jueves, 26 de febrero de 2009

La tradicción cientifíca: desde el 500 a. C. hasta el siglo XIX


Muchos pensadores científicos occidentales han sostenido, a lo largo de la historia, la idea de una energía universal que penetra en la naturaleza de forma global. Esta energía vital percibida como un cuerpo luminoso fue registrada por los pitagóricos, por primera vez en la literatura occidental, alrededor del año 500 a. C. Afirmaban que su luz podía producir muy diversos efectos sobre el organismo humano, incluyendo la curación de enfermedades.
Boirac y Liebeault, eruditos de principios de siglo XII, vieron que la energía que poseemos los seres humanos puede dar lugar a la interacción de individuos separados por grandes distancias. Según sus informes, una persona puede producir sobre otra un efecto saludable o patológico con su mera presencia. Paraceslo, sabio de la Edad Media, llamó a esta energía “Illiaster” entidad compuesta por una fuerza vital y una materia vital. El matemático Van Helmont percibió a comienzos del siglo XIX un fluido universal que penetra toda la naturaleza: no se trata de una materia corpórea o condensable, sino de un espíritu vital puro que invade todos los cuerpos. Otro matemático, Liebnitz, escribió que los elementos esenciales del universo son centros de fuerza que contienen su propia fuente de movimiento.
Van Helmont y Mesmer observaron, en el siglo XIX, otras propiedades de los fenómenos de energía universal que dieron lugar al mesmerismo, que se convertiría luego en el hipnotismo. Según estos autores, los objetos animados e inanimados se podían cargar con este “fluido”, y los cuerpos materiales podían ejercer mutuas influencias a distancia, lo que sugería la posible existencia de un campo,, análogo en algunos sentidos a un campo electromagnético.
A mediados del siglo XIX, el conde Wilhelm Von Reichnbach dedicó treinta años a experimentar con el “campo” al que denominó fuerza “ódica”. Comprobó que mostraba muchas propiedades similares a las del campo electromagnético descrito anteriormente, en el mismo siglo, por James Clero Maxwell. También descubrió numerosas propiedades exclusivas de la fuerza ódica. Determinó que los polos de un imán no sólo presentan una polaridad magnética, sino también una polaridad exclusiva relacionada con este “campo ódico”. Otros objetos, los cristales, por ejemplo, también presentan esa polaridad única sin ser magnéticos por si mismos. Los polos de la fuerza ódica presentan las propiedades subjetivas de resultar “calientes, rojos y desagradables”, o bien “azules, fríos y agradables” a las observaciones de individuos sensibles. Determinó, además, que los polos opuestos no atraen como en el electromagnetismo. Comprobó que, con la fuerza ódica, los polos semejantes, se atraen (es decir, el igual atrae al igual). Se trata de un fenómeno aural muy importante, como tendremos ocasión de ver más adelante.
Von Reichenbach estudió la relación entre las emisiones electromagnéticas del Sol y las concentraciones afines del campo ódico. Descubrío que la mayor concentración de esta energía radica en las gamas rojas y azules del espectro solar. Von Reichenbach especificó que las cargas opuestas producían sensaciones subjetivas de calor y frío en grados variables de potencia que pudo relacionar con la tabla periódica de los elementos químicos mediante una serie de ensayos ciegos. Todos los elementos electropositivos proporcionaban a los sujetos desagradables sensaciones a la parte fresca, agradable, con un grado de intensidad de las sensaciones paralelo a su posición en la tabla periódica, yendo del calor al frío de acuerdo con la variación de los colores espectrales del rojo al añil.
Von Reichenbach descubrió que era posible conducir el campo ódico a través de un alambre, que la velocidad de conducción era muy lenta (de aproximadamente 4 metros/segundos) y que ésta parecía depender de la densidad de masa del material más que de su conductividad. Además, era posible cargar los objetos con esta energía de forma similar a como se hace mediante un campo eléctrico. Otros experimentos demostraron que se podía enfocar parte de este campo a través de una lente, como si fuera luz, mientras que otra parte fluirá alrededor de dicha lente de forma semejante a como pasa la llama de una vela alrededor de los objetos situados en su camino. Esta porción desviada del campo ódico reaccionaría también como la llama de la vela cuando está sometida a corrientes de aire, lo que sugiere que su composición es similar a la de un fluido gaseoso. Todos estos experimentos demuestran que el campo aural posee propiedades que permiten pensar que su naturaleza es, a un tiempo, particulada como un fluido y energética como las ondas luminosas.
Von Reichnbach comprobó que la fuerza del cuerpo humano producía una polaridad similar a la que presentan los cristales a lo largo de sus ejes principales. Basándose en tal evidencia experimental, describió el lado izquierdo del cuerpo como polo negativo y el derecho como positivo. Un concepto similar al de los antiguos principios chinos del yin y el yang anteriormente mencionados.

martes, 24 de febrero de 2009

Historia de la investigación científica en el campo energético humano



Si bien los místicos no hicieron mención de los campos energéticos ni de las formas bioplasmáticas, sus tradiciones en todos los lugares del mundo a la largo de 5.000 años concuerdan con las observaciones que recientemente han empezado a realizar los científicos.

La tradición espiritual
Adeptos de todas las religiones afirman haber experimentado o visto luces alrededor de las cabezas humanas. Mediante prácticas religiosas tales como la meditación y la oración alcanzan estados de conciencia ampliada que activan sus capacidades latentes de percepción sensorial elevada.
La tradición espiritual india, que cuenta con más de cincuenta siglos de antigüedad, habla de una energía universal denominada Prana, considerada el constituyente básico y la fuente de toda vida. El Prana o hálito vital fluye por todas las formas, a las que ha dado vida. Los yoghis practican la manipulación de esta energía mediante técnicas respiratorias, meditación y ejercicios físicos cuya finalidad es mantener unos estados alterados de conciencia y de juventud mucho más allá de su alcance normal.
En el tercer milenio a. C. los chinos propugnaban la existencia de una energía vital a la que denominaban Ch’i: toda materia, animada o no, está compuesta y trasfundida por esta energía universal. El Ch’i contiene dos fuerzas polares, el yin y el yang. Cuando están equilibradas, el sistema vital muestra salud física; si se desequilibran, el resultado es la enfermedad. Un yang demasiado poderoso tiene como consecuencia un exceso de actividad orgánica. Si el que predomina es el yin da lugar a un funcionamiento insuficiente. Ambos desequilibrados provocan enfermedad física. La antigua técnica de la acupuntura se centra precisamente en equilibrar el yin y el yang.
La Cábala, teosofía mística judía surgida alrededor del año 538 a. C., denomina a este misma energía luz astral. En la iconografía religiosa cristiana, Jesús y otras figuras espirituales aparecen rodeados por campos luminosos. El Antiguo Testamento contiene numerosas referencias a la luz que rodeaba a la gente y a la aparición de lucer, pero estos fenómenos perdieron su significado original con el transcurso de los siglos. Por ejemplo, el Moisés de Miguel Angel muestra el karnaeem en forma de dos cuernos, en vez de los dos rayos de luz a los que se refería originalmente dicho término. La razón es que, en hebreo, dicha palabra significa indistintamente cuerno de luz.
En su obra “Future Science”, John White relaciona 97 culturas distintas en las que el fenómeno aural recibe otras tantas denominaciones diferentes.
Muchas enseñanzas esotéricas (como las de los antiguos textos védicos del hinduismo, los teosofos, los rosacruces, los miembros de la Native American Medicine People, los budistas tibetanos e indios, los budistas Zen japoneses, madame Blabasky y Rudolp Steiner, por citar sólo unas pocas) describen detalladamente el campo energético humano. En fechas recientes, muchas personas con formación científica moderada han sido capaces de añadir observaciones sobre un nivel físico concreto.

(Retomo el libro de Barbara Ann Brennan)

domingo, 22 de febrero de 2009

Glenn Milller-In the Mood



Música que te hace bailar, música que nunca desaparece. Todo un clásico de las grandes orquestas de jazz, conjugando ritmo, fuerza, vitalidad y suavidad en su expresión musical. Otra de mis pasiones, el baile. Sola o en compañía; una delicia dejarse transportar por el ritmo que hace moverse al cuerpo en perfecta armonía. ¿Alguien se apunta? :)

sábado, 21 de febrero de 2009

Primer paso


Para conocerte debes observarte a ti mismo. En un viaje de mil millas el primer paso es el más importante. Recuerda estas dos cosas y comprenderás el significado sublime de los cientos de miles de enseñanzas.

Maestro Ying-An

jueves, 19 de febrero de 2009

Musgo

Creada originalmente por Haideé Iglesias

Terciopelo,
umbrío colorido en verdes esmeraldas
lleno de vida,
sensaciones diversas
acumuladas en textura y formas
expresando belleza.

Donde la humedad crece
el musgo nace y muere.
Conmovida de humildad
esa frescura gozosa
vive inundada
en reflejos turgentes,
iridiscentes.

No me resisto.
Me rindo,
terciopelo verde,
mirada blanca,
pura,
sin nostalgias…

martes, 17 de febrero de 2009

Tao Te Ching XXX

El sabio que guía al gobernante en el camino del Tao,
No recurre a la violencia de las armas, para dominar al mundo.
Las acciones recaen sobre quienes las ejercitan.
Por donde pasan los ejércitos,
no quedan más que zarzas y espinas.
La miseria sigue a todas las guerras.

El hombre Valiente hace su trabajo
y luego se retira.
Defiende su Estado,
pero no pretende su expansión por la fuerza.
Cuando triunfa, no se jacta.
Cuando triunfa, no lo celebra con orgullo.
Cuando triunfa, más bien debe de lamentarse,
de no poder haberlo conseguido de otra forma.

Hay que prescindir de la violencia,
expandirse en exceso es alejarse del Tao,
y alejarse del Tao es la perdición.

viernes, 13 de febrero de 2009

Falso conocimiento

Un hombre se presentó a un maestro con la solicitud de que lo aceptase como discípulo. El maestro lo interrogó acerca de sus conocimientos.
-¿Qué es para ti lo real?
-Todo lo que nos envuelve es fenoménico. La verdadera naturaleza de lo real es el vacío –contestó el hombre.
En aquel mismo momento el maestro le pegó un fuerte golpe. Lleno de ira, el visitante se levantó amenazante.
-Si todo es vacío, ¿de dónde te viene esa furia? –preguntó el maestro.

Nuestras emociones, si no las conocemos e identificamos se convierten en nuestras carceleras. Eso que creemos ser, no es. Somos el pensamiento de lo que pensamos que somos. Un ego acompañado de muchas servidumbres. Una vez desaparecidas las servidumbres aparece el vacío.

miércoles, 11 de febrero de 2009

Saber callar


(Fotografía de autor desconocido para mi)

Saber callar también forma parte de la libertad de expresión.

sábado, 7 de febrero de 2009

¡Qué saludable es la risa!

Después de tanta seriedad necesito mi ración de sana risa. La siento como un manantial de vitalidad, liberación y confort corriendo por todo mi cuerpo... ¡qué felicidad!

Todo en nuestro organismo está preparado para ser felices, ¿qué o quién nos lo impide? Nadie, si así lo queremos. Ver el vaso medio lleno o medio vacío, de nosotros mismos depende. Yo abogo por el vaso lleno, mi percepción del mundo y de mi misma ya me permiten verlo así y ¡cómo me gusta disfrutarlo...!

Aquí tenéis este vídeo, mira que son pejigosos... es muy conocido, da lo mismo, siempre que lo veo me río...

viernes, 6 de febrero de 2009

Reorientar el poder


La mayoría de las personas que asisten a mis seminarios lo hacen porque comprenden que necesitan cambiar de vida. Algunas tienen miedo de dejar a su pareja o su trabajo, mientras que otras desean encontrar una manera de soportar una situación incompatible con sus necesidades emocionales. No podría ni comenzar a calcular el número de veces que alguien me ha dicho: “Creo que estaba mejor antes de darme cuenta de lo infeliz que soy.”
Una vez que tomamos conciencia de nuestras necesidades emocionales es imposible olvidarlas. Una vez que conocemos el origen o la causa de nuestra infelicidad, no podemos borrar ese conocimiento. Tenemos que elegir, tomar decisiones. La capacidad de elegir es un poder activo, y la sensación de tener poder activo es a la vez emocionante y temible, porque hace que deseemos cambiar esas partes de nuestra vida que ya no son apropiadas, y cambiarlas nos estimula a poner en tela de juicio otros aspectos que no son satisfactorios.
Cambiar la vida suele ser difícil debido a las lealtades que tenemos. Normalmente aprendemos la lealtad dentro de la estructura familiar y en conexión con la familia. La lealtad hacía uno mismo, sin embargo,, es una virtud totalmente distinta, y adherirse a ella puede provocar un tremendo cataclismo en la familia. Ser leal a sí misma podría, por ejemplo, hacer que una mujer reconozca que ya no puede continuar en su matrimonio. En lo que respecta a hacer partícipe de esa información a su marido, se le dirá: “Piensa en tus hijos.” Su caso es un ejemplo muy común de lealtad al grupo que está en conflicto con la lealtad a uno mismo. Mientras vivimos en una situación insatisfactoria, tal vez tratamos de respetar por un tiempo las exigencias de la lealtad al grupo y evitamos pensar en nuestras necesidades emocionales personales. En algún momento, no obstante, nuestro cuerpo emocional adquiere el poder suficiente y la mente ya no logra engañar al corazón. La esposa infeliz o bien acaba en una permanente confusión personal por continuar en el matrimonio o bien decide divorciarse, presa de un sentimiento de culpabilidad por haber sido desleal al grupo, su familia. La verdad es que no hay muchas maneras de introducir con éxito las necesidades personales en una circunstancia que se creó antes de saber cuáles eran esas necesidades.
Julie asistió a uno de mis seminarios porque sufría de grave cáncer de ovario y de mama. Desde hacia varios años su matrimonio no funcionaba bien. Deseaba sanar del cáncer, pero vivía con un hombre que la trataba con total desprecio, costumbre que había comenzado dos años antes de que se casaran. Solía decirle que sólo verla le causaba repugnancia, peso a que ella era muy atractiva. Para ganarse su aprobación, ella se dejaba morir de hambre y hacia ejercicio. Se definía como maestra de la manipulación; empleaba la manipulación para soportar su matrimonio aunque con eso no conseguía lo que deseaba. Cuando quería que él le prestara atención, se inventaba interesantes historias sobre personas que decía haber conocido mientras hacia la compra. Una vez telefoneó a la oficina para decirle que un hombre había intentado violarla cuando estaba haciendo jogging. Pero inventara lo que inventase, nada conseguía atraer su interés o su respeto.
El dinero era otro problema entre ellos. Aunque él ganaba mucho, le daba muy poco para los gastos domésticos y personales, y exigía que le rindiera cuenta de hasta el último céntimo. A pesar de esa humillación, a Julie nunca se le ocurrió buscar un trabajo porque creía que no tenía ninguna habilidad laboral.
La actividad sexual había acabado a los dos años de matrimonio. Los esfuerzos que hacía ella por mantener viva esa parte de su relación conyugal la humillaban más aún. Cuando le diagnosticaron cáncer, su marido se negó a dormir en la misma cama con ella. su reacción ante ese rechazo fue dormir en el suelo, en el pasillo de entrada al dormitorio. Todas las mañanas, él pasaba por encima de ella para entrare en el cuarto de baño, y de vez en cuando la insultaba cuando ella lo miraba y le pedía ayuda.
Le pregunté por qué no lo dejaba y ella contestó que nunca había sido capaz de cuidar de si misma ni emocionalmente ni económicamente, y que en esos momentos necesitaba más que nunca que él la cuidara. Lo irónico es que siempre que hablaba de su marido aparecía una expresión soñadora en su cara, casi como si estuviera hechizada, y decía que él era un hombre muy cariñoso y que simplemente estaba agotado por los negocios. La quería de verdad, añadía: simplemente, le constaba demostrar afecto.
Cuando le sugerí que viera a un psicoterapeuta me dijo que su marido pensaba que los terapeutas no hacen ningún bien, así que no podría ir. También le dije que recuperaría algo de fuerzas si comía alimentos nutritivos, entre ellos un intenso programa de vitaminas con una dieta sana. Contestó que si su marido lo aprobaba, lo haría.
Desde el punto de vista de la energía, es significativo que Julie desarrollara un cáncer en los órganos femeninos, primero en los ovarios y después en la mama. Su enfermedad simbolizaba sus sentimientos ante el rechazo como mujer. […] Los órganos sexuales contienen nuestra energía biográfica, la de nuestras relaciones con las personas y la de nuestra manera de ser un nuestro entorno. Julie era incapaz de verse a sí misma con poder personal porque, para ella, la fuente de seguridad era su marido; su biología recibía constantes “señales de impotencia.” Julie murió antes de que acabara el año.
Dada que esta mujer depende totalmente de su marido, todos los circuitos de energía están adheridos al campo energético de él. La consecuencia de este desequilibrio es que la mujer no le queda nada de energía para mantener sano su cuerpo, y al mismo tiempo genera en el marido una sensación de ser “ahogado”.
El tipo de personas que tienen un poder activo son muy diferentes de las adquisidoras como Julie. Son “automotivadoras”, consideran una prioridad el cuidado de si mismas, y su circuitos de energía están adheridos al conocimiento, la fuerza y la vitalidad emocional. Una persona automotivadora es capaz de hacer cualquier cosa que sea necesaria para mantener el equilibrio entre cuerpo, mente y alma.
A semejanza de Julie, Joanna formaba parte de un matrimonio disfuncional y desarrolló un cáncer de mama. Si bien su matrimonio no era la historia de horror emocional de Julie, tenía sus problemas. Su marido, Neil, buscaba la compañía de otras mujeres. Ella lo sabía, pero trataba de hacer la vista gorda. Con el fin de soportar el adulterio de su marido, comenzó a asistir a seminarios de capacitación de mujeres y, gracias a ellos, finalmente vio que el comportamiento de Neil violaba sus límites emocionales. Antes de esos seminarios jamás se le había ocurrido pensar que tenía esos límites emocionales personales. Como hacen muchas personas, se había casado con la idea de que dos personas deben transformarse en uno solo sistema emocional.
Joanna no tardó en comprender que su cáncer de mama (la zona del cuerpo relacionada con la acción de dar y nutrir) sólo sanaría si tomaba medidas para respetarse, para desarrollar su autoestima. Fue fortalecíéndose en ella la imagen una persona fuerte; al considerarse “individuo” comenzó a relacionarse consigo misma de un modo que antes lo habría parecido imposible, dado que su concepto de identidad siempre había necesitado un cónyuge.
Cuando reconoció sus necesidades, ejerció su recién adquirida autoridad enfrentándose a Neil y exigiéndole que cumpliera las promesas del matrimonio. El le prometió cambiar de comportamiento, pero la promesa duró menos de un mes. Finalmente Joanna comprendió que no lo conseguiría, y que ella había cambiado tanto que ya no podía aceptar esas violaciones emocionales. Si quería sanar del cáncer tenía que apartarse de la situación que le estaba arruinando la salud. Se divorció de Neil y se recuperó del cáncer.
Los grupos de apoyo para personas enfermas suelen inducir a éstas a redefinirse a sí mismas. Reconociendo sus necesidades y evaluando sus vidas según ellas mismas, admiten que sus circunstancias actuales no son aceptables para la persona en que se están transformando ni conducen a la curación. Comprenden que tienen que tomar medidas para cambiar. En el proceso de la curación aprenden a separarse de los objetos o las personas que les roban la fuerza del cuerpo.
La necesidad de cambio convierte la curación en una experiencia aterradora para muchas personas. Consciente o inconscientemente, saben que desenchufar sus circuitos energéticos de un objetivo de poder es lo mismo que decirle adiós. Entran en un perturbador limbo donde desean separarse de su objetivo de poder y a la vez seguir aferradas a él. Algunas personas terminan por intentar vivir en los dos mundos de forma simultánea, sin habitar totalmente el que ya no les viene bien ni pasar totalmente al otro. Así es como muchas personas hacen el viaje al pozo de la curación y, una vez que llegan allí, descubren que no pueden beber de él.
La curación exige actuar. No es un acontecimiento pasivo. Estamos hechos para utilizar nuestros recursos interiores, a fin de encontrar la fuerza material para dejar atrás creencias y comportamientos anticuados y vernos de un modo nuevo y sano.

jueves, 5 de febrero de 2009

Adquisidores


La madre que sufría de depresión y dolor crónico de cuello y espalda es un ejemplo de persona que sólo tiene poder pasivo. Este tipo de persona dependiente cree que debe extraer poder del ambiente externo y de otras personas o por medio de ellas. Conscientemente o inconscientemente, piensa: “Sola no soy nada,” Este tipo de persona busca adquirir poder mediante el dinero, la posición social, la autoridad política, social, militar o religiosa, y la relación con personas influyentes. No expresa francamente sus necesidades, sino que se hace experta en tolerar o manipular situaciones insatisfactorias.
En el sistema energético humano, las interacciones de la persona con su entorno se pueden comparar con circuitos electromagnéticos. Estos circuitos, recorren todo el cuerpo y nos conectan con objetos externos y otras personas. Nos sentimos atraídos hacia objetos o personas poderosos, u “objetivos de poder”, para introducir ese poder en nuestro sistema. Pero esa conexión con un objetivo de poder extrae una parte de poder de nuestro campo y lo sitúa en el objetivo. Al principio yo he llegado a creer que en realidad son verdaderos caminos de energía. Con frecuencia oigo decir a personas que se sienten “enganchadas” a otra persona o a una experiencia del pasado. Algunas comentan que se sienten “agotadas” después de estar con cierta persona o un determinado ambiente. De hecho estas palabras corrientes describen mejor de lo que podríamos pensar la interacción de nuestro campo energético con nuestro entorno. Cuando una persona dice que está “enganchada” a alguien o algo de un modo negativo, o se identifica excesivamente con un objeto o posesión, inconscientemente está realizando el modo en que pierde poder. A estas personas yo las llamo adquisidoras.
El tipo más extremo de adquisidor es el adicto. Al margen del tipo de adicción que tenga la persona (drogas, alcohol o dominio sobre los demás), sus circuitos energéticos están tan absolutamente conectados con el objetivo que ya no pueden hacer uso de su capacidad de razonar. En un seminario que di en Dinamarca para personas que eran seropositivas o ya habían desarrollado el sida, me encontré ante un caso que ilustra trágicamente las consecuencias energéticas de una adicción. Había allí una mujer llamada Anna, que había contraído el virus del sida debido a su ocupación, la prostitución. Anna tenía modales de niña y era muy menuda. También cojeaba, porque hacía un mes uno de sus “clientes” le había roto varias costillas.
En un momento dado hablé de lo que necesita hacer una persona para superar una enfermedad grave. Dije que las adicciones, por ejemplo, al tabaco, a las drogas o al alcohol, restan valor al proceso de curación. Durante uno de los descansos Anna se acercó a mí y me dijo: “Pero, Carolina, “qué daño puede hacer fumar sólo dos cigarrillos al día?” Al mirarla comprendí que si yo hubiera tenido un una mano la cura para el sida y en la otra un cigarrillo, y le hubiera dado a elegir entre ambas cosas, su mente habría elegido la cura para el sida, pero todos sus circuitos energéticos habrían ido directamente hacía ese único cigarrillo.
Es imposible insistir lo suficiente en este punto: los objetivos a los que conectan sus circuitos energéticos los adquisidores son personas o cosas a las que les han cedido su poder, concretamente el poder de dominarlos. La adicción de Anna a los cigarrillos tenía más autoridad sobre ella que su deseo de sanar. Incapaz de tomar decisiones capacitadotas para ella, estaba atada a un hábito de dejar su energía en manos de otros, casi siempre a su chulo y a sus cigarrillos, los dos objetivos de poder que la dominaban totalmente. La curación estaba fuera de su alcance porque, en esos momentos, su poder sólo existía fuera de los límites de su cuerpo físico.
No es fácil para la mente competir con las necesidades emocionales. Anna sabía muy bien que tanto su ocupación como su adicción a los cigarrillos eran peligrosas para su salud. Pero emocionalmente seguía anhelando el tabaco porque creía que la relajaba, y continuaba con su chulo porque creía que éste cuidaba de ella. Su mente había racionalizado su aferramiento emocional, y quería negociar su proceso de curación proponiendo que dos cigarrillos no podían dañar su salud. Su incapacidad para superar sus adicciones, la incapacitaban para recuperar su poder de sanar.
No es la mente, sino nuestras necesidades emocionales las que controlan nuestra adhesión a los objetos de poder. Le famoso dicho “el corazón tiene razones que la razón no comprende” capta perfectamente esta dinámica. Inevitablemente, a la persona adquisidora le resulta muy difícil utilizar su intuición. Su propia estima está tan adherida a la opinión de su objetivo de poder que automáticamente niega cualquier información que le
transmita su intuición. La intuición clara precisa la capacidad de respetar las propias impresiones. Si necesitamos que otra persona dé validez a nuestras impresiones, obstaculizamos enormemente nuestra capacidad de intuir.
Puesto que la curación no es negociable, el reto es mucho mayor para las personas adquisidoras que para las que tienen un sentido de poder activo. Sanar es, por encima de todo, la tarea de una sola persona. Nadie puede sanar por otro. Podemos ayudar a otras personas, ciertamente, pero nadie puede, por ejemplo, perdonar a alguien en nombre de otra persona, ni tampoco hacer que otra persona se libere de recuerdos o experiencias dolorosos que necesita liberar para sanar. Dado que la naturaleza misma del poder pasivo es “poder mediante adhesiones”, va en contra de toda la biología de una persona adquisidora soltar o separarse de los objetivos que agotan su energía. Estas personas están casi programadas para los tratamientos de la medicina oficial, lo que no siempre es necesariamente negativo; el tratamiento oficial es la forma de curación más apropiada para ellas mientras continúen pasivas.

martes, 3 de febrero de 2009

El tercer principio. La persona puede sanarse sola


La medicina energética es una filosofía holística que enseña lo siguiente. “Yo soy responsable de la creación de mi salud, por lo tanto, en cierto sentido yo participé en la creación de esta enfermedad. Puedo participar en la curación de la enfermedad sanándome yo, lo que significa sanar el mismo tiempo mi ser emocional, psíquico, físico y espiritual.
Curación total y cura no son lo mismo. Se produce una “cura” cuando la persona ha logrado controlar o detener el avance físico de una enfermedad. Curar una enfermedad física, sin embargo, no significa necesariamente que se haya aliviado también el estrés emocional y psíquico que formaba parte de ella. En este caso es muy posible, y con frecuencia probable, que la enfermedad reaparezca.
Es proceso de la cura es pasivo, es decir, el paciente se inclina a ceder su autoridad al médico y al tratamiento prescrito, en lugar de desafiar activamente la enfermedad y recuperar la salud. La curación total, en cambio, es un proceso activo e interno que implica investigar las actitudes, los recuerdos y las creencias con el deseo de liberarse de todas las pautas negativas que impiden la total recuperación emocional y espiritual. Esta revisión interna conduce inevitablemente a la revisión de las circunstancias externas, con el fin de recrear la vida de modo que active la voluntad: la voluntad de ver y aceptar las verdades de la propia vida y de la forma en que se han utilizado las energías, y la voluntad de utilizar la energía para crear amor, autoestima y salud.
El lenguaje de la medicina oficial tiene un tono más militar que el de la medicina energética: “El paciente fue atacado por un virus”; o bien: “Una sustancia contaminó el tejido celular, produciendo un tumor maligno.” La filosofía de la medicina oficial considera al paciente una víctima inocente, o prácticamente impotente, que ha sufrido un ataque no provocado.
En la medicina oficial, el paciente sigue un tratamiento prescrito por el médico, de modo que la responsabilidad de modo que la responsabilidad de la curación la tiene el médico. Si el paciente colabora o no con su médico es un hecho que ciertamente influye en el tratamiento, pero su actitud no se considera importante para el proceso, ya que los medicamentos y la cirugía son los que hacen la mayor parte del trabajo. En las terapias holísticas, por el contrario, la disposición del paciente para participar plenamente en su curación es necesaria para el éxito.
Las medicinas holística y oficial adoptan dos actitudes diferentes respecto al poder: activa y pasiva. Los tratamientos con sustancias químicas de la medicina oficial no requieren ninguna participación del paciente; en cambio, una técnica holística , como la visualización, por ejemplo, es mejorada, intensificada, por un paciente activo e implicado. Es decir, se produce una conexión energética entre la conciencia del paciente y la capacidad curativa de la terapia y a veces incluso del terapeuta. Cuando la persona es pasiva, es decir, adopta la actitud de “hágamelo”, no sana totalmente; puede recuperarse, pero es posible que jamás trate realmente el origen de la enfermedad.

(Idem. Primera parte de este tercer principio)

jueves, 29 de enero de 2009

El segundo principio. El poder personal es necesario para la salud


Un día Norm me llamó para que hiciera la evaluación de una mujer que sufría de depresión y de dolores en el cuello y la parte inferior de la espalda. También quería saber si la beneficiarían diversos tratamientos electromagnéticos- “De ninguna manera –contesté yo-. No tiene el poder suficiente en su organismo para que esos aparatos le resulten beneficiosos.”
Esa era la primera vez que yo hacía un comentario sobre el poder de una persona para sanar. Norm me pidió que se lo explicara más, y sólo entonces caí en la cuenta de lo que acababa de decir. De pronto tuve una percepción totalmente distinta del sistema energético humano como expresión del poder personal.
Le expliqué que las actitudes de esa mujer habían sido la causa de que perdiera poder en su vida. Se sentía incapaz, siempre buscaba aprobación, y tenía un enorme miedo a estar sola. Su estima propia se basaba solamente en su capacidad para dominar a los demás, principalmente a sus hijos. Sus temores y su incapacidad eran como un agujero negro, hacia el cual atraía a todas las personas, sobre todo a sus hijos, para finalmente aplastarlos. Continuamente los criticaba con el fin de que continuaran dependiendo de ella, ya que a los hijos débiles les resulta difícil abandonar el nido. Encontraba defectos en todo lo que hacían, ya fueran cosas relacionadas con los estudios o con los deportes, porque no podía arriesgarse a capacitarlos con apoyo emocional. Dado que dominar a los demás le consumía una enorme cantidad de energía y que jamás se sentía al mando, vivía agotada. Su dolor crónico también era consecuencia de su incapacidad para dominar a otros. Cuando llegó a la consulta de Norm parecía derrotada.
Esa mujer no podía aceptar el hecho inevitable de que sus hijos se fueran del hogar, pero afirmaba que actuaba así por el bien de ellos. Según ella, era una madre sustentadora porque les proporcionaba una casa limpia, alimentos sanos y ropa buena. Sin embargo, se esforzaba sistemáticamente en minarles el desarrollo emocional, hecho que ella se negaba a admitir.
Puesto que los tratamientos médicos usuales no le habían servido de nada, Norm estaba pensando en un médico alternativo, que combinara psicoterapia, estimulación craneal mediante un aparato eléctrico y terapia de color y luz. Me di cuenta de que con esas técnicas ella podría mejorar durante una semana o tal vez un mes, pero que no sanaría totalmente mientras no renunciara a su lucha patológica por dominar.
Esa tarde comprendí que para que una terapia tenga alternativa tenga éxito es necesario que el paciente tenga un concepto “interno” del poder, una capacidad para generar energía interna y recursos emocionales, como por ejemplo creer en su autosuficiencia. Esa mujer sólo tenía un concepto “externo” del poder, el que extraía de una fuente externa, sus hijos. Lógicamente, esa paciente podría ir a sesiones de psicoterapia, pero mientras no afrontara la verdad acerca de si misma, lo único que haría sería hablar de sus quejas durante una hora a la semana. No habría ninguna curación real. Como observa M. Scout Peck en sus libros People of The Lie y Y The Road Less Traveled, para sanar es esencial ver y reconocer la verdad acerca de nosotros mismos, acerca de nuestra participación en la creación de nuestros problemas y acerca de cómo nos relacionamos con los demás.
La evaluación de esa mujer me hizo ver con más profundidad el papel que desempeña el poder en nuestra vida y nuestro sistema energético. El poder está en la raíz de la experiencia humana. Nuestras actitudes y creencias, sean positivas o negativas, son prolongaciones de la forma en que definimos, utilizamos o no utilizamos el poder. Nadie está libre de problemas con el poder. Por ejemplo, es posible que tratemos de superar sentimientos de incapacidad o impotencia, o de mantener el dominio sobre otras personas o situaciones que creemos que nos dan poder, o de conservar la sensación de seguridad (sinónimo de poder) en nuestras relaciones personales. Muchas personas desarrollan una enfermedad cuando pierden algo que para ellas representa poder, como dinero, un trabajo o un partido de fútbol, o cuando pierden a alguien a quien han investido de poder o de su identidad, como el cónyuge, un amante, un progenitor o un hijo. Nuestra relación con el poder está en el núcleo de nuestra salud.
Consideremos juntos el primer principio (que la biología se convierte en biología) y este segundo principio (que el poder personal es necesario para la salud). El poder media entre nuestros mundos interno y externo, y al hacerlo se comunica en un lenguaje de mito y símbolos. Piense, por ejemplo, en el símbolo más común del poder, el dinero. Cuando una persona interioriza el dinero como símbolo de poder, su adquisición y control se convierten en símbolo de su salud: cuando adquiere dinero, su sistema biológico recibe el mensaje de que está entrando poder en su cuerpo. Su mente transmite el mensaje inconsciente: “Tengo dinero, por lo tanto estoy a salvo, estoy segura. Tengo poder y todo está bien.” Este mensaje positivo transmitido al sistema biológico genera salud.
Ciertamente, ganar mucho dinero no garantiza la salud, pero es innegable que la pobreza, la impotencia y la enfermedad están ligadas. Ganar dinero con dificultad o perderlo repentinamente puede debilitar el sistema biológico. Recuerdo a un hombre que a mediados de los años ochenta se hallaba en al cima del éxito. Su empresa era cada vez más próspera y él tenía la energía de diez personas. Trabajaba hasta muy tarde, hacia vida social hasta altas horas de la madrugada, y a la mañana siguiente era el primero en llegar al trabajo, siempre alerta, alegre, pendiente de todo. En octubre de 1987 se produjo una crisis en el mercado bursátil y su empresa fue una de las que cayeron. La salud de este hombre se deterioró en meses. Empezó a sufrir de migrañas, después de dolor de espalda y finalmente de un trastorno intestinal bastante grave. Ya no podía soportar trabajar hasta tarde ni su vida social, y se retiró de todas las actividades que no consistieran en hacer sobrevivir su imperio financiero.
Ese hombre no sabía que había “calibrado” su salud para hacer dinero. Pero cuando cayó enfermo vio de inmediato la conexión. Comprendió que para él el dinero representaba la libertad y la capacidad para llevar el estilo de vida con el que siempre había soñado. Cuando perdió su fortuna, perdió su poder y en cuestión de semanas también se arruinó su biología. ciertamente, el estrés de reactivar una empresa puede debilitar a cualquiera. Este hombre había soportado mucho estrés cuando su empresa estaba en la cumbre, pero aquel tipo de estrés le daba poder.
Cada uno tenemos numerosos símbolos de poder, y cada uno de esos símbolos tiene su equivalente biológico. El dentista que desarrolló un cáncer de páncreas tenía un símbolo de poder: su trabajo; pero como había llegado a despreciarlo, iba perdiendo poder día a día. La falta de poder desencadenó una reacción biológica que acabó generando una enfermedad terminal.
Nuestra vida está estructurada en torno a símbolos de poder: dinero, autoridad,, títulos, belleza, seguridad. Las personas que llenan nuestra vida y las decisiones que tomamos en cada momento son expresiones y símbolos de nuestro poder personal. Solemos vacilar a la hora de desafiar a una persona a la que creemos más poderosa que nosotros, y con frecuencia accedemos a hacer cosas porque creemos que no tenemos el poder para negarnos. En incontables situaciones y relaciones, la dínámica que funciona por debajo es la negociación del poder: quien lo tiene y cómo podemos mantener nuestra participación en él.
Aprender el lenguaje simbólico de la energía significa aprender a evaluar la dinámica del poder en nosotros mismos y los demás. La información energética es siempre veraz. Aunque una persona acepte verbalmente algo en público, su energía dirá cómo se siente en realidad, y sus verdaderos sentimientos encontrarán la manera de expresarse mediante una declaración simbólica. Nuestros sistemas biológico y espiritual siempre intentan expresar la verdad, y siempre encuentran la manera de hacerlo.
Es necesario tomar conciencia de lo que nos da poder. La curación de cualquier enfermedad se facilita identificando nuestros símbolos de poder y nuestra relación simbólica y física con estos símbolos, y escuchando los mensajes que el cuerpo y las intuiciones nos envían acerca de ellos.

martes, 27 de enero de 2009

Empezar por lo pequeño



(Fotografía de autor desconocido para mi)

Un asceta meditaba profundamente en su cueva cuando se sintió molestado por un ratoncillo que se puso a roer sus ropas.
-Márchate estúpido –dijo el ermitaño-. ¿No ves que has interrumpido mi meditación?
-Es que tengo hambre –contestó el ratón.
-Llevaba más de treinta días de meditación buscando la unidad con Dios y me has hecho fracasar –se lamentó el ermitaño.
-¿Cómo buscas la unidad con Dios si no puedes siquiera sentirte unido a mí que sólo soy un simple ratón? –respondió el roedor.

domingo, 25 de enero de 2009

Libertango-Astor Piazzola


De nuevo Astor Piazzola y este arranque musical. Para qué más palabras...

viernes, 23 de enero de 2009

Lo fundamental y lo accesorio



Un hombre se perdió en el desierto. Al cabo de unos días y a punto de morir de sed, vio que una caravana se acercaba. Como pudo, llamó la atención de los viajeros, que presurosos se dirigieron hacia el necesitado. Este, con un hilo de voz apenas pudo decir:
-Aaaguaaa.
-Pobre hombre, parece que quiere agua, rápido, traigan un pellejo- reclamó uno que parecía el jefe.
-Un pellejo no, por Dios –interpeló otro-, no tiene fuerzas para beber en un pellejo, ¿no se dan cuenta? Traigamos una botella y un vaso para que pueda hacerlo cómodamente.
-¿Un vaso de cristal? ¿Estas loco o qué te pasa?- protestó otro de los presentes-. ¿No ves que lo cogerá con tanta ansia que puede romperlo y dañarse? ¡Traigamos un cuenco de madera!
-Aaaguaaa… susurró el moribundo.
-Creo que ustedes se han vuelto locos –agregó un cuarto hombre-. ¿Es que acaso no recuerdan que tenemos un vino excelente? Siempre lo reanimará más un buen vaso de vino que el agua. ¡Traigamos vino!
-Beeebeeer –imploró el sediento con sus últimas fuerzas.
-Seguro que el desierto los ha hecho perder el juicio. ¿Cómo vamos a darle vino sin saber si este hombre es musulmán? ¡Estaríamos obligándolo a cometer un gran pecado! Preguntémosle antes si es religioso –solicitó otro hombre de aspecto bondadoso.
-Pero ¿es que de verdad piensan darle de beber aquí a pleno sol? Antes tenemos que ponerlo a la sombra; yo tengo ciertos conocimientos de medicina y les digo que este hombre está ardiendo de fiebre y agotado. Llevémoslo a la caravana y pongámoslo en una cama –intervino otro de los presentes.
A los mercaderes no les dio tiempo a discutir más, aquel hombre acababa de fallecer en sus brazos.

miércoles, 21 de enero de 2009

Profecia de los indios Cree

Para mi todos los días son el día del medio ambiente. Ser naturaleza y no "disfrutar de la naturaleza". Compramos cada vez más productos elaborados en vez de hacerlos nosotros mismos, pretendiendo de este modo tener más tiempo. En una ocasión dialogando sobre el horno microondas al poco de salir al mercado, una persona joven me argumentaba que ese aparato era fenomenal ya que así tendríamos más tiempo puesto que con el trabajo sino no podrías sentarte a la mesa tranquilamente. A lo que respondí: de lo que se trata es de tener más tiempo para dejar de trabajar tantas horas y no ser un esclavo del trabajo. Nos quieren convencer que es comprando no se que aparatos, no se que productos envasados, no se que productos precocinados, supuestamente sin conservantes, etc., para que disfrutemos del tiempo libre. ¿Qué tiempo libre? Si el día tiene 24 horas y ocho de ellas deberían dedicarse a dormir para tener una buena salud, nos quedan otras ocho de trabajo, que la mayoría del tiempo se convierten en diez u once, o sea, que de las ocho que deberían quedar para disfrutar de nuestro tiempo libre, se reducen a seis o cinco horas. ¿Y alguien se cree que esto es tener tiempo libre? ¿Dónde está nuestro tiempo libre? ¿Y después de tanto trabajar, de tantas horas extras -que no siempre se cobran, todo lo hay que decir- hay crisis?. Esta claro que yo soy una pésima economista, pero más bien lo soy para el estado tal como está concebido. Ya que yo procuro disfrutar de más horas de tiempo libre, trabajar para no aquilosarme y el resto disfrutando de un benefactor sueño. Y no me considero una privilegiada, no. Solamente soy un ser normal, eso si, que vive de acuerdo al ritmo natural que le marca la naturaleza y dejando de lado todo aquello que es superfluo en la vida. He dejado de ver la tv, algo que en menos de un mes y medio de dejar de hacerlo mi estado de salud mejoró sorprendentemente. No leo la prensa ni escucho la radio, no porque no me interese lo que ocurre en el resto del mundo, sino por la manipulación constante a la que nos someten los medios de comunicación, y por cierto esto me ayuda a tener conversaciones con otras personas, que comparten conmigo la información que tienen y cambiamos impresiones desde puntos de vista distintos, algo muy enriquecedor por cierto, pues el otro accede a una visión no mitificada por lo medios de comunicación, y para mi quedan las impresiones que pueden generar en algunas personas estos mismos medios. Cada vez que salgo a la calle, y veo que alguna persona necesita o solicita ayuda se la presto -si puedo y entiendo como hacerlo- y no hago preguntas, lo mismo con los animales o cualquier otro ser vivo y para mi esto es hacer de mi vida y mi tiempo algo satisfactorio, y por supuesto no me importa en absoluto quedarme sin tiempo para otras cosas no tan necesarias en la escala de valores que yo manejo. Procuro que la sonrisa forme parte de mi estado de ánimo y el mundo lo agradece a mi alrededor, por ello no necesito tener aparatos inútiles en mi casa, ni comprarme comida precocinada, ni nada de todo eso que supuestamente es para que yo viva mejor y con más tiempo. ¿De verdad alguien se cree aún las mentiras que nos cuentan? Mucho me temo que no, pero ya se dice, una mentira mil veces contada, acaba pareciendo una verdad, y si esa mentira son muchos a repetirla ( y por supuesto para ello les pagan) más aún. Simplificar la vida, con esto si se gana en salud y bienestar mental... pero como siempre, esta es sólo mi opinión... quizá así la profecía de los indios Cree no se cumpla del todo... como se suele decir "un garbanzo no hace puchero, pero ayuda al compañero". Llevo tanto tiempo demostrando y demostrandome que es posible un cambio y un modo de vivir tan distinto, y que no soy la única que así lo está consiguiendo... tanto... tanto como dieciocho años...

lunes, 19 de enero de 2009

Primer principio: La biografía se convierte en biología


Según la medicina energética, todos somos libros vivos de la historia. Nuestro cuerpo contiene nuestra historia, todos los capítulos, párrafos, estrofas y versos, línea a línea, de todos los acontecimientos y relaciones de nuestra vida. A medida que avanza la vida, nuestra salud biológica se va convirtiendo en un relato biográfico vivo que expresa nuestras fuerzas, debilidades, esperanzas y temores.
Todos los pensamientos que ha tenido una persona han viajado por su organismo biológico y activado una reacción fisiológica. Algunos pensamientos son como descargas intensas que causan una reacción en todo el cuerpo. Un miedo, por ejemplo. Activa todos los sistemas corporales; el estomago se tensa, el ritmo cardiaco se acelera y tal vez el cuerpo comienza a sudar. Un pensamiento amoroso puede relajar todo el cuerpo. Algunos pensamientos son más sutiles, y otros son incluso inconscientes. Muchos no tienen ningún sentido y pasan por el cuerpo como el aire a través de un visillo; no precisan atención consciente y su influencia es la salud es mínima. Sin embargo, cada pensamiento consciente, y muchos inconscientes, si generan una reacción fisiológica.
Todos los pensamientos, al margen de su contenido, entran primero en los sistemas corporales en forma de energía. Aquella que llevan energía emocional, mental, psíquica o espiritual producen reacciones biológicas que luego se almacenan en la memoria celular. Así, nuestra biografía se teje en la memoria celular. Así, nuestra biografía se teje en nuestro sistema biológico, poco a poco, lentamente, día a día.
La historia de un joven paciente de Norm es un buen ejemplo de cómo funciona este proceso. Norm me telefoneó para consultarme sobre este paciente, dentista, que no se encontraba bien en general y se sentía cada vez más cansado. Tenia dolor agudo en el lado derecho del abdomen y padecía una fuerte depresión.
El agotamiento permanente y progresivo, que embota la claridad mental y emocional, es un síntoma energético que indica que algo va mal en el cuerpo. La mayoría de las personas no lo consideran un síntoma porque no duele. Pero el agotamiento continúa, aun cuando la persona duerma más horas, el cuerpo trata de comunicarle que está “enfermo energéticamente”. Responder a ese mensaje en la fase de energía a menudo puede prevenir el desarrollo de una enfermedad.
La depresión es otro síntoma de que no todo funciona bien. Generalmente en el mundo clínico la depresión se considera un trastorno emocional y mental. Pero la depresión prolongada suele preceder al desarrollo de una enfermedad física. Desde el punto de vista energético, la depresión es literalmente una liberación inconsciente de energía o, si se quiere, de fuerza vital. Si la energía fuera dinero, la depresión sería como abrir el billetero y declarar: “No me importa que coja mi dinero ni cómo se lo gaste.” La depresión prolongada genera inevitablemente un cansancio crónico. Si a uno no le importa quien le coge dinero ni cuánto, es inevitable que acabe arruinado. De forma similar, sin energía no se puede sostener la salud.
Cuando Norm examinó a este dentista tuvo la impresión de que estaba desarrollando una enfermedad. Debido al dolor abdominal, le hizo pruebas y análisis por si tenía cáncer de páncreas, pero los resultados fueron negativos. Entonces me llamó a mí. Como es nuestra costumbre, sólo me dijo el nombre y la edad del paciente. Y nada sobre el dolor ni sobre sus sospechas. En mi evaluación ví que el costado derecho de este hombre, alrededor del páncreas, estaba generando energía tóxica. Le dije a Norm que ese hombre estaba cargado de un enorme sentimiento de responsabilidad y que eso se había convertido para él en una fuente constante de angustia. Tenía la sensación de que era incapaz de vivir como deseaba, y esa sensación lo dominaba hasta tal punto de excluir cualquier otra emoción. (Evidentemente todos tenemos sentimientos negativos, pero no toda la negatividad produce una grave enfermedad física. Para crear enfermedad, la negatividad tiene que convertirse en la emoción dominante, como le ocurría a este dentista.)
Después de explicarle mi evaluación, le dije a Norm que ese paciente tenía cáncer de páncreas. El reconoció que ya había sospechado esa enfermedad, pero que los análisis habían resultado negativos. Se despidió y volvió con su paciente. Le recomendó que evaluara hasta qué punto le beneficiaba su trabajo. Lo más probable, le dijo, era que tuviera que hacer algunos cambios para obtener lo que deseaba. El paciente reconoció que deseaba dejar esa ocupación, pero consideraba que no podía dedicarse a otra cosa por el efecto que tendría su decisión en las personas que dependían de él. Norm no le dijo que tenía la frecuencia energética de cáncer de páncreas, pero habló con él sobre sus frustraciones profesionales y trató de ayudarlo a cambiar su actitud negativa. Por desgracia, el dentista no fue capaz de seguir el consejo. El definía la responsabilidad como una obligación de preocuparse por los demás excluyéndose a sí mismo, y fue incapaz de concebir una vida que incluyera el cuidado y la realización de sí mismo.
Pasadas dos semanas, su médico habitual repitió las pruebas para detectar el cáncer de páncreas esta vez resultaron positivas. Lo operaron inmediatamente, pero murió a los cuatro meses de la operación.
A veces es necesario un esfuerzo concentrado para realizar un cambio mental que permita sanar. Si bien el dentista no logró aceptar que su frustración profesional y la sensación de estar atrapado le estaban cambiando la química y la salud del cuerpo, a otras personas les resulta fácil hacerlo. Sin embargo, aceptar la idea de que todas las partes de nuestra vida, desde el historial físico y las relaciones hasta cada actitud, opinión y creencia que llevamos dentro, afectan a nuestra composición biológica es sólo una parte del proceso de curación. También hay que hacer que esa aceptación del plano mental pase al físico, introducirla en el cuerpo, sentir visceral y celularmente la verdad y creerla en su totalidad.
Es muy fácil aprender algo nuevo y limitarse a aplicar ese conocimiento despreocupadamente. La idea de que la biografía se convierte en biología supone que hasta cierto punto nosotros participamos en la creación de la enfermedad. Pero, y éste es un punto importantísimo, no debemos abusar de esta verdad culpándonos o culpando a los pacientes por contraer una enfermedad. La enfermedad se desarrolla a consecuencia de comportamientos o actitudes que sólo entendemos que son biológicamente tóxicos cuando ya se han convertido en tóxicos. Solamente cuando la enfermedad nos obliga a revisar nuestras actitudes cotidianas de temor o amargura son, de hecho, sustancias biológicamente tóxicas.
Repito todos tenemos sentimientos negativos, pero no toda actitud negativa produce enfermedad. Para crear la enfermedad, las emociones negativas tienen que ser dominantes, y lo que acelera el proceso es saber que el pensamiento negativo es tóxico y, aun así, darle permiso para que medre en nuestra conciencia. Por ejemplo, una persona puede saber que necesita perdonar a alguien, pero decide que continuar enfadada le da más poder. Continuar obsesivamente enfadada la hace más propensa a desarrollar una enfermedad, porque la consecuencia energética de esa obsesión negativa es la impotencia. La energía es poder, y transmitir energía al pasado pensando insistentemente en acontecimientos penosos resta poder al cuerpo actual y puede conducir a la enfermedad.
El poder es esencial para sanar y para conservar la salud. Las actitudes que generan sensación de impotencia no sólo conducen a una falta de estima propia, sino que también agotan la energía del cuerpo físico y debilitan la salud general. Así pues, el siguiente principio que hay que explorar es la importancia primordial del poder para la salud.

domingo, 18 de enero de 2009

Quedarse con la primera impresión

Cuando reciba una impresión intuitiva acerca de sí mismo o de la persona a la que está evaluando, preste atención a cualquier imagen que surja. Muchas personas buscan las intuiciones y las percepciones sin riesgo, no las sanas, porque desean un tránsito sin riesgo hacia el futuro, hacia lo desconocido. Así, es posible tener la tentación de descartar una imagen perturbadora o que no coincide con los propios deseos o los de la persona a la que se está evaluando. La mayoría de las personas que acuden a mí para que les haga una evaluación ya han intuido que algo va mal, pero vienen con la esperanza de que yo dé otro sentido a sus sensaciones, que les diga, por ejemplo: “Simplemente se está produciendo en usted un cambio corporal natural, pero no le pasa nada físicamente.” Sin embargo, es importante decir a las personas la verdad, no lo que quieren oír. En multitud de ocasiones he confirmado las impresiones intuitivas negativas de personas que han acudido a mí. Sus capacidades son tan exactas como las mías. Estas personas saben que están enfermas; pero, como yo no comparto su miedo, mis intuiciones pueden interpretar la información mejor que ellas.
Las personas han de hacer frente a lo que temen. En el caso de hombre de los “disparos en el corazón”, superficialmente le parecía menos arriesgado evitar enfrentar a su esposa adúltera con sus sospechas de que lo estaba engañando. En lugar de actuar según sus intuiciones, echo tierra sobre el dolor y su rabia, los enterró en su cuerpo, pero esos sentimientos se manifestaron finalmente en forma de dolor y opresión en el pecho. Su cuerpo y su espíritu trataron de despertar a la necesidad de hacer frente a los engaños de su mujer; pero, como hacen muchas personas, él esperaba que no afrontando el problema éste desapareciera. Su cuerpo, no obstante, le reveló que el verdadero precio de ese método “sin riesgo” era un peligro para su salud. La historia de este hombre ilustra lo poderosas que son realmente las intuiciones y cómo son capaces de romper y atravesar la actitud más decidida para levarnos hacia la curación.
La vida es dolorosa a veces, y espiritualmente estamos hechos para hacer frente a los dolores que nos presenta la vida. En el mundo occidental, sin embargo, solemos desfigurar el plan de Dios y esperar que la vida sea cómoda y sin problemas. Medimos la presencia de Dios en nuestra vida por el grado de comodidad personal; creemos que Dios existe si se escuchan nuestras oraciones. Pero ni Dios, ni Buda, ni ningún otro líder o tradición espiritual garantiza o favorece una vida sin dolor. Las enseñanzas espirituales nos animan a crecer, pasando por y dejando atrás las experiencias dolorosas, cada una de las cuales es una lección espiritual. Desarrollar la capacidad intuitiva nos servirá para aprender las lecciones inherentes a nuestras experiencias.

miércoles, 14 de enero de 2009

Los campos morfogenéticos


En su libro “Una nueva ciencia de la vida”, Rupert Sheldrake afirma que todos los sistemas están regulados no sólo por los factores energéticos y materiales conocidos, sino también por campos invisibles de organización. Estos campos generan elementos causativos, toda vez que sirven de patrones para la forma y el comportamiento. Carecen de energía, en el sentido normal del término, porque su efecto va más allá de las barreras de tiempo y espacio que normalmente se aplican a la energía. Es decir, su efecto tiene una misma fuerza a larga y a corta distancia.
Según esta hipótesis, cuando un miembro de una determinada especie aprende algún comportamiento nuevo se cambia el campo causativo de dicha especie, siquiera sea ligeramente. Si se repite el comportamiento durante el tiempo suficiente, su “resonancia mórfica” afecta a toda la especie. Sheldrake denominó a esta matriz invisible “campo morfogenético”, de morphos, “forma” y génesis, “creación”. La acción de este campo implica “acción a distancia”, tanto en espacio como en tiempo. Más que una forma que es determinada por las leyes físicas al margen del tiempo, depende de la resonancia mórfica que atraviesa el tiempo. Quiere ello decir que los campos mórficos se pueden propagar a través del espacio y el tiempo y que los acontecimientos pasados pueden influir sobre otros sucesos en cualquier otro lugar. Lyall Watson muestra un ejemplo de ello en el libro “Lifetide: The Biology of Consciousness”, en el que describe lo que ahora se conoce genéricamente como el Principio del centésimo mono. Watson comprobó que, después de que un grupo de monos aprendiera un nuevo comportamiento, sus congéneres de otras islas próximas sin medios “normales” de comunicación también aprendieron repentinamente dicho comportamiento sin que en ningún momento se produjeran contactos directos.
El doctor David Bohm afirma en la revista Revisions que ese mismo efecto es aplicable a la física cuántica. Según Bohm, el experimento de Einstein-Podolsky-Rosen demostró la posibilidad de conexiones no locales, es decir, sutiles conexiones de partículas distantes. En consecuencia, la integración del sistema sería tal que no se podría atribuir el campo formativo exclusivamente a una partícula, sino al total. Así algo que les suceda a partículas distantes puede afectar al campo formativo de otras. Bohm continua afirmando que “la noción de las leyes intemporales que regulan el universo no parece sostenerse, porque el tiempo, en sí mismo, es parte de la necesidad que desarrolló”
Rupert Sheldrake llega, en el mismo artículo, a la siguiente conclusión: “Por tanto, el proceso creativo que provoca el nuevo pensamiento, a través del cual se realizan nuevas entidades globales, es similar en ese sentido a la realidad creativa que da lugar a los nuevos entes totales en el proceso evolucionista. Se podría considerar que el proceso creativo es un desarrollo sucesivo de totalidades más complejas y de mayor nivel, a través de cosas previamente separadas que se conectan entre si”

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