel tipo de estrés le daba poder.
Cada uno tenemos numerosos símbolos de poder, y cada uno de esos símbolos tiene su equivalente biológico. El dentista que desarrolló un cáncer de páncreas tenía un símbolo de poder: su trabajo; pero como había llegado a despreciarlo, iba perdiendo poder día a día. La falta de poder desencadenó una reacción biológica que acabó generando una enfermedad terminal.
Nuestra vida está estructurada en torno a símbolos de poder: dinero, autoridad,, títulos, belleza, seguridad. Las personas que llenan nuestra vida y las decisiones que tomamos en cada momento son expresiones y símbolos de nuestro poder personal. Solemos vacilar a la hora de desafiar a una persona a la que creemos más poderosa que nosotros, y con frecuencia accedemos a hacer cosas porque creemos que no tenemos el poder para negarnos. En incontables situaciones y relaciones, la dínámica que funciona por debajo es la negociación del poder: quien lo tiene y cómo podemos mantener nuestra participación en él.
Aprender el lenguaje simbólico de la energía significa aprender a evaluar la dinámica del poder en nosotros mismos y los demás. La información energética es siempre veraz. Aunque una persona acepte verbalmente algo en público, su energía dirá cómo se siente en realidad, y sus verdaderos sentimientos encontrarán la manera de expresarse mediante una declaración simbólica. Nuestros sistemas biológico y espiritual siempre intentan expresar la verdad, y siempre encuentran la manera de hacerlo.
Es necesario tomar conciencia de lo que nos da poder. La curación de cualquier enfermedad se facilita identificando nuestros símbolos de poder y nuestra relación simbólica y física con estos símbolos, y escuchando los mensajes que el cuerpo y las intuiciones nos envían acerca de ellos.

martes, 27 de enero de 2009

Empezar por lo pequeño



(Fotografía de autor desconocido para mi)

Un asceta meditaba profundamente en su cueva cuando se sintió molestado por un ratoncillo que se puso a roer sus ropas.
-Márchate estúpido –dijo el ermitaño-. ¿No ves que has interrumpido mi meditación?
-Es que tengo hambre –contestó el ratón.
-Llevaba más de treinta días de meditación buscando la unidad con Dios y me has hecho fracasar –se lamentó el ermitaño.
-¿Cómo buscas la unidad con Dios si no puedes siquiera sentirte unido a mí que sólo soy un simple ratón? –respondió el roedor.

domingo, 25 de enero de 2009

Libertango-Astor Piazzola


De nuevo Astor Piazzola y este arranque musical. Para qué más palabras...

viernes, 23 de enero de 2009

Lo fundamental y lo accesorio



Un hombre se perdió en el desierto. Al cabo de unos días y a punto de morir de sed, vio que una caravana se acercaba. Como pudo, llamó la atención de los viajeros, que presurosos se dirigieron hacia el necesitado. Este, con un hilo de voz apenas pudo decir:
-Aaaguaaa.
-Pobre hombre, parece que quiere agua, rápido, traigan un pellejo- reclamó uno que parecía el jefe.
-Un pellejo no, por Dios –interpeló otro-, no tiene fuerzas para beber en un pellejo, ¿no se dan cuenta? Traigamos una botella y un vaso para que pueda hacerlo cómodamente.
-¿Un vaso de cristal? ¿Estas loco o qué te pasa?- protestó otro de los presentes-. ¿No ves que lo cogerá con tanta ansia que puede romperlo y dañarse? ¡Traigamos un cuenco de madera!
-Aaaguaaa… susurró el moribundo.
-Creo que ustedes se han vuelto locos –agregó un cuarto hombre-. ¿Es que acaso no recuerdan que tenemos un vino excelente? Siempre lo reanimará más un buen vaso de vino que el agua. ¡Traigamos vino!
-Beeebeeer –imploró el sediento con sus últimas fuerzas.
-Seguro que el desierto los ha hecho perder el juicio. ¿Cómo vamos a darle vino sin saber si este hombre es musulmán? ¡Estaríamos obligándolo a cometer un gran pecado! Preguntémosle antes si es religioso –solicitó otro hombre de aspecto bondadoso.
-Pero ¿es que de verdad piensan darle de beber aquí a pleno sol? Antes tenemos que ponerlo a la sombra; yo tengo ciertos conocimientos de medicina y les digo que este hombre está ardiendo de fiebre y agotado. Llevémoslo a la caravana y pongámoslo en una cama –intervino otro de los presentes.
A los mercaderes no les dio tiempo a discutir más, aquel hombre acababa de fallecer en sus brazos.

miércoles, 21 de enero de 2009

Profecia de los indios Cree

Para mi todos los días son el día del medio ambiente. Ser naturaleza y no "disfrutar de la naturaleza". Compramos cada vez más productos elaborados en vez de hacerlos nosotros mismos, pretendiendo de este modo tener más tiempo. En una ocasión dialogando sobre el horno microondas al poco de salir al mercado, una persona joven me argumentaba que ese aparato era fenomenal ya que así tendríamos más tiempo puesto que con el trabajo sino no podrías sentarte a la mesa tranquilamente. A lo que respondí: de lo que se trata es de tener más tiempo para dejar de trabajar tantas horas y no ser un esclavo del trabajo. Nos quieren convencer que es comprando no se que aparatos, no se que productos envasados, no se que productos precocinados, supuestamente sin conservantes, etc., para que disfrutemos del tiempo libre. ¿Qué tiempo libre? Si el día tiene 24 horas y ocho de ellas deberían dedicarse a dormir para tener una buena salud, nos quedan otras ocho de trabajo, que la mayoría del tiempo se convierten en diez u once, o sea, que de las ocho que deberían quedar para disfrutar de nuestro tiempo libre, se reducen a seis o cinco horas. ¿Y alguien se cree que esto es tener tiempo libre? ¿Dónde está nuestro tiempo libre? ¿Y después de tanto trabajar, de tantas horas extras -que no siempre se cobran, todo lo hay que decir- hay crisis?. Esta claro que yo soy una pésima economista, pero más bien lo soy para el estado tal como está concebido. Ya que yo procuro disfrutar de más horas de tiempo libre, trabajar para no aquilosarme y el resto disfrutando de un benefactor sueño. Y no me considero una privilegiada, no. Solamente soy un ser normal, eso si, que vive de acuerdo al ritmo natural que le marca la naturaleza y dejando de lado todo aquello que es superfluo en la vida. He dejado de ver la tv, algo que en menos de un mes y medio de dejar de hacerlo mi estado de salud mejoró sorprendentemente. No leo la prensa ni escucho la radio, no porque no me interese lo que ocurre en el resto del mundo, sino por la manipulación constante a la que nos someten los medios de comunicación, y por cierto esto me ayuda a tener conversaciones con otras personas, que comparten conmigo la información que tienen y cambiamos impresiones desde puntos de vista distintos, algo muy enriquecedor por cierto, pues el otro accede a una visión no mitificada por lo medios de comunicación, y para mi quedan las impresiones que pueden generar en algunas personas estos mismos medios. Cada vez que salgo a la calle, y veo que alguna persona necesita o solicita ayuda se la presto -si puedo y entiendo como hacerlo- y no hago preguntas, lo mismo con los animales o cualquier otro ser vivo y para mi esto es hacer de mi vida y mi tiempo algo satisfactorio, y por supuesto no me importa en absoluto quedarme sin tiempo para otras cosas no tan necesarias en la escala de valores que yo manejo. Procuro que la sonrisa forme parte de mi estado de ánimo y el mundo lo agradece a mi alrededor, por ello no necesito tener aparatos inútiles en mi casa, ni comprarme comida precocinada, ni nada de todo eso que supuestamente es para que yo viva mejor y con más tiempo. ¿De verdad alguien se cree aún las mentiras que nos cuentan? Mucho me temo que no, pero ya se dice, una mentira mil veces contada, acaba pareciendo una verdad, y si esa mentira son muchos a repetirla ( y por supuesto para ello les pagan) más aún. Simplificar la vida, con esto si se gana en salud y bienestar mental... pero como siempre, esta es sólo mi opinión... quizá así la profecía de los indios Cree no se cumpla del todo... como se suele decir "un garbanzo no hace puchero, pero ayuda al compañero". Llevo tanto tiempo demostrando y demostrandome que es posible un cambio y un modo de vivir tan distinto, y que no soy la única que así lo está consiguiendo... tanto... tanto como dieciocho años...

lunes, 19 de enero de 2009

Primer principio: La biografía se convierte en biología


Según la medicina energética, todos somos libros vivos de la historia. Nuestro cuerpo contiene nuestra historia, todos los capítulos, párrafos, estrofas y versos, línea a línea, de todos los acontecimientos y relaciones de nuestra vida. A medida que avanza la vida, nuestra salud biológica se va convirtiendo en un relato biográfico vivo que expresa nuestras fuerzas, debilidades, esperanzas y temores.
Todos los pensamientos que ha tenido una persona han viajado por su organismo biológico y activado una reacción fisiológica. Algunos pensamientos son como descargas intensas que causan una reacción en todo el cuerpo. Un miedo, por ejemplo. Activa todos los sistemas corporales; el estomago se tensa, el ritmo cardiaco se acelera y tal vez el cuerpo comienza a sudar. Un pensamiento amoroso puede relajar todo el cuerpo. Algunos pensamientos son más sutiles, y otros son incluso inconscientes. Muchos no tienen ningún sentido y pasan por el cuerpo como el aire a través de un visillo; no precisan atención consciente y su influencia es la salud es mínima. Sin embargo, cada pensamiento consciente, y muchos inconscientes, si generan una reacción fisiológica.
Todos los pensamientos, al margen de su contenido, entran primero en los sistemas corporales en forma de energía. Aquella que llevan energía emocional, mental, psíquica o espiritual producen reacciones biológicas que luego se almacenan en la memoria celular. Así, nuestra biografía se teje en la memoria celular. Así, nuestra biografía se teje en nuestro sistema biológico, poco a poco, lentamente, día a día.
La historia de un joven paciente de Norm es un buen ejemplo de cómo funciona este proceso. Norm me telefoneó para consultarme sobre este paciente, dentista, que no se encontraba bien en general y se sentía cada vez más cansado. Tenia dolor agudo en el lado derecho del abdomen y padecía una fuerte depresión.
El agotamiento permanente y progresivo, que embota la claridad mental y emocional, es un síntoma energético que indica que algo va mal en el cuerpo. La mayoría de las personas no lo consideran un síntoma porque no duele. Pero el agotamiento continúa, aun cuando la persona duerma más horas, el cuerpo trata de comunicarle que está “enfermo energéticamente”. Responder a ese mensaje en la fase de energía a menudo puede prevenir el desarrollo de una enfermedad.
La depresión es otro síntoma de que no todo funciona bien. Generalmente en el mundo clínico la depresión se considera un trastorno emocional y mental. Pero la depresión prolongada suele preceder al desarrollo de una enfermedad física. Desde el punto de vista energético, la depresión es literalmente una liberación inconsciente de energía o, si se quiere, de fuerza vital. Si la energía fuera dinero, la depresión sería como abrir el billetero y declarar: “No me importa que coja mi dinero ni cómo se lo gaste.” La depresión prolongada genera inevitablemente un cansancio crónico. Si a uno no le importa quien le coge dinero ni cuánto, es inevitable que acabe arruinado. De forma similar, sin energía no se puede sostener la salud.
Cuando Norm examinó a este dentista tuvo la impresión de que estaba desarrollando una enfermedad. Debido al dolor abdominal, le hizo pruebas y análisis por si tenía cáncer de páncreas, pero los resultados fueron negativos. Entonces me llamó a mí. Como es nuestra costumbre, sólo me dijo el nombre y la edad del paciente. Y nada sobre el dolor ni sobre sus sospechas. En mi evaluación ví que el costado derecho de este hombre, alrededor del páncreas, estaba generando energía tóxica. Le dije a Norm que ese hombre estaba cargado de un enorme sentimiento de responsabilidad y que eso se había convertido para él en una fuente constante de angustia. Tenía la sensación de que era incapaz de vivir como deseaba, y esa sensación lo dominaba hasta tal punto de excluir cualquier otra emoción. (Evidentemente todos tenemos sentimientos negativos, pero no toda la negatividad produce una grave enfermedad física. Para crear enfermedad, la negatividad tiene que convertirse en la emoción dominante, como le ocurría a este dentista.)
Después de explicarle mi evaluación, le dije a Norm que ese paciente tenía cáncer de páncreas. El reconoció que ya había sospechado esa enfermedad, pero que los análisis habían resultado negativos. Se despidió y volvió con su paciente. Le recomendó que evaluara hasta qué punto le beneficiaba su trabajo. Lo más probable, le dijo, era que tuviera que hacer algunos cambios para obtener lo que deseaba. El paciente reconoció que deseaba dejar esa ocupación, pero consideraba que no podía dedicarse a otra cosa por el efecto que tendría su decisión en las personas que dependían de él. Norm no le dijo que tenía la frecuencia energética de cáncer de páncreas, pero habló con él sobre sus frustraciones profesionales y trató de ayudarlo a cambiar su actitud negativa. Por desgracia, el dentista no fue capaz de seguir el consejo. El definía la responsabilidad como una obligación de preocuparse por los demás excluyéndose a sí mismo, y fue incapaz de concebir una vida que incluyera el cuidado y la realización de sí mismo.
Pasadas dos semanas, su médico habitual repitió las pruebas para detectar el cáncer de páncreas esta vez resultaron positivas. Lo operaron inmediatamente, pero murió a los cuatro meses de la operación.
A veces es necesario un esfuerzo concentrado para realizar un cambio mental que permita sanar. Si bien el dentista no logró aceptar que su frustración profesional y la sensación de estar atrapado le estaban cambiando la química y la salud del cuerpo, a otras personas les resulta fácil hacerlo. Sin embargo, aceptar la idea de que todas las partes de nuestra vida, desde el historial físico y las relaciones hasta cada actitud, opinión y creencia que llevamos dentro, afectan a nuestra composición biológica es sólo una parte del proceso de curación. También hay que hacer que esa aceptación del plano mental pase al físico, introducirla en el cuerpo, sentir visceral y celularmente la verdad y creerla en su totalidad.
Es muy fácil aprender algo nuevo y limitarse a aplicar ese conocimiento despreocupadamente. La idea de que la biografía se convierte en biología supone que hasta cierto punto nosotros participamos en la creación de la enfermedad. Pero, y éste es un punto importantísimo, no debemos abusar de esta verdad culpándonos o culpando a los pacientes por contraer una enfermedad. La enfermedad se desarrolla a consecuencia de comportamientos o actitudes que sólo entendemos que son biológicamente tóxicos cuando ya se han convertido en tóxicos. Solamente cuando la enfermedad nos obliga a revisar nuestras actitudes cotidianas de temor o amargura son, de hecho, sustancias biológicamente tóxicas.
Repito todos tenemos sentimientos negativos, pero no toda actitud negativa produce enfermedad. Para crear la enfermedad, las emociones negativas tienen que ser dominantes, y lo que acelera el proceso es saber que el pensamiento negativo es tóxico y, aun así, darle permiso para que medre en nuestra conciencia. Por ejemplo, una persona puede saber que necesita perdonar a alguien, pero decide que continuar enfadada le da más poder. Continuar obsesivamente enfadada la hace más propensa a desarrollar una enfermedad, porque la consecuencia energética de esa obsesión negativa es la impotencia. La energía es poder, y transmitir energía al pasado pensando insistentemente en acontecimientos penosos resta poder al cuerpo actual y puede conducir a la enfermedad.
El poder es esencial para sanar y para conservar la salud. Las actitudes que generan sensación de impotencia no sólo conducen a una falta de estima propia, sino que también agotan la energía del cuerpo físico y debilitan la salud general. Así pues, el siguiente principio que hay que explorar es la importancia primordial del poder para la salud.

domingo, 18 de enero de 2009

Quedarse con la primera impresión

Cuando reciba una impresión intuitiva acerca de sí mismo o de la persona a la que está evaluando, preste atención a cualquier imagen que surja. Muchas personas buscan las intuiciones y las percepciones sin riesgo, no las sanas, porque desean un tránsito sin riesgo hacia el futuro, hacia lo desconocido. Así, es posible tener la tentación de descartar una imagen perturbadora o que no coincide con los propios deseos o los de la persona a la que se está evaluando. La mayoría de las personas que acuden a mí para que les haga una evaluación ya han intuido que algo va mal, pero vienen con la esperanza de que yo dé otro sentido a sus sensaciones, que les diga, por ejemplo: “Simplemente se está produciendo en usted un cambio corporal natural, pero no le pasa nada físicamente.” Sin embargo, es importante decir a las personas la verdad, no lo que quieren oír. En multitud de ocasiones he confirmado las impresiones intuitivas negativas de personas que han acudido a mí. Sus capacidades son tan exactas como las mías. Estas personas saben que están enfermas; pero, como yo no comparto su miedo, mis intuiciones pueden interpretar la información mejor que ellas.
Las personas han de hacer frente a lo que temen. En el caso de hombre de los “disparos en el corazón”, superficialmente le parecía menos arriesgado evitar enfrentar a su esposa adúltera con sus sospechas de que lo estaba engañando. En lugar de actuar según sus intuiciones, echo tierra sobre el dolor y su rabia, los enterró en su cuerpo, pero esos sentimientos se manifestaron finalmente en forma de dolor y opresión en el pecho. Su cuerpo y su espíritu trataron de despertar a la necesidad de hacer frente a los engaños de su mujer; pero, como hacen muchas personas, él esperaba que no afrontando el problema éste desapareciera. Su cuerpo, no obstante, le reveló que el verdadero precio de ese método “sin riesgo” era un peligro para su salud. La historia de este hombre ilustra lo poderosas que son realmente las intuiciones y cómo son capaces de romper y atravesar la actitud más decidida para levarnos hacia la curación.
La vida es dolorosa a veces, y espiritualmente estamos hechos para hacer frente a los dolores que nos presenta la vida. En el mundo occidental, sin embargo, solemos desfigurar el plan de Dios y esperar que la vida sea cómoda y sin problemas. Medimos la presencia de Dios en nuestra vida por el grado de comodidad personal; creemos que Dios existe si se escuchan nuestras oraciones. Pero ni Dios, ni Buda, ni ningún otro líder o tradición espiritual garantiza o favorece una vida sin dolor. Las enseñanzas espirituales nos animan a crecer, pasando por y dejando atrás las experiencias dolorosas, cada una de las cuales es una lección espiritual. Desarrollar la capacidad intuitiva nos servirá para aprender las lecciones inherentes a nuestras experiencias.

miércoles, 14 de enero de 2009

Los campos morfogenéticos


En su libro “Una nueva ciencia de la vida”, Rupert Sheldrake afirma que todos los sistemas están regulados no sólo por los factores energéticos y materiales conocidos, sino también por campos invisibles de organización. Estos campos generan elementos causativos, toda vez que sirven de patrones para la forma y el comportamiento. Carecen de energía, en el sentido normal del término, porque su efecto va más allá de las barreras de tiempo y espacio que normalmente se aplican a la energía. Es decir, su efecto tiene una misma fuerza a larga y a corta distancia.
Según esta hipótesis, cuando un miembro de una determinada especie aprende algún comportamiento nuevo se cambia el campo causativo de dicha especie, siquiera sea ligeramente. Si se repite el comportamiento durante el tiempo suficiente, su “resonancia mórfica” afecta a toda la especie. Sheldrake denominó a esta matriz invisible “campo morfogenético”, de morphos, “forma” y génesis, “creación”. La acción de este campo implica “acción a distancia”, tanto en espacio como en tiempo. Más que una forma que es determinada por las leyes físicas al margen del tiempo, depende de la resonancia mórfica que atraviesa el tiempo. Quiere ello decir que los campos mórficos se pueden propagar a través del espacio y el tiempo y que los acontecimientos pasados pueden influir sobre otros sucesos en cualquier otro lugar. Lyall Watson muestra un ejemplo de ello en el libro “Lifetide: The Biology of Consciousness”, en el que describe lo que ahora se conoce genéricamente como el Principio del centésimo mono. Watson comprobó que, después de que un grupo de monos aprendiera un nuevo comportamiento, sus congéneres de otras islas próximas sin medios “normales” de comunicación también aprendieron repentinamente dicho comportamiento sin que en ningún momento se produjeran contactos directos.
El doctor David Bohm afirma en la revista Revisions que ese mismo efecto es aplicable a la física cuántica. Según Bohm, el experimento de Einstein-Podolsky-Rosen demostró la posibilidad de conexiones no locales, es decir, sutiles conexiones de partículas distantes. En consecuencia, la integración del sistema sería tal que no se podría atribuir el campo formativo exclusivamente a una partícula, sino al total. Así algo que les suceda a partículas distantes puede afectar al campo formativo de otras. Bohm continua afirmando que “la noción de las leyes intemporales que regulan el universo no parece sostenerse, porque el tiempo, en sí mismo, es parte de la necesidad que desarrolló”
Rupert Sheldrake llega, en el mismo artículo, a la siguiente conclusión: “Por tanto, el proceso creativo que provoca el nuevo pensamiento, a través del cual se realizan nuevas entidades globales, es similar en ese sentido a la realidad creativa que da lugar a los nuevos entes totales en el proceso evolucionista. Se podría considerar que el proceso creativo es un desarrollo sucesivo de totalidades más complejas y de mayor nivel, a través de cosas previamente separadas que se conectan entre si”

domingo, 11 de enero de 2009

Fluir

Dang Ngo-Zuma Press

La mente humana tiende a crear tensiones y conflictos, a resistirse inútilmente y a multiplicar sin necesidad las desdichas. Es su característica… y desde luego lo era aún más en aquel aspirante a la Sabiduría que, precisamente por serlo, estaba muy insatisfecho, inquieto y descontento. Con el tiempo, su carácter se agrió cada vez más, no podía resistir el mal humor y comenzó a caer antipático a todo el mundo. Muy abatido por estos motivos, fue a visitar a su mentor y le confesó:
-La vida es para mí como la losa que pesa demasiado y me sume en penumbras. Nada me satisface. Siempre quiero escapar y, como no puedo, mi propia resistencia me hace daño.
-Pero podemos siempre fluir y, así, escapar sin necesidad de hacerlo.
-Si, maestro, mas ¿cómo escapar del invierno o del verano?
El maestro soltó una gran carcajada.
-Esto es muy fácil –repuso-. No hay nada más simple: cuando llega el verano, sudas; cuando llega el invierno, tiritas. Ya has escapado a ambos sin resistirte a ellos. ¿Dónde está el problema? Yo te daré la respuesta: en tu mente, porque no sabes fluir.


La mente a través del pensamiento nos hace estar siempre apegados a aquello que va ocurriéndonos en la vida. Ayer fue ayer, hoy es hoy. Si por alguna razón lo que ocurrió ayer necesita de reflexión, hagámoslo, pues en ocasiones es bueno saber por qué ocurren o se hacen las cosas, más una vez encontrado el sentido de lo acontecido, dejarlo ir, y quedarse con la sabiduría de lo comprendido. Generamos demasiadas querencias, buenas o malas. Nos apegamos a muchos de los conceptos y también a las emociones que hemos ido aprendiendo tal como si fueran el aire que respiramos, sin apercibirnos que el aire que respiramos entra y sale sin nuestra voluntad, simplemente está y es. Pues así han de ser los pensamientos, como el aire, entrando y saliendo…y quedarse con la esencia, como hace el organismo con lo que recoge del aire al entrar a través de los pulmones en nuestro cuerpo. Nos damos demasiada importancia, por esto nuestra mente que conoce bien nuestro ego, nos está siempre poniendo trampas; pero es su juego, el nuestro es darnos cuenta de que sólo son recuerdos de algo que ya pasó y que ya no es. No hay realidad. O ¿hay realidad? Palabras…

viernes, 9 de enero de 2009

Conectabilidad superluminar


En la actualidad los científicos están encontrando, mediante procedimientos matemáticos y experimentales, signos evidentes de una conectabilidad inmediata y universal.
En 1964, el físico J. S. Bell dio a conocer una prueba matemática denominada teorema de Bell. El teorema apoya matemáticamente el concepto de que las “partículas” están conectadas según principios que trascienden el tiempo y el espacio, de manera que cualquier cosa que le suceda a una partícula afecta a las demás. Este efecto es inmediato y no necesita “tiempo” para trasmitirse. La teoría de la relatividad de Einstein decía que es imposible que una partícula viaje a una velocidad mayor que la de la luz. Según el teorema de Bell, los efectos pueden ser “superluminares”, es decir, más rápidos que la velocidad de la luz. El teorema de Bell ha sido respaldado por la experimentación. Nos estamos refiriendo a un fenómeno que se mantiene al margen de la teoría de la relatividad de Einstein. Estamos tratando de dar un paso hacia delante respecto de la dualidad onda/partícula.
Por tanto, vemos una vez más que a medida que avance la técnica de los equipos científicos permitiéndonos profundizar en la materia con una sensibilidad más elevada, encontraremos fenómenos que no se pueden explicar por medio de las teorías actuales. Cuando se produjo este tipo de profundización, a finales del siglo XIX, el descubrimiento de la electricidad revolucionó el mundo y no hizo pensar con mayor profundidad todavía en quienes somos. Cuando volvió a suceder, en los años cuarenta, la energía atómica revolucionó el mundo. Parece que en la actualidad nos encaminamos a otro período de tremendo cambio. Si los físicos aprenden la forma en que actúa esta conectabilidad instantánea, cabe pensar que aprenderíamos a captar conscientemente nuestras conexiones instantáneas con el mundo y entre nosotros. Esto, evidentemente, revolucionaría la comunicación, además de cambiar radicalmente nuestra forma de interactuar. La conexión instantánea podría aportarnos la capacidad de leer el pensamiento de los demás cada vez que lo deseáramos. Podríamos saber que nos pasa a cada uno y tratar de entendernos más profundamente. Además, podremos ver con mayor claridad cómo y en que medida afectan al mundo, mucho más de lo que habíamos pensado antes, nuestros pensamientos, sentimientos (campos energéticos) y acciones.


Polarizador

jueves, 8 de enero de 2009

Más allá del dualismo: el holograma


Los físicos han descubierto que las partículas pueden ser simultáneamente ondas, ya que no son ondas físicas reales, como las del sonido o el agua, sino más bien fenómenos ondulatorios de probabilidad. Las ondas de probabilidad no representan las probabilidades de las cosas, sino más bien probabilidades de interconexión. En un concepto difícil de entender, pero, en esencia, lo que afirman los científicos es que no existe lo que llamamos “cosa”. Lo que solíamos llamar “cosas” son, en realidad, “sucesos” o procesos que podrían convertirse en sucesos.
Nuestro viejo mundo de objetos sólidos y leyes deterministas se ha disuelto ya en un mundo de pautas de interconexiones ondulantes. Conceptos tales como “partícula elemental”, “sustancia material” u “objeto aislado” han perdido su significado. El universo entero se nos presenta como una trama de pautas energéticas inseparables. Así, definimos el universo como un todo dinámico que incluye siempre de forma esencial al observador.
Desde luego, si el universo está compuesto por una trama semejante, no existe (lógicamente) eso que denominamos parte. Por tanto, no somos partes separadas de un todo. Somos un todo.
El doctor en física David Bohm afirma en su libro “La totalidad y el orden implicado” que las leyes físicas primarias no pueden ser descubiertas por una ciencia que intenta fragmentar el mundo en sus diversas partes. Bohm ha escrito acerca del un “orden plegado implícito” que existe en estado no manifiesto y que constituye la base sobre la que descansa toda realidad manifiesta. A esta última la denomina “el orden desplegado explícito”. “Se considera que las partes presentan una conexión inmediata, en la que sus relaciones dinámicas dependen irreductiblemente del estado de todo el sistema… Así somos conducidos a una nueva noción integridad no fragmentada que niega la idea clásica de la analizabilidad del mundo en partes existentes de forma separada.
El doctor Bohm afirma que el punto de vista holográfico del universo es el trampolín que facilita la comprensión de los órdenes pegado implícito y desplegado explicito. El concepto de holograma especifica que cada pieza es una representación exacta del todo y se puede utilizar para reconstruir el holograma completo.
En 1971. Dennos Gabor recibió un premio Nobel por la formación del primer holograma. Era una fotografía captada sin objetivo en la que se registró un campo de onda de luz dispersa por un objeto, en forma de pauta de interferencia sobre una placa. Cuando se sitúa el holograma o registro fotográfico en un haz de láser o de luz coherente la pauta de onda original se regenera para formar una imagen tridimensional. Cada pieza del holograma es una representación exacta del todo y reconstruirá la imagen completa.
El doctor Karl Pribram, afamado estudioso del cerebro humano, ha acumulado a lo largo de una década numerosas pruebas de que la estructura profunda del cerebro es esencialmente holográfica. Afirma que los estudios de muchos laboratorios, realizados mediante complejos análisis de frecuencias temporales y/o espaciales, demuestran que las estructuras cerebrales ven, oyen, gustan, huelen y tocan holográficamente. Seguidamente, la información es distribuida por todo el sistema de manera que cada fragmento puede reproducir el informe completo. El doctor Pribram emplea el modelo de holograma para describir no sólo el cerebro, sino también el universo. Afirma que el cerebro emplea un proceso holográfico que trasciende el tiempo y el espacio. Los parapsicólogos han investigado las energías susceptibles de generar telepatía, psicocinesis y curación. Desde el punto de vista de un universo holográfico, esto efectos surgen de frecuencias que trascienden el tiempo y el espacio, no tienen que ser transmitidas. Son potencialmente simultáneas y están en todas partes.
Cuando nos refiramos en este libro a los campos energéticos utilizaremos términos que pueden resultar arcaicos desde el punto de vista de los investigadores especializados. El fenómeno del aura se encuentra claramente dentro y fuera del tiempo lineal y del espacio tridimensional. […] Yo “vi” los sucesos de la pubertad de Ed cuando se rompió el cócixx, porque llevaba consigo esta experiencia en su campo energético. La “flecha” del amante se puede percibir en el campo energético actual, aunque el clarividente puede retrotraerse aparentemente en el tiempo y ser testigo del acontecimiento en el momento de producirse. […]
Al emplear el concepto de los campos para describir el aura nos encontraremos impregnados de dualismo, es decir, separaremos de nosotros y “lo” observaremos como un fenómeno que existe como “parte” nuestra. Utilizaremos términos como “mi campo” y “su aura”, etc. Ello obedece a pautas dualistas. Debo disculparme por ello y decir que, francamente, a estas alturas soy totalmente incapaz de impartir estás experiencias sin recurrir a los viejos moldes.
Desde el marco holográfico de la realidad, cada parte del aura no sólo representa el todo, sino que, además, lo contiene. Así, lo único que podemos describir es nuestra experiencia con en fenómeno que observamos y creamos a un tiempo. No somos una simple parte de dicha pauta; somos la pauta. Ella es nosotros y nosotros somos ella; sólo que ahora es preciso abandonar el término “ella” y sustituirlo por algún otro, más apropiado, para derribar el bloqueo que experimentamos en nuestro cerebro cuando tratamos de comunicarnos.
Los científicos han utilizado términos como “probabilidades de interconexión” o “trama dínámica de pautas inseparables”. Cuando empezamos a pensar en términos de trama dinámica, todos los fenómenos aurales descritos en este libro dejan de parecer particularmente inusuales o extraños.
Toda experiencia está inteconectada. Por tanto, si tomamos conciencia de ello y acogemos esa interconectividad en nuestros procesos cognitivos, podemos ser conscientes de todos los acontecimientos con independencia del tiempo. Pero tan pronto como decimos “nosotros”, hemos vuelto a caer en el dualismo. Es difícil experimentar esta interconectividad cuando nuestra experiencia más importante de la vida es dualista. La conciencia holística estará fuera del tiempo lineal y del espacio tridimensional y, por tanto, no será reconocida fácilmente. Hemos de practicar la experiencia holística para ser capaces de reconocerla.
La meditación es una forma de trascender los límites de la mente lineal y permite que la interconectividad se convierta en una realidad experiencial. Es muy difícil comunicar dicha realidad con palabras, ya que utilizamos éstas en forma lineal. Necesitamos desarrollar un vocabulario mediante el cual podamos conducirnos mutuamente a estas experiencias. En la meditación Zen japonesa, los maestros ofrecen una breve frase a sus discípulos para que se concentren en ella. La frase denominada koan, está concebida para ayudar a los estudiantes a trascender su pensamiento lineal. He aquí una de mis favoritas:
¿Cuál es el sonido de una mano que golpea?
Mi reacción ante esta conocida koan es encontrarme a mi misma extendiéndome hacia el interior del universo en una pauta de sonidos nunca oídos que parece fluir eternamente.

(Idem)

martes, 6 de enero de 2009

La paradoja


En los años veinte, la física se desplazó hacia una extraña e inesperada realidad, la del mundo subatómico. Cada vez más los científicos interrogaban a la naturaleza en un experimento, la respuesta que recibían era paradójica, y cuanto más pretendían resolver la situación, más fuerza cobraba la paradoja. Los físicos terminaron por comprender que la paradoja forma parte de la naturaleza intrínseca del mundo subatómico sobre el que se fundamenta toda nuestra realidad física.
Por ejemplo, realizar un experimento que demuestre que la luz es una partícula. Pero si se introduce en él un pequeño cambio, se demostrará que la luz es una onda. Por tanto, para describir el fenómeno de la luz hay que emplear ambos conceptos, el de onda y el de partícula. De este modo pasamos a un universo basado en la dualidad de conceptos. Los físicos la denominan complementariedad. Es decir, para describir el fenómeno (si seguimos pensando en términos tales como partículas y ondas) es necesario emplear ambos tipos de descripción. Estos tipos son complementos mutuos, más que opuestos, según el viejo concepto de lo uno o lo otro.
Por ejemplo, Max Planck descubrió que la energía de la radiación térmica (como la de un radiador casero) no es de emisión continua, sino que se presenta en forma de discretos “paquetes de energía” denominados quanta. Einstein postuló que todas las formas de radiación electromagnética pueden aparecer no sólo en forma de ondas, sino también como cuantos. Estos cuantos luminosos, o paquetes de energía, han sido aceptados como auténticas partículas. Llegados a este punto, una partícula, que es la definición más afín a la de una “cosa” ¡es un paquete de energía!
A medida que penetramos más a fondo en la materia, la naturaleza no nos muestra ningún tipo de “bloques básicos” aislados, como sugería la física newtoniana. La búsqueda de los bloques fundamentales de la materia hubo de ser abandonada cuando los físicos encontraron un gran número de partículas elementales que apenas podían calificarse como cuerpos materiales. Por medio de experimentos realizados durante las últimas décadas, los físicos han descubierto que la materia es totalmente mutable y que, a nivel subatómico, no hay certidumbre de que la materia exista en lugares definidos sino que, más bien, muestra cierta “tendencia” a existir. Todas las partículas se pueden transmutar en otras. Se pueden crear a partir de la energía y convertirse en otras partículas. Se pueden crear a partir de la energía y desvanecerse en energía. Cuándo y cómo sucede esto es algo que no podemos determinar con exactitud, pero sabemos que ocurre continuamente.
A nivel personal, a medida que nos internamos en el mundo de la moderna psicología y el desarrollo espiritual descubrimos que las viejas formas disyuntivas también se disuelven en la forma dual (lo uno y lo otro). Ya no somos malos o buenos; ya no nos limitamos a odiar o a amar a alguien. Encontramos capacidades mucho más amplias en nuestro interior. Podemos sentir amor y odio, con todas las emociones intermedias, por una misma persona. Actuamos responsablemente. Vemos que la vieja contraposición Dios/Demonio se disuelve en un todo en el que nos encontramos que el Dios/Diosa interior se funde con el Dios/Diosa exterior. Un mal no es lo opuesto al Dios/Diosa, sino la resistencia a la fuerza de Dios/Diosa. Todo está compuesto con la misma energía. La fuerza del Dios/Diosa es, a un tiempo, blanca y negra, masculina y femenina. Contiene ambas cosas, la luz blanca y el vacío negro.
Como puede ver el lector, seguimos usando conceptos impregnados de dualismo, pero estamos en un mundo de “aparentes” opuestos que se complementan entre sí, no de opuestos “reales”. En este sistema, el dualismo se utiliza para impulsarnos al interior de la unidad.

(Continuo con el libro de Barbara Ann Brennan)

lunes, 5 de enero de 2009

¿Para qué juguetes caros?

El título lo traía el propio vídeo. Comparto la opinión del que lo realizó (supongo que es él mismo); no puedo saber su nombre ya que me enviaron el vídeo tal cual lo presento. Noche de Reyes, ilusiones y risa -esta que tanto me alegra la vida- que traen la alegría. Esto es lo que considero más importante. Así qué, ¿para qué juguetes caros y sofisticados?

domingo, 4 de enero de 2009

Incierto Amor Rendido


Buscar Deshojado
Y un deshojar marchito
Comparte la sincera verdad

Las puertas viven en el tejado
Pero no sienten el frío
Un frío que sin perder su débil surco
Marca al ser incierto, perdido

No escribir de amoríos
Sinrazón de los amantes
Pudiera ser la llave
La llave del puente
Puente que lleva a la fuente
Fuente que comprende el infinito

Todos repitiendo la sinfonía
Como piélagos hambrientos
Diciendo siempre la palabra
Que quiere comprender la gente
Gente que pierde el sentido
Sentido incoherente
Incoherentes pasivos
Delirios perdidos
En amantes torcidos

Buscar, buscar, buscar,
Afán agónico del herido
Viviendo la duda comida, carcomida
Carcomida de salitre
Salitre que humedece el sarmiento
Y así viviendo
Todos en la oscura vida
Vida de ciegos
Ciegos en el miedo, mundo
Mundo de ciegos

Llenar la vertida huella
Llenarla de vida
Una vida sentida entera
Entera y rendida
Rendida al amor comprensivo
Amor en alas subido

jueves, 1 de enero de 2009

Vivo

La relatividad de la vida se reconoce en un solo instante acontecido en su devenir. El apego a lo material atrae aquello que tanto temes. Desvincularse de los miedos para afrontar con decisión y valentía la vida. El fuego quema lo inútil de nuestra vida; el agua, apaga el fuego si se sabe como hacerlo, pero la experiencia vivida enciende un fuego inapagable.
Vive la vida, vive el momento, será tu revolución interior.
Somos puras carcasas, quebradizas y débiles, y precisamente es aquí donde reside nuestra grandeza: la fuerza nace de nuestra vulneravilidad.
Espíritu, que no materia.
Madrugada de Año Nuevo, nueva confirmación de la existencia de Dios en mi vida. Aquí estoy: aún viva, si, me siento agradecida por todo lo acontecido en este comienzo de camino hacia lo que acontezca, poco a poco…
Vivo

miércoles, 31 de diciembre de 2008

Meditación Tao

lunes, 29 de diciembre de 2008

El Buda, el diablo y la mente

Cuando la conoces, la mente es Buda; cuando la ignoras, se transforma en el diablo. El Buda es la realidad y el diablo, la locura. Pero tanto el Buda como el diablo son creaciones de tu mente.

Maestro Fenyang

La relatividad


En 1905, Albert Einstein publicó su teoría especial de la relatividad, con la que invalidó todos los conceptos principales de la visión newtoniana del mundo. Según la teoría de la relatividad, el espacio no es tridimensional y el tiempo tampoco es una entidad aparte, sino que ambos están íntimamente conectados y forman un continuo tetradimensional, el “espacio-tiempo”. Por tanto, nunca podemos hablar de espacio sin tiempo, y viceversa. Además, no existe flujo universal de tiempo; es decir, el tiempo no es lineal ni absoluto. El tiempo es relativo. Ello significa que dos observadores ordenarán los acontecimientos en el tiempo de forma distinta si se mueven con velocidades diferentes en relación con los acontecimientos observados. Por tanto, las mediciones que impliquen espacio y tiempo pierden su importancia absoluta. Tanto tiempo como espacio se convierten simplemente en elementos para describir los fenómenos.
Según la teoría de la relatividad de Einstein, en determinadas condiciones dos observadores pueden, incluso, ver dos acontecimientos en tiempos inversos; es decir, para el observador 1 el acontecimiento A se producirá antes que el B, mientras que para el observador 2 el acontecimiento B tendrá lugar antes que el A.
Por tanto, el tiempo y el espacio son tan básicos para la descripción de los fenómenos naturales y para la de nosotros mismos que su modificación implica un cambio en todo el marco que empleamos en la percepción de la naturaleza. Todavía no hemos integrado esta parte de la relatividad de Einstein en nuestras vidas. Por ejemplo, cuando captamos la señal psíquica de un amigo que se haya en dificultades comprobamos la hora y llamamos a dicha persona para ver si está bien. También deseamos saber si sufrió un determinado accidente a fin de dar validez a nuestra visión. Cuando nos dice que no ha sucedido nada, llegamos a la conclusión de que la imaginación nos ha hecho una mala pasada, e invalidamos nuestra experiencia. Esta es la filosofía newtoniana.
Tenemos que comprender que el fenómeno que estamos experimentando no puede ser explicado por mecánica newtoniana, y que estamos haciendo uso de esa mecánica para dar validez a nuestra experiencia suprasensorial. Dicho de otro modo, lo que vivimos fue una experiencia real. Como el tiempo no es lineal, puede haber sucedido ya, o estaba ocurriendo en el momento en que lo vimos, o quizá se produzca en el futuro. Puede, incluso, que se trate de una probabilidad que no llegue a manifestarse. Pero el hecho de que no haya sucedido en el tiempo en el que tratamos de relacionarlo no demuestra, en modo alguno, que nuestro discernimiento sobre la posibilidad estuviera equivocado. Sin embargo, si en la visión que tuvimos sobre nuestro amigo vimos también un calendario y un reloj con hora newtoniana, nuestra percepción sería tal que incluiría la información sobre el continuo espacio-tiempo del suceso. De este modo sería más fácil de verificar la realidad física newtoniana.
Ha llegado el momento de dejar de invalidar la experiencia que queda fuera de nuestra forma newtoniana de pensar, y de ensanchar nuestro marco de la realidad. Todos hemos sentido el paso del tiempo o la pérdida de la noción del mismo. Si logramos la suficiente eficacia en la observación de nuestros estados de ánimo, podemos comprobar que nuestro tiempo varía con los cambios de humor y con la experiencia por la que estamos pasando. Por ejemplo, nos damos cuenta de que el tiempo es relativo cuando experimentamos un periodo muy largo y aterrador justo antes de que se estrelle nuestro coche o de que se aparte, por milímetros, de choque con otro que viene en dirección opuesta. Este tiempo, medido en el reloj, es de unos cuantos segundos; sin embargo, para nosotros, parece como si el tiempo se hubiera hecho más lento. El tiempo experimentado no es susceptible de ser medido con un reloj. […]
Nuestra experiencia existe fuera del sistema newtoniano. Muchas veces se nos ha presentado el caso de encontrarnos con alguien después de varios años de separación y sentir lo mismo que si le hubiéramos visto ayer. […] También descubrimos que nuestra memoria ha ordenado los acontecimientos en una secuencia distinta a la de alguna otra persona que también los haya vivido.
La cultura nativa americana, que carecía de relojes para crear un tiempo lineal, dividía éste en dos aspectos: al ahora y todos los demás momentos. Los aborígenes australianos también tienen dos clases de tiempo: el tiempo que está pasando y el Gran Tiempo. Lo que ocurre en el Gran Tiempo tiene secuencias, pero no se puede fechar.
Lawrence Le Shan, a través de sus experiencias con clarividentes, ha definido dos tiempos: el tiempo normal y el tiempo del clarividente. Así se denomina la calidad de tiempo experimentado por lo videntes cuando emplean sus dones. Es similar al Gran Tiempo. Lo que sucede tiene una secuencia, pero sólo se puede ver desde la posición de ser o experimentar dicho flujo secuencial. Tan pronto como el clarividente trata de interferir de forma activa en la secuencia de acontecimientos de la que es testigo se ve arrojando inmediatamente de vuelta al tiempo lineal, y ya no vuelve a presenciar sucesos que se salgan del marco del aquí y ahora. A continuación debe centrar de nuevo su atención en el Tiempo del Clarividente. No entienden muy bien las reglas que regulan ese movimiento de un marco de tiempo a otro. En su mayoría, los clarividentes son inducidos a “leer” un marco de tiempo determinado de la vida actual o pasada de una persona de acuerdo con las necesidades de ésta. Algunos clarividentes pueden centrarse en cualquier marco de tiempo que se les solicite.
El continuo espacio-tiempo de Einstein indica que la aparente linealidad de los acontecimientos depende del observador. […]
Otra consecuencia importante de la relatividad de Einstein es la comprensión del hecho de que materia y energía son intercambiables. La masa no es más que una forma de energía. La materia es simplemente energía que ha perdido velocidad o se ha cristalizado. Nuestros cuerpos son energía.

domingo, 28 de diciembre de 2008

La teoría del campo



A principios del siglo XIX se descubrieron nuevos fenómenos que no se podrían describir mediante la física newtoniana. El descubrimiento y la investigación de los fenómenos electromagnéticos condujeron al concepto de campo. Se definió éste como la condición en el espacio que tiene potencial para producir una fuerza. La vieja mecánica newtoniana interpretó la interacción de las partículas con carga positiva y negativa, como los protones y los electrones, diciendo simplemente que dos partículas se atraen mutuamente como dos masas. Sin embargo Michel Faraday y James Clero Maxwell consideraron que era más apropiado utilizar el concepto de campo, afirmando que cada carga crea una “alteración” o una “condición” en el espacio circundante de manera que la otra carga, cuando está presente, siente una fuerza. Así nació la concepción de un universo lleno de campos que crean fuerzas mutuamente interactivas. Se podría empezar a explicar nuestra capacidad para afectarnos mutuamente a distancia por medios que no sean las palabras o la vista. Todos hemos pasado por la experiencia de descolgar el teléfono que suena y saber quién está al otro lado del hilo antes de que empiece a hablar. Las madres suelen saber cuándo tienen problemas sus hijos, dondequiera que estén. Todo ello se puede explicar en los términos fijados por la teoría de campos.
En los últimos quince o veinte años la mayoría de nosotros ha empezado a utilizar tales conceptos para describir las interacciones personales. Estamos empezando a admitir que nosotros mismos estamos formados por campos. Notamos la presencia de otras personas en una habitación sin oírlas ni verlas (interacción de campos); hablamos de buenas y malas vibraciones, de enviar energía a otros o de leer los pensamientos de terceros. Sabemos inmediatamente si nos gusta o nos disgusta alguien, si nos llevaremos bien con esa persona o si chocaremos con ella. Este “saber” se puede explicar por la presencia o la ausencia de armonía en nuestras interacciones de campos.
(Idem)

sábado, 27 de diciembre de 2008

La física newtoniana



Hasta tiempos recientes, cuando las religiones orientales empezaron a ejercer mayor influjo en nuestra cultura, gran parte de nuestros principios de autodefinición (en su mayoría inconscientes) se basaban en la física de algunos siglos atrás. A lo que me refiero en este caso es a nuestra insistencia en considerarnos objetos sólidos. Esta definición del universo como algo formado por objetos sólidos, la sostuvieron principalmente Isaac Newton y sus colegas a finales del siglo XVII y principios del XVIII. La física newtoniana se extendió al siglo XIX para describir un universo compuesto fundamentalmente por bloques denominados átomos. Se pensaba que estos átomos newtonianos, a su vez, estaban formados por objetos sólidos: un núcleo de protones y neutrones, con los electrones girando en torno a dicho núcleo en forma muy parecida al desplazamiento de la Tierra alrededor del Sol.
La mecánica newtoniana describió con fortuna los movimientos de los planetas, las máquinas y los fluidos en movimiento continuo. El enorme éxito del modelo mecanicista movió a los físicos de principios del siglo XIX a creer que, en realidad, el universo era un enorme sistema mecánico que funcionaba de acuerdo con las leyes newtonianas del movimiento. Se consideraban estas leyes como las básicas de la naturaleza, y la mecánica newtoniana como la teoría definitiva de los fenómenos naturales. Era posible describir todo objetivamente. Se consideraba que toda reaccion tenía una causa física, como las bolas que chocan sobre una mesa de billar. Todavía no se conocían las interacciones energía-materia, como sucede cuando la radio interpreta música en respuesta a ondas invisibles. Tampoco se le ocurrió a nadie que el propio experimentador altera los resultados de los experimentos, no sólo de los psicológicos, sino también de los físicos, como han demostrado con posterioridad los profesionales de la física.
La perspectiva newtoniana reconfortante para quienes prefieren considerar el mundo algo sólido y en gran medida inmutable, con una serie de reglas bien definidas que regulan su funcionamiento. Gran parte de nuestras vidas se siguen rigiendo por la mecánica newtoniana y probablemente continuarán así durante bastante tiempo en el futuro. Cabe señalar que, excepto por lo que se refiere a los sistemas eléctricos, nuestros hogares siguen siendo en gran medida newtonianos. Sentimos nuestros cuerpos de modo mecánico. Definimos la mayoría de nuestra experiencia en términos de espacio tridimensional y tiempo lineal. Todos, tenemos relojes. Los necesitamos para seguir con nuestras vidas tal como las hemos estructurado: de forma esencialmente lineal.
Mientras nos apresuramos en nuestras vidas cotidianas, esforzándonos por llegar “a tiempo”, es fácil considerarnos a nosotros mismos como elementos mecánicos e ignorar la experiencia humana interna, más profunda. Si le preguntamos a alguien de qué está hecho el universo, lo más probable es que nos describa el modelo newtoniano del átomo (los electrones girando alrededor de un núcleo de protones y neutrones). Sin embargo, si se lleva esta teoría a su extensión literal, nos situará en la posición, bastante desconcertante, de pensar que estamos compuestos de diminutas pelotas de ping-pong que giran vertiginosamente alrededor unas de otras.


jueves, 25 de diciembre de 2008

Ave María-Schubert (Opera)

sábado, 20 de diciembre de 2008

El Acebo y la Navidad

Creada originalmente por Haideé Iglesias

Ya que este árbol está en peligro de extinción aquí dejo una fotografía tomada del propio árbol. Sus hojas comienzan a perder las púas una vez crecen hacia la copa. Ya no necesita defenderse de los predadores Al igual que nosotros, una vez crecemos en el amor, ya no necesitamos de púas que nos defiendan, ya no hay miedo.
Sus frutos también son el alimento del urogallo, otro animal en peligro de extinción. Es un árbol con muchas simbologías. Aquí os dejo un enlace para ver algunas, aparte de la que se expone más abajo en el texto. Los áboles sagrados
Siempre me han gustado las celebraciones, y por lo tanto estas fiestas navideñas también. Hay una propensión bastante generalizada últimamente a considerarlas algo negativo, cuando lo que representan es lo contrario, para mi lo que hacen es recordarnos lo que tan a menudo olvidamos: que somos buenas personas, que estamos llenos de amor, aunque no siempre lo podamos demostrar o no sepamos como podemos hacerlo mejor para comunicarlo. Qué hay muchas cosas que ya no son lo mismo, bien, pues pienso que está de nuestra mano poder hacer que en nosotros mismos esto si sea posible. Dicen, y me parece que dicen bien, que dos no discuten si uno no quiere. Hay miles de posibilidades de hacer que esto sea posible, sólo hay que sentir que se puede hacer y entonces se podrá hacer, el que quiere puede. Y me diréis que hay personas que se están muriendo de hambre, que hay personas que se matan entre si en guerras, que nos pueden robar por la calle, etc., si, tenéis toda la razón. Mas esto no cambia el hecho de que se pueda ser buena persona igual con aquellos que tenemos más cerca, y quizá así expandiendo un poco cada vez más la onda lleguemos a conseguir que todo eso que nos disgusta o nos hace sufrir se transforme. Desde luego como no se transformará nunca es no haciendo nada y seguir quejándose, como si ello fuera a cambiar algo, como si así se operara el milagro de hacer que aquellos a los que se acusa se vayan a sentir mejor. No lo consiguió la Iglesia y los partidos totalitarios en todos los años de dominación, cuanto menos lo vamos a conseguir nosotros que no vemos que estamos cayendo en lo mismo que ellos. Si digo:”Todo es una porquería, yo no me creo nada, etc.” sintiéndonos impotentes y llenos de frustración ¿hemos conseguido algo? Mucho me temo que no, que más bien lo único que hemos conseguido es sentirnos peor. Así que hoy voy a hablar del Doctor Bach y su sistema de terapia floral. Este hombre en su amor por el ser humano consiguió encontrar el modo de que todos pudiéramos liberarnos o curarnos de esos sentimientos negativos a través del sistema floral que desarrolló. Este sistema floral lleva setenta años en el mundo y cada vez va siendo más aceptado. Siempre centrándose en las emociones que todos conocemos. También actuando con la paciencia y comprensión que requieren las nuevas ideas en el mundo. Cada vez demostrando más y más que se puede cambiar y por lo tanto el entorno cambia a tu alrededor. Sin ejercer poder, sólo siendo feliz, alegre y vital y tendiendo una mano amiga para cualquiera. Hoy aprovecho para hablaros de una flor: la flor del acebo -o holly en inglés- y lo que representa en este sistema floral.

En el libro “La curación por las flores” dice: “Por otra parte, la propia zona del cuerpo afectada no es casual, sino que concuerda con la ley de causa y efecto, y, una vez más, será una guía para ayudarnos. Por ejemplo el corazón, la fuente de vida y por tanto de amor, se ve atacado especialmente cuando el lado amable de la naturaleza frente a la humanidad no se ha desarrollado o se ha utilizado equivocadamente, una mano afectada denota fracaso o error en la acción; al ser el cerebro el centro de control, si se ve afectado, eso indica falta de control en la personalidad, y así podemos seguir analizando las distintas manifestaciones de la ley de causa y efecto. Todos estamos dispuestos a admitir los resultados que siguen a una explosión de ira, al golpe recibido con una mala noticia, si cosas triviales pueden afectar de ese modo al cuerpo, cuánto más grave y profundamente arraigado será un conflicto prolongado entre el alma y el cuerpo. ¿Cómo asombrarnos de que el resultado dé lugar a padecimientos tan graves como las enfermedades que hoy nos afligen?”.
En este mismo libro. Holly o Acebo: Está dentro del grupo “Hipersensibilidad a influencias y opiniones” y dice: “Para los que se ven con frecuencia atacados por pensamientos como la envidia, los celos, la venganza, la sospecha, o padecen distintas formas de vejación.
Por dentro pueden sufrir mucho, aun cuando no exista una causa real de su desdicha.
En otro libro “La terapia floral de Bach” de Mechthild Scheffer habla de está flor así:
“En inglés su nombre es parónimo de holy, santo, y en los países anglosajones sus ramas decorativas adornan las mesas navideñas como símbolo del renacimiento de la conciencia de Cristo en nuestro corazón. Esto no es una casualidad. La esencia de flores de Holly (Acebo) representa el principio del amor divino universal que mantiene a este mundo y es infinitamente más grande que la razón humana. Este amor o suprema cualidad energética, a través de la cual y en la cual vivimos, es como la fronda para un árbol, nuestro verdadero elixir de la vida, el mayor poder curativo, la fuerza impelente más intensa, la eterna verdad, la conciencia de la unidad, lo positivo en sí. Por esta razón, en el abanico de las treinta y ocho flores de Bach, Holly ocupa un lugar preponderante.
Donde esta intensa fuerza del amor no puede ser aceptada, se trueca en lo contrario: la negación, la separación y el odio. Esta es la causa más profunda de los demás sucesos negativos de la vida. Cada uno de los que vivimos en esta Tierra, tarde o temprano, consciente o inconscientemente, tiene que entenderse en su vida con este tema central de la Humanidad.
Cuando se vive en la corriente del amor o “en estado de gracia”, el corazón está abierto y todos los hombres son nuestros hermanos, pero si el amor nos abandona, nuestro corazón se endurece y nos sentimos dolorosamente aislados, incomunicados, separados de todo. Sin embargo, como el anhelo de este amor está programado dentro de cada una de nuestras células, en estado Holly negativo luchamos interiormente por nuestra existencia. Cuando viene al mundo, todo ser quisiera dar amor y entregar amor. Si esto es negado, experimenta una inconcebible decepción y comienza a deslindarse y a defenderse de aquello en lo que imagina no tener participación.
Debido a que el amor es una fuerza tan poderosa, su lado oscuro se manifiesta también en poderosos e intensos sentimientos, celos, venganza, odio, envidia, rivalidad, gozo con el mal ajeno. Estos sentimientos, de los que ningún individuo de esta Tierra puede estar totalmente exento, se manifiestan notoriamente o bien transcurren más en el plano inconsciente, entonces pueden convertirse en el fundamento emocional sobre el que se originan enfermedades.
Por esta razón es tan importante que se conozcan y reconozcan por parte de cada individuo estos sentimientos humanos en extremo negativos, pues son el espejo de las necesidades más íntimas. Indican lo que no se tiene pero agradaría tener y de este modo brindan la posibilidad de esforzarse convenientemente por hacerlo.
La envidia, por ejemplo, es un sentimiento que no sólo está muy difundido en la vida económica, sino también en los llamados círculos espirituales. Se mira de soslayo para ver en qué medida ha avanzado otro, si ya se encuentra en un “peldaño más elevado”. Como en los seres humanos el anhelo de amor y desenvolvimiento por el camino espiritual es particularmente grande, estos sentimientos negativos deben manifestarse por fuerza hasta que no se dé realmente el paso para superar la separación del alma y entrar en la unidad y hayamos encontrado a Dios en nuestro propio corazón.
Los celos enfermizos, que buscan con afán lo que causa sufrimiento, son el ejemplo clásico y trágico del ansia de amor en condiciones negativas. Un hombre interiormente aislado y apartado del amor, pero que de pronto ha encontrado a otro ser hacia el cual poder dirigir su ansia de amor, se ve constantemente en peligro de volver a perder este amor, que por no conocerlo él mismo, tampoco lo puede irradiar. En lugar de eso esparce su inseguridad y sus miedos y, por ello, encuentra sufrimiento.
No sólo los celosos deben reconocer que ningún amor que vea su meta únicamente en otro ser humano, puede hallar a la larga su realización, si al mismo tiempo y en primera línea no busca su meta en la unidad divina
(cada uno como la conciba, el Todo, el Universo, la Mente, Dios)
En lo que se refiere al fenómeno de los celos, debiéramos distinguir entre la forma patológica y la forma normal, por así decir. La última siempre existirá transitoriamente en una relación amorosa, pues donde son activados los supremos sentimientos del amor, se activa al mismo tiempo el polo opuesto para dar el impulso a un nuevo paso evolutivo.
Deberíamos proceder con perspicacia cuando alguien dice que es tan tolerante que no conoce los celos. La probabilidad de que se trate de un hombre clarividente y sabio es muy exigua. Más bien cabría sospechar que este individuo es tan apático interiormente que ya no tiene posibilidad de sufrir y de amar.
…
Edward Bach dice:”Holly nos protege de todo lo que no es amor. Holly abre el corazón y nos comunica con el amor divino” Empezamos a intuir de dónde venimos, a dónde pertenecemos y que todos somos hijos del amor. Holly nos ayuda a vivir siempre en el estado del amor, en ese estado de la belleza, la solemnidad y la realización en el que somos un corazón y un alma con el mundo y podemos conocer y reconocer todo en el orden natural dado por Dios, en el que podemos alegrarnos sin envidia del éxito del otro, aunque nosotros mismos estemos en dificultades.
…
En una cultura o país donde durante generaciones fue de buen tono no hablar de los propios sentimientos, casi no podemos esperar otra cosa.
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Este sistema se compone de treinta y ocho flores más el Remedio Rescate. Entre todas las combinaciones posibles, consiguen restablecer la armonía que poco a poco hemos ido perdiendo. Una opción más entre las muchas que hay.
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Este es mi mensaje para esta Navidad: Todos nosotros podemos hacer un mundo mejor puesto que somos seres llenos de amor, y por ello, Amar Siempre Gana.

Qué la armonía forme parte de cada uno de nuestros momentos de vida.

Paz en la mente y en el corazón.

¡Feliz Navidad y Próspero Año Nuevo!
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