jueves, 23 de mayo de 2013

La alquimia de la voz (IV) En el principio


Dios dijo: "Hágase la luz", y la luz se hizo...
Nuestros antepasados creían que toda creación se había logrado gracias al sonido y que la Tierra misma había llegado a existir gracias a su poder; este sonido se movía entonces, y continúa moviéndose en la actualidad, por todos los aspectos de la creación. Aquellas gentes creían que este principio de animación era el sonido de la voz de Dios.
Como consecuencia de ello nosotros, los seres humanos, siempre hemos dedicado nuestras voces a la veneración y gloria de Dios como creador principal. 
A través de las alabanzas, las peticiones y la participación hemos elevado nuestras voces por respeto a la idea de que "en el principio era el Verbo, y el Verbo era con Dios, y el Verbo era Dios". Esta afirmación resuena por todas las culturas con diferentes formas. A través de la armonía del sonido de la naturaleza es la fuente de toda manifestación y la causa de que toda existencia, siendo por ello el único medio verdadero entre Dios y el hombre, una conexión indivisible entre el creador y el sonido. 
El hombre ha nombrado a Dios y lo ha conocido de muchas formas. De hecho, la misma palabra "humano" procede de palabras antiguas conectadas con el espíritu de Dios. En los países orientales el sonido de la espiración, "hu", se conoce como el espíritu de todos los sonidos y todas las palabras. El sonido hu en la palabra "humano" significa, en sánscrito, "el aliento del espíritu", mientras que ma significa en árabe, "agua". La Biblia afirma que "quien no naciere del agua y el Espíritu, no puede entrar en el reino de los cielos". En la mística oriental, la palabra "humano" ilumina dos ideas intrínsecas al carácter de humanidad: hu significa "Dios" y man Significa "mente". Las dos palabras se funden o transmutan para indicar que Dios está dentro de todas las cosas y que es a través de la humanidad como es conocido.
Las antiguas culturas sabían todo esto y celebraban sus enseñanzas con sonidos sacros y seculares. Dirigían la resonancia de sus armonías sagradas con la energía del pensamiento, inspirados por sus corazones. Creían que a través del sonido se atrapaba la triple función de los eterno, lo universal y lo individual en la fusión del pasado, presente y futuro, y que en el interior de esta fuerza yacía el proyecto original de la humanidad como una fuente eterna.

(Extraído del libro "La alquimia de la voz". Autor Stewart Pearce)

miércoles, 22 de mayo de 2013

La alquimia de la voz (III) El origen del sonido



Aquel que conoce el secreto del sonido, conoce el misterio de todo el universo.
Hazrat Inayat Khan

El sonido posee una inmensa fuerza creadora. Es un componente primario de la energía molecular y afecta a la materia; por ello, tiene un enorme impacto sobre el paisaje del mundo dentro de nosotros y sin nosotros. Des de tiempo inmemorial se ha creído que el sonido está en el centro de la creación y conforma el universo en el que vivimos. Sitúate por un momento en la auténtica verdad de tu nacimiento –en cierto sentido, tu primer acto creativo–. Al entrar en el mundo, tu primer acto independiente fue respirar y, a continuación, producir un sonido, el sonido de tu creación. ¡Desde entonces, cada vez que has producido un sonido te has recreado a ti mismo!
A lo largo de los siglos hemos desarrollado una comprensión del poder de transformación del sonido y hemos llegado a entender el modo en que el sonido, como fuerza viva, posee también la capacidad de transmutar la vida. Puede transformar nuestros pensamientos y sentimientos, y con ello la misma sustancia y estado de nuestros cuerpo. Como ilustración simple de esta idea, piensa en lo terriblemente duro que puede resultar el sonido de un martillo neumático o el del claxon de un coche cuando nos sobresalta en un momento de reflexión personal. Este entendimiento radical ha llevado a los científicos a explorar horizontes nuevos muy excitantes como el desarrollo de instrumentos mediante ondas sonoras que poseen el poder de transformar la energía celular y, en consecuencia, de sanar el cuerpo humano.
Sin embargo, de todos los sonidos existentes, en mi opinión, el más poderoso es el de la voz humana. Su fuerza viva, que respira y crea, nos otorga la capacidad de realizar cambios asombrosos en nuestros pensamientos y sentimientos, en nuestras creaciones y construcciones. Pues el poder de nuestra voz cristaliza el pensamiento y, por ello, su energía puede usarse para transmutar nuestro aspecto exterior, nuestra actitud, nuestras creencias, nuestra creatividad y nuestra presencia física; transforma nuestras vidas. Piensa en cómo una pieza musical concreta puede producir un profundo efecto sobre tu estado de ánimo. Ahora imagina que existe dentro de ti un poder atún mayor, disponible en todo momento, y que cuando lo diriges puede influir no sólo en tu estado de ánimo, sino en todo tu aspecto exterior y en tus creencias acerca del poder personal que ejerces en el mundo. Este instrumento de sonido que posees, tu voz, puede convertirse en tu propia fuerza liberadora, creativa y de cambio para tu vida.
[…]... déjame que te explique primero, y con brevedad el papel del sonido en el origen del universo y su extraordinario poder a lo largo de los tiempos, en particular, me voy a referir al sonido de la voz humana.

(Texto extraído del libro "La alquimia de la voz". Autor Stewart Pearce)

martes, 21 de mayo de 2013

La alquimia de la voz. (II) La voz humana es algo asombroso


La voz humana es algo asombroso. Desde el primer vagido de vida, desde nuestra primera aspiración, utilizamos nuestras voces para conectarnos con el mundo. Los sonidos que proferimos, los tonos que empleamos, las palabras que elegimos...; todo ello dirige y conforma nuestra identidad. Para pedir un capuchino, jurar amor eterno, declarar la guerra, alabar desde lo más profundo de nuestro corazón, jurar, corregir y rechazar no hacemos otra cosa que respirar y abrir la boca para crear sonido. 
La voz puede hacernos llorar, romper un cristal o sanar un corazón roto. Puede subyugar, seducir, enfurecer u ordenar; inspira espanto y terror, confianza y amor. El sonido de una voz puede evocar recuerdos, sensaciones, pensamientos y sentimientos. Tiene un poder impresionante para establecer o romper fuertes lazos, para torturar o elevar, para crear o destruir. Por todo ello, la voz está presente en el núcleo de nuestro poder persona y resuena no sólo en las palabras, sino en los muchos otros sonidos que nosotros, ruidosas criaturas, proferimos. Piensa en lo contagiosa y alegra que puede ser una carcajada. Imagina unas notas musicales que se elevan y comprueba su poder para transportarnos a escenarios gloriosos. Recuerda los quejidos de dolor, los sollozos de desesperación, y el efecto tan triste que producen en nosotros.
Éste es el poder de la voz. Sin embargo, muchos de nosotros consideramos nuestra propia voz como algo que está ahí, sin más. La utilizamos como una herramienta de uso diario, sin concederle un poco de atención más que de vez en cuando. Quizá nos guste o pude que la consideramos demasiado aguda, baja, alta o tranquila, pero la mayor parte del tiempo, sencillamente, la usamos sin pensar. 
La voz es un regalo maravilloso. Posee un gran poder de influencia tanto sobre nosotros mismo como sobre los demás. Cuando la empleas en toda su capacidad, la voz tiene el poder de influir en tu vida de muchísimas formas increíbles, y cuando empiezas a entenderla y a trabajar con ella se transforma en mucho más que algo que te brota de la punta de la lengua. Cuando esté conectada con tu corazón y salga de muy dentro de tu ser, tendrá el poder de transformar tu vida. Cuando hables con tu verdadera voz, lo que significa emplear tu propia y exclusiva "nota autógrafa", sentirás y vivirás con autenticidad verdadera. Tu nivel de confianza se elevará de manera vertiginosa y el sentido de ti mismo –de ser alguien a quien los demás escuchan y que, a su vez, escucha a los demás– aumentará enormemente. Con ello, tu capacidad para conseguir lo que deseas en la vida crecerá de manera poderosa y vital.
Lo que deseas puede ser práctico, emocional o espiritual. Quizá se trate de un nuevo trabajo o una carrera, un perfil más alto, un conocimiento de ti mismo más profundo, una autoconfianza luminosa, la capacidad de dar charlas y presentaciones de forma ágil, la sanación de una herida del pasado o, sencillamente, aprender a hablar con soltura y fluidez. Puede ser una transformación de tu cuerpo y de tus sentimientos, un deseo de comunicación a un nivel más profundo o una sensación de equilibrio de mente, cuerpo y espíritu más plena. Sea lo que fuere, puedes emplear tu voz para conseguir un estado nuevo. ¡Cualquier reto se convertirá en algo perteneciente al pasado!
Tu voz es tu identidad sonora. Ella informa al mundo de quién eres a través de su posición, su tono, su resonancia, su energía y su expresividad. La mayoría de nosotros utilizamos una voz "de diario" que hemos adaptado para que se ajuste a las expectativas sociales o a lo que consideramos nuestro papel en la vida. Esta voz "de todos los días" es, a menudo, totalmente distinta de nuestra auténtica voz. 
En los países occidentales vivimos en un mundo intelectual. Desde muy pequeños se nos enseña a creer que pensar es lo único importante, mientras que los sentimientos permanecen reprimidos. Hemos aprendido a retraernos, a ser reservados y callados, a analizar más que a expresar, a refrenar la expresión de nuestras ideas y sentimientos. Como consecuencia de ello, disminuimos y reprimimos uno de nuestros más maravillosos recursos: la voz de nuestro verdadero ser. 
Lo único que puede descubrir la naturaleza de nuestra verdadera voz es reconocer nuestros auténticos sentimientos y permitir que se expresen. Cuando dejamos de reprimir nuestros sentimientos dejamos de ocultar nuestra verdadera voz,, porque podemos hablar en alto con claridad, con resonancia y desde lo más profundo de nuestra alma, ya que nuestra voz única es el sonido de nuestra verdad y, por ello, un medio para la revelación. 
Yo creo que hemos "olvidado" o "no-recordado" el auténtico núcleo de sonido y nos hemos alejando de la pasión del sentimiento que aporta a este sonido central su magnífica cualidad. Mi objetivo es ayudarte a redescubrir tu verdadera voz y a expresarla con energía y felicidad, mientras disipas el miedo de tu corazón, de tu mente y de tu alma e iluminas todos tus procesos de comunicación. 

(Texto extraido del libro "La alquimia de la voz. Autor Stewart Pearce)

lunes, 20 de mayo de 2013

La alquimia de la voz. (I) Hombre, conócete a ti mismo y conocerás el universo

Estas palabras aparecían inscritas sobre las columnas de Hércules, el punto de entrada a los templos de las antiguas escuelas de misterio griegas, y puede que sean un tributo adecuado para el punto de entrada de este texto.
Stewart Pearce, que es Master of Voice en el Shakespeare's Globe Theatre, de Londres, trabaja la maravillosa oportunidad de hablar en un anfiteatro construido para el sonido; un anfiteatro construido también para algunos de los sonidos más bellos creados por la lengua inglesa por obra y gracia de la pluma de William Shakespeare.
Cuando reunimos a los actores el primer día de ensayos en el Globe Theatre, de Londres, trabaja con nosotros, los actores, para ayudarnos a todos a obtener la maravillosa oportunidad de hablar en un anfiteatros construido para el sonido; un anfiteatro construido también para algunos de los sonidos más bellos creados por la lengua inglesa por obra y gracia de la pluma de William Shakespeare.
Cuando reunimos a los actores el primer día de ensayos en el Globe, me gusta especialmente el profundo momento de silencio que se produce antes de que empiece a dar bienvenidas, instrucciones y toda la información que permite a un grupo de diestros artistas llevar a cabo algo tan difícil de definir como una obra de teatro de Shakespeare. Intento provocar este expectante momento de quietud antes del trabajo leyendo una poseía, y este año leí lo siguiente:

Esto que ahora tenemos
No es imaginación

Esto no es 
Pena ni alegría

No es un estado en el que juzguemos 
Ni una gran alegría
NI pena

Todo eso va
Y viene

Esto es la presencia
Que no es

Es el amanecer, Husam
Aquí en el esplendor de coral
Dentro del amigo, la sencilla verdad
De lo que dijo Hallaj

¿Qué otra cosa podrían desear los seres humanos?

Cuando las uvas se vuelven vino
Lo que desean
Es esto

Cuando el cielo de la noche se derrama sobre nosotros
En realidad es una masa de mendigos
¡Y todos quieren una parte de esto!

Esto
Que ahora somos

Creó el cuerpo, célula a célula
Como las abejas construyen la colmena

El cuerpo humano y el universo
Crecieron de esto,
No esto
Del universo y del cuerpo humano

Rumi

Rumi escribe sobre la presencia, y cuando me atrevo a leer en voz alta alguno de sus resonantes pensamientos saco fuera todo mi trabajo con Stewart. Decir en voz alta pensamientos como los anteriores requiere del sonido de una cierta presencia natural y de la honestidad. ¿Cómo puede uno desarrollar una voz así?
En la cultura maya existe una creencia que me han relatado de la siguiente manera. El mundo está creado por una canción que los dioses entonan sin parar. Todo lo que recibimos a través de nuestros sentidos es una manifestación de las vibraciones de esta canción, interpretada en el plano etérico de la existencia. En cierto modo, esta creencia no está muy alejada de la teoría científica de que toda la materia no es más que energía en vibración.
os mayas también nos enseñan que las reglas de cortesía deben respetarse en el plano etérico tanto como en los seres humanos. Los saludos, las despedidas, los reglaos, las alabanzas, el reconocimiento y, sobre todo, el agradecimiento por la creación resultan de mucha ayuda. Los dioses mayas aprecian la belleza como nosotros apreciamos la comida: les alimenta. Especialmente amados son los bellos sones que pueden observarse en el increíble sonido del idioma de los indígenas. Sus oraciones, tal y como las he escuchado, están llenas de descripciones del mundo natural expresadas en una salvaje poseía de imagen y amor. En nuestra cultura, sólo Shakespeare se acerca a ellas. 
Cantar o hablar con belleza a los dioses mayas aumenta su habilidad de cantar al mundo para que se cree. Se establece una especie de ciclo de canción que posibilita todo. Podemos observar un fenómeno singular que se produce cuando nosotros, los seres humanos, escuchamos a un maravilloso orador o cantante.
Hubo un tiempo en el que los padres escuchaban a los jóvenes que acudían a cortejar a sus hijas. El aspecto del chico no les engañaba y lo que apreciaban era la forma en la que hablaban. En la voz de una persona pueden escucharse la honestidad, el ingenio, el autoconocimiento, el sufrimiento, el alma, la lealtad y la integridad general. Es su personaje.
Fue Confucio el que afirmó que uno puede cambiar la sociedad si antes cambia el lenguaje de la sociedad.
Stewart me ha ayudado, como actor y como persona, a acercarme a estas desafiantes ideas sin miedo. El no impone una voz, sino que trabaja para liberar el sonido auténtico del individuo: tu sonido. Ha otorgado al mío la tierra o el suelo sobre el que levantarme. En ocasiones, los sonidos que me ha ayudado a producir han tocado una fibra profunda de mi interior, recuerdos de miedo acerca de quién soy. Parece que uno de los aspecto de la resonancia que busco como orador es una mayor conciencia de mí mismo, en especial de esas zonas en la sombra. La comprensión instintiva y trabajada de Stewart y su conocimiento de las vibraciones del sonido –el efecto que el sonido produce sobre un orador y un oyente, con independencia del pensamiento y la emoción– son unos dones muy poco frecuentes.
Como director artístico y como actor, estos dones me han ahorrado miles de libras esterlinas. En los primeros años del reconstruido Shakespeare's Globe Theatre estaba a punto de gastar mucho dinero en un equipo acústico, porque tanto a mis compañeros actores como a mi mismo nos resultaba difícil hacernos oír; entonces conocí a Stewart.
Si ha conseguido expresar una décima parte de esos dones en el presente libro, éste seria una fuente de inspiración y gran regalo para todos los que lo lean.












Mark Rylance 
Director artístico y actor
del Shakespeare's Globe Theatre
Mayo 2004

(Texto extraído del libro "La alquimia de la voz". Autor Stewart Pearce. Este corresponde al prefacio) 

viernes, 17 de mayo de 2013

La seducción de la ciencia (IV y última)


Pese a tan ingeniosos malabarismos, la craneología acabaría sucumbiendo, no obstante, bajo el peso de sus propias contradicciones internas. A principios de nuestro siglo, reinaba un gran desconcierto en este ámbito bajo el impacto acumulativo de las numerosas disensiones internas y la insatisfacción de la opinión pública con sus explicaciones. * Alice Lee, una matemática londinense, asestó un golpe mortal a sus planteamientos en 1901, mediante un estudio comparativo sobre el tamaño del cráneo de las estudiantes de medicina (todas ellas mujeres presumiblemente en pleno uso de sus facultades mentales, puesto que habían sido admitidas en tan augusto círculo), y el de respetados profesores de la facultad. Ante la evidencia de que algunas alumnas tenían cráneos de mayor tamaño que ciertos eminentes varones, los distinguidos profesores tuvieron que optar entre reafirmar su propia inteligencia o seguir respaldando las teorías craneológicas aceptadas. (Como señalaba Lee, la teoría no podía considerarse válida para la generalidad de un sexo si no se confirmaba también en los casos individuales.) Lee, que había realizado sus estudios bajo la rigurosa dirección de Karl Pearson, un respetado biometrista, también observó que en la mayoría de los casos las medidas craneales  presentaban diferencias no superiores al margen de error aceptado de un 3%. Su estudio fue objeto de furibundas críticas por parte de los craneólogos y, como les sucede a muchas estudiosas en la actualidad, no se le concedió mayor transcendencia hasta que un respetado académico salió en su defensa; en este caso, el vigoroso respaldo vino del propio Pearson, un defensor de la causa de la emancipación femenina. 

*Otro esfuerzo  craneológico fallido intentó relacionar la inteligencia con la inclinación de los planos faciales. La frente saliente y nariz protuberante de los varones blancos –en contraste con la nariz más reducida de las mujeres o más achatada de los hombres africanos y asiáticos– se consideraron indicativas de una mayor capacidad intelectual. Esta teoría se vino abajo ante la constatación de que algunos animales, como por ejemplo,  el oso hormiguero, también tienen narices prominentes. 
Nunca se llegó a resolver otro dilema: ¿la inferioridad de los cráneos femeninos se debía a su forma más redondeada (como en las criaturas) o a su configuración más alargada (como en la gente negra)?

En los años siguientes, nuevas muestras más amplias y aleatorias acabaron de confirmar lo que ahora es bien sabido, esto es: que no existen diferencias raciales consistentes en cuanto al tamaño medio del cerebro y que, tanto en el caso de los hombres como en el de las mujeres, la inteligencia no guarda la menor relación con las dimensiones del cráneo ni el tamaño del cerebro, salvo acusadas desviaciones de la norma. 
La craneología estaba condenada de entrada al fracaso,al postular como punto de partida las falsas hipótesis de la superioridad masculina y caucásica.* Pero los respetables prejuicios que favorecieron el desarrollo y aceptación de estas teorías, así como su largo siglo de vigencia, ya habían causado un número incalculable de víctimas. 
John Hope Franklin, un especialista en historia afroamericana moderna de la Universidad de Duke, considera que estas ideas contribuyeron tanto al mantenimiento de la población afroamericana en la esclavitud y a su privación de derechos constitucionales como las motivaciones económicas que suelen citarse más a menudo. Según sus palabras, "no sabemos si realmente habría sido imposible" lograr la ratificación de la Constitución si sus principios hubiesen declarado ilegal la esclavitud, "sólo creemos saberlo". Y señala como causa "la noción de la inherente inferioridad de la población africana, para la cual la esclavitud constituía, por consiguiente, un estado satisfactorio y tal vez incluso deseable". 
Los argumentos biologistas siguieron utilizándose en el ámbito político y social aún después de quedar desacreditados científicamente; en la Alemania nazi, por ejemplo. Y los ciudadanos y ciudadanas de la Unión Soviética no descubrieron hasta 1991, gracias al nuevo espíritu de apertura y de glasnot, los trabajos realizados por un centro de estudios de Moscú durante sesenta y siete años para intentar corroborar los postulados de Stalin, para quien la creación del "hombre nuevo soviético" requería fomentar el desarrollo del peso cerebral como medida de la inteligencia (en el marco de los cuales se había pesado meticulosamente y todavía se conservaba el cerebro del propio Stalin, así como el de Lenin e incluso el del disidente Andréi Sajárov). En los Estados Unidos ya no suelen defenderse abiertamente estas teorías, si bien continúan aflorando en los chistes e historietas crueles que todavía presentan a personajes afroamericanos con características simiescas, así como en los argumentos que siguen apelando a cierta contradicción entre la "feminidad" y la inteligencia, o en la idea de la biología femenina limita las posibilidades de pensamiento racional en la mujer. Encontramos una versión actualizada de este prejuicio en la creencia de que los avances logrados por las mujeres están resultado perjudiciales para nuestra salud. Pese a que la longevidad y salud mental de las mujeres de todas las razas en realidad han mejorado en los últimos veinte años, coincidiendo con los nuevos embates del feminismo –y  a pesar de que la mayor incidencia de enfermedades asociadas a la tensión siempre se ha registrado entre las mujeres negras pobres y no entre los ejecutivos blancos–, no he dejado de postularse que las mujeres que realizan "trabajos masculinos" sufrirán "enfermedades masculinas", con una no muy elevada amenaza de que "el éxito puede ser dañino".
De todos modos, lo cierto es que actualmente la craneología y otras teorías del siglo XIX encaminadas a justificar las diferencias entre diversos grupos en general parecen ridículas. Justamente por eso es importante recordar que fueron consideradas respetables en su tiempo y acoger con sano escepticismo otras teorías actualmente en boga, que con los años podrían demostrarse igualmente engañosas, nocivas para la autoestima y erróneas.
En 1981, el antropólogo Stephen Jay Gould se propuso enmendar parte del daño causado por su profesión. En The Mismeasure of Man [Medidas erróneas del hombre] (un título que, irónicamente, se olvida una vez más de las mujeres), revisa en los antiguos estudios craneológicos poniendo al descubierto los métodos poco rigurosos, sesgados y a veces fraudulentos utilizados en su masiva recopilación de datos. Sin embargo, Gould comprobó que, en la mayoría de los casos, no se obró con malicia y ni siquiera con conciencia de la falta de rigor; una importante confirmación del peso que pueden tener los presupuestos culturales en el desarrollo de la ciencia. Las teorías logran el máximo impacto –concluye Gould– cuando ofrecen a millones de personas el convencimiento de que "sus prejuicios sociales reflejan, de hecho, realidades científicas".

Gloria Steinem

jueves, 16 de mayo de 2013

La seducción de la ciencia (III)


La craneología demostró ser lo suficientemente flexible para superar numerosas divergencias internas y algunas creencias. Por ejemplo, en la segunda mitad del siglo XIX la neuroanatomía situaba las actividades mentales superiores en los lóbulos frontales del cerebro. Como era de esperar, los craneólogos confirmaron el mayor tamaño de esas zonas en los cráneos masculinos, así como las regiones parietales –las partes laterales superiores del cráneo– eran más amplias en las mujeres. Pero la neuroanatomía revisó esta idea hacia finales de siglo, para situar las capacidades intelectuales superiores en las zonas parietales. Los craneólogos no tardaron en descubrir un error en sus anteriores mediciones: los lóbulos parietales en realidad eran de mayor tamaño en los varones, mientras que las zonas frontales, ahora de menor importancia, eran reducidas. 
Con el tiempo, los craneólogos, también se vieron obligados a modificar el criterio que correlacionaba el nivel de inteligencia con el volumen cerebral, como principal indicador. De ser así, las ballenas, los elefantes y otros animales dotados de cerebros de mucho mayor tamaño que el humano habrían contado con un potencial de inteligencia superior al del Homo Sapiens. La solución obvia era considerar el tamaño relativo del cuerpo, aunque surgieron divergencias internas en cuanto al procedimiento a seguir. ¿Debería adoptarse como criterio la relación entre el peso del cerebro y el peso corporal (en cuyo caso las mujeres, como grupo, habrían resultado ser más inteligentes que los hombres como grupo)? ¿O debía partirse de la relación entre la superficie cerebral y la corporal (criterio que demostraría la inferioridad intelectual  de las mujeres, pero en virtud del cual los hombres blancos también resultarían inferiores a los de algunas otras razas)? 
Por desgracia para la craneología, no existía una respuesta capaz de satisfacer a la vez las exigencias de la lógica y las necesidades políticas. Además, también hubo algunos escándalos: a veces, los científicos simplemente habían dado por supuesto que los cráneos y cerebros utilizados en las experiencias de laboratorio procedían de cadáveres masculinos o femeninos, dejándose guiar por sus propios criterios tautológicos, y otras establecían comparaciones entre parámetros no equivalentes del total de más de 5.000 mediciones que ser realizaban sobre cada cráneo. En un esfuerzo por salvar la profesión, algunos craneólogos optaron por volver a los orígenes, recuperando la simple jerarquía a partir de la asociación entre el tamaño del cráneo y el del cerebro. A fin de cuentas, era un criterio más comprensible y a la vez satisfacía una exigencia de sentido común, puesto que ofrecía una explicación de la superioridad masculina. 
Sin embargo, muy pronto nuevos datos sobre pacientes mentales revelaron un hecho alarmante: muchas de esas personas, consideradas "inferiores", tenían cráneos de gran tamaño. Dada la mayor propensión (actualmente comprobada) a considerar perturbadas a las mujeres que no se plegaban a los roles asignados a su género, éstas representaban una parte desproporcionada de la población de pacientes mentales en general, incluido el grupo con cráneos de mayor tamaño.
Se idearon diversas explicaciones ingeniosas. Algunos científicos adujeron que un cráneo voluminoso, a la vez que era indicativo de una mayor capacidad intelectual, también aparecía asociado a un mayor riesgo de locura. La mayor fuerza de carácter de los varones favorecía el desarrollo de la primera característica y les hacía más inmunes a la segunda.  Las mujeres, cuya debilidad y propensión a la histeria, condicionada por sus órganos femeninos, eran bien conocidas, no podían aprovechar su potencial intelectual y tendían a sufrir desequilibrios mentales. Entre las pruebas presentadas figuraba el caso de una estudiante universitaria con un cerebro de excepcionales dimensiones que se había suicidado después de suspender los exámenes. Tan practica teoría sobre las diferentes consecuencias de la posesión de un cráneo de gran tamaño para los hombres y para las mujeres, permitía dar respuesta a tres interrogantes: por qué un número desproporcionado de pacientes mentales eran mujeres, por qué todos los genios eran hombres y por qué eran más frecuentes los suicidios entre las mujeres que entre los hombres. 

Gloria Steinem

martes, 14 de mayo de 2013

La seducción de la ciencia (II)


De entrada, se constató la mayor "capacidad craneana" de los hombres como grupo comparados con las mujeres también como grupo, dato que inspiraría y a la vez serviría para demostrar la premisa básica que establecía una correlación directa entre capacidad craneana e inteligencia. Numerosos y amplios  estudios comparados de múltiples medidas  craneanas según la raza y la etnia, además del sexo, permitieron a los craneólogos anunciar que la capacidad craneana media de la raza blanca también era superior a la de las poblaciones africanas, asiáticas o incluso sureuropeas. 
Estos resultados concordaban con otras conclusiones de las principales corrientes eruditas de la época. Desde la antropología hasta la neurología, la ciencia había demostrado los fundamentos biológicos de las virtudes victorianas de la pasividad, domesticidad y mayor moralidad (léase mayor actividad sexual) de las mujeres. Análogamente, también la pasividad, dependencia e infantilización de las razas " oscuras" (todavía descritas entonces como la "carga del hombre blanco) se consideraban parte de su condición biológica. Los evolucionistas también aportaron su granito de arena: los hombres no caucásicos y las mujeres de todas las razas se encontraban en un estadio inferior del proceso evolutivo. En el caso de las diferencias raciales, la razón era simplemente de tiempo, toda vez que las civilizaciones europeas se consideraban de origen más antiguo. En el caso de las mujeres caucásicas –cuya evolución obviamente había sido tan larga como la de sus congéneres masculinos–, se ofrecía otra explicación. La menor complejidad del sistema nervioso y nivel de inteligencia más bajo de las hembras eran adaptaciones evolutivas a los dolores del parto, las tareas domésticas repetitivas y el desarrollo de otros trabajos físicos que no exigían esfuerzo intelectual. Obviamente, también las mujeres de las razas "inferiores" se consideraban inferiores a los hombres de su grupo.
Igual que ocurre en la sexualidad, los tópicos biologistas basados en esas teorías sexuales y raciales eran equivalentes. Los hombres de color y todas las mujeres, caucásicas y de otras razas, se describían como personas infantiles, gobernadas por sus emociones, más próximas a la naturaleza, de capacidad intelectual limitada, aptas para realizar tareas físicas. a quienes debían marcarse unas pautas simples de conducta, etc., sólo con algunas diferencias –mayor fuerza física en el caso de los hombres de color, mayor tolerancia al dolor y a los sufrimientos del parto en el caso de todas las mujeres– destinadas a justificar las diversidad de funciones y utilización económica. La suma de todos estos tópicos contribuyó eficazmente a legitimar la supremacía de los hombres blancos.
Elizabeth Fee, estudiosa de la craneología del siglo XIX, ha recopilado numerosas citas significativas como las siguientes:

  • En 1863, James Hunt, presidente de la Sociedad Antropológica de Londres, demostró contundentemente la doble inferioridad de las mujeres de color,  en razón de su sexo y de su raza: "No cabe duda de que el cerebro del negro es muy semejante al de una mujer o un niño europeos y, por tanto, evidencia una mayor proximidad a los simios, a los cuales todavía está más cercana la negra". 
  • En 1866, el craneólogo francés F Pruner expuso las consecuencias sociales de esta analogía sexo/raza en los siguientes términos: "El negro se parece a la mujer en su amor por los niños y su apego a su familia y a su cabaña". Y añade: "El hombre negro es al hombre blanco lo que la mujer es al hombre."
  • En 1879, G. Le Bont, otro craneólogo, manifestó sin atisbo de duda: "Las razas más inteligentes, como es el caso de los parisienses, incluyen un gran número de mujeres con cerebros de tamaño más cercano al de los gorilas que al de los cerebros masculinos más desarrollados. Tan evidente inferioridad no admite ya discusión, el único debate de interés se centra en una cuestión de grado."
Con el desarrollo y creciente popularización de la craneología, un número impresionante de datos sobre el ser humano vinieron a sumarse a anteriores argumentos basados en la obsesión del mundo vegetal y animal, en favor de la procreación limitada exclusivamente al seno del propio grupo. Esta corroboración de la importancia de la pureza y la superioridad raciales resultó especialmente significativa en los Estados Unidos, donde una guerra civil contra la esclavitud, un movimiento nacional contra la reducción de las mujeres a la condición de propiedad legal de sus padres y maridos y la lucha conjunta de ambos movimientos por el sufragio universal para todas las personas adultas amenazaban con socavar todo el sistema de castas sexista y racista. La craneología ratificó la necesidad de restringir la libertad de las mujeres blancas –medio de reproducción de la raza blanca– y de prohibir el "mestizaje", la "mezcla", "cruce" o "hibridación" raciales. Aunque las leyes contra el mestizaje no se aplicaban a los hombres blancos que engendraban criaturas con mujeres de color, a veces violándolas, impedían sin embargo la legitimación de cualquier unión de ese tipo, garantizando de este modo la perpetuación de un sistema de herencia racialmente "puro". También se aplicaron con todo el rigor para impedir cualquier tipo de vinculo entre una mujer blanca y un hombre de color. 

Gloria Steinem 

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Tamaño no es equivalencia de calidad, como parecía ser la visión de estos hombres, o parece ser la de algunos de los de hoy, que aún se aferran –aunque con refinada sutilidad para que no se haga muy evidente, ni ante ellos mismos– a estas creencias "científicas". El apego al tamaño –que procede de una visión poco evolucionada, inmadura– también contamina las investigaciones. Y no sólo...

haideé

lunes, 13 de mayo de 2013

La seducción de la ciencia (I)



La teoría determina qué puede observarse. 
Albert Einstein

Hará cosa de veinte años, cayó en mis manos un libro publicado por la Smithsonain Institution de Washington con el título Apes and Angels (Simios y ángeles). Es un compendio moderno de los datos eruditos, científico y populares –desde medidas comparadas del perímetro craneano y la longitud de los brazos, hasta estudios antropológicos y caricaturas populares– reunidos en el siglo pasado por la comunidad científica y difundidos por la prensa como "prueba" de una tesis entonces popular y respetable, a saber: que la población irlandesa descendía de los simios y sólo se remontaba a unas pocas generaciones, en tanto que la inglesa era descendiente del hombre, creado a imagen de Dios, y por consiguiente estaba formada por "ángeles".
Además de una impresionante acumulación de pruebas forenses, las tesis científicas del momento apoyaron sus afirmaciones en la realidad circundante. La mayoría de irlandeses eran pobres y, por tanto, constituían una parte desproporcionadamente alta de la población reclusa, en una época en que ser pobre y delincuente se consideraba taras genéticas. Los trabajadoras y trabajadores irlandeses residentes en Inglaterra eran en general analfabetos y ocupaban los niveles más bajos de la jerarquía social; en cambio, las familias inglesas residentes en Irlanda eran poderosas y prósperas. También en los Estados Unidos, una parte importante de la inmigración irlandesa realizaba trabajos no cualificados o en el servicio doméstico sin contrato, y en ciudades como Boston competía con la población negra liberta por los mismos puestos de trabajo.
Lo que más llama la atención en esta argumentación biologista es la respetabilidad académica y social de que llegó a gozar en su tiempo. En este aspecto, resalta el paralelismo con otras teorías sobre las diferencias sexual y raciales basadas en el determinismo biológico. Por ejemplo, Freud fue en realidad muy explícito en su oposición a la igualdad de la mujer. "No nos dejemos apartar de estas conclusiones por las réplicas de los feministas de ambos sexos, afanosos de imponernos la equiparación y la equivalencia absoluta de los dos sexos", escribió a sus colegas. Sin embargo, sus teorías se han citado como planteamientos objetivos durante casi un siglo. Gracias a esa lectura retrospectiva sobre los simios y los ángeles, comencé a tomar conciencia de la necesidad de una crítica permanente hasta en los ámbitos supuestamente más objetivos de la enseñanza; cuanto más independientes de cualquier juicio de valor pretenden presentarse, más importante es mantener una perspectiva crítica.

Consideremos el caso del pensamiento científico, que actualmente influye de un modo determinante en la valoración de nuestro intelecto y aptitudes, incluida nuestra propia autovaloración. Sin embargo, los métodos científicos en que ahora nos basamos para calibrar y explicar nuestra experiencia personal no vienen avalados por una tradición tan remota como solemos suponer; al contrario, su incorporación a la historia humana sólo se remonta a trescientos o cuatrocientos años atrás. Además, durante la mayor parte de este periodo, la ciencia se desarrolló en reductos controlados por las religiones, que a menudo dificultaban o castigaban cualquier planteamiento secular susceptible de poner en entredicho las creencias religiosas sobre los orígenes y valor relativo de los seres humanos. (Las escuelas fundamentalistas cristianas que todavía enseñan la concepción creacionista y las interpretaciones del islam, el judaísmo, el sintoísmo y otras doctrinas religiosas de manos de los fundamentalísmos contemporáneos constituyen una buena muestra de la resistencia con que choca cualquier punto de vista que pretende explicar el ser humano como parte de la naturaleza). Incluso quienes perseveraron en la investigación científica secular, con gran riesgo personal en muchos casos, no pudieron permanecer completamente al margen de los supuestos culturales de su tiempo. Si la religión afirmaba, por ejemplo, que las mujeres y diversas razas de hombres no tenían alma, la ciencia pronto acabaría descubriendo que también eran seres "menos evolucionados". Primero se formulaba la teoría y a continuación se recopilaban los datos que la respaldaban, no necesariamente con deliberada hipocresía, sino como fruto de una perspectiva parcial y selectiva. 
Luego, en el siglo XIX, el materialismo y los contactos con otras culturas comenzaron a debilitar la autoridad práctica de la Iglesia, y la comunidad científica adquirió mayor autonomía, pero también heredó parte de la influencia que antaño monopolizaba la religión. Sobre ella recaería en adelante la tarea de explicar, justificar el colonialismo que había llegado a constituir el puntal de la prosperidad europea, a la ciencia le correspondió ofrecer otras explicaciones igualmente irrefutables encaminadas a demostrar que el sistema era positivo, un factor de progreso, y que se aplicaba a los demás pueblos "por su propio bien". 
Este interés por establecer una jerarquía según criterios racionales y étnicos fue el origen de la craneología, ciencia padre de muchas prestigiosas e influyentes especialidades dedicadas a documentar y medir las diferencias humanas. A través de elaboradas mediciones de la capacidad craneana, la nueva rama científica pretendía determinar el tamaño del cerebro, el desarrollo relativo de sus distintas partes, como un medio para medir (ésa era la hipótesis) la inteligencia misma. 
En su momento, la craneología debió de parecer humana comparada con muchas de las nociones en boga en los siglos XVII y XVIII: por ejemplo, que las mujeres inteligentes eran obra del demonio (creencia que sirvió para justificar la masacre de nueve millones de sanadoras y otras mujeres paganas y no conformistas, ajusticiadas por brujas a lo largo de los siglos de transición al cristianismo), o que las dolencias físicas y mentales de las personas se debían a un desequilibrio de los cuatro "humores": sangre, bilis, pituita y agua (noción en que se apoyaba la práctica médica habitual de la "sangría" como un medio para restablecer el equilibrio). La craneología ofrecía, en cambio, sencillas y contundentes pruebas comprobables de la existencia de una jerarquía humana y de sus manifestaciones intelectuales.

Gloria Steinem

viernes, 10 de mayo de 2013

Belleza. Siempre estás

haideé iglesias

En contacto de sombra, sin atisbo de perdurar en la penumbra que nos rocía de sinceridad, desde el vuelo perfecto en su cadencia, que ante mi y en mi se manifiesta... Belleza. Siempre estás.

jueves, 9 de mayo de 2013

Acerca de la superstición


Otro amigo ha preguntado: las cosas que queremos suprimir, tales como las cadenas de la fe ciega o de la superstición, quedan confirmadas todavía más en tus charlas. Según lo que dices, parece ser que hay vida tras la muerte, que hay dioses y fantasmas, que existe la transmigración del alma. En ese caso, será difícil librarse de las supersticiones. ¿No se reforzarán todavía más? 

Es preciso comprender dos cosas en este sentido. La primera es que si algo se toma como superstición sin estudiarlo e investigarlo debidamente, ello equivale a crear una superstición todavía mayor: es muestra de una mentalidad altamente supersticiosa. Una persona cree que hay fantasmas y espíritus malignos y vosotros la llamáis supersticiosa, y eso os hace sentiros muy entendidos. Pero la pregunta es: ¿qué es la superstición? Si alguien cree que hay fantasmas y espíritus malignos sin investigarlo, eso es superstición; y si otra persona cree que no existen tales cosas, también eso es superstición. La superstición es creer en algo sin saber si es cierto. Una persona no es supersticiosa por el mero hecho de que tenga creencias opuestas a las vuestras. 
El que cree en Dios puede ser tan crédulo como el no creyente. Debemos comprender la definición de superstición. Significa creer ciegamente en algo sin comprobarlo. Los rusos son unos supersticiosos ateos; los hindúes son unos teístas supersticiosos: ambos caen en la fe ciega. Los rusos nunca se han preocupado de descubrir si es verdad que Dios existe: se han limitado a creerlo así; y los hindúes tampoco han procurado descubrir si es verdad que Dios existe antes de creerlo así. Por lo tanto, no cometáis el error de creer que sólo los teístas son supersticiosos: los ateos también tienen sus propias supersticiones. Y lo raro es que también existe una superstición científica. Parece contradictorio: ¿cómo puede existir una superstición científica? 

Si habéis estudiado geometría, debéis conocer la definición de Euclides que dice que la línea tiene longitud pero no tiene grosor. Y bien, ¿acaso puede haber algo más supersticioso que esto? Nunca ha existido una línea sin grosor. A los niños se les enseña que el punto no tiene ni longitud ni grosor. ¿Puede existir un punto sin longitud ni grosor? Todos estamos acostumbrados a usar las cifras del uno al nueve. Bien, podríamos preguntarnos: ¿es que esto no es una superstición? ¿Por qué nueve cifras? Ningún científico puede explicar por qué se usan nueve cifras. ¿Por qué no siete? ¿Qué tiene de malo el siete? ¿Por qué no tres? Algunos matemáticos (Leibnitz fue uno de ellos) se las arreglaron con sólo tres cifras. Leibnitz dijo: al uno, dos tres, les sigue el diez, once, doce, trece; después viene el veinte, veintiuno, veintidós, veintitrés. Así era su sistema de numeración; se manejaba muy bien con él. y desafió a los que no estaban de acuerdo con él a que demostrasen que estaba equivocado. Puso en tela de juicio la necesidad de nueve cifras. 
Mas tarde, Einstein dijo que tampoco eran necesarias siquiera tres cifras y que bastaba con dos; sería difícil arreglárselas con sólo una cifra, pero dos son suficientes. La necesidad de nueve cifras en las matemáticas es una superstición científica. Pero el matemático tampoco está dispuesto a renunciar a ella. Dice: "¿Cómo podemos trabajar con menos de nueve cifras?" Así pues, esto no es más que una creencia; no tiene más significado que esto.
Desde un punto de vista científico creemos que son verdad centenares de cosas que, en realidad son supersticiones. Los científicos también son supersticiosos y en nuestros tiempos se están disipando las supersticiones religiosas mientras aumentan las supersticiones científicas. La diferencia entre las dos consiste, simplemente, en que si preguntáis a una persona religiosa cómo llegó a conocer la existencia de Dios, os dirá que está escrito en el Gita, mientras que si le preguntáis como llegó a saber que la aritmética funciona con nueve cifras, os dirá que está escrito en el libro de tal o cual matemático. 
¿Qué diferencia hay entre las dos? Las respuestas de cierto tipo se encuentran en el Gita, en el Corán; las respuestas de otro tipo se encuentran en un libro de matemáticas. ¿Qué diferencia hay? Esto demuestra que tenemos que comprender lo que es realmente la superstición. La superstición es aquello en lo que creemos sin tener un conocimiento de ello. Aceptamos muchas cosas y rechazamos muchas cosas sin saber nada de ellas: también esto es ser supersticioso. 
Suponed que en un pueblo un hombre es poseído por un espíritu. Las personas cultas dirán que es una superstición. Supongamos que las personas sin cultura son supersticiosas: ya las hemos tachado de supersticiosas porque estas personas sencillas, como son incultas, son incapaces de presentar ningún argumento que apoye su creencia. Así, todas las personas cultas del pueblo sostienen que el cuento de que este hombre está poseído por un espíritu es falso; pero no saben que en una universidad como la de Harvard, en los Estados Unidos, hay un departamento en que se llevan a cabo investigaciones sobre los espíritus y los fantasmas. El departamento ha publicado incluso fotografías de estos seres. No tienen ni idea de que en la actualidad algunos científicos muy respetados realizan serias investigaciones sobre los fantasmas y los espíritus, y han obtenido tales resultados que más tarde o más temprano llegarán a darse cuenta de que eran ellos, los hombres cultos, los que eran supersticiosos, y de que si bien aquellos a los que llamaban supersticiosos no sabían nada de aquello en lo que  creían, lo que decían era la verdad.
[…]
Este amigo nos dice ahora que tenemos que romper las cadenas de la superstición. Aseguraos primero de que existen cadenas, de lo contrario podéis romper también los brazos y las piernas de alguien. Sólo se pueden romper cadenas cuando hay tales cadenas. ¿Y si no hay ninguna? Debéis aseguraros también de que lo que tomáis por una cadena que debe romperse no resulta ser un adorno que tendréis que reconstruir. Todas estas cosas deben estudiarse con mucho cuidado. 
Yo estoy en contra de la superstición por completo: deben suprimirse las supersticiones de todo tipo. Pero esto no significa que esta supresión sea una superstición más. No significa que debamos ponernos a suprimirlas sin comprenderlas claramente, que debamos empeñarnos en romperlas sin una reflexión adecuada. Tal supresión arbitraria también se convertiría en supersticiosa.
Cada época tiene sus propias supersticiones. Recordadlo: las supersticiones también tienen modas. Las supersticiones adoptan una forma nueva en cada época. El hombre abandona las supersticiones antiguas y adopta otras nuevas, pero nunca se libera de ellas para siempre: las modifica y las cambia. Pero nosotros no nos damos cuenta de ello nunca.
[…]
Lo que quiero decir es que no hay manera de determinar lo que es supersticioso y lo que no lo es. En realidad, una misma cosa puede ser una superstición en ciertas circunstancias y puede ser científica en circunstancias diferentes. Una cosa que puede parecer científica en ciertas circunstancias puede parecer acientífica en un conjunto diferente de circunstancias. 
[…]
Mantener una superstición produce agrado, y también produce agrado quebrantarla. Lo agradable de mantener una superstición es que nos ahorra el trabajo de pensar: creemos lo que creen todos los demás. Ni siquiera queremos preguntarnos la explicación ni por qué es así. ¿Por que molestarnos? Nos limitamos a seguir a la multitud. Tener supersticiones es cómodo. 
Y también hay personas que se dedican a quebrantar las supersticiones: también eso es muy cómodo. La persona que quebranta las supersticiones da la impresión de ser racional sin serlo verdaderamente. No es fácil ser racionales: para ver las cosas racionalmente hay que poner en tensión todos los nervios. El hombre estudia tan detenidamente las cosas que le resulta difícil hacer afirmaciones categóricas. Dirá: "En tales circunstancias es válido no bañarse en el Tíbet, mientras que en tales otras circunstancias es una superstición absoluta no bañarse en la India". La persona que piensa racionalmente hablará de este modo. 
Por otra parte, el reformista social no se preocupa de lo que dice: se preocupa de suprimir cosas; quiere suprimir ciertas cosas. Yo le digo: adelante; suprime. Hay muchas cosas que deben ser suprimidas; pero lo primero que hay que suprimir sin embargo, es la irreflexión. Lo primero que hay que suprimir es la tendencia a obrar sin pensar racionalmente las cosas antes. Lo que significa esto es que si destruís algo sin pensarlo debidamente, esa destrucción no tiene valor. Hay que implantar la tendencia a pensar racionalmente, y hay que suprimir la tendencia a creer irreflexivamente. Esto nos llevará a ver contextos diferentes, significados diferentes. De esta forma, emprenderemos una búsqueda intensiva; pensaremos y razonaremos. Así, consideraremos todas las posibilidades. 

Osho

miércoles, 8 de mayo de 2013

La sabiduría sin maestro

haideé iglesias

El cuerpo universal de la realidad es tan sutil que no podrás oírlo por más que escuches y no conseguirás verlo por más que te esfuercen en ello. El conocimiento puro carece de maestro. ¿Cómo podrías, pues, alcanzarlo mediante el pensamiento o el estudio? 

Maestro Huanglong

martes, 7 de mayo de 2013

La belleza (II y última)


El hambre y el sexo son conocidos por ser las necesidades básicas de nuestro organismo. Ningún manual nos enseña que hay otra necesidad indispensable para mantener la vida, y no obstante, es así. Necesitamos que nuestra forma corporal sea respetada en toda su nativa belleza. Si no lo es, el organismo no es destruido, pero la vida se reduce. Necesitamos tener el cuerpo aplomado, pero lo que nos engaña es que es capaz de caminar sin estar aplomado, de soportar mil torsiones y de adaptarse a ellas, mil contorsiones, plegamientos, esguinces a su forma, sin que tomemos precauciones. Sin embargo y los músculos nacen y terminan en puntos precisos de los huesos. Esta rigurosa disposición de los huesos y de los músculos hace que tengamos una forma precisa y esta forma precisa, que nada tiene que ver con el look, determina todos nuestros movimientos. Esto quiere decir que no podemos hacer cualquier cosa con los brazos, las piernas, la espalda o el cuello. 
La belleza en cada uno de nosotros es nuestra forma natural cuando no es atormentada, retorcida o pinzada por las retracciones de los músculos. El tigre debe estar en su lugar, en su justo lugar, distribuyendo su fuerza donde es necesaria, cuando es necesaria. Entonces los músculos pueden moverse en su totalidad y según sus plenas capacidades, el influjo nervioso circula mejor a través de todo el cuerpo. Tenemos, muy simplemente, buena salud. 
La forma que está sana y la forma que es bella no son más que una sola y misma forma corporal. Durante todos mis años de trabajo, he recibido numerosas objeciones acerca de lo que se me ha reprochado como una "normalización". Diré que es importante ser normal en relación con uno mismo y que no se debe ser modesto. La naturaleza nos ha hecho a todos virtualmente perfectos en nuestras formas. Sé muy bien que lo que molestas es el "todos". Si todos somos bellos, dicen algunos, entonces nadie es bello. Quizá no sea fácil admitir que somos todos parecidos por nuestras estructuras, como las hojas de un plátano, los frutos de un manzano o como los cristales de nieve de seis puntas, inmutables y frágiles.  Muchas personas están atadas a su deformación, como un hombro caído o una espalda arqueada, como si fueran detalles que crean su diferencia y su encanto. Sin embargo, la naturaleza decide otra cosa. Tolera un momento y se acomoda a las torsiones y luego todo termina mal. El supuesto encanto se convierte en bloqueos y en dolores. No hay que reprochárselo, está programada para la belleza. Al comienzo no nos deja ninguna elección, decide que estamos bien construidos, y hasta ahora nada la ha hecho cambiar de opinión. Es tanto como querer, por ejemplo, trastornar nuestro tránsito intestinal, decretar que ahora la parte alta está en el lugar de la parte baja y querer encaminar los alimentos al revés en el cuerpo. La naturaleza quiere que tengamos formas bellas, no según los caprichos del momento, sino según sus propias leyes. No se cansa de crear miríadas de seres humanos bellos, virtualmente perfectos y todos idénticos. Quiero decir idénticos en lo esencial de sus estructuras. Los cinco dedos de una mano pueden ser diferentes, según la piel sea blanca o negra, pero bajo la piel las estructuras de la mano son con exactitud las mismas. 
Los padres pueden deformarse los músculos o tener ideas retorcidas acerca de la forma, pero darán nacimiento a seres nuevos, que vienen al mundo sin zapatos puntiagudos y sin corsés, con los ojos bien abiertos y la boca sin fruncir, niños que son adultos perfectos en potencia. Las deformaciones son mucho menos frecuentes de lo que se cree. En realidad, las costumbres familiares y en especial el mimetismo, deforman los cuerpos con mucha mayor frecuencia que la fatalidad de la herencia.
Somos en extremo recelosos con la naturaleza, estamos siempre persuadidos de que nuestro deber es vigilarla y corregirla. Estamos equivocados. A cada minuto del día y de la noche, con cada nuevo bebé, la belleza renace sobre el planeta. 
¿Y sabes qué es lo más sorprendente, Lily? Que nuestro cuerpo parece haber conservado para siempre la memoria de su forma ideal. Es una misteriosa y maravillosa propiedad de la materia viviente. Por torcidos que estemos luego, por deformados que estemos, los músculos siguen siendo maleables. En nombre de la belleza. Es decir que, durante toda la vida permanecen capaces de liberarse de sus deformaciones y de acercarse a su forma perfecta.
En cada uno de mis pacientes comienzo por discernir con línea de puntos su forma perfecta. Aun escondida bajo un cúmulo de nudos musculares, está ahí, conmovedora, dócil para mostrarse, para desarrollarse. 

(Texto extraído del libro "La guarida del tigre". Autora Thérèse Bertherat)

lunes, 6 de mayo de 2013

La belleza (I)



La forma del cuerpo es por fuerza alterada cuando la trampa se cierra sobre la musculatura, pero ¿Qué es la forma? La forma sana no es otra sino la forma bella. Hace años que afirmo esto y sigo haciéndolo. Desde entonces he oído muchas opiniones, contradictorias sobre la belleza. Terminé por comprender que mis interlocutores y yo no hablábamos de lo mismo y que la belleza era casi siempre confundida con lo que no es. La inflación de las formas, por ejemplo. Un cuerpo de dos metros de alto y de largas piernas, pasa de inmediato por bello. Antes gustaba la amplitud de los rollitos, estaba de moda la exageración de las formas en el sentido del ancho. Ahora la inflación es en el sentido del largo. El largo de las piernas importa mucho más que su forma. Si las rodillas son checas y las tibias sólo tienen la piel sobre el hueso, apenas se lo percibe, mientras haya una gran superficie. A medida que pasa el tiempo, se diría que no terminamos de convencernos de que nos hemos despojado nuestras pieles de reptiles y que ahora estamos lejos, lo más lejos posible de la tierra y los cuerpos que estén mas alejados de ella por la altura de las piernas, son por fuerza los más bellos. Los fabricantes de jeans derrochan cada día toneladas de tela que los compradores deben cortar y arrojar a la basura. No conozco a mucha gente que pueda calzarse de oficio las piernas de un pantalón nuevo, son siempre demasiado largos y van rengueando hasta el espejo, intentando abotonarse la bragueta con la humillante de que no están conformes, de que no están a la altura. 
La extravagancia de la ropa o el detalle agresivo hacen parecer bello lo que sólo es espectacular. 
La juventud es sinónimo de belleza. No obstante, la más auténticamente bella entre mis pacientes acaba de festejar sus ochenta años, y es un placer verla caminar con la cabeza alta, y los hombros derechos en su menudo cuerpo; sus piernas, sus pies y sus dedos hallan su camino con seguridad, y van derecho hacia adelante.
El sexo es confundido con la belleza, pero un cuerpo al que se llama sexy es con frecuencia un cuerpo contrariado, herido. En el fondo, quizá sea eso lo que gusta. Gusta esa herida secreta que se adivina. La gente más insensible es capaz de sentir esa magia. Necesita que el cuerpo que desea tenga algo que hacerse perdonar, un ligero estrabismo, omóplatos como alas de ángel o un cuello inclinado. Quizá se sienta así más segura o quizá sienta confusamente que domina, que está en posición de fuerza. ¿Marilyn, la más sexy, las más conmovedora, de atributos tan conocidos, como sus carnes fundentes, sus breteles que se deslizan y las formas movedizas de sus senos, tenía musculatura?  La pregunta parece incongruente. Sin embargo, en las volutas de sus formas, mostraba también una espalda demasiado arqueada para ser feliz, las piernas, los pies y los dedos gordos deformados. Al diablo con los dedos gordos de Marilyn! me dirán, es un detalle sin interés en una criatura de ensueño. Sin embargo ese detalle, sin interés para nosotros, era para ella una expresión involuntaria de su vida real, que no nos estaba destinada. era una expresión de su angustia, lo mismo que sus incesantes dolores de garganta sus uñas comidas o sus palmas húmedas, pero su angustia se veía en millones de ejemplares, en cada uno de sus retratos. Lleva, decía Truman Capote, los estigmas de la mentalidad de huérfana, "... al no confiar en nadie, o muy poco, batalla como una campesina para agradar a todos; quiere hacer de cada uno de nosotros su querido protector". Batallaba hasta quedar sin aliento, en forma literal. Los "estigmas" son visibles en las contracciones de sus músculos, pero uno no los ve, o si los ve, es de manera fugaz, casi subliminal, justo lo necesario para que nosotros, su público, quedemos de repente halagados, excitados. 
Fascinados por los volúmenes "que luchan por un mayor espacio en el infinito de su escote", no se nos ocurre detenernos en su espalda, que también lucha, pero para tener cada vez menos espacio, para permitir al volumen de sus senos que se expanda hacía adelante, desplegando sus atributos de estrella –para agradarnos– en detrimento del resto del cuerpo. 
Parece que Marilyn se hacía muchos reproches, se consideraba muy bajita y con voz aflautada. Se hacía los reproches que se hacen muchas personas que exigen a su cuerpo  que se pliegue al modelo que otros tienen en la cabeza o , con mayor precisión, al modelo que otros tienen en la cabeza por ellos. Desde el tiempo de sus primeros pañales hasta el de su último jean, no cesan de intentar adivinar qué imagen se espera de ellas y de trajinar para intentar conformarse a ésta. Para obtener la aprobación del ser amado, por el amor, sí, por la calidez, por la indispensable seguridad del amor. De hecho, por la inseguridad, pues aún sin la apremiante necesidad de satisfacer a millones de protectores potenciales, cómo conformarse con lo borroso, con lo cambiante de un deseo que se termina por creer propio y jamás el que se tiene en verdad, en el fondo de sí mismo, en el fondo del cuerpo. De eso se trata, todos tenemos en el cuerpo una sed, un profundo deseo de bienestar. Ese deseo no viene del exterior, no tiene nada que ver con el que pueden tener por nosotros nuestros padres, nuestros enamorados, la sociedad o la moda; es lo más profundo, lo más personal y secreto que tenemos. No somos nosotros mismos, si jamás podemos satisfacerlo, si ni siquiera podemos tener un acceso consciente a esa necesidad nuestra. 


 (Texto extraído del libro "La guarida del tigre". Autora Thérèse Bertherat)

jueves, 2 de mayo de 2013

Es peligroso aprender demasiado (VII y última)


Un primer paso sería reconocer lo mucho que contribuye el sistema educativo actual a coartar la autoestima cuando trata a las alumnas y alumnos como vasijas vacías, sin tener en cuenta la gran dosis de sabiduría que hay depositada en ellas. Esto solo contribuiría ya a aliviar los sentimientos de soledad, de culpa, de estar un poco desquiciadas, que atenazan a muchas personas. 
Por ejemplo: la Universidad de Chicago realizó recientemente un estudio sobre 70.000 escuelas, en un intento de identificar los principales factores que contribuyen a determinar los resultados académicos del alumnado. El estudio ofrecía un interés especial para la comunicada negra, dados los altos índices de abandonos entre el alumnado negro (próximos al 50%, según datos del Ministerio de Trabajo) y su pobre capacidad de lectura (a los diecisiete años, más de un 40% no han superado en esta aspecto el nivel correspondiente al sexto curso de primaria). Muchas personas temían que el estudio se limitase a acusar a los mismos factores ya señalados por otros expertos y expertas: la elevada proporción de familias empobrecidas encabezadas por mujeres y la insuficiencia de los fondos destinados a los distritos escolares con una desproporcionada mayoría de población escolar negra. 
Sin embargo, en la práctica, las familias monoparentales, independientemente de su nivel socioeconómico, ocuparon un modesto tercer lugar en la lista de problemas, y el presupuesto educativo por alumno sólo apareció en segundo término, muy por debajo de la causa más importante. Lo mas significativo resultó ser un factor intangible, a saber: las altas expectativas del profesorado y los progenitores en relación con un alumno o alumna. 
Apresurarse a culpar a las familias pobres encabezadas por mujeres, que tienden a ser predominantemente familias afroamericanas, viene a ser en cierto modo otra forma de racismo –y de sexismo– bajo una apariencia más liberal. Lo cierto es que son numerosos los casos de estudiantes brillantes procedentes de familias encabezadas por mujeres que han logrado salir adelante pese a los prejuicios sociales. Por otro lado, también entre los hijos y las hijas de familias euroamericanas "intactas" de los barrios más acomodados se registran problemas de drogas, trastornos asociados a la alimentación, comportamientos peligrosos y elevadas tasas de suicidios –una triste evidencia de una baja autoestima–, bastante más altas, de hecho, que las correspondientes a los grupos más pobres de la sociedad.  Unos datos que deberían indicarnos que no estamos teniendo en cuenta los factores adecuados, como: ¿Qué expectativas tiene una madre sola para ella y para su hija o su hijo? ¿Tienen el niño o la niña, de familia acomodada o pobre, alguna persona que les escuche? ¿Quién les dice que son personas especiales?  ¿Los alumnas y alumnos de la escuela elemental tienen contacto con modelos de mujeres y también de hombres capaces de ofrecerles cuidados y cariño? ¿El alumnado despierta el interés del profesorado y viceversa? ¿Los intereses del alumnado determina al menos parte del contenido de las clases? Sean cuales sean las dificultades que tenga una niña o un niño, ¿las percibe como un desafío o como un defecto personal? ¿Tienen enseñantes que les traten como tesoros únicos aún por descubrir, o el profesorado les exige que demuestren constantemente su valía? 
Según los tristes resultados de un estudio, pudo constatarse que, en el momento de ingresar por primera vez en la escuela, un 80% de las niñas y niños de una muestra diversificada presentaban altos niveles de autoestima. Al llegar al quinto curso de primaria, esa proporción se había reducido al 20%. Al finalizar la enseñanza secundaria, sólo un 1% conservaba una alta autoestima. 
Aunque los porcentajes varían de un estudio a otro, en razón de los términos en que se formulan las preguntas y de muchas otras variables, la conclusión final es idéntica en una proporción desusadamente alta de los casos: la asistencia a la escuela hace caer en picado la autoestima casi entre los sectores del alumnado. 
Tenemos que empezar a desprendernos del respeto que nos han inculcado hacia una educación que socava nuestro autorrespeto. No estará de más examinarla más detenidamente e intentar desmitificarla. 

(Texto extraído del libro "Revolución desde dentro". Autora Gloria Steinem)
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