miércoles, 10 de febrero de 2010

Una grieta en la pared

Creada originalmente por Haideé Iglesias

Una grieta en la pared encontrada
Cual llama u hoja prendida, prendada
Forma original que me habla

Un sonido roto
Un ala silenciosa
Una mirada encontrada
Un beso regalado
La brisa de tus abrazos
Un jardín de rumores sosegados
Y el aire engalanado
Del susurro aquietado
Para ese amor que grana
Forjando en los senos
Dulces mieles doradas

Aquí escribo para no olvidar que
No es más fuerte quien hace
Sino quien deja de hacer

Las grietas que se abrieron entonces
Ya son pasto del pasado
Ahora esas grietas han encontrado
Una pared delgada y sutil
La cual construye día a día
El bálsamo que cerrará
Cada grieta dejada,
Cada dibujo desdibujado

No es más fuerte quien hace
Sino quien sabe dejar de hacer

martes, 9 de febrero de 2010

Las cosas también tienen vida. (Introducción) III y último


Cuando uno empieza a pensar en esas cosas, se hace cada vez más evidente que todos los aspectos de nuestra relación con los dispositivos y las máquinas están rodeados por una suerte de chamanimo suburbial, que en algún momento fue creado con la expresa intención de dar vida a lo inanimado. Los relojes tienen manos y los robots poseen brazos y piernas, cuando habría sido mucho más apropiado que tuviesen ruedas. Tal antropomorfismo es fácil de entender, puesto proporciona a las máquinas que actualmente rigen gran parte de nuestra vida un tranquilizador aspecto humano. Pero es el momento de valorar hasta que dónde ha llegado esta costumbre de delegar poder y responsabilidad; es el momento de retroceder miles de años y analizar cuándo empezó esto y de mirar también una o dos décadas hacia el futuro y ver hacia donde parece dirigirse todo.
"Vida secreta de las cosas inanimadas" trata sobre estas cuestiones. Es un vistazo a la transformación que hemos producido en el mundo de los objetos, el primer borrador de una historia natural de los fenómenos inusitados, e incluye unas palabras de advertencia sobre las consecuencias que acarrea convertirse en aprendices de brujo.
Se trata de un libro atípico, especialmente para mí, porque carece de la matríz biológica y de la descripción de descubrimientos que abundan en anteriores obras mías. Esta vez el carácter de la investigación me ha obligado a depender en gran medida de fuentes que, como el News of the World y el National Enquirer, no se caracterizan por ser publicaciones académicas, pero la información que necesito aún no se encuentra en otros medios. Pocos científicos y ninguna revista erudita tratan el problema en serio. Yo sí, y para hacerlo he tenido que utilizar un recurso que, en el mejor de los casos, es casuístico y me deja con cierta sensación incómoda de estar desprotegido, propenso a caer en ocasionales lapsos de ligereza.
Sin embargo, pese a las inevitables carencias de esta base de datos, sigo impresionado por su coherencia y estoy convencido de la necesidad de divulgar esta historia. Hay grandes lagunas en la narración y relaciones que aún no se pueden establecer, pero creo que sin darnos cuenta nos hemos transformado en "comadronas" de la materia, que participamos en el nacimiento de una nueva forma de vida con necesidades e ideas propias, lo cual constituye una posibilidad que todos deberíamos tomar en serio.

lunes, 8 de febrero de 2010

Las cosas también tienen vida. (Introducción) II


En ocasiones, las máquinas tienen problemas de funcionamiento más significativos. Por ejemplo, en una ocasión una linea telefónica se convirtió virtualmente en un salvavidas. En 1985, Kris Tamer marcó mal un número o bien su llamada se cruzó y en vez de comunicarse con un colega suyo oyó en el otro extremo de la línea una voz jadeante. El "número equivocado" correspondía a Alex Johnson, quien en ese momento tenía graves problemas cardíacos. Era tal la gravedad que no tenía fuerzas para llamar y pedir ayuda, pero alcanzó a decir donde vivía. Esa mala conexión le salvó la vida, pues Kris supo exactamente qué hacer, ya que era directora de un centro para convalescientes de Detroit. (Cronicle (Houston), 2 de noviembre de 1985)
De vez en cuando la coincidencia conspira y hace que objetos de uso diario den al impresión de tener voluntad propia. En el verano de 1979, Robert Johansen, un joven de quince años, estuvo pescando infructuosamente en un fiordo de Oslo. Una noche sacó un bacalao de cinco kilos y con gran orgullo se lo regaló a su abuela Thelka Aanen, que vivía en Larkollen. Thelka se puso a limpiar el pescado para la cena y cuando le abrió el vientre de su interior cayó un valioso anillo de brillantes, reliquia de familia que ella misma había perdido tres años antes, un día en que nadaba en el fiordo. (Evening News (Harrisburg), 19 de julio de 1979)
Este tipo de cosas me desconcierta, pero no como hecho aislado, sino como parte de un espectro de sucesos insólitos que, tomados en conjunto, adoptan un aspecto fascinante y perturbador.
Soy biólogo de profesión y como tal me enseñaron a diferenciar un ser vivo de algo que no lo es, a reconocer los parámetros de la vida y a estudiar los sistemas orgánicos de cierta complejidad. El resto pertenecía a la geología o a la química inorgánica, materias que se enseñaban en otros edificios y que en general no eran de mi incumbencia. Sin embargo, ya no es posible limitarse de ese modo, pues al parecer no es tan fácil definir lo que es vida. Las "cosas", incluso las que son completamente inorgánicas e innegablemente inanimadas, a veces se comportan como si estuvieran vivas y, en ocasiones, como si tuvieran sentimientos.
Estos temas me inquietan desde hace mucho tiempo, inquietud que se manifiesta en esta obra. Las palabras que escribo son mías, pero fueron iluminadas pro pensamientos de otro origen: la extraordinaria mente de Ion Will, a quien conocí en un bar de Madagascar. Es una de esas raras personas capaces de mirar las cosas de siempre con ojos nuevos, sorprendentes. Pronto descubrí que salir a caminar con él era como entrar en un universo paralelo, en el cual las palabras y los objetos se contagian de vitalidad y nada de da por seguro. Ion da vida a las cosas.
Entre él y yo tramamos la forma de este libro, que puede tener sus momentos fantásticos, pero que en el fondo es una aventura filosófica, de ideas centradas en la hipótesis de que el hombre consiguió, en gran medida inconscientemente, crear una nueva forma de vida rival. Los órganos de estas nuevas criaturas son inorgánicos, pero en todos los demás aspectos parecen satisfacer las necesidades habituales de los seres vivos. Son de uso fácil y fueron creados con esa intención. El resultado es que ahora consideramos "personales" a nuestros ordenadores y les ponemos nombres como Pet (mascota) Y Appel (manzana). También los hacemos nacer en generaciones y los alimentamos con el equivalente eléctrico del oxígeno, equivalente que es "generado" en centrales hidráulicas. Y después nos asombra que esos extraños instrumentos tengan el "periodo" y tiendan a portarse mal en época de luna llena o cuando el sol está desusadamente activo.
Hasta cierto punto fomentamos esta interdependencia, sembramos la semilla de la evolución inorgánica al realizar inconscientemente ritos arcaicos que hacen posible oro tipo de percepción. El gran rabino de Israel bendice los tanques antes de enviarlos a luchar al Sinaí. El dragón de papel de Hong Kong yace inerte hasta que, en un acto simbólico de creación, llega un miembro de la familia real y le pinta los ojos. El barco que se encuentra en el astillero del río Clyde no es más que un casco de acero hasta que cobra vida en el momento en que lo bota una "comadrona" ataviada con sombrero de flores. No es casualidad que dicho bautismo se haga con vino, que simboliza la sangre o el semen.

domingo, 7 de febrero de 2010

Las cosas también tienen vida. (Introducción) I


Rompimos el molde. Aplicando el pensamiento, el ser humano encontró formas de aumentar en mucho más de un codo su estatura.
Comenzó a hacerlo sencillamente, quizá con un cristal o una herramienta, pero poco después su cuerpo se embelleció con una asombrosa variedad de nuevos apéndices, órganos cuyo fin era satisfacer todas las necesidades.

"Observemos -dijo Samuel Butler- a un hombre que cava con una pala. Su antrebrazo derecho se prolonga artificialmente y su mano se convierte en una articulación. El mango de la pala se asemeja a la cabeza con la que se remata el húmero, la vara de madera es el hueso adicional y la placa rectangular de hierro es la nueva mano que le permite remover la tierra como nunca pudo hacerlo con la suya." (Butler, S., Erewhon. Londres, 1872)

Nos liberamos de las limitaciones de la evolución orgánica y pasamos a participar, en cambio, de una evolución distinta, mucho más rápida. Reforzamos los dientes y las garras con cuchillos y misiles, la piel y el pelo con órganos tan extraordinarios como abrigos y paraguas. Hoy en día modificamos nuestra forma y apariencia para no desentonar con la edad y la estación; también aumentamos la percepción de los sentidos a nuestro gusto. Hemos inventado extremidades que, en vez de ir adheridas a nuestro cuerpo, andan sueltas por el mundo. No es nuestra aptitud natural la que nos limita el acceso a ellas, sino circunstancias accidentales como el nacimiento y la riqueza. En consecuencia, poseemos una extraordinaria capacidad de "remover tierra", pero lamentablemente estamos perdiendo el control sobre tal facultad.
Hace más de un siglo, Butler advirtió del peligro. "El hombre -señaló- es un mamífero maquinando", tan dependiente de sus herramientas, que "si algún día se destruyeran todas las máquinas, nos extinguiríamos en unas pocas semanas." Según él, la propia alma es algo manufacturado y está sometida a mecanismos "capaces de servir a quienes las manejan"
Por el momento, las maquinas sirven sólo si se las sirve a ellas y a estas alturas hay más seres humanos cuidando de las máquinas que ocupándose de sus congéneres.
Estamos perdiendo el control sobre las cosas, a veces con consecuencias graves, WIMEX es la sigla de Worldwide Military Comand and Control System (Sistema Mundial de Control y Mando Militares), una imponente red informática que abarca veintisiete centros de la Comandancia de Defensa norteamericana. El Pentágono se ocupa directamente del WIMEX, pero el sistema es tan complejo que su verdadero potencial no sólo se desconoce, sino que probablemente es imposible conocerlo. En varias ocasiones, sin que nadie lo pueda explicar, WIMEX decidió que Estados Unidos estaba siendo atacado por la Unión Soviética. Fue así como el 3 de junio de 1980 declaró la guerra unilateralmente, envió la señal de alerta a los centros de mando nuclear norteamericano diseminado por el mundo entero y puso en marcha los mecanismos con que podrían haberse iniciado acciones de represalia, hasta que fue detenido por mentes y manos humanas cuando ya habían pasado 3 minutos y 14 segundos de una cuenta que quizá habría desembocado en una tercera guerra mundial. (Sunday Times, 22 de junio de 1980)
No sólo los ordenadores dan la impresión de tener mente propia. En 1978 la inspectora de tráfico Patty Jackson notó que un coche estacionado en Bloomington (Illinois) Tenia las luces delanteras encendidas y se acercó con la intención de apagarlas. Pero no bien tocó la puerta, el coche dio un brinco, saltó sobre una pequeña barrera de cemento y se lanzó como bólido por el aparcamiento. En ese momento las llaves del arranque se hallaban en la mano de Sandra Zikus, que acababa de salir de una peluquería cercana y pudo observar azorada a su Chevrolet que, sin conductor, se precipitaba por la calle principal de Bloomingdale. Durante los minutos siguientes el coche zizgzagueó en medio del tráfico y volvió a entrar tres veces en el aparcamiento perseguido por un coche de la policía, hasta que dio la impresión de suicidarse estrellándose contra un camión que avanzaba en sentido contrario. "Parecía una escena de esas películas diabólicas" comentó el policía Edwin O'Farrell, quien finalmente tuvo que desconectar la batería para poder apagar las luces. Su acompañante, el oficial Michael Leary, confiscó el vehículo y, como precaución, le advirtió al conductor de la grúa de remolque que lo cuidara bien, no se le fuera a escapar antes de que llegaran los detectives. Jamás se pudo determinar la causa de estos extraños hechos. (Sun Times (Chicago), 7 de febrero de 1978)

(Texto extraído del libro "Las cosas también tienen vida" Lyall Watson. Ed. Tikal. Biólogo sudafricano)

jueves, 4 de febrero de 2010

A cada uno su respuesta


Un joven discípulo solicitó el Maestro Iluminado el asistir en silencio a las entrevistas que éste concedía a aquellas personas que iban en busca de su consejo y sabiduría.
La primera visita fue la de un hombre que preguntó:
-Maestro, ¿Dios existe?
-Si -fue la lacónica respuesta.
En la segunda visita una mujer también preguntó:
-Señor, ¿Dios existe?
-No -fue en esta oportunidad la contestación.
En una tercera visita un joven interrogó:
-Iluminado, ¿Dios existe?
En esta ocasión, el Maestro guardó silencio, el joven se marchó sin una respuesta a la pregunta formulada.
El discípulo, desconcertado por la extraña conducta del Maestro, no pudo por menos que preguntarle:
-Señor, ¿cómo puede ser que a tres preguntas iguales hayas respondido de modo diferente cada vez?
-Lo primero que has de saber -contestó el Maestro- es que cada contestación va dirigida a la persona que pregunta y por tanto no es para ti ni tampoco para nadie más. Y lo segundo es que he respondido de acuerdo con la realidad y no con las apariencias. En el primer caso se trataba de un hombre en el que mora la divinidad pero ahora vive un momento de oscuridad y duda, por eso he querido apoyarlo. El segundo caso se trataba de una mujer beata apegada a las formas externas de la religión que ha descuidado a su familia por atender el templo, y por ese motivo es bueno que aprenda a encontrar a Dios entre los suyos. El tercer caso se trataba sólo de alguien que ha venido a verme por curiosidad y sencillamente ha improvisado esa pregunta como podía haber hecho cualquier otra.

La realidad no es lo que se percibe a simple vista. Cada persona vive la suya y ésta es la que irradia a su alrededor. Como buen Maestro Iluminado supo ver más allá de las apariencias dándole una excelente lección al discípulo. Sobre ella, el discípulo, tendría mucho que aprender y aplicarse para poder alcanzar la comprensión última de las cosas.

martes, 2 de febrero de 2010

Los límites y las trampas

Imagen de autor desconocido para mi

No debes poner límites a lo ilimitado, pero si dices que lo ilimitado no puede ser aprehendido, te habrás atrapado a ti mismo.
Quienes comprenden la vacuidad no se forjan imágenes de ella.
Si utilizas las palabras para designar y describir la mente, jamás llegarás a comprenderla, pero si no utilizas las palabras tampoco la comprenderás.

Maestro Foyan

lunes, 1 de febrero de 2010

El pequeño pez


Creada originalmente por Haideé Iglesias

"Usted perdone", le dijo un pez a otro.
"es usted más viejo y con más experiencia que yo
y probablemente podrá usted ayudarme. Dígame:
¿donde puedo encontrar eso que llaman Océano?
He estado buscándolo por todas partes,
Sin resultado".

"El Océano" respondió el viejo pez, "es donde estás ahora mismo".

"¿Esto?. Pero si esto no es más que agua...
Lo que busco es el Océano", replicó el joven pez, totalmente decepcionado, mientras se marchaba nadando a buscar en otra parte.

-------------

Se acercó al Maestro, vestido con ropas sannyasi y hablando el lenguaje de los sannyasi: "He estado buscando a Dios durante años. Dejé mi casa y he estado buscándolo en todas partes donde Él mismo ha dicho que está: en lo alto de los montes, en el centro del desierto, en el silencio de los monasterios y en las chozas de los pobres".

"¿Y lo has encontrado?", le preguntó el Maestro.

"Sería un engreído y un mentiroso si dijera que sí. No; no lo he encontrado. ¿Y tu?".

¿Qué podría responderle el Maestro? El sol poniente inundaba la habitación con sus rayos de luz dorada. Centenares de gorriones gorjeaban felices en el exterior, sobre las ramas de una higuera cercana. A lo lejos podía oírse el peculiar ruido de la carretera. Un mosquito zumbaba cerca de su oreja, avisando que estaba a punto de atacar... Y sin embargo, aquel buen hombre podía sentarse allí y decir que no había encontrado a Dios, que aún estaba buscándolo.

Al cabo de un rato, decepcionado, salió de la habitación del Maestro y se fue a buscar a otra parte.

* * *
Deja de buscar pequeño pez. No hay nada que buscar. Sólo tienes que estar tranquilo, abrir tus ojos y mirar. No puedes dejar de verlo.

Anthony de Merlo

viernes, 29 de enero de 2010

El tonto y el gurú


Era un gurú de "masas", de esos que afirman su ego desmedido, coleccionan cientos de devotos ciegos y acumulan riquezas. Su fama era tal que decidió hacer un recorrido por varias ciudades de la India, con la idea de trasladarse en palanquín dando charlas espirituales y bendiciones a cambio de donaciones. Pero como los seguidores eran numerosos, los organizadores del viaje le calcularon que éste duraría doce años; sólo así sería posible llegar hasta el último rincón del país.
Comenzó la gira triunfal. Ni que decir tiene que el gurú estaba henchido de vanidad. Un día, mientras se desplazaban de una a otra localidad, el cortejo fue detenido en el camino por un hombre empeñado en hablar con el gurú. Era tonto, mas no parecía fácil hacerle renunciar a sus propósitos. El gurú, de muy mala gana, pero a fin de que el hombre se apartase y el cortejo pudiera proseguir la marcha, accedió a hablar con aquel simple.
-No tengo tiempo que perder, así que dime en seguida lo que quieres -le dijo con todo el tono despótico de que fue capaz.
-Quiero ir al cielo -dijo el tonto, sin dudarlo un instante-.
Como tú eres un maestro muy importante, debes reconocer el camino hacia él y deseo que me lo indiques cuanto antes.
El gurú soltó una gran carcajada.
-O sea, que quieres ir el cielo -dijo-. Pues es bien fácil. Permanece aquí todo el tiempo con las manos levantadas hacia el cielo y lograrás llegar.
Con un gesto despectivo, el gurú volvió al palanquín y siguieron la marcha. Durante doce años recorrió aldeas, pueblos y ciudades. Fue aclamado, devotamente escuchado y bien retribuido en donaciones. En el camino de vuelta a su ciudad, se encontró con el tonto que dejara allí doce años atrás. Su aspecto era calamitoso, muy delgado, pero en su mirada había fe. Entonces, y ante la estupefacción del gurú y de todos los asistentes, comenzó a ascender lentamente hacia el cielo. En la densa bruma de codicia de la mente del gurú brotó en ese instante un rayo de luz y comprensión. Se abalanzó sobre el tonto y se asió desesperadamente de su tobillo. No podía perder esa oportunidad. El tonto y el gurú iban directos al cielo. El maestro sintió mucho agradecimiento hacia el tonto ya que había hecho posible su única oportunidad para ir al paraíso. A medida que ascendía, el otrora desdeñoso gurú fue tomando conciencia de sus errores, de su ambición desmedida e injustificable, de su afán de poder desproporcionado y de su innoble codicia. Entró en el cielo detrás del tonto, sencillamente porque el había sido infinitamente más tonto.

Esta vez el gurú encontró al único ser que estaba realmente lleno de convicción y fe. Todos los demás devotos tan sólo buscaban que les sacaran del aburrimiento. No es el gurú, este tipo de gurú, el que te abrirá las puertas del entendimiento, sino tu propia sabiduría interior; esta será la que te hará comprender más allá de vanas palabras, por muy bien manejadas que estén por aquellos que necesitan del poder y la fama para engrandecer su disminuida autoestima. Por esto lo único que conseguirán serán acólitos ciegos, mucho más que él, ya que de otro modo es imposible dejarse arrastrar por tales gurús.
Espero que aquellos que se han erigido en gurús, y también aquellos que les han prestado su apoyo desde puestos de poder (así es como consideran ellos sus cátedras universitarias), despierten del espejismo en el que viven y dejen de causar más daño del que ya se está causando en el mundo.
Para luchar por la justicia, primero yo mismo he de saber lo que es, sintiéndola como parte de mi esencia, inseparable. No hay otro modo. Lo demás: lo demás es falsa bondad y pura parafernalia llena de ambición desmedida.
Estas personas acabarán cayendo del pedestal en el que se han subido, y les han subido. Me alegraría que pudieran ser como esté gurú, ya que al menos camino del cielo se dio cuenta de cuán equivocado vivió.

(Imagen de autor desconocido para mi)

jueves, 28 de enero de 2010

Infelicidad


Creada originalmente por Haideé Iglesias
Nota: esta imagen es tan sólo un instante en la vida de esta persona, no su continuidad de vida.

Un discípulo apesadumbrado y tras muchos años de búsqueda de la dicha y la paz, acudió a su maestro y le dijo:
-Maestro querido, los años van discurriendo como las aguas de los ríos. Ya no soy joven, los años han comenzado a pesarme y me doy cuenta de que no logro encontrar la felicidad. Algo está fallando en mí. Siento tristeza, amargura, a veces un poco de contento o satisfacción, pero la dicha suele ser el preludio de la desdicha.
El maestro asintió con la cabeza, sin perder su beatifica sonrisa.
-Así es la vida, es así. Quiero que prepares un tazón de leche dulce y se la des a probar a un enfermo grave. Después vuelve a mi lado y me cuentas lo que ha sucedido.
Así lo hizo el discípulo. Buscó a un enfermo muy grave y le dio a probar la leche dulce. El enfermo, sin embargo, al probar la leche, hizo una mueca de desgana y asco, diciendo con voz entrecortada:
-¡Qué amargo está esto!
El discípulo volvió junto a su maestro y le contó lo sucedido.
-¿Lo ves, querido discípulo? Cuando se está enfermo, hasta lo más dulce sabe amargo. Cuando la mente no ha hallado el perfecto equilibrio y la ecuanimidad, se extravía en placeres y pesadumbres, pero no encuentra ninguna dulzura en lo que experimenta, como ese hombre enfermo sólo sentía sabor amargo en la bebida dulce que tú le ofreciste.

La felicidad no es una experiencia, sino un estado. No está fuera, sino dentro de nosotros.

sábado, 23 de enero de 2010

Golpe de color


Creada originalmente por Haideé Iglesias

Una ausencia de color genera una ráfaga de luz en mi imaginación. De un aturdimiento, un deleite coloreado. En ese instante se me agolpan los acordes de una mañana en primera alba. ¿Por qué dejarla así? Golpe de color. Ya nada es igual...

Un afán por sobrevivir y todo muere en la boca de una ave, tanto como en la de un pez.
Nociones indelebles de vida que no prometen nada eterno, pero sirven para sentir que nadie es mejor que nadie, tan sólo se es.

miércoles, 20 de enero de 2010

El meollo de la obsesión: La necesidad de control


Independientemente de las causas psicobiológicas de la obsesión, la dínámica central de la personalidad obsesiva es la del control. Casi todos nosotros, incluidos los obsesivos, reconocemos que la vida es fundamentalmente imprevisible. Y por más que las personas concienzudas y bienintencionadas lo intenten, es imposible controlar todos los aspectos de la propia existencia; en una palabra, somos vulnerables. Sin embargo pese a todo lo que se pueda considerar en estos axiomas, en algún lugar, muy cerca del centro de su ser interior, lejos de su conocimiento consciente, los obsesivos tratan de negar esta realidad. Sus esfuerzos sutiles pero constantes para controlar todo en el mundo exterior (y en el interior) son un intento de alcanzar lo imposible: la garantía de la seguridad, el recorrido seguro a través de los riesgos e incertidumbres de la vida.
Dichos esfuerzos "funcionan" a veces durante años. Su escrupulosidad y minuciosidad les valen a los obsesivos la admiración de sus colegas en el trabajo. Siguen asiduamente leyes y normas, de modo que rara vez provocan la desaprobación de la autoridad. Casi nunca son rechazados en las relaciones amorosas, porque evitan las situaciones que puedan hacerlos vulnerables, o bien actúan preventivamente cuando intuyen que la relación va mal, asegurándose así ser ellos quienes pongan el punto final. Se adaptan a las normas de su grupo social, de modo que por lo general no se los ridiculiza ni aísla. Y las recompensas que reciben por ser responsables, coherentes, atentos a los detalles, cuidadosos y bien organizados son numerosas.
Pero tanta seguridad tiene un precio. Si bien pueden estar acostumbrados a ello, muchos obsesivos sufren. Porque no pueden demostrar sus sentimientos o confiar en alguien (ni tan siquiera en las personas más queridas), y el resultado es que viven con la escalofriantes sensación de encontrarse absolutamente solos.
Muchas personas obsesivas padecen la interminable agonía de tener que hacerlo todo bien, un imperativo innecesario que puede estropear la actividad más agradable. El miedo al desconcierto, a la confusión y a parecer menos perfectos suele impedirles emprender nuevas tareas.
Se debaten todos los días bajo el peso de un vasto reglamento interno, de un intenso sentimiento del deber., de la responsabilidad y la justicia. La mayoría de los obsesivos no disfrutan de la alegrías del momento; para ellos, el presente casi no existe. Aún en el tiempo libre, muchos no pueden relajarse totalmente, ni tan siquiera divertirse. De hecho, nunca "desconectan" del todo: las preocupaciones los acosan mientras van esforzadamente por la vida haciendo las cosas "bien" y esperando que la precaución, la diligencia y el sacrificio den sus frutos... algún día.
Muchas veces estas personas sufren amargar decepciones. Pienso en las palabras de una mujer de Kentucky, de ochenta y cinco años, Nadine Strair. Ella escribió lo que sigue:


SI VOLVIERA A VIVIR

La próxima vez me gustaría cometer más errores. Me relajaría. Sería más espontánea. No sería lo tonta que he sido. Me tomaría menos cosas en serio. Correría más riesgos. Escalaría más montañas y atravesaría a nado más ríos. Comería más helados y menos guisantes. Tal vez tendría más problemas reales, pero menos imaginarios. Así es, soy una de esas personas que viven sensata y saludablemente hora tras hora y día tras día. He pasado muy buenos momentos, desde luego, y si pudiera volver a empezar pasaría muchos más. En realidad, buscaría sólo buenos momentos. Tan sólo momentos, uno tras otro, en lugar de vivir siempre para dentro de unos años. He sido una de esas personas que nunca salen sin un termómetro, una bolsa de agua caliente, un impermeable y un paracaídas. Si tuviera que volver a empezar, viajaría por la vida con menos equipaje.


Nadie puede volver a vivir la parte de su existencia que ya pasó. Pero si alguien es un obsesivo, y sufre, puede cambiar su futuro y obtener más placer y realización personal.

domingo, 17 de enero de 2010

La obsesión por el perfeccionismo (La personalidad obsesiva)


"Cuando pretendemos practicar las virtudes hasta el extremo, aparecen los vicios... Critiquemos a la perfección misma". Pascal

Este libro trata de las personas que son demasiado perfectas como para que lo disfruten.
Usted las conoce, y quizá sea una de ellas. Si es así, tiene algo de que enorgullecerse Es usted una excelente persona: honesta, digna de confianza, trabajadora, responsable, exigente, ecuánime.
Pero para muchos esta perfección conlleva su lado oscuro. Los rasgos de carácter que les proporcionan éxito, respeto y confianza les causan también serios problemas. Estos individuos no son capaces de disfrutar de sus relaciones con los demás y con el mundo en general, y tampoco se sienten cómodos consigo mismos. Veamos quiénes:
  • La persona tan dedicada a alcanzar objetivos profesionales y personales que no puede abandonarse a una pocas horas de placer improvisado sin sentirse culpable o indisciplinada.
  • La persona tan preocupada por la elección correcta que tiene dificultades para tomar decisiones relativamente simples, generalmente vinculadas a algo agradable: comprar un equipo nuevo de sonido o decidir a dónde ir de vacaciones.
  • La persona tan melindrosa que su placer se arruina si no está todo "perfecto".
  • El "adicto a pensar", cuya mente aguda e hiperactiva lo lleva con frecuencia a hundirse en el pantano de la tristeza y la cavilación.
  • El perfeccionista, cuya necesidad de perfeccionar y pulir cualquier trabajo hace que siempre dedique más tiempo del necesario a cumplir tareas inclusive insignificantes.
  • La persona tan resuelta a encontrar al Principe Azul o la mujer de sus sueños que es incapaz de establecer una relación duradera cualquiera.
  • La persona tan acostumbrada a trabajar largas jornadas que no puede parar, aun cuando se enfrente con la evidencia de que el exceso de trabajo está destruyendo su salud y sus relaciones familiares.
  • El irresoluto, que critica su supuesta "pereza", sin darse cuenta de que la verdadera razón de que sea incapaz de acometer una tarea es que su necesidad de llevarla a cabo de manera impecable la hace parecer inmensa.
Estos son sólo algunos ejemplos del comportamiento habitual en personas que tienen el tipo de personalidad que los psiquiatras llaman obsesiva. Este término -y otro afín, compulsivo- se ha introducido en nuestro lenguaje cotidiano de una manera sorprendente. Fulano está "obsesionado" con el futbol, Zutano es un consumidor "compulsivo". Por otra parte, se han publicado libros y artículos que han llevado a conocimiento del publico profano la existencia del trastorno obsesivo-compulsivo, la enfermedad que induce a conductas tales como lavarse demasiado a menudo las manos, controlar que se cumplan ciertas rutinas constantemente o desplegar rituales paralizantes.
Sin embargo, cuando uso es término obsesivo me refiero a lago bastante diferente: a un tipo de personalidad y no a un comportamiento aislado o a un trastorno clínico.
Si existe una cualidad que caracteriza a la gente obsesiva es una necesidad poderosa e inconsciente de sentir que mantienen el control sobre si mismos, de los otros y de los peligros de la existencia. Una de las principales manifestaciones de esta necesidad es el perfeccionismo. Existe una familia de rasgos de personalidad que se asienta sobre estas dos necesidades: llevar el control y ser "perfecto". Estos rasgo incluyen:
  • miedo a cometer errores
  • miedo a tomar una decisión o a hacer una elección equivocada
  • gran devoción por el trabajo
  • necesidad de orden y de una rutina firmemente establecida
  • frugalidad
  • necesidad de conocer y respetar las normas
  • circunspección emocional
  • tendencia a la obstinación y a discrepar de los demás
  • exagerada resistencia a ser presionado o controlado por otro
  • inclinación a preocuparse, cavilar o dudar
  • necesidad de estar por encima de todo crítica: moral, profesional o personal
  • cautela
  • una presión interna constante para utilizar cada minuto productivamente
Según mi definición alguien es obsesivo si su personalidad está predominantemente coloreada por rasgos de esta secuencia, en cualquier combinación. Muchas de estas características, cuando no son exageradas o rígidas, son cualidades valiosas. Es difícil imaginar que alguien pueda triunfar en nuestra sociedad si no posee cierto grado de autodisciplina, o la decisión de trabajar duro y el deseo de no cometer errores. Pero algunas personas son "demasiado perfectas" y los rasgos obsesivos de su personalidad son tan dominantes e inflexibles que estas virtudes les causan, en realidad, numerosos problemas.
En mi práctica profesional veo todos los días nuevos ejemplos de esta angustia autogenerada. Y advierto, al mismo tiempo, hasta qué punto la mayoría de los obsesivos no se dan cuenta de que están perjudicándose a si mismos; prefieren ignorar cualquier indicio de que sus pesadas cargas podrían ser autoimpuestas. Casi todos crecieron creyendo que nunca se es suficientemente cuidadoso, trabajador, prolijo, previsor y organizado. De hecho, están orgullosos de las características que más les perjudican. ( Y añado de mi cosecha: que muchos de los que les rodean se encargan de fomentar dichas características perniciosas porque está bien visto el éxito, de hecho es lo que se admira, no a la persona en si misma con todos sus aciertos y errores. haideé)
Rara vez mis pacientes obsesivos acuden a verme porque les parezca que algo no anda bien en su forma de vida. Por el contrario, buscan ayuda a causa de algún síntoma específico o molestia exterior. Tal vez se enfrentan a una incomprensible ansiedad o a una afección gastrointestinal. En otros casos, les resulta difícil afrontar algún evento perturbador, por ejemplo un grave revés laboral que atenta contra su imperiosa necesidad de logros constantes en ese mismo camino. Muchas veces es la esposa o el esposo quien insiste en que el paciente busque ayuda terapéutica.
En el caso de Laura, la acercó a mi una sugerencia de su médico clínico. Desde hacía unos meses esta paciente sentía que perdía paulatinamente la alegría y las ganas de vivir. Tenía transtornos del sueño y del apetito. Al principio, Laura se sintió desconcertada ante su incapacidad para liberarse de sus sentimientos de tristeza. Pero era una persona inteligente, sensible y lúcida, y muy pronto pudo identificar varios factores que alimentaban su melancolía.
La base del amor propio de Laura estaba indisolublemente ligada a su propia imagen como una triunfadora que invariablemente deslumbraba a los demás con sus logros. Hija ejemplar de profesionales destacados, se había graduado con honores en una prestigiosa universidad estadounidense; después había iniciado una carrera laboral en el ámbito comercial y había llegado rápidamente al cargo de directora de marketing de una gran tienda de ropas. Casi inmediatamente, la gente de la compañía empezó a pensar en ella como en alguien capaz de afrontar cualquier problema y realizar cualquier tarea, por difíciles que fuesen.
Pero en su vida privada las cosas no marchaban tan bien. No era feliz en su matrimonio y le rondaba la idea del divorcio, pero se sentía terriblemente frustrada por su incapacidad para tomar una decisión definitiva. Además, se sentía exhausta. Como le resultaba difícil delegar tareas y pensaba que debía hacerlo todo por si misma, soportaba una excesiva carga de trabajo, que se volvía aún más onerosa por los objetivos desmesurado con que enfocaba su desempeño laboral. Una vez Laura me contó que sólo se sentía verdaderamente relajada en la oscuridad de un cine. Aún en su hogar trabajaba constantemente y se sentía culpable por abandonar alguna tarea.
Era evidente que tenía razones para preocuparse, pero ni siquiera se daba cuenta de que podría haber reaccionado de otro modo. Requirió tiempo y esfuerzo que se percatara de hasta que punto contribuía ella misma a provocar su desdicha. Cuando la conocí mejor me enteré de que su padre había sido un hombre severo y crítico, con ideas inflexibles sobre la manera "correcta" de hacer todas las cosas. Así, Laura había crecido creyendo que para ganarse el amor de su padre (tarea casi imposible, ya que él era tan difícil de complacer) ella tenía que actuar impecablemente. Ya adulta, siguió detestando la idea de cometer errores, algo que perjudicó enormemente su vida laboral y matrimonial. Al mismo tiempo, su impecable autocrítica neutralizaba su capacidad para disfrutar de sus innegables logros.

(Texto extraído del libro "La obsesión por el perfeccionismo" de Allan E. Mallinger y Jeannette De Wyze. Soluciones para acabar con el control excesivo)

sábado, 16 de enero de 2010

El arte de la paz III


No consideres el mundo con temor y aversión. Enfréntate valientemente a lo que los dioses tengan a bien ofrecerte.

Morihei Ueshiba

jueves, 14 de enero de 2010

La muñeca de sal

Creada originalmente por Haideé Iglesias

Una muñeca de sal recorrió miles
de kilómetros de tierra firme,
hasta que, por fin, llegó al mar.

Quedó fascinada por aquella móvil
y extraña masa, totalmente distinta
de cuanto había visto hasta entonces.

"¡Quién eres tú?" , le preguntó
al mar la muñeca de sal.

Con una sonrisa, el mar le respondió:
"Entra y compruébalo tú misma".

Y la muñeca se metió en el mar.
Pero, a medida que se adentraba en
él, iba disolviéndose, hasta que
apenas quedó nada de ella.
Antes de que se disolviera exclamó
asombrada: "¡Ahora ya sé quién soy!".

Anthony de Mello

Cada vez que contemplo el mar, me disuelvo. Cada vez que me adentro en el mar, me complementa. Cada vez que huelo y siento el mar, vivo.

martes, 12 de enero de 2010

Desnudo árbol


Creada originalmente por Haideé Iglesias

Desnudo árbol,
quieto sosiego mudo.
Invierno audaz.

lunes, 11 de enero de 2010

Mira tu sombra

Creada originalmente por Haideé Iglesias

Mira tu sombra: todo lo que dejas de ver en ella es todo aquello que no quieres, o no sabes, reconocer de ti mismo.

sábado, 9 de enero de 2010

En la farsa


En la farsa vive quien escribe dulces y sentidas palabras (aparentemente llenas de comprensión) pero no saca ni una triste moneda para dársela a un ser que la solicita. La actitud más habitual entre los que viven en un estado de farsa constante. Debo dar gracias por haber podido comprobar esto que digo con mis propios ojos. Se presentaron varias ocasiones para que la farsa no fuera tal, más no hubo ni un sólo gesto, ni tan siquiera no verbal a favor de donar una moneda en cada una de las veces en las que la acompañé.
Viven en la farsa quienes se venden a través de palabras, bonitas, pero vacías de contenido. Antes me entristecía, ahora tan sólo comprendo, Comprendo que esta persona se considera alguien no válido: si me dedico con empeño a demostrarles a los demás lo majo y buena persona que soy, igual así me convierto en lo que predico. En algunos casos ha dado resultado, si. En otros tan sólo ha sido para sembrar dolor en el corazón de esa misma persona, ya que la conciencia no calla, de un modo u otro siempre habla y se hará escuchar de un modo u otro, por enfermedad o por accidentes -leves o graves- o por circunstancias adversas que nos recordarán que hemos estado mintiendo para parecer lo que no somos, mejor dicho, para aparentar ser algo que ya somos pero que aún no hemos descubierto. Como siempre, paradójico.
Insisto: no es lo mismo parecer ser una buena persona a, ser una buena persona.
La farsa perjudica tanto al que la ejerce como al que la recibe, confiando ambos en que la verdad es una mentira; uno que se dedica con empeño a hacer creer; otro que cree de buena fe y que estará alimentando, sin saberlo, una mentira.
Vivir en la farsa te llena de miedo, miedo que se alimentará de si mismo, porque para no ser descubierto seguirá inventado otras mentiras... una ciclo sin fin... para darse de bruces con que ha alimentado a una bestia que le encarcela día tras día, noche tras noche, sin tregua... Se ha convertido en su propio torturador... Ha construido su propia cárcel y su propio verdugo: él mismo, y ningún otro, lo es.

jueves, 7 de enero de 2010

El hogar de todos

Creada originalmente por Haideé Iglesias

Qué agradable resulta estar cobijado ante el frío que se sabe hace en el exterior. En ese mismo momento pensé en aquellos que no disponen de esta sensación ni del lugar que los cobije, entonces el amor inundó mi ser, ofreciendo esa energía al universo, expandiéndola para que todo cambie, para que todo se ilumine de amor y podamos comenzar a transformar nuestro alrededor. Mas sin la compresión intima de uno mismo, no hay amor. Sintamos que somos parte de este universo, sintamos que podemos ser mejores y sintamos que podemos transformarnos a nosotros mismos para poder así comprender a todos los demás sin el menor asomo de duda, con la intención llena de compasión. No hay mejor logro que éste en la vida. Y si todos no llegan a la iluminación, al menos si se conseguirá transmitir esa energía llena de potencialidad a cada acto cotidiano de la vida. Este es el hogar: el universo, este planeta y nuestro corazón al unísono haciendo que la armonía reine en nuestro interior; este es el hogar lleno de calidez que cambiará el mundo. Somos átomos, inseparables unos de otros, funcionando en perfecta vibración. Ya no habrá buenos y malos, sino átomos. Tú y ellos, lo mismo. Entonces dejarás de juzgar. Entonces entenderás la no dualidad...
Llena tu corazón de amor, así podrás ser honesto sin ningún temor. Te convertirás en el hogar de todos, sabiendo siempre que es lo que has de hacer, ya que la energía universal será la que te guiará.

martes, 5 de enero de 2010

La sopa de la sopa del ganso


En cierta ocasión un pariente visitó a Nasruddin, llevándole como regalo un ganso. Nasruddin cocinó el ave y la compartió con su huésped.
No tardaron en acudir un huésped tras otro, alegando todos ser amigos de un amigo "del hombre que te ha traído el ganso". Naturalmente, todos ellos esperaban obtener comida y alojamiento a cuenta del famoso ganso.
Finalmente, Nasruddin no pudo aguantar más. Un día llegó un extraño a su casa y dijo: "Yo soy un amigo del amigo del pariente tuyo que te regaló un ganso!". Y, al igual que los demás, se sentó a la mesa, esperando que le dieran de comer.
Nasruddin puso ante él una escudilla llena de agua caliente. -¿Qué es esto? -preguntó el otro.
-"Esto", -dijo Nasruddin-, "es la sopa de la sopa del ganso que me regaló mi amigo".

A veces se oye hablar de hombres que se han hecho discípulos de los discípulos de los discípulos de un hombre que ha tenido la experiencia de Dios.

Es absolutamente imposible enviar un beso a través de un mensajero.

Anthony de Mello.

sábado, 2 de enero de 2010

El mismo tipo de pago


Dos hombres se presentaron ante el juez de la localidad.
-Señoría -dijo el primero-. vengo a demandar a este individuo porque ha vendido toda la leña que ha cortado y no quiere darme mi parte.
-Si él ha cortado la leña, ¿qué es lo que tú has hecho? -interrogó el magistrado.
-Yo lo he estimulado dándole gritos de aliento y ánimo constantemente, eso ha provocado que cortara más leña de la habitual y que le pagaran una cantidad superior a la que normalmente recibe.
El juez se quedó pensando unos instantes.
-Lo que reclama este hombre es justo -sentenció-. Leñador, dame la bolsa con el dinero que has recibido y entregaremos la parte que le corresponde a este hombre.
El juez cogió la bolsa del compungido leñador y la agitó ante la cara del hombre hasta que sonaron las monedas dentro.
-Este es el pago: ya tienes el sonido del dinero.
Related Posts with Thumbnails