lunes, 17 de mayo de 2010

Apreciación. Viviendo con la verdad (II)


El camino espiritual comienza al darse cuenta de que nuestra vida y la de todos los seres sintientes tiene valor y merece respeto. Cada ser humano tiene cuerpo, mente y la energía vital para usarlos de manera provechosa. Se puede ser feliz y ser útil a los demás de muchas maneras diferentes. El poder apreciar estas oportunidades es la clave de una existencia plena de sentido.
Nuestro cerebro y los circuitos neuroquímicos prosperan en la apreciación. La investigación científica muestra que así como la adquisición de nuevas destrezas estimula la producción de neuronas, generar sentimientos de apreciación también incrementa la cantidad de neuronas en el cerebro. La gratitud y la apreciación fortalecen el sistema inmunológico, además de otros sistemas en el organismo. Mejora la circulación y hace que la mirada adquiera brillo. Según las enseñanzas budistas, esta vivacidad y vitalidad son nuestro patrimonio.
Como toda actitud mental, desarrollar la apreciación es cuestión de costumbre. Cuando estamos entrampados en pautas negativas, parece que no hay nada que apreciar; toda nuestra energía parece centrarse en los problemas. El negativismo tiene su propia lógica apremiante. Sin embargo, aún cuando no nos sintamos particularmente agradecidos, podemos aprender a despertarnos a los aspectos positivos de cualquier experiencia del momento.
Así como adquirimos pautas negativas por la repetición constante de pensamientos y sentimientos negativos, podemos desarrollar la apreciación cultivando pensamientos y sentimientos de gratitud. Todo sentimiento de apreciación, hasta el más pequeño, estimula nuestra energía y nuestro entusiasmo, y nos impulsa a avanzar. Pronto la mente se acostumbra a la energía vital de los sentimientos y los pensamientos positivos, se pone en marcha una transformación interior y nuestra inteligencia y energía asumen nuevas formas.
Podemos comenzar apreciando todo lo que aprendimos y realizamos hasta este momento. Luego, podemos apreciar las posibilidades latentes en nuestras circunstancias actuales. ¿Cuánta más sabiduría y amor somos capaces de vivenciar antes de morir? En momentos de crisis, la apreciación puede ser un potente remedio. Podemos preguntarnos: "A pesar de todos mis problemas, ¿qué hay de bueno detrás de esta situación y en mi vida?" "¿De qué cosas estoy seguro entre tanto cambio e incertidumbre?" Plantearse estas preguntas genera apreciación.
Buscamos soluciones al preguntarnos cosas como "¿Cómo puedo mejorar esta situación?" y escuchando la respuesta. La gratitud por la orientación que recibimos nos ayuda a entender que ninguna condición es definitiva, ningún sufrimiento es desesperanzado. Cada situación nos brinda la oportunidad de abrirnos a un conocimiento más amplio. Al profundizar la apreciación, nace el amor y la sabiduría.
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domingo, 16 de mayo de 2010

Viviendo con la verdad (I)


"Amigos, un precioso cuerpo humano,
por ser una ocasión única y la conjunción correcta,
es muy difícil de hallar dentro de las seis formas de vida.
Tan encantado como un ciego
que se topa accidentalmente con un tesoro escondido,
usen este cuerpo para alcanzar prosperidad y bienaventuranza."

¿Cómo podemos sacarle el máximo provecho a nuestra vida? Para un budista tibetano, la respuesta a esta pregunta siempre comienza contemplando nuestra enorme suerte por tener existencia humana. Según una imagen tradicional: "Tiene mayor probabilidad una tortuga de mar ciega de pasar por el agujero de un yugo arrojado al océano, que nosotros de adquirir un cuerpo humano". Entendiendo que la vida humana es un regalo precioso que debemos apreciar, un budista tradicional suele comenzar el día recitando un texto o una frase para invocar la apreciación del cuerpo, de la mente y de los sentidos, los medios que disponemos para aprovechar al máximo nuestra vida.
Cinco verdades o enseñanzas Dharma nos proveen la estructura que orienta hacia una vida plena de sentido. Estas verdades siempre son válidas, independientemente del tiempo y del espacio. En su simplicidad, cualquiera, jóvenes o viejos, puede entenderlas. Estas cinco verdades centrales -apreciación, impermanencia, karma, inutilidad del sufrimiento innecesario y libertad- son el corazón de la práctica budista cotidiana.
Si no logramos integrar estas verdades de vida a las experiencias del día a día sentimos una suerte de vacío. Algo indefinible nos está faltando. Nuestras metas permanecen inalcanzables, nos sentimos incomprendidos. Las frustraciones, las emociones, las lágrimas, las resistencias internas y la esperanza infundada de que algún día todo esto mejorará espontáneamente, todo ellos es indicio de la falta de conocimiento.
Encarnando estas cinco verdades a través de la meditación y la ejercitación, podremos acceder a la profundidad que tanto anhelamos. Nuestra vida adquirirá dimensión espiritual. A medida que estas verdades formen parte de los que pensamos, decimos y hacemos, viviremos más armoniosamente con las cosas como son, sin arrepentimiento ni tiempo malgastado. Si estas verdades están presentes en nuestra mente. estaremos preparados para cuando la muerte nos alcance. Ellas forman un marco referencial en el que la mente se despliega hacia su intrínseca perfección. En las páginas siguientes expondré mi propias reflexiones acerca de su importancia, y para ello me basaré en mis estudios y en mi experiencia a través de estos años, cuando me propuse comprender el significado de estas enseñanzas básicas, pero profundas.
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(Texto extraído del libro titulado "Vivir sin arrepentimiento". Autor Arnaud Maitland)

viernes, 14 de mayo de 2010

La Puerta del eterno presente

Creada originalmente por Haideé Iglesias

En verdad no hay enseñanzas que podamos masticar o de las que podamos apoderarnos. Pero al no creer en nosotros mismos, cargamos con nuestra basura y vamos a las casas ajenas buscando el zen, buscando el Tao, buscando maestros, buscando instructores. Creemos que esto representa la búsqueda de lo definitivo y lo convertimos en nuestra religión. Pero es como correr a ciegas. Cuanto más corremos, más nos alejamos. Simplemente nos cansamos. A fin de cuentas ¿con qué beneficio?

Maestro Foyan

Un joven monje preguntó al Maestro:
"¿Cómo puedo conseguir la emancipación?"
El Maestro respondió:
"¿Quién te ha esclavizado nunca?".

Enseñanza Advaita

miércoles, 12 de mayo de 2010

Flores de Bach. Centaury (II)


Algunos terapeutas califican a la persona Centaury como la más sensitiva de los treinta y ocho estados anímicos. Las personas en las que afloran aptitudes psíquico-mediales, al principio caen con frecuencia en un estado Centaury negativo. Reina entonces el desequilibrio, ya que las aptitudes psíquicas se desarrollan sólo de pasada y de manera más acentuada que la voluntad. En este estado el hombre es en extremo sensible, en particular respecto a energías no armónicas. Es fácil restarle seguridad, perturbarlo y lesionarlo. A menudo enferma sin razón aparente y no se percata que se encuentra en esta situación.
En el estado Centaury negativo -sobre todo cuando por añadidura se une el estado Walnut negativo- la persona se convierte fácilmente en víctima de influencias intelectuales más fuertes, y es absorbida por los "llamados" maestros iluminados. En el caso extremo se somete, apática, a leyes aparentemente necesarias y a rituales de grupo, corriendo el peligro de perder por completo la personalidad y desperdiciar una oportunidad única de desarrollo.
La energía Centaury ayuda a restablecer el contacto perdido con la propia voluntad, a reunir y estabilizar los potenciales energéticos en la personalidad. Después de la primera toma de Centaury, una persona sensitiva describió una poderosa sensación: experimentó que la mitad izquierda del cuerpo se centraba y robustecía en el plexo solar y se concentraba en el chakra de la tiroides.
En el estado Centaury positivo, un individuo puede aprovechar realmente sus grandes virtudes de abnegación y servicio. De acuerdo con sus propias leyes puede servir a una buena causa, pero también reconocer los momentos destructivos en los que cabe decir no. Puede integrarse muy bien a los grupos, "participar plenamente" sin tener que renunciar a su propia personalidad. Así, poco a poco, puede transformarse por propia voluntad en el instrumento por el que fluyen las fuerzas divinas para bien de misiones más grandes.
Mediante el diálogo debería hacerse entender a los pacientes en estado Centaury negativo que no siempre ayudan realmente a los demás cuando cumplen sus deseos sin previa selección, sino todo lo contrario, retardan de este modo el proceso de aprendizaje de ambos. No en vano dice el refrán: "El pícaro da más de lo que tiene".
Una pregunta interesante es: ¿En qué medida el estado Centaury negativo no es también "un refugiarse en los demás" para eludir el propio proceso de hacerse adulto, que entre otras cosas consiste en aprender a distinguir y decidir?
Cuando después de una prolongada enfermedad la voluntad se ha tornado demasiado débil para hacer algo en su favor, Centaury brinda nueva vitalidad al espíritu y al cuerpo.

martes, 11 de mayo de 2010

Flores de Bach. Centaury (I)


PRINCIPIO
Centaury está relacionada con la capacidad anímica de la autodeterminación y la propia realización. En el estado Centaury negativo queda interrumpida la relación con la propia voluntad.
A los niños con acentuados rasgos Centaury a menudo se les consideran simples, de buena voluntad, obedientes y complacientes. En ellos fructifica el elogio y la censura. No causan problemas a sus padres, salvo tal vez por la circunstancia de que se dejan llevar fácilmente por sus compañeros y porque incomprensiblemente a veces son objeto de palizas. Cuando son adultos son proclives a caer bajo la influencia de una personalidad más fuerte, que aprovecha su innata servicialidad para propósitos egoístas. La hija mayor que no se casa porque durante largos años cuida con abnegación y sacrificio a su madre aquejada de gota, es un caso Centaury evidente, como también el hijo que hubiera querido ser maestro, pero renuncia a su vocación para encargarse de la empresa constructora de su padre, pues a juicio de éste, el negocio tiene que quedar en la familia. De la generación de nuestros abuelos conocemos también a la pálida y diligente criada Centaury que renunció por completo a hacer su propia vida en favor de los señores, o el viejo factótum de la empresa que no es más que una réplica del señor director en su manera de pensar, hablar y gesticular. También la joven cónyuge que lee en los ojos de su esposo, un consentido hijito de mama, cualquier deseo para satisfacerlo en una manifestación de amor mal entendido, y someter, como una esclava sus propias necesidades a sus caprichos.
A menudo, las personas en estado Centaury alegan con un resignado encogerse de hombros: "Si, no puedo negarme a una petición suya", o "simplemente, no puedo decir no". A veces, los que están afuera deben observar con meneos de cabeza cómo el tipo Centaury se degrada a sí mismos a condición de felpudo psíquico.
Por cierto, las personas que padecen el estado Centaury se quejan a menudo de fatiga y extenuación porque en su servicialidad le exigen demasiado a sus propias fuerzas. Ahora bien, su condición no les hace sufrir ya que no ven su alcance; tampoco advierten que con tanto espíritu de servicio para con los demás están dejando de cumplir su propio cometido en la vida. El motivo de su servicialidad no es más que el anhelo, muy humano, de reconocimiento y confirmación.
En el estado Centaury negativo las magnas virtudes de querer ayudar y la entrega a una misión están distorsionadas negativamente. Esta confusión hace que el individuo se subordine como un niño menor de edad, sin albedrío, a otra persona y sus debilidades humanas, en lugar de servir a través de la propia alma a principios más elevados.
Antes de poder servir a estos principios elevados, debemos desarrollar la propia individualidad y personalidad hasta que se convierta en un instrumento del alma.
Para ello también debemos saber que la personalidad sólo se edifica, se mantiene sólida y resguardada a través de la propia voluntad. En consecuencia, eso que en la mayoría de otros estados negativos del alma es demasiado intenso, la delimitación de la personalidad, en el estado Centaury negativo es demasiado débil.
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Texto extraído del libro "La terapia floral de Bach". Autora Mechthild Scheffer

lunes, 10 de mayo de 2010

Nasruddin ha muerto


Se hallaba en cierta ocasión Nasruddin -que tenía un día filosófico- reflexionando en alta voz: "Vida y muerte...¿quién puede decir lo que son?". Su mujer, que estaba trabajando en la cocina le oyó y dijo: "Los hombres sois todos iguales, absolutamente estúpidos. Todo el mundo sabe que cuando las extremidades de un hombre están rígidas y frías, ese hombre está muerto".

Nasruddin quedó impresionado por la sabiduría práctica de su mujer. Cuando, en una ocasión, se vio sorprendido por la nieve, sintió cómo sus manos y sus pies se congelaban y se entumecían. "Sin duda estoy muerto", pensó. Pero otro pensamiento le asaltó de pronto: ¿Y qué hago o paseando si estoy muerto? Debería estar tendido, como cualquier muerto respetable". Y esto fue lo que hizo.

Una hora después, unas personas que iban de viaje pasaron por allí y, al verle tendido junto al camino, se pusieron a discutir si aquél hombre estaba vivo o muerto. Nasruddin deseaba con toda su alma gritar y decirles: "Estáis locos, ¿No veis que estoy muerto? ¿No veis que mis extremidades están frías y rígidas?" Pero se cuenta de que los muertos no deben hablar. De modo que refrenó su lengua.

Por fin, los viajeros decidieron que el hombre estaba muerto y cargaron sobre sus hombros el cadáver para llevarlo al cementerio y enterrarlo. No habían recorrido aún mucha distancia cuando llegaron a una bifurcación. Una nueva disputa surgió entre ellos acerca de cuál sería el camino del cementerio. Nasruddin aguantó cuanto pudo, pero al fin no fue capaz de contenerse y dijo: "Perdón, caballeros, pero el camino que lleva al cementerio es el de la izquierda. Ya sí que se supone que los muertos no deben hablar pero he roto la norma sólo por esta vez y les aseguro que no volveré a decir una palabra".

Cuando la realidad choca con una creencia rígidamente afirmada, la que sale perdiendo es la realidad.
Anthony de Mello
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Me he reído con ganas un buen rato. La risa, si, cuanto tiempo hacía que no estaba en este espacio. Tan liberadora como es :))

Hace muchos años me retorcía (emocionalmente) cuando una persona utilizaba cualquier excusa para negar lo evidente (para mi). Me dejaban noqueada, si :). Me costó aprender que se construyen identidades con las ideas, por esto resulta tan difícil cambiar de patrón. Incluso muchos de aquellos que ya conocen un despertar y que son lamas o maestros espirituales, siguen teniendo creencias basadas en estereotipos. En el libro de Jack Kornfield que estoy leyendo, se habla de como una mujer, monja budista, les proponía -dándose cuenta de sus prejuicios- que hicieran una visualización postrándose ante una imagen de mujer o sirviendo a mujeres monjas. Hasta el mismo Dalai Lama fue incapaz de verse haciéndolo, prometiendo que a partir de ese momento haría todo lo posible por transformar esa creencia. Así que, cómo no va a sucederle a cualquiera de nosotros... La libertad es un bien que cuesta mucho conseguir, por esto una vez lograda es tan comprensiva. Se han vivido todos esos estados de confusión que nos conducen a pasar por alto creencias arraigadas como ciertas en base, en algunos casos, tan sólo a no tomarse el suficiente tiempo como para cuestionarlas y transformarlas.
Nadie ha dicho que despertar sea fácil, mas si nunca se hace se vivirá como Nasruddin. Con buena fe, pero lleno de ignorancia.

viernes, 7 de mayo de 2010

Baba Yaga en el bosque

Creada originalmente por Haideé Iglesias

Los hindúes dicen que el niño canta en el seno de su madre: "No me hagas olvidar lo que soy". Pero dicha canción, tras el nacimiento se convierte en: "Oh, ya lo he olvidado"
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A lo largo del mundo encontramos historias de este viaje, imágenes del anhelo de despertar, los pasos a lo largo del camino que todos seguimos, las voces que llaman, la intensidad de la iniciación con la que debemos encontrarnos, el coraje que necesitamos. En el corazón de cada uno está la sinceridad original del buscador, que debe admitir honestamente lo pequeño que es nuestro conocimiento del universo y lo grande que es lo desconocido.
La honestidad que nos exige la búsqueda espiritual es contemplada en los cuentos rusos de iniciación sobre Baba Yaga. Baba Yaga es una anciana con un salvaje rostro de arpía, que remueve su puchero y lo sabe todo. Vive en lo más recóndito del bosque. Cuando la buscamos estamos asustados, puesto que nos exige que vayamos de noche, que hagamos preguntas peligrosas y nos salgamos fuera del mundo de la lógica y de la comodidad.
Cuando el primer joven buscador llega y golpea la puerta de su cabaña, Baba Yaga pregunta: "¿Vienes por tu cuenta o te envía alguien?" El joven, alentado en su búsqueda por su familia, responde: "Me envía mi padre?. Baba Yaga, como un rayo, lo mete en la olla y lo cocina. El siguiente buscador, una joven, observa el fuego y escucha las burlas de Baba Yaga. Baba Yaga vuelve a preguntar: "¿Vienes por tu cuenta o te envía alguien?" Esta joven se había visto atraída al bosque por sí misma, con la intención de ver lo que podía encontrar ahí. "Viajo por mi cuenta," responde. Baba Yaga la mete en la olla y también la cocina.
Más tarde un tercer visitante, de nuevo una joven, muy confundida por el mundo, llega a la cabaña de Baba Yaga en lo más oculto del bosque. Ve el humo y se da cuenta de que es peligroso. Baba Yaga se dirige a ella: "¿Vienes por tu cuenta o te envía alguien?" La joven contesta con sinceridad: "En gran medida voy por mi cuenta, pero en gran parte también a causa de los demás. Y en gran parte he venido porque tú estás aquí, a causa del bosque, de algo que he olvidado, y en gran medida no sé porqué vengo." Baba Yaga la mira unos instantes y dice: "Lo has conseguido," y la hace pasar a la cabaña.
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No conocemos todas las razones que nos impulsan a un viaje espiritual, pero de algún modo nuestra vida nos impele a ir. Algo dentro de nosotros sabe que no estamos aquí sólo para trabajar. Existe una misteriosa atracción a recordar. Lo que nos saca de casa y nos lleva al oscuro bosque de Baba Yaga, puede ser una combinación de acontecimientos. Puede ser un anhelo de la niñez, o un encuentro "casual" con un libro o una figura espiritual. En ocasiones, algo en nosotros despierta cuando viajamos a una cultura extranjera y el mundo exótico de nuevos ritmos, fragantes olores, colores y actividad nos catapultan fuera de nuestro sentido de realidad habitual. A veces es tan sencillo como caminar en las montañas azul verdosas u oír música coral de tal belleza que parece inspirada por los dioses. En ocasiones, se produce esta misteriosa transformación cuando junto al lecho de un moribundo y una "persona" se esfuma de la existencia, dejando únicamente un saco de carne sin vida que espera ser enterrada. [Una persona de la que nos enamoramos profundamente y que sentimos como alma gemela] (esto lo he añadido yo). Mil puertas nos abren al espíritu. Ya sea en el resplandor de la belleza o en los oscuros bosques de la confusión y de la pena, una fuerza tan contundente como la gravedad nos devuelve al corazón. Es algo que nos sucede a todos.

Texto extraído, a retazos, de un libro que ha llegado a mis manos justamente ahora, cuando lo estaba necesitando :) El autor es Jack Kornfield. Ya conocido por mi hace bastante años en otro momento en el que necesité comprender. Le doy las gracias desde este espacio en el cual se navega al igual que se puede hacer por el universo ¿por qué no?. Seguro que le llegara mi agradecimiento de un modo u otro :)

La fotografía está tomada en un pequeño lugar boscoso. Sabiendo mirar con los ojos del alma todo se muestra. La naturaleza es nuestro espejo y a la vez lo es de si misma. Ese busto me ha sugerido a Baba Yaga.
Es curioso lo cercanas que están las cosas que necesitamos y lo lejos que las podemos ir a buscar. Y lo más cercano siempre es nuestro interior, el que se comunica con el Todo, porque nada está separado. Somos un GPS viviente, y mucho más perfecto :)))

jueves, 6 de mayo de 2010

¿Estás ahí?

Creada originalmente por Haideé Iglesias

El monje Zuigan solía comenzar cada día diciéndose a sí mismo en voz alta:
-Maestro, ¿estás ahí?
-Y se respondía:
-Si, señor, aquí estoy.
Entonces decía:
-Será mejor que te desembriagues.
Y se replicaba:
-Si, señor, así lo haré.
-Estáte atento, que no te engañen. -decía luego.
-Oh no, señor, no, no lo permitiré -respondía.

A cada momento se debe estar atento, despierto, receptivo y consciente ante la vida, ante ti mismo. En constante alerta y a la vez, completamente relajado. Entonces estás vivo, despierto; sino, eres un cadáver viviente.

jueves, 29 de abril de 2010

Lo que pienso de Pablo (Picasso) y más...


Creada originalmente por Haideé Iglesias

Para comenzar quiero señalar algo que considero un privilegio: nunca he tenido, ni sufrido, un adoctrinamiento sobre cultura artística. Con esto quiero decir que lo que me gusta, me gusta porque siento que me gusta, no porque alguien me haya dicho que tiene que gustarme o porque le gusta a la mayoría. Y así ha sucedido con este señor, que nunca me gustó. Esto fue censurado por un, por entonces, amigo, poniéndome en la picota de los ignorantes... vaya, vaya... ¿quién de los dos lo era? Esto era por los años 80. Yo ya había aprendido que si dices lo que piensas en un grupo (o a una persona que se siente afín con un determinado grupo), sea éste el que sea, que no piensa igual, la discriminación es un hecho automático, así que me sonreí ante su comentario. Es curioso, porque si uno no fomenta su propio criterio puede ser fácilmente engañado por cualquiera, si, muy fácilmente. Las palabras son muy engañosas (y no me cansaré de repetirlo), y hay personas que son verdaderos magos en su utilización, pero son una máscara, una fachada que puede, y digo puede, encubrir un Mr. Hyde tras ese Dr, Jenkyl encantador. ¿Embaucadores en el arte? Pues si. Mientras sigamos pensando que para ser artista se ha de tener un grado de locura, neurosis o de aberración o de cualquier otro comportamiento disociado y/o malvado, vamos de camino al precipicio. Si, como las ovejas: si al borde de un acantilado hay un rebaño de ellas y una se cae por él, todas van detrás. Si, se tiran todas por dicho acantilado. Muchos de nosotros no nos diferenciamos mucho de ellas...

Bien, a lo que voy. Nunca me gusto lo que pintaba este señor. Después de un tiempo, en los noventa, vi en el centro Reina Sofía una exposición de algunos de sus cuadros. Si ya desde siempre sentí rechazo, en aquel momento lo sentí más aún. Habían sucedido acontecimientos en mi vida que me abrieron mucho más los ojos del alma y esta me decía que había algo oscuro. Me diréis que era a mi a quien veía en esos cuadros por eso no me gustaban. Si, podríais estar en lo cierto, pero no es así. Una de mis peculiaridades es que veo lo que para otros está oculto. Esto también es para mi, o sea, que no puedo autoengañarme por mucho que quiera. Lo bueno de esto es que he podido ayudar a muchas personas y espero seguir haciéndolo si así tiene que ser.
Hasta aquí también está en el blog de "mirando"

No mucho después de ver esta exposición me entero de que este señor había sido déspota y cruel. Vaya, vaya... Como nunca tuve mayor interés en él no me había interesado por leer algo de su biografía. Hace pocos días entré en la Wiki, que no siempre puede ser fiel informando, pero me llamó la atención un dato, mejor dicho dos. Uno es que se hizo comunista y pacifista. ¿Pacifista? ¿Puede un pacifista ser cruel y déspota con las personas, aunque sea sólo con una? Algo que dudo. Qué fáciles son de utilizar las palabras y qué poco de llevar a la práctica la esencia de lo que denotan.
Aquí queda la pregunta, cada uno que le ponga su respuesta, yo ya tengo la mía. El otro es que en el cuadro titulado Guernika la mujer que muestra sufrimiento es precisamente una de las que maltrató, Dora Maar (pincha sobre el nombre si quieres leer sobre ella). Y yo me pregunto: ¿Cuando uno necesita inspirarse busca cualquier excusa para encontrar esa inspiración? Y no siempre es inconsciente, más bien lo contrario, se busca a propósito. ¿Cuántas veces esto ha ocurrido en el ámbito que se llama artístico? (Qué paradójico, como no, que la Musa sea una mujer). Esto para mi no es más que ego, un ego ignorante y lleno de vanagloria y arrogancia que ha de mantener un status a toda costa. La grandeza de una persona reside en su bondad, en su honestidad y en su ética, aunque no realice una sola obra de arte, él en si mismo ya es una obra de arte, un ser humano (aquel que se ha liberado). Lo demás son banderillas de colorines. Como siempre esta es mi opinión no la verdad.
Comparto esta reflexión sobre lo que pienso de aquellos a los que se considera artistas pasando por encima de cualquier otra premisa. Pero lo pienso yo, claro, no hago doctrina para que todos piensen igual. Reflexiono en voz alta para dejar constancia del machismo (y del clasismo) imperante en la sociedad; un machismo (y clasismo) rampante, unas veces, otras mucho más sutil, pero machismo, cuando no misoginia.
Para mi si hubo un cambio de siglo. Mas no para la gran mayoría. Y con ello, lo más pernicioso de todo esto que comento es que muchas mujeres aún son machistas y ni siquiera son conscientes de ello. Anteponen siempre al hombre en sus criterios, despreciando a una mujer por muy inteligente, creativa o competente que esta sea, sobre todo porque demuestra su libertad. Todavía siguen pensando que el hombre tiene que ser el "fuerte" y protegernos. De nosotras mismas parece ser... de nuestra propia incapacidad para ver que cada uno de nosotros somos especiales y únicos, y complementarios. ¿Por qué entonces maltratar? ¿Qué es lo que no está resulto dentro de uno para que necesitemos hacer sentirse inferior al otro con nuestras puyas, intelectuales o físicas? ¿Tan enferma esta la sociedad? Si, aún si. Mucho. Pero seguimos admirando y cerrando los ojos del alma. No nos gusta esa sensación de desasosiego que aparece cuando lo que ves reflejado de ti mismo en el espejo no te gusta (y el espejo puede ser un cuadro, otra paradoja, porque el "artista" busca precisamente eso, mover emociones, eso dicen, menos las suyas, me parece; estas serían las que le liberarían de su arrogancia y sufrimiento para poder entonces ser en verdad pacifista), cuando te das cuenta de lo mucho que dejas de hacer para cambiar aquello que se convierte en un bla, bla, sin sentido por la incapacidad de tener el arrojo suficiente para decir basta. Y tantas y tantas otras actitudes que nos hacen esclavos inconfesables del maltrato hacia cualquier ser vivo, persona o animal, tanto da, ya que no hay nada que esté separado. El daño que le haces a otros te lo haces, ineludiblemente, a ti mismo. cuántas veces el comportamiento en sociedad es uno y en la intimidad otro. Pero seguimos admirando. Incluso se disculpa a los que se admira aquello que no perdonamos ni permitimos a los allegados, amigos, familia, pareja...

La admiración es un velo, sutil velo de esclavitud, que encubre tu inseguridad ante ti mismo.

No es casualidad que esta imagen esté ahí, en una calle de Gijón y que precisamente yo la haya fotografiado y no otras personas que sé que también pasan a menudo ante ella pero la obvian ¿será que les recuerda algo de si mismos? o ¿que su actitud gregaria y amante de la autoridad (ajena y propia) no les dejó libertad para exponerla o tan siquiera verla para hacerla(condicionamiento)?. Todos los elementos -hasta ese pequeño trocito de árbol, muy significativo de mi amor por la naturaleza- se han colocado, por diferentes autores (entre ellos yo), y necesidades, para expresar visualmente lo que siempre sentí acerca de la confusión en la que vivimos respecto al arte, y particularmente sobre este señor.
Cuando personas, y sobre todo mujeres, a las que nunca se les ha dicho que lo que hacen no es arte, sienten que si lo son, que son grandes artistas por realizar sus obras artesanales, por crear traduciendo lo que sienten en sus objetos, sean estos los que sean. Y lo más importante, sin maltratar a nadie, y menos a si mismas. Espero que el mundo comience a comprender que no es bueno confundir una traducción inconsciente de problemas personales con arte. En todo caso es un apéndice de tal concepto. Porque como ya he señalado un gato también puede pintar, y un elefante también. Aquí dejo un vídeo, este en particular me ha encantado porque siento su libertad al expresarse :). Y no sólo imitando o de aprendizaje, sino también de su propia cosecha. (Pinchar en la palabra vídeo para verlo, hay otros muchos en la misma página. Merecen la pena)

Nadie es superior o inferior a nadie. NADIE. Todos somos únicos y especiales. TODOS.

Pero, insisto, es mi personal reflexión, no necesito acólitos que la secunden. Qué cada uno se responsabilice de su criterio y conciencia.

martes, 27 de abril de 2010

Harto del mundo


Ocurrió que una vez un joven perteneciente a una familia muy rica y aristocrática acudió a un maestro zen. Había conocido todo, satisfecho todos sus deseos; no le faltaba el dinero, de modo que no tuvo problema en hacerlo. Pero luego ser hartó; se hartó del sexo, se hartó de las mujeres, se hartó del vino. Acudió al maestro zen y dijo:
-Ahora estoy harto del mundo. ¿Existe alguna forma en la que yo pueda ser transformado? ¿Existe alguna forma en que me pueda conocer a mí mismo, saber quién soy?
El joven agregó:
-Pero antes de que me digas nada, deja que te cuente una cosa acerca de mí. Soy inconstante y no puedo hacer la misma cosa durante mucho tiempo seguido, de modo que si me das alguna técnica o sí me dices que medite, tal vez lo haga durante unos días, pero luego escaparé, aunque sé bien que no hay nada en el mundo, aunque se bien que allí sólo me esperan la infelicidad y la muerte. Pero así es mi mente. No puedo continuar, no puedo persistir en nada, de modo que, antes de escoger cualquier cosa, ten eso en cuenta.
-Si eres incapaz de persistir, la cosa será difícil, porque se necesitará un esfuerzo sostenido para deshacer todo lo que hiciste en el pasado. Debes viajar hacía atrás; será una regresión. Debes regresar al momento en que naciste, cuando eras fresco, joven. Debes recuperar esa frescura. No debes avanzar, sino retroceder, debes volverte niño otra vez. Pero si dices que no puedes persistir y que en pocos días escaparás, la cosa será difícil. Pero déjame que te haga una pregunta: ¿alguna vez te interesó algo tan profundamente que te absorbió por completo? -explicó el maestro.
El joven pensó y dijo:
-Si, lo único en que me he interesado mucho es en el ajedrez, el juego de ajedrez. Lo amo y es la único cosa que me salva. Todo lo demás ha caído; sólo el ajedrez sigue conmigo, y con él aún puedo pasar mi tiempo.
-Entonces, algo se puede hacer. Espera.
Llamó a su asistente y le dijo que le trajera a un monje que llevaba doce años meditando en el monasterio, y que le dijera al monje que trajera consigo un tablero de ajedrez.
Le tablero llegó, el monje acudió. Conocía un poco de ajedrez, pero había pasado los últimos doce años meditando en una celda. Había olvidado el mundo, el ajedrez, y todo lo demás.
El maestro le dijo:
-¡Oye!, monje Esta será un partida peligrosa. Si este joven te derrota, aquí está la espada, y te cortaré la cabeza, porque no me gustaría que un monje meditativo -que lleva doce años meditando- sea derrotado por un joven ordinario. Pero te prometo, si mueres por mi mano, irás al más alto cielo. De modo que no te preocupes.
El joven se sintió un poco incómodo al oír esto, y entonces el maestro se volvió a él y comentó:
-Mira, dices que te absorbes en el juego de ajedrez, así que ahora absórbete del todo.; porque es cuestión de vida o muerte. Si sales derrotado, te cortaré la cabeza y, recuerda, a ti no puedo prometerte el cielo. Este hombre está bien, de todas maneras irá al cielo, pero a ti no puedo prometerte cielo alguno. Si mueres, tu lugar será el infierno, irás de inmediato al séptimo infierno.
Durante un momento, el joven pensó en escapar. Iba a ser una partido peligrosa, y no había ido allí para eso. Pero habría sido deshonesto huir; era un samurái, hijo de un guerrero, y escapar sólo por la muerte, por la muerte inminente, no estaba en su sangre. Así que aceptó:
-Muy bien.
Comenzó la partida. El joven comenzó a temblar como una hoja en un viento fuerte, todo su cuerpo temblaba. Comenzó a transpirar, su cuerpo se cubrió de transpiración fría; comenzó a sudar desde la cabeza hasta la planta de los pies. Era un asunto de vida o muerte y su pensamiento se detuvo, porque ante una emergencia como ésa, no puedes permitirte pensar. El pensar es para el ocio. Cuando no hay problema, puedes pensar; cuando realmente hay un problema, el pensamiento se detiene porque la mente necesita tiempo, y cuando hay una emergencia, no hay tiempo. Debes hacer algo de inmediato.
La muerte se aproximaba más y más. El monje abrió el juego, y se le veía tan sereno y calmo que el joven pensó:
-¡Bueno, es seguro que moriré!
Pero cuando los pensamientos desaparecieron, quedó totalmente absorto en el momento. Cuando los pensamientos desaparecieron, también olvidó que la muerte aguardaba; porque la muerte también es un pensamiento. Se olvidó de la muerte, se olvidó de la vida, sólo se convirtió en parte de la partida, absorto, totalmente inmerso en ella.
De a poco, cuando la mente desapareció del todo, comenzó a jugar hermosamente. Al comienzo, el monje ganaba, pero en pocos minutos, el joven quedó completamente absorto, comenzó a hacer jugadas hermosas y el monje comenzó a perder. Sólo existía el momento, el presente. Entonces, no había problema, el cuerpo se pudo bien; el temblor se detuvo, la transpiración se evaporó. Se sentía ligero como si pudiera volar. Su mente ya no estaba allí. La percepción se volvió clara, absolutamente clara, y podía ver hacia adelante en el tiempo, cinco jugadas adelante. Nunca había jugado con tanta belleza. El juego del otro se comenzó a desmoronar; en pocos minutos, el monje quedaría derrotado y la victoria del joven estaría asegurada.
Luego, de pronto, cuando sus ojos quedaron despejados, cuando fueron como espejos, cuando su percepción fue profunda, honda, miró al monje. Era tan inocente. Doce años de meditación, había llegado a ser una flor, doce años de austeridad: había llegado a ser absolutamente puro. NI el deseo, ni el pensamiento, ni las metas, ni el propósito existían para él. Era lo más inocente que se puede ser... ni un niño es así de inocente. Su hermoso rostro, sus ojos, claros como el azul del cielo... El joven empezó a sentir compasión por él; tarde o temprano, le cortarían la cabeza. En el momento en que sintió esa compasión, se abrieron puertas desconocidas, y algo absolutamente desconocido comenzó a llenar su corazón. Se sintió colmado de beatitud. Comenzaron a llover flores sobre todo su ser interior. Se sentía tan lleno de beatitud... nunca había conocido esa beatitud, esa bienaventuranza, esa bendición.
Entonces, comenzó a jugar mal a sabiendas, porque a su mente llegó este pensamiento: "Si me matan, nada será destruido; no tengo nada que valga. Si este monje muere, algo bello será destruido; pero, si yo muero, sólo se perderá una existencia sin valor...". Comenzó a mover mal conscientemente, para que el monje ganara. En ese momento, el maestro volcó la mesa de juego, comenzó a reír y dijo:
-Nadie será derrotado aquí. Ambos habéis ganado.
El monje ya estaba en el cielo, se había realizado, no había falta cortarle la cabeza. No se preocupo en absoluto cuando el maestro dijo: "Te deberé cortar la cabeza" Ni un sólo pensamientos surgió en su mente. No era una cuestión en la que pudiera escoger; si su maestro dice que así debe ser, está bien. Dijo que sí con todo su corazón. Por eso no transpiraba ni temblaba. Estaba jugando al ajedrez; la muerte no era un problema:
-Has ganado, y tu victoria fue mayor que la de este monje. Ahora te iniciaré. Puedes estar aquí, y pronto te iluminarás.
Las dos cosas fundamentales habían ocurrido: meditación y compasión. Buda ha dicho que esas dos son las cosas fundamentales: pragya y karuna., meditación y compasión.
El joven dijo:
-Explícame. Ha ocurrido algo acerca de lo cual no sé nada. Ya estoy transformado; no soy ese mismo joven que acudió a ti hace unas pocas horas. Ese hombre ya ha muerto. Algo ha ocurrido; has hecho un milagro.
-Como la muerte era inminente, no pudiste pensar. La muerte estaba cerca, pensar no era posible. La muerte estaba tan cerca que no había nada que te separara de ella, y los pensamientos necesitan un espacio donde moverse. No había espacio, el pensar se detuvo. La meditación ocurrió espontáneamente. Pero con eso no alcanzaba, porque el tipo de meditación que se produce como resultado de una emergencia se pierde. De modo que no podía dar la vuelta al tablero en ese momento, tuve que esperar -le explicó el maestro.
Si la meditación realmente ocurre, sea cual sea el motivo, la compasión llega. La compasión es el florecer de la meditación. Si la compasión no llega hay algo en tu meditación que no está bien.
-Entonces, miré tu rostro -prosiguió el maestro-, estabas colmado de beatitud y tus ojos se volvieron como los de un buda. Miraste a este monje, pensaste y sentiste: "Será mejor sacrificarme yo a sacrificar a este monje. Este monje es más valioso que yo".
"Esto es compasión: cuando el otro se vuelve más valioso que tú mismo. Esto es compasión: cuando puedes sacrificarte por el otro. Cuando tú te conviertes en el medio y el otro en la meta. es amor. Cuando tu eres la meta y el otro es el medio, es lujuria. La lujuria siempre es cruel y el amor siempre es compasivo.
"Entonces. vi en tus ojos como relucía la compasión, y comenzaste a hacer malas jugadas sólo para ser derrotado, sólo para que fueras muerto tú y este monje se salvara. En ese momento, debí volcar el tablero. Habías ganado. Ahora sabes estar aquí. Te he enseñado tanto la meditación como la compasión. Ahora sigue esa senda y deja que se vuelvan espontáneos en ti; que no sean eventuales, que no dependan de ninguna emergencia, sino que sean una calidad de tu ser.


¡Es tan hermosa esta historia!. Me trae tanto recuerdos... ya desde mi niñez experimenté la compasión con esa tremenda fuerza...
El otro es la meta. Si, volver a ser ese niño. Si :)

Recordarla y llevarla cerca de vuestro corazón siempre. Os ayudará en el camino.

lunes, 26 de abril de 2010

Atrapado en el engaño

Creada originalmente por Haideé Iglesias

Un hombre fue al mercado y llegó a una tienda donde vio un pollo colgado.
-¿Cuánto pesa? -preguntó.
Dos quilos y medio -contestó el pollero.
¿No tiene uno más grande? -volvió a preguntar el cliente.
-Voy a mirar -respondió el pollero.
El tendero sólo tenía aquel pollo, pero no deseaba perder la venta, así que entró en la trastienda y al minuto volvió con el mismo pollo en las manos.
-Señor, éste otro pesa tres kilos -anunció.
-Muy bien, -dijo el cliente, satisfecho-. ¡Póngame los dos!

Piensa en cuantas ocasiones has sido atrapado en un engaño y en como te has sentido. ¿Mereció la pena el sufrimiento? ¿Merecía la pena la supuesta ganancia material o espiritual que pensabas obtener con el engaño?
Nada hay más importante que la honestidad. Esta siempre te hace libre.

viernes, 23 de abril de 2010

Y no hay nadie

Creada originalmente por Haideé Iglesias

¿Por qué es usted infeliz?
Porque el 99,9 por ciento
de todo lo que piensa
y de todo lo que hace
es para usted.
Y no hay nadie.

Wei Wu Wei

jueves, 22 de abril de 2010

Tierra, agua y sol

Creada originalmente por Haideé Iglesias

Vida

Las respuestas de Dios


Un hombre muy devoto vivía en una casa alejada de una aldea. Llegada la época de las lluvias, éstas aparecieron con una fuerza desacostumbrada. Al cabo de una semana de llover sin parar, vio cómo algunos aldeanos con sus pertenencias se alejaban del lugar pasando frente a su puerta.
-Vecino -le dijeron-, dicen que todavía lloverá más, y esta es una zona que puede inundarse fácilmente. Sube a nuestro carro y nosotros te ayudaremos a cargar tus cosas.
-Gracias amigos -contestó el hombre devoto-, pero no estoy preocupado. Dios me ayudará si llega el caso. Y como acostumbraba, esa noche rezó, pidiendo a Dios que lo mantuviera fuera de peligro.
Pero continuó lloviendo dos semanas más. El agua ya había penetrado en su casa y le llegaba hasta las rodillas. Los últimos habitantes de la aldea le gritaron desde sus barcas al tiempo que remaban apresuradamente.
-Vecino, no te demores ni un instante en venir con nosotros, no pierdas tiempo en recoger nada. Las aguas amenazan con subir aún más.
-Gracias, pero no os preocupéis por mí. Marchad tranquilos, que Dios no me dejará desamparado, seguro que mañana deja de llover -contestó desde el armario donde estaba subido. Y esa noche la pasó rezando y pidiendo a Dios que no le abandonara en aquella situación, sin duda ya angustiosa.
Durante la semana siguiente las aguas fueron subiendo indefectiblemente, de tal modo que nuestro hombre terminó encaramado en el punto más alto del tejado. Aún así, no dejó de rezar ni un instante solicitando la ayuda de Dios, confiando ciegamente en la divina providencia. Estando en esta situación se acercó por allí un equipo de salvación perfectamente pertrechado.
-Prepárese, que vamos a salvarlo. Ha tenido suerte que pasáramos por aquí, las lluvias no amainan y la situación es cada vez peor; pero no se preocupe, aquí estamos nosotros para salvarle la vida -gritó el jefe del equipo.
-Se equivoca, buen hombre -contestó el devoto-, mi vida está en manos de Dios y él no permitirá que muera, seguro que mañana mismo deja de llover y en unos días todo vuelve a la normalidad. Esto es una prueba que Dios me manda para probar mi fe, pero yo confío en su infinita sabiduría.
Oído esto, aquellos hombres decidieron dar media vuelta, pensando que no merecía la pena esforzarse en ayudar a un loco que no quería salvarse.
Como continuó lloviendo, el hombre devoto murió ahogado al día siguiente y su alma llegó ante la presencia de Dios.
-Señor estoy frustrado, defraudado y desconcertado. ¿Por qué te negaste a socorrerme? Sabes que recé sin parar pidiéndote que no me abandonaras. ¿Por qué lo hiciste? -preguntaba aquel alma entre desconsolados sollozos. -Mi confianza en tu ayuda era absoluta.
La voz de Dios resonó como un trueno.
-¿Cómo que me negué a ayudarte? Nadie tiene la culpa de que seas un completo idiota.
¿Quién crees que te envió a los vecinos del carro, a los de las barcas y al equipo de salvamento?.

En ocasiones nuestra fe -tanto como la falta de ella- nos vuelve ciegos a los milagros que ocurren permanentemente a nuestro alrededor, pretendiendo que con esa fe -o la falta de ella-se nos demuestre con algún hecho fuera de lo común lo especiales que somos. Y lo somos, pero no lo vemos, así que de poco sirve rezar si no logramos ver y entender las señales -que por ser tan "comunes" se nos pasan desapercibidas- con las que siempre se nos está tendiendo la mano.

Y esto sirve tanto para un devoto como para un escéptico, pues éste también está pidiendo algún hecho fuera de lo común para creer que algo existe (en realidad también reza aunque no sea consciente de ello), pero no ven lo que tienen delante, o lo que les está sucediendo, que les habla constantemente de esos hechos poco "comunes".

miércoles, 21 de abril de 2010

La flecha envenenada


Creada originalmente por Haideé Iglesias

En cierta ocasión se acercó un monje a Buda
y le dijo: "¿Sobreviven a la muerte las
almas de los justos?".

Como era propio de él, Buda no respondió.

Pero el monje insistía. Y todos los días
volvía a hacerle la misma pregunta; y un
día tras otro recibía el silencio como
respuesta. Hasta que no pudo soportarlo
y amenazó con abandonar el monasterio
si no le era respondida aquella pregunta
de vital importancia para él; porque
¿a santo de qué iba él a sacrificar todo
para vivir en el monasterio si las almas
de los justos no iban a sobrevivir?

Entonces Buda, compadecido, rompió su
silencio y le dijo: "Eres como un hombre
que fue alcanzado por una flecha envenenada
y al poco tiempo estaba agonizando. Sus
parientes se apresuraron a llevar a un
médico junto a él, pero el hombre se negó
a que le extrajera la flecha o se le
aplicara cualquier otro remedio mientras
no le dieran respuesta a tres importantes
preguntas: Primero, el hombre que le
disparó ¿era blanco o negro? Segundo,
¿era un hombre alto o bajo? Y tercero,
¿era un bracmán o un paria? Si no le
respondían a estas tres preguntas
el hombre se negaba a recibir todo
tipo de asistencia".

El monje se quedó en el monasterio.

Es mucho más placentero hablar del camino que recorrerlo; o discutir acerca de las propiedades de una medicina que tomarla.
Anthony de Mello

Y por la boca se nos va la fuerza...

martes, 20 de abril de 2010

El espejo mágico


Iriku había querido mucho a su padre. Ahora, el anciano se había reunido con los antepasados. A menudo, cuando trenzaba una cesta de bambú, Iriku pensaba:
"Si mi mujer no hubiese sentido tanta aversión por mi honorable padre, él hubiera sido más feliz en la vejez. Yo no hubiera vacilado en mostrarle mi afecto, mi respeto filial. Habríamos tenido largas y dulces conversaciones. Me habría contado cosas de la gente y las cosas del pasado..."
Y lo embargaba la melancolía.

Un día de mercado, Iriku el cestero terminó su reserva de cestas más rápido que de costumbre. Se paseaba desocupado entre los puestos, cuando vio que había un comerciante chino que solía vender objetos extraños:
"Acércate, Iriku -dijo el comerciante-, mira qué cosa más extraordinaria tengo". Y con aire de misterio sacó de un cofre un objeto redondo y plano, cubierto de paño de seda. Lo puso entre las manos de Iriku y, con cuidado, quitó el paño. Iriku inclinó la cabeza sobre una superficie pulida y brillante. Reconoció en su interior la imagen de su padre, tal como la había visto en sus tiempos juveniles.
Emocionado, exclamó:
"¡Este objeto es mágico!
-¡Sí -dijo el comerciante-, lo llaman espejo, y es valiosísimo!
Pero la fiebre poseía a Iriku:
"Te ofrezco todo lo que llevo encima -dijo-. Quiero este "espejo mágico" y llevarme la imagen de mi amado padre".
Tras largas discusiones, Iriku dejó en el puesto del comerciante todo lo que había ganado aquella mañana.
En cuanto llegó a casa, Iriku se fue al granero y ocultó la imagen de su padre en un cofre. Los días siguientes, desaparecía, subía al granero y sacaba del cofre el "espejo mágico". Se quedaba largos momentos contemplando la imagen venerada y se sentía feliz. Su mujer no tardó en darse cuenta de su extraña conducta. Una tarde, cuando él dejó un cesto a medio hacer, ella le siguió. Vio que subía al granero, buscaba un cofre, sacaba un objeto desconocido y lo miraba largamente adoptando un aire de misterioso placer. Luego lo cubría con un paño y volvía a guardarlo con gestos amorosos. Intrigada, esperó hasta que se fue, abrió el cofre, encontró el objeto, apartó el paño de seda, miró y vio: "¡Una mujer!" Furiosa, bajó e increpó a su marido:
"¡Así que me engañas yéndote al granero a contemplar a una mujer diez veces al día en el granero!
-¡Qué no! -dijo Iriku-, no te quería hablar de eso porque tú no apreciabas mucho a mi padre, pero lo que voy a ver es su imagen, y eso apacigua mi corazón.
-¡Miserable mentiroso! -vociferó su mujer-. ¡La he visto con mis ojos! ¡Lo que tienes escondido en el granero es una mujer!
-¡Te aseguro que..."
La discusión se fue envenenado y estaba haciéndose infernal, cuando llamó a la puerta una monja. La pareja le pidió que hiciese de árbitro. La monja subió al granero, volvió y dijo:
"¡Es una monja!"

*

"Toda la desdicha de los hombres proviene de que no viven en el mundo, sino en su mundo."
Heráclito.

lunes, 19 de abril de 2010

Fuga

Creada originalmente por Haideé Iglesias

Fuga al infinito paseando la mirada por tu interior
Siéntate ó lánzate en ese interior, pero sin miedo
Entonces volarás

La distorsión se produce en nuestra mente como consecuencia de que todo se acerca o se aleja en función de nuestra capacidad de comprensión. Y la compresión tan sólo acontece una vez que el miedo desaparece. Mientras el miedo sea nuestro compañero, seremos los eternos fugitivos de nosotros mismos pensando que en ésta fuga consiste la vida, y no es más que una ilusión.

sábado, 17 de abril de 2010

La autoestima, su impacto. Resumen (VI) y última


¿Sufrirá cambios en sus relaciones con la gente, el trabajo y las aficiones? Será casi inevitable. ¿Conocerá momentos de conflicto, crisis, decisiones difíciles? Desde luego; son inseparables de la vida. ¿Se sentirá dueño de mayores recursos para responder a esos desafíos? Rotundamente, si.
Incluso en el nivel físico, pueden producirse cambios notables a medida que desarrolla su autoconfianza y su autorrespeto:
  • Sus ojos estarán más alertas, brillantes y vivaces.
  • En algún momento su rostro se volverá más relajado y (salvo en caso de enfermedad) tenderá a mostrar un color natural y un mejor aspecto del cutis.
  • Es probable que su mentón adquiera una postura más natural, más en línea con su cuerpo.
  • Su mandíbula tenderá a estar más relajada.
  • Sus manos estarán más relajadas, elegantes y tranquilas.
  • Sus brazos colgarán de una forma natural y relajada.
  • Su postura será relajada, erecta, bien equilibrada.
  • Su modo de caminar será resuelto (sin ser agresivo ni arrogante).
  • Su voz adquirirá modulaciones adecuadas a las diversas situaciones, y su pronunciación será clara.
* * *
Lo más probable es que exhiba estos rasgos cada vez en mayor medida, como se ha observado en numerosos hombres y mujeres que gozan de una alta autoestima, en los cuales se advierte la presencia de estas características.
Advertirá que el tema de la relajación se repite una y otra vez. Relajarse implica que no se esconde de usted mismo y que no está en guerra con quien es, mientras que la tensión crónica transmite un mensaje acerca de alguna suerte de escisión interna, alguna especie de autoevasión o autorrepudio, algún aspecto de un sí mismo rechazado o constreñido.
Si los rasgos psicológicos y físicos que he mencionado llegasen a convertirse en una parte natural de usted, pregúntese como cambiarían su experiencia de estar vivo. Pregúntese como le afectarían en su capacidad de amar y ser amado. Pregúntese cómo modificarían su visión del trabajo, sus proyectos para el futuro, las metas que aspira a alcanzar.
El aumento de la autoestima hace las cosas diferentes. Cuando usted tenga claro en qué consiste esa diferencia, sabrá que obtenerla merece la pena.
Y al comprometerse a realizar el viaje, descubrirá que en realidad ya ha comenzado.

viernes, 16 de abril de 2010

La autoestima, su impacto. Resumen (V)


A medida que usted desarrolle su autoestima:
  • Su rostro, sus gestos y su manera de hablar y de moverse tenderán naturalmente a proyectar el placer que le causa estar vivo.
  • En algún momento notará que es más capaz de hablar de sus logros o de sus imperfecciones de manera directa y sincera puesto que mantendrá una buena relación con los hechos.
  • Quizá descubra que se siente más cómodo al hacer y recibir elogios, expresiones de afecto, aprecio etcétera.
  • Estará más abierto a la crítica y a sentirse bien al reconocer sus equivocaciones, pues su autoestima no estará ligada a una imagen de "perfección"
  • Sus palabras y movimientos tenderán a ser desenvueltos y espontáneos ya que no estará en guerra con usted mismo.
  • Habrá cada vez más armonía entre lo que usted digo y haga, y su aspecto, su modo de hablar y de moverse.
  • Descubrirá que tiene una actitud cada vez más abierta y curiosa hacia las ideas y experiencias nuevas, las nuevas posibilidades que le ofrece la vida, puesto que para usted ésta se ha convertido en una aventura.
  • Los sentimientos de angustia o inseguridad, si se presentan, tendrán menos posibilidades de intimidarlo o abrumarlo, ya que controlarlos y superarlos le parecerá más fácil.
  • Es muy probable que descubra que disfruta de los aspectos más alegres de la vida, tanto en usted como en los otros.
  • Será más flexible al responder a situaciones y desafíos, movido por un espíritu de inventiva e incluso una capacidad lúdica, ya que confiará en su mente y no verá la vida como una fatalidad o una derrota.
  • Se sentirá más cómodo con una conducta energética (aunque no beligerante); será más rápido para defenderse y hablar por usted mismo.
  • Tenderá a preservar la armonía y la dignidad en situaciones de estrés, ya que cada vez le resultará más natural sentirse equilibrado.
...

jueves, 15 de abril de 2010

La autoestima, su impacto. Resumen (IV)


Tal vez la manifestación más elocuente sobre este problema sea la de un paciente de terapia, que decía hace muchos años: "Nathaniel, hace una semana que no me siento angustiado, y eso me está poniendo nervioso".
He visto muchos pacientes que, después de practicar las técnicas que presento en este libro, se liberaron de su depresión o de gran paste de ella, pero al cabo de un tiempo volvieron a caer en la autotortura porque aún se hallaban apegados a un concepto de sí mismos anticuado, que se quedó atrás ante su nueva experiencia. Durante años se vieron como seres atormentados. Organizaron sus vidas alrededor de este concepto de sí mismos, incluso en sus relaciones. "¿Qué diré o haré?. ¡No tengo experiencia de lo que es ser feliz! Además, si no soy feliz, no tengo nada que perder, no tienen nada que quitarme, mientras que si lo soy..."
Este es un ejemplo de lo "desconocido" de lo que hablaba hace un momento: el territorio no familiar en el cual penetramos cuando elevamos nuestra autoestima.
Y aún hay más: las reacciones de los otros a medida que van viendo nuestros cambios. Si estamos más seguros de nosotros mismos que antes, si transmitimos un mayor respeto por nosotros mismos -o si nos mostramos más abiertos, espontáneos, joviales, o estamos menos a la defensiva-, las formas en que nos traten los demás ya no se adecuarán, ya no serán apropiadas para quienes somos ahora, y ellos pueden desorientarse. Entonces, o bien adaptarán sus conductas al nuevo concepto de nosotros mismos que proyectamos o bien (a sabiendas o no) tratarán de manipularnos para que volvamos a nuestro viejo concepto de nosotros mismos. Una vez más, nos enfrentamos con lo no familiar, lo desconocido.
Quizá nuestra resistencia a estos cambios nos vuelva reacios a participar en los ejercicios o practicar las nuevas conductas. Es preciso que combatamos tanto la inercia como el miedo. ¿Cuáles son las recompensas, si aceptamos estos sentimientos, pero sin ceder a ellos, y en cambio mantenemos nuestra determinación a avanzar en la autoconfianza, el autorrespeto y el goce de la vida?
En el nivel de la experiencia directa, interna, ahora la respuesta está clara: mayor confianza en sí mismo y amor por sí mismo, mayor satisfacción con nuestro propio ser, mayor orgullo por lo que hemos logrado con nuestra propia persona.
...

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