miércoles, 30 de julio de 2008

Toda persona puede ofrecerse los cuidados que no tuvo

Todo individuo lleva dentro una persona secreta inviolada. Paul Shepard
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Nadie entra en tu vida por azar...
Madrerraíz

La creación a menudo
necesita dos corazones
uno para echar raíces
y el otro para florecer.
Uno para alimentar
en tiempos de sequía
y sostener erguido
frente a los vendavales del dolor
el frágil capullo
que en el esplendor
de su hora gloriosa
afirmará un corazón
silenciado, invisible.
Poetisa cherokee Marilou Awiakta

Toda persona es intemporal. Un sabor, un olor o un sonido que acompañó una fuerte emoción en el pasado puede revivir ese sentimiento olvidado. Del mismo modo un suceso inocuo puede evocar una pasada respuesta anterior de ira, de vergüenza o placer.Nuestro cerebro conserva almacenados en sus células los hologramas de todas las experiencias pasadas que nos han marcado, listas para ser recuperadas. Si logramos encontrar la vía para volver a conectar con ellas -ya sea por azar o a través de una búsqueda consciente-, el pasado se hará presente en ese instante.
Cuando las heridas son tan profundas y dolorosas que la mente consciente las rechaza a fin de poder seguir adelante -como antes las sepultó de niño para poder seguir adelante y sobrevivir-, puede ser más difícil explorarlas y se requerirá un entorno más seguro y un proceso más tenaz. Cuanto más profunda es la herida, mayor empatía deberá ofrecernos la persona que nos guíe, o al menos será preciso entregarse con plena confianza a un proceso que nos inspire seguridad, para que el inconsciente que nos ha protegido durante años se decida a emprender el viaje de retorno.
Si una historia leída ha hecho vibrar una fibra emocional íntima en quien lee, posiblemente ésa es una señal de su yo interior. Si cualquier experiencia presente nos causa un placer o una tristeza inexplicables, puede ser una pista. Lo importante es restablecer una conexión entre el pasado y el presente. No está en nuestra mano lograr un saber absoluto. Debemos confiar en un futuro capaz de redimir el pasado.
Si la idea de ofreceros cuidados que no tuvisteis os parece extraña o misteriosa, recomiendo a quienes me lean el siguiente ejercicio:
Poner por escrito, en el orden y en los términos en que se os vayan ocurriendo, todas aquellas cosas que desearíais haber recibido en vuestra infancia y no tuvisteis.
Extracto del libro "Revolución desde dentro". Gloria Steinem.

domingo, 27 de julio de 2008

Ante la desesperanza

La vida en algunas ocasiones se nos puede torcer y hacernos pensar que todo está acabado, que ya no puede ir peor, que es el fin… Decisiones llevadas por el desanimo, agarrado a la desesperanza, pueden hacernos ver los acontecimientos tan negros que no veamos salida. Pero no es así. La mente es una gran maga. Maya, como la llaman los hindúes. Hay tanta vida y recursos dentro de nosotros, que son inagotables. Ponerlos a nuestro servicio es una postura sabia, la más sabia que podamos tener.
Aún estando patas arriba y desahuciado, aún así, se sale adelante si uno cree en si mismo. Si, creer en si mismo, algo para lo que el ser humano está preparado, y todos los días se ven casos de personas que en circunstancias verdaderamente traumáticas o desfavorables, se las arreglan para conseguir demostrarse a si mismos que pueden. ¡Cuanto menos no lo vamos a poder hacer nosotros que lo tenemos todo! ¡Ah¡, pero parece que nos falta algo. ¿El qué? La capacidad de ver que seguimos vivos, que vivimos con lo necesario, incluso más de lo necesario, que no estamos solos, que vemos, oímos, gustamos, tocamos, y podemos disfrutar de ello. Nada nos lo impide, sino nosotros mismos.
Nos lo impide nuestra interpretación de los hechos, nuestros pensamientos, esos que construimos en la mayoría de los casos innecesariamente, sin darnos cuenta de que nos estamos engañando. Engañando, porque como dije, la mente juega y quiere seguir jugando al juego conocido. Ese que es tan fácil porque como ya se saben todos los trucos se va rápido y se gana. Pero nuestra mente no es dueña, es servidora. Nuestra servidora. Se revelará, por supuesto. ¿A quién le gustan los cambios cuándo se está tan bien en lo que se conoce y se maneja? Si, porque aunque lo que se conoce y se maneja sea doloroso, insoportable, y demás acompañantes insufribles, es lo conocido, no lo por conocer. Lo desconocido, ¡qué fantasma aterrador!. Tan aterrador que se cierran todas las puertas, ventanas, recursos, estrategias, etc., etc. ¿Somos o no esclavos de nuestra mente? Se enseñorea con nosotros, efectivamente, como si fuera nuestra dueña. Pues no. Esta señora es nuestra servidora, calladita y hacendosa, cuando la sabemos entender. Presta a darnos lo que queremos en el mismo momento en que lo queremos. ¿Habrá mejor servidor?
El que más protesta suele ser el que menos motivos tiene. Nos aferramos a las ideas y creencias como si fueran nuestro último y único recurso. Y cuando creemos tenerlo todo, ocurre algo que trastoca toda nuestro espejismo de seguridad. Bien es cierto que Abraham Maslow en su libro “El hombre autorrealizado” habla de la importancia de tener las necesidades básicas cubiertas para poder evolucionar hacia la autorrealización. Sin estar totalmente en desacuerdo con esta idea, y sopesando las condiciones en las que algunas personas viven, y en las cuales también he vivido, pienso que aún en las más difíciles se puede llegar a la autorrealización. Esta depende más de la honestidad, que de los avatares externos. A mayor honradez, más valor. Es un pilar básico. Tan básico como respirar. En el mismo momento en que se es deshonesto algo en nuestro interior se rompe, y abre una brecha para el miedo. Miedo que se va convirtiendo en el gran alimentador de esa mente que entonces se pone prepotente y se enseñorea, haciéndonos sus esclavos.
Aquí se habla desde la experiencia, no desde la teoría. Me deshice de la teorías en el mismo momento en que pisé una universidad. La mayor cárcel a la que uno pueda acceder. Esto, será en otro momento.
Sólo hay que reflexionar un poco. ¿Cómo me siento cuándo hago algo en contra de mi mismo? -No me refiero aquí al egoísta, estos tienen claro a lo que van y les importa poco si se sienten bien o mal, algo que pagarán más tarde en su propio organismo. Nada desaparece, todo queda, para bien o para mal-. Esa sensación de intranquilidad que al principio es pequeñita, va haciéndose cada vez más y más grande, más y más presente, con lo que acaba formando parte de las emociones y pensamientos de uno. Sea o no consciente de ello. Está. Esto es lo que alimenta los pensamientos pesimistas, negativos, depresivos y por supuesto la desesperanza. Tanto en la depresión endógena como en la exógena. Hay acontecimientos externos (la exógena) que nos pueden hacer perder el rumbo, si no estamos muy bien de autoestima. En la endógena el asunto va por distinto camino pero no es distinto el motivo, nuestro interior. Si no nos sentimos bien con nosotros mismos puede ser más fácil caer en pensamientos negativos que oscurezcan el día, así de pronto. Todo sale a flote, aunque nos empeñemos en esconderlo. Pero si lo escondemos, más se empeñará en salir. Se usa como metáfora un balón. Un balón es empujado bajo el agua, y aguanta mientras lo sujetamos, en el momento que lo soltamos se revuelve y sale disparado. Así son nuestras emociones y pensamientos escondidos. Eso es lo que nos hace tener pensamientos nocivos. Al hablar como lo hago puedo resultar un tanto dogmática. Si, es cierto, no voy a negarlo. Hablo desde la experiencia. Cada uno de los pasos, cada una de las dificultades han sido sentidas, vividas y por fin liberadas por ello me expreso así. Pero aunque me exprese así y yo lo haya experimentado, no es la verdad. Es mi verdad, sólo eso. Lo cuento por si puede servirle a alguien, por si puede encender una luz en el entendimiento, y también por dar un poco de esperanza a los que quieren ver qué aún hay solución y les gusta encontrar ánimos. Qué quieren hacer algo para mejorase a si mismos y al mundo que les ha tocado vivir. Sólo por eso hablo así. Quizá para dar más fuerza al dialogo, si porque estoy dialogando, no disertando. No lo parece ¿verdad?
Bueno, para que no sea todo tan serio os voy a dejar un pequeño vídeo, para mi expresa muy bien esta esperanza. Eso si, hay que verlo hasta el final, final del todo (cuando parece que ya acabó, sigue). Si no, se pierde lo esencial. ¡Qué disfrutéis!

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jueves, 24 de julio de 2008

Opiniones ajenas

Un abuelo y su nieto se encaminaron en día a una aldea vecina para visitar a unos familiares, por lo que se acompañaron de un borrico a fin de hacer más llevadera la jornada. iba el muchacho montado en el burro cuando al pasar junto a un pueblo oyeron:
-¡Qué vergüenza! El jovencito tan cómodo y el pobre viejo haciendo el camino a pie.
Oído esto decidieron que fuera el abuelo en la montura y el joven andando. Pero al pasar por otra aldea escucharon:
-¿Viste que egoísta? Él bien tranquilo en el burro, y el muchachito caminando.
Entonces acordaron que lo mejor sería montar los dos en el jumento y así atravesaron otro pueblo, donde unos lugareños les gritaron:
-¿Qué hacéis vosotros? Los dos subidos en el pobre animal. ¡Qué crueldad, vais a terminar reventándolo!
Vista la situación, llegaron a la conclusión de que lo más acertado era continuar a pie los dos para no tener que soportar más comentarios hirientes. Pero pasaron por otro lugar y tuvieron que oír cómo decían:
¡Tontos! ¿Cómo se les ocurre ir andando teniendo un burro?.

Esta bien sopesar los consejos u opiniones de los demás, pero al final la decisión ha de ser la propia, precisamente porque será esta la que esté en consonancia con los propias necesidades del momento. Encontrar un termino medio. Escuchar, sin perturbar el alma.

martes, 22 de julio de 2008

Incordio

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¡Será malo!. Pobres tigres. Para que luego digan que los animales no tienen sentido del humor y ganas de divertirse, ja,ja,ja,ja,ja,...
Siempre la risa, gran liberadora.

sábado, 19 de julio de 2008

Viles poetas

Esta entrada puede ser incomoda de leer para algunas personas. Pero yo quiero echarlo fuera.

Siempre tuve admiración por los poetas, pero ¡qué gran desilusión! Aprendí de manera bastante cruel, que no eran tan "poetas". Y perdónenme los que escriben poesía con el alma limpia de villanía, esto es en su propio beneficio.
No todos son valientes. Es más, pueden ser ladinos e hirientes contra los indefensos. Los mitos, en esto se enmascaran ellos, les hacen ser admirados al utilizar la poesía, el arma de los indefensos, qué paradoja. Hay mucho psicópata suelto. Sí, siempre se ve a los psicópatas como seres que al ser tan malos -así nos los pintan las películas- se les puede identificar rápidamente, que gran mentira. Mitificar al malvado nos esta dejando con todo al descubierto. Ya no distinguimos quien es quien, porque hasta el inocente, en su afán por destacar acaba queriendo parecerse al tétrico malvado.
Este personaje ladino, nos endulza con sus palabras bien colocadas, sus rimas embelesadas, ya sea de veneno o de jazmín. ¿Por qué tenemos el velo tan opaco? Hay psicópatas de tres al cuarto cierto, estos causan daño relativo, si es que se puede llamar así, timan, roban,… Estos no se acercan ni a la suela de los zapatos de los sutilmente refinados. Tan sutilmente refinados que sólo los ves cuándo ya se te han metido en el alma. Viven a tu lado, comen contigo, lloran contigo, trabajan, cuidan de sus niños.
¿Y en la montaña? Esa montaña en la que habitan que es su trabajo. Esa torre que les da beneficios tales que pueden hacer y deshacer a su antojo con otros seres humanos. Tanto es así que no satisfecha su felina felonía ante tanto dulzor aséptico por lo cotidiano -¿qué va a sentir un ser pervertido en lo más bello cotidiano?-, o bien lo hacen ellos o se dedican a contratar a seres tan viles como él. ¿Y para qué? Para darse el placer de ver matar lentamente a otros seres humanos. Este matar puede ser físico o psicológico. Unos optan por la sangre, otros por el cruel intelecto (en este plano le gusta actuar directamente él). ¿Dije poetas? Si, de la muerte y la vileza.
¿Cómo distinguirlos? Ardua tarea, muy ardua. No todos se muestran leoninos. Normalmente se muestran corderitos, muy corderitos. Sólo hay algo que no te engaña, la mirada, esa mirada que no te deja ni respirar. Hasta los más temerarios son vencidos por esa mirada. Si lo sabré yo. Nunca tan cerca el demonio. Ni en los más crueles cuentos de pesadillas. La realidad supera la ficción, ¡ya lo creo! Lo que más me entristece es que haya personas dispuestas a seguirles y a servirles. Por ignorancia entran en ese mundo y por debilidad ya no salen, convirtiéndose así en verdugos a su servicio. Matan para ganar gran cantidad de dinero, matan sin oír los lamentos de las víctimas aterradas por el sufrimiento y por la desdicha de verse absolutamente desamparadas. -¡Por Dios, que alguien lo pare!- gritan. No hay misericordia, se continua con el aterrante, sangrante y torturante asesinato, físico y psíquico.
¿Por qué cerramos los ojos ante lo que tenemos delante? Estos seres están dentro de nuestras casas, pueden ser nuestros parientes o nuestros hijos; nuestros amigos; aquellos, nuestros vecinos, ¿en nosotros mismos? Si, porque cada vez que dejamos de atender un grito, cada vez que dejamos de atender un pequeño atisbo de crueldad con cualquier ser vivo, estamos haciéndoles el juego a esos miserables pervertidos envilecidos. Al dejar de hacer ya somos sus esbirros. No queremos ver y reconocer que aquel a quien amamos o queremos tanto pueda realmente ser tan dañino, y así continua la farsa, haciendo sufrir a la víctima.
Si, ya se que se me puede acusar de estar llevando las cosas a los extremos. Si se sigue lo que escribo se entenderá sin duda (espero) qué es lo que quiero decir. Cierto que todos en mayor o menor medida fuimos un poco crueles en nuestra infancia, pero ya no estamos en ella ¿verdad? Quizá nos venga bien saber como nos sentimos ahora al recordar el daño que hacíamos. Continuo.
Difícil decisión la de juzgar a semejantes seres. Están perdidos en un mundo del que ya no encuentran la salida hacia la luz. Esta les enceguece, y prefieren vivir con las espaldas encorvadas de ignominia que afrontar que están engañando con su fachada de cordero ¡les es tan necesaria esta mascarada! Ni ellos mismos son capaces de enfrentarse a semejante maldad.
Se alimentan en los otros, en los que no tocan, los que son como personajes de película Y si acaso los tocan, estos seres para ellos se convierten en esclavos, sin derecho a libertad; siendo a su vez esclavos de aquellos que quieren esclavizar. Terrible paradoja.
Pues si, estos personajes escriben poesía y triste crueldad, pueden conseguir que les admires.
He abandonado aquí mi tono normalmente positivo, sencillamente por la necesidad que encuentro en dar un poco de luz (saber de esa mirada que te taladra los huesos es importante) para poder desenmascarar a los que cruelmente se engalanan gracias al, cada vez más ciego, individualismo, mal comprendido y comparado con el “vive y deja vivir”. Lo tenemos delante día a día en alguna esquina, no cerremos los ojos. Hay demasiado en juego.
Mi nota positiva es que yo lo logré, logré desenmascarar a más de uno. Mi valentía fue superior a mi miedo. Si claro que tenia miedo, ¿y? Así aprendí precisamente a dejar de tenerlo, aunque lo sienta, se aprende de la vulnerabilidad. Y si, también Dios me acompaño en ello. Cada uno que le ponga el nombre que quiera, energía, padre, universo,… el todo, la fuerza que da vida a todo y de la que nosotros formamos parte. Si, también esos seres confundidos, por eso me enfrenté a ellos.
Me importaban más las víctimas que yo misma. Quizás por ello estoy aquí para contarlo. Para transmitir que todos somos mucho más valientes de lo que creemos o nos hacen creer.
Se que algunos pensaran que soy ingenua, otros, que quien le pondrá el cascabel al gato, pero así sólo nos estamos escondiendo, escondiendo detrás de un miedo que es educado socialmente, no es un miedo real. Da igual si no te sale bien a la primera, ya aprenderás estrategias para la segunda.

"Revolution" un artículo del periodista polaco Ryszard Kapuscinski en New Yorker, donde describe el instante en que un hombre, situado en el extremo de un grupo multitudinario, devuelve desafiante la mirada a un policía – y en que el policía advierte una inesperada resistencia a aceptar su mirada determinante -, momento N. El cual sitúa el imperceptible nacimiento de su rebeldía. “Todos los libros sobre todas las revoluciones comienzan con un capítulo que describe el deterioro de una autoridad tambaleante o la miseria y sufrimiento de la población”, escribe Kapuscinski. “En realidad, deberían empezar con un análisis psicológico, dedicado a mostrar cómo un hombre acosado, aterrorizado, de pronto consigue liberarse de su terror y deja de sentir miedo. Es preciso describir este inusitado proceso, a veces consumado en un breve instante, como una descarga eléctrica. El hombre se desprende del miedo y se siente libre. Sin ese paso, no habrá revoluciones.”
No se trata de violencia sino de valentía, algo bastante alejado de la algarabía. Se puede ser valiente sin levantar ni la mano ni la voz, estando, diciendo, haciendo que estos seres no se crean impunes...
Nos tienen en jaulas con barrotes transparentes, tan cómodas...
¡Podemos ser tantos y ellos son tan pocos! ¡Tantos! ¿Lo entendéis?
Por favor, decidme que sí.

jueves, 17 de julio de 2008

Alma de cristal

Fragilidad aterida
No cedas al dolor
No alimentes la desdicha

Precipicio sin fin
No cargues más tus penas
Retales de falsos poemas

¿Contenido o recipiente?
Atrevidos fragmentos
Surgen a través del pudor

Encaje de estrellas
Que protegéis mi caída
¿Podéis impedir el temor?

miércoles, 16 de julio de 2008

No juzgar demasiado rápido

La interpretación acelerada de los acontecimientos precipita el equivoco.

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martes, 15 de julio de 2008

La mente ordinaria

La Vía no requiere cultivo alguno, basta con no contaminarla. Pero, ¿qué es la contaminación? La contaminación es el conjunto de artificios e ilusiones creados por una mente inestable.
El camino para comprender directamente la Vía es la mente ordinaria, una mente desprovista de artificialidad, de juicios subjetivos, de apegos y de rechazos.

Maestro Mazu

domingo, 13 de julio de 2008

La cultura del todo a cien

¿Qué es lo ultimo que compré y que ya no tengo o ya no uso? A ver, calcetines que duran unos dos meses; sandalias tipo chancla que por tres euros, claro ya se han desvencijado; monedero que ya se despega, este me costó bastante más caro; un cortador-rayador de patatas y otros, en el armario escondido, me tiene miedo, debe ser porque ya nunca lo saco; reproductor de dvd que se ha quedado obsoleto; el de vhs, más todavía. Cosas y cosas que o bien se estropean y rompen rápido, o que se compran con la sana intención de usarlas pero que se mueren de aburrimiento, o que en dos años no sirven para nada porque te venden algo más sofisticado que ya no es compatible.
Cultura del todo a cien digo. Saturación de los sentidos. Cuando aún no he tenido tiempo para adaptarme a un objeto ya me están vendiendo otro. Tiendas por cualquier esquina que rebosan de productos a unos precios altísimos y las compañeras pobres, las de los chinos que tienen de todo pero a precios bajísimos –bueno ya no tanto-. Y toda una gama de comercios para todo, electrodomésticos, peluquerías, confiterías, zapaterías, etc, etc. Vivimos en el consumo y para el consumo. Oferta y demanda. Pero algo falla. Antes había más demanda que oferta, ahora es a la inversa, hay tanta oferta que uno ya no sabe donde escoger la mercancía.
Supermercados saturadores de los caprichos, todo en gran cantidad y colocado tan estratégicamente que como no estés bien informado te llevas hasta lo que no sabes que llevas. ¿Y los bancos? “Tráiganos tres recibos y tres nominas y le regalaremos un I-pod”. Con la tarjeta tralará le regalamos un viaje a Pernambuco, y así todo más o menos del mismo tenor.
¿Regalar? ¡Ah!, ¿pero regalan algo? Si, de verdad, son unos santos. Hoy estoy un poco socarrona, qué se le va a hacer.
Y nosotros en medio de esta vorágine de tanta variedad y colorido. Me he dado un paseo por tiendas con ropa de segunda mano, ya no tienen espacio, rebosan de material usado. Trapos y trapos amontonados. Y luego hay personas que no tienen ni para comer. En España conozco estas cifras: dos millones de pobres, pobres de verdad. Ni para comer tienen. Un día paseando por mi pueblo encontré un cartel que ponía: “en tal día se repartirán alimentos a las familias necesitadas procedentes de stock alimentario”. Más grave todavía. Una anécdota. Un chico que tiene una asociación para enseñar a los niños como jugar de nuevo sin la televisión; a los adultos como interaccionar con los niños desde una sana autoestima. Este chico alquiló una furgoneta y fue a repartir excedentes de alimentos a un barrio pobre. Lo hizo dos días y se termino porque el dueño de una tienda en la que compraban a crédito, se le echo encima, acusándolo de querer sabotearle el negocio. ¿Qué nos pasa? De verdad ¿qué nos pasa? Ya se que personas así las hubo, hay y habrá en todos las épocas. ¿Pero tan poco hemos aprendido? Estamos en el siglo XXI, y aún están las mismas debilidades que había en época de Homero. Producción. Producir para tener dinero. ¿Y que hago con ese dinero? Ya no estamos en tiempos de trueque, ¿o si? ¡Si es que yo no me he entero!
Simplificar, simplificar al máximo la vida y las necesidades. Necesidades que no son tales. Son producidas también por esta sociedad de consumo, espejismos de bienestar. ¿Y nuestro interior? ¿Con que se alimenta? Con cacharros de música, con pantalones tatatín, etc, etc. A mi el espíritu me lo alimenta sentir que soy valiosa para los demás, que puedo sacarles una sonrisa y que ello me hace feliz, no soy payaso –triste por dentro que hace reír a los demás con sus tristezas y amarguras (pobres payasos ¿por qué me meto con ellos?)-, con lecturas y gestos edificantes que levantan la moral al lugar más noble. Tendiendo una mano al afligido, socorriendo al que llora, aunque sea por nada. Escuchando a un amigo e incluso a un enemigo, para hacerle sentirse por un momento valioso. Rescatando a un animal herido o perdido, o encaramado a un árbol. Dejar de comprar lo que no quiero, lo que no uso, remendar lo que tengo, regalar a una persona necesitada aquello de lo que me cuesta trabajo deshacerme por apego. Contaros todo esto para compartir un poco de humanidad sencilla pero entregada. Dándolo de corazón y dejándolo en el camino para que no me haga perder el sentido último, qué es, no inflar el ego.
Si, a veces tengo que pelear por algo tan nimio como defender mis derechos ante quien los pisotea, tiene que haber contrastes, es aún muy pronto -qué paradojico ¿verdad?- para que todos comprendan que siendo mejores personas se hace avanzar a la sociedad en general.
Cada pasito que se da, cada gesto que se hace, cada sonrisa que se entrega dan una bendición al que lo recibe, aunque al principio le cueste deshacerse de la coraza. Y el que no lo vea, bueno lo compadezco, seguiré siendo buena persona (y algunos me acusarán por decir esto), no me va a parar un tropiezo. Cada trocito de mí que doy es un trocito de universo que contenemos cada uno de nosotros. Así que no estoy haciendo nada que todos podamos hacer. ¡A ello!

sábado, 12 de julio de 2008

Revolución del alma

Nadie es dueño de tu felicidad, por eso no entregues tu alegría, tu paz, tu vida en las manos de nadie, absolutamente nadie.
Somos libres, no pertenecemos a nadie, y no podemos querer ser dueños de los deseos, de la voluntad o de los sueños de quien quiera que sea.
La razón de tu vida eres tú mismo. Tu paz interior es tu meta en la vida.
Cuando sientas un vacío en el alma, cuando acredites que aún te está faltando algo, aún teniéndolo todo, guarda tus pensamientos para tus deseos más íntimos y busca la divinidad que existe en ti.
¡Deja de situar la felicidad cada vez más distante de ti!
No coloques el objetivo demasiado lejos de tus manos, abraza a los que están a tu alcance hoy.
Si andas preocupado por problemas financieros, amorosos o de relaciones familiares, busca en tu interior la respuesta para calmarte, tú eres el reflejo de lo que piensas diariamente.
Deja de pensar mal de ti mismo ¡se tu mejor amigo siempre!
Sonreír significa aprobar, aceptar, facilitar. ¡Entonces habrá una sonrisa para aprobar el mundo que quiere ofrecerte lo mejor!
Con una sonrisa en el rostro las personas tendrán las mejores impresiones de ti y tú estarás afirmando para ti mismo, que estás abierto para ser feliz...
Trabaja, trabaja mucho a tu favor. Deja de esperar la felicidad sin esfuerzo.
Deja de exigir a las personas aquello que ni para ti has conseguido aún.
Criticar menos, trabajar más, y no olvides nunca de agradecer.
Agradece todo lo que está en la vida en cada momento, incluso el dolor. Nuestra comprensión del universo es aún muy pequeña para juzgar lo que quiere que sea en nuestra vida. La grandeza no consiste en recibir honores, más, en merecerlos.
Escrito en el año 360 a. C.
Texto atribuido al filósofo griego Aristóteles

viernes, 11 de julio de 2008

Presente valioso

Hoy he recibido un bonito presente por parte de una persona llena de ilusiones y comprensión. Lo he recibido de mimundo ella es quien día a día me hace sentir que hay muchas almas bellas en el mundo, gracias por estar.




Ahora las instrucciones del premio:

1. Se guarda el premio con el enlace correspondiente a la persona que te lo ha concedido.

2. Compartir seis valores importantes y seis que no soportas (no me gustan pero los comprendo)

6 valores importantes para mí son:

Honradez
Sensibilidad
Compasión
Amistad
Altruismo
Nobleza

6 valores que no me gustan pero comprendo son:

Mentira
Arrogancia
Envidia
Clasismo
Racismo
Fanatismo

3. Elegir a seis personas:

Como llevo muy poquito tiempo por estos lares aún hay poquitas personas con las que tenga mucho contacto, a mimundo como ya lo tiene -por supuesto se lo doy simbólicamente- lo compartiré con aquellos que están ya cerquita de mi corazón:

Xeixa: Por su especial sonrisa que siempre me ha llegado al corazón.

Las mareas del desierto: Por impresionarme con sus fotografías y llegarme al alma.

Volver a ser un niño: Por su gran capacidad para vivir en la alegría.

Bahhia: Por su sencillez y ganas de compartir su alma con nosotros.

Ego: Porque siempre me sorprende con sus comentarios juguetones y frescos.


Caminando hacia Itaca: Porque me ha hecho participe de su felicidad, algo que para mí es muy valioso.
4. Avisar a los galardonados dejando un comentario en su blog.
Y a todos los que poco a poco nos vamos conociendo a través de este mundo lleno de libertad y creatividad: Mi agradecimiento por permitirme compartir con todos mi alma.

jueves, 10 de julio de 2008

Para sentir

Ser cristal nítido
Papel nuevo
Miruéndano temprano

Mano de bebé
Sonrisa sincera
Carita embelesada

Mundos amables
Imanes unidos
Estrellas fugaces

Para sentir la belleza
 comunicando
su coherente presencia.

lunes, 7 de julio de 2008

Inquiero

Siento un estado etéreo, casi indefinido. No se bien que sentido tiene, es dulce, es leve, es danzante, se mece a su merced contagiándome. Llevo así todo el día. Me urge el instinto, me para el sosiego, salto de aquí para allí sin mucho equilibrio, las navajas de sílex siguen hiriéndome como corta el aire una entrada cerrada. Salgo de una puerta y entro en una fuente, me sumerjo feliz para salir a un jardín lleno de remolones árboles jóvenes, ¿qué me queréis decir? No entiendo el mensaje. Lo hay, se que lo hay, mas aún no veo. Aquí me pongo a desbrozar pequeñas pepitas de frutos comidos, aún no entiendo. Sus semillas no nacieron porque están en mis manos, manos que tienen miedo, miedo de hacer daño. Y en este miedo retienen la vida. ¿Por qué no las suelto? Estoy reteniendo la vida o ¿es qué es necesario? Salgo de nuevo a la fuente y me embriago de la comunión con seres sensibles llenos de vida palpitante, me dejo fluir y así paso otra puerta para salir al espacio, donde accedo a un entendimiento mayor y me sosiego y me agito de nuevo ¿qué es? Hay señales lo sé, pero no veo adonde me llevan. ¿Por qué de nuevo esta ceguera? El mar se agita en mi interior, Qué extraño ser feliz e infeliz en un mismo estado. Volar y caminar a la vez. Difícil armonía. Bien, me dejare fluir de nuevo guiada por esa sabia mano de la sincronicidad, a ella le inquiero. Nunca me ha engañado.


domingo, 6 de julio de 2008

Para otro día

Ultimamente en algunos de los ámbitos por los que transito he escuchado una palabra un poco enrevesada: procastinación. ¡Madre mía!, ¿y esto que es? Procastinación, lo leí por primera vez en un libro que trataba del desarrollo del estudiante una vez comenzada la universidad. Deduje por el contexto que se refería a la postergación. ¡Hombre!, ahora si. Esto ya me sonaba, aunque la palabra también se las trae. ¡Qué castigo tuve yo siempre con la postergación! Ya me lo decían dos mujeres importantes para mí –mi madre y mi abuela paterna-: “no dejes para mañana lo que puedas hacer hoy”. Y a mi “por un oído me entraba y por el otro me salía”. Eso si, yo me lo pasaba en grande mientras tanto, haciendo todo lo que no “tenía” que hacer. Pero luego llegaba el momento en el que aquello que había dejado de hacer porque no me gustaba o porque creía no poder hacerlo me pasaba deudas atrasadas.
No se como me las arreglaba pero de una u otra forma lograba salir del paso. Era cuando me sentía presionada que resolvía todo en un santiamén.
Fue pasando el tiempo y claro este comportamiento se fue integrando cada vez más en mí. Eramos inseparables. Pocas cosas se resistían a pasar por el “ya lo haré mañana”. La sensación siempre era de culpa, una culpa desazonadora, que no me abandonaba. Esta sensación salía sobre todo a la noche, cuando ya acostada, me dedicaba a pasar revista al día. Qué rezongona se ponía. Yo me empeñaba en buscar todo tipo de triquiñuelas para ver si se colaban por algún resquicio, y nada. Ahí aparecía una y otra vez, ¡que pesada! Qué compañera tan molesta. “No se para que me pongo así si siempre consigo terminarlo todo a tiempo”, me decía. Pero esto no arreglaba nada. De lo que no me daba cuenta era de todo el desgaste emocional que me imponía con tal trajín. Por entonces eso de mirar una por una las emociones, estados de animo, sentimientos, no tenía ni idea de lo que era. Aglutinaba todo ello en un vaivén de pensamientos y sensaciones que iban de acá para allá. No discriminaba, aunque siempre creí saber que me pasaba. ¡Hum! ¡Qué ingenua!
Qué laberintos, qué filigranas estaban prendidos a tal estado. Cierto que si no se me hubiera hecho sentir mal por ello, para mí no tendría la menor importancia. Lo asumiría como una parte más de mi persona. Por algo dicen que todo queda. Queda grabado a fuego aunque no se tome consciencia de ello. Y no me estoy poniendo psicoanalítica, no. Bueno, a lo mejor un poco. Esto de poner etiquetas, hasta yo me las estoy poniendo, ¡qué cruz! Luego vienen algunos y dicen que no es importante la introspección –la cual no es patrimonio del psicoanálisis-, será por miedo o porque no saben como hacerlo, pero es muy importante, mucho. Qué se quiera hacer o no depende de cada ser humano.
Gracias a esa introspección y ayudada claro está al leer las diferentes visiones, sin aferrarme a ninguna concretamente, pero quedándome con lo que me hacia falta en ese momento en el cual accedía a dicha información, fui poco a poco creando una idea más clara de cual era el intríngulis de mi mal querida postergación.
Culpa. Culpa de no poder cumplir las expectativas de otros. Culpa por no sentirme a la altura de otros. Culpa por creerme incapaz de corregirlo. Culpa por la propia culpa. Culpa por sentirme con miedo ante lo que pudiera pasar al dejar de hacer. Culpa por sentir que les fallaba a otros. Culpa por acabar con mi salud al culparme tanto. Culpa por sentir frustración, además de la rabia. Culpa y vergüenza por no creerme inteligente Vamos todo un gallinero de culpas. Pero el hilo ¿dónde estaba el cabo del hilo? El cabo que hace llegar al principio. Este estaba en aquello que aconteció desde la infancia. Toda una sociedad, unos individuos llevados por los conceptos sociales del “hay que hacerlo así”; hay que meterte en una escuela; hay que ser como los demás, hay que adaptarse, hay que obedecer; hay que hacer caso a los mayores, ellos saben más que tú; hay que, hay que, hay que,… socializar socializándote. Hay que vivir en sociedad, esta claro, pero ¿a que precio? ¿Al de convertir a todos los seres humanos en ovejitas dóciles y sumisas? Y ahora alguien me podrá acusar de sabe Dios qué, por acusar… Pero si yo estoy hablando de la procastinación. Qué no, qué es postergación.
Cierto que vivimos en sociedad, pero no para llegar a anular nuestra individualidad, nuestro autentico yo (individuación). Yo compartiendo con la sociedad, no la sociedad imponiéndose en mí con tanto afán de poder. Esto de “autentico yo” puedo decirlo hoy. Hace años lo llamaba amor propio, siempre tuve mucho, pero confuso. Confuso por las mil y unas doctrinas añadidas a mi corolario intelectual de las que quería alimentarme para sobrevivir, sintiéndome acompañada en mi soledad desvalida.
Hoy he descubierto que esa postergación efectivamente tiene que ver con mi capacidad para ver el quid de la cuestión, resolviendo problemas y conflictos muy rápido. En definitiva creatividad, por esto nunca me urgía ponerme a ello. Pero lo veo ahora que me he librado de la culpa y de la losa de la inseguridad que me impusieron otros en una edad en la que no podía defenderme bien; en la que necesitaba ser querida y no ridiculizada; comprendida y no culpada; apoyada y no domeñada.
Hoy puedo decir todo esto sin sentir que me vanaglorio, lo digo desde una verdad reconocida, sin ejercer la falsa modestia. ¡Qué liberación! ¡Que bendición!
En realidad ahora que puedo hacer un cómputo de mi vida, soy capaz de ver qué lo que acontece en tu vida es la huella que va encaminándote hacia donde tienes que llegar. Está marcado en ti a fuego, y llegarás a ello por los caminos que sean; estos serán los necesarios para templarte ante las dificultades. Los tropezones, las injusticias, los sinsabores, el sufrimiento, todo, todo te pone a prueba para hacerte más y más comprensivo, más y más intuitivo. La coraza forma parte de una juventud dolida, pero ya no tiene cabida en esta nueva etapa de la vida.
Hoy SE como hacer: no dejando para otro día lo que SE que puedo hacer hoy; de este modo puedo hacer muchísimas más cosas, y como no, teniendo más tiempo libre.

sábado, 5 de julio de 2008

Luces

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Dedicado a todos y cada uno de vosotros.

viernes, 4 de julio de 2008

Las trampas para turistas

En los grupos Zen se proclama la existencia de un camino y de una verdad religiosa, y los principiantes que escuchan embobados a estos embaucadores, quedan fácilmente atrapados en sus redes:
Pero dime: ¿A qué camino y a qué verdad se refieren? ¿De qué careces en este mismo instante? ¿Qué más necesitas?

Maestro Linji

Todos fuimos, somos y seremos en algún momento principiantes… Atención, atención, atención,…

jueves, 3 de julio de 2008

Las rarezas de cada uno

Hace mucho tiempo me desesperaba por entender a determinadas personas. Complicadas, inestables, caprichosas, dominantes,… Me traían de cabeza, vamos que no se iban de mis pensamientos. Le daba vueltas una y otra vez para intentar encontrar el por qué de su actitud. Intentaba encontrarle sentido a sus incongruencias. Craso error.
Hace bien poco me di cuenta de que en realidad lo que estaba haciendo era ocultarme el hecho de que me preocupaba demasiado por mí misma. Vamos que mi ego no cejaba en ponerse siempre en primer lugar y decir, mira como son los otros, ellos son los bordes, ellos son los caprichosos, ellos lo esto, lo otro y lo de más allá… ¿Por qué veía en los otros todo eso? Pues porque eran el reflejo de mi persona en un espejo, su espejo. Siempre aparecen esas personas en el momento adecuado. Si, son un espejo muy sincero, pero al que yo no hacia ningún caso porque entonces tendría que ponerme a reconocer que yo no era tan perfecta como estaba pensando.
Autoestima. ¡Qué palabra! Auto-estima, o sea estimarse uno a sí mismo. Pero si siempre habías oído eso de que hay que amar al prójimo como a ti mismo. Entonces si yo me estimaba y no estimaba al prójimo ¿qué estaba ocurriendo? Sencillo ¿no? Que ni amaba al prójimo, ni a mi mismo.
Esas peculiaridades de los demás sólo hacían que me sintiera reflejado en aquello que aún estaba por cicatrizar en mí. Si me molestaba que alguien fuera celoso me encontraba en el camino con alguien que a su vez me hiciera sentir celos. Esto suele darse con más facilidad entre parejas, aunque el ámbito familiar y las relaciones de amistad también son campo de cultivo.
Digo los celos en las relaciones de pareja porque si mi autoestima es mala, claramente van a salir a relucir todos mis trastos viejos. Esos que mantenía en el desván del inconsciente que todo lo guarda. Si la otra persona era especialmente atenta con los del otro sexo, ya estaba liada, y si, racionalmente me decía, -bueno son tonterías tuyas, te lo imaginas-. Claro que me lo imagino, pero precisamente por eso me estoy equivocando. Estoy presuponiendo algo que en ningún momento se me ocurrió preguntarle al otro. Es evidente que esto supondría el tener que mostrar entonces que estoy celoso, y me avergüenza tanto que me lo trago, enredándome entonces en la tela de araña, tejiendo y tejiendo día tras día sin que haya ni un solo animal dispuesto a caer en la trampa que yo solo he tendido. En esa trampa sólo caen mis imaginarios pensamientos, que enredan y enredan sin cesar, tanto es así que por supuesto acaba cumpliéndose la profecía anunciada. Antes de eso he agobiado al otro con mis sospechas, con mis desconfianzas, con mi arrogancia –si porque al no poder mostrar mi vulnerabilidad, esta se convierte en altanería para disimular- . Y que le voy ha hacer si me pueden las emociones que revientan dentro de mi llevándome a la sin razón una y otra vez. Me digo –soy un ser humano enamorado- y esto es lo que siempre he sentido cuando he estado enamorado. Y hala a vivir siempre lo mismo.
Pero que empeño en hacer siempre lo mismo. Rutinas, hábitos hasta en los sentimientos. ¿Quién lo diría? Mira tú por donde hasta para eso somos rutinarios. Y además nos apegamos a ello como si nos fuera el último aliento de vida. Y pienso hoy, eso no es amar, si que siento, siento mucho, pero eso no es amor. Es necesidad, necesidad del reflejo que me devuelve el otro. Si, un espejo, ya lo dije. Cuando soy capaz de librarme de esa necesidad del reflejo del otro comienzo a amar. Amar de veras sin que el otro tenga que darme constantemente confirmación de mi amor, sólo entonces aparece el respeto por las diferencias del otro. Las puedo aceptar o no, eso es otra cuestión, algunas son verdaderamente inaguantables por lo desequilibradas, pero no dejo de respetarlo. Entonces ya no necesito ir de salvador de nadie, prefiero que el otro aprenda a salvarse a si mismo y que comparta conmigo algo más que carencias personales traídas en la maleta de cada relación pasada.
Como yo lo veo, antes de comenzar una relación lo más aconsejable es deshacerse de todos los lastres acumulados, por el bien de los dos. Entonces las rarezas serán particularidades enriquecedoras y humanas, pero no amarguras o frustraciones pasadas, las cuales no hacen más que empañar la buena continuidad de una nueva relación.
Madurez, madurez para comprender que el otro no está ahí para aguantarme sino para disfrutar de nuestra mutua compañía.
Algunas de mis rarezas: me quedo mirando como juegan dos perros; el rumor de una fuente me hace sentarme cerca y paso largo tiempo escuchando; no me gusta limpiar el polvo de los muebles, que le den; no puedo pasar al lado de alguien al que estén maltratando y quedarme callado; me gusta la honestidad, con lo cual la ejerzo; tengo libros por el suelo, amontonados en las estanterías, en las mesas; me gusta hacer fotos con lo que necesito tiempo para hacerlas bien; y más, algunas que ni veo y para el otro lo son. !Ah¡ sí, cuando estoy pensativa me dedico a atusarme las uñas, esa me la descubrió un amigo. Y como no, qué me quiero mucho. Vamos, de lo más normal del mundo. Y si, soy mujer y ser humano.

miércoles, 2 de julio de 2008

Ola de delincuencia animal

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¡Al ladrón!

Me encantan los animales y estos ladronzuelos más. ¡Qué habilidad!

No pierden oportunidad.

Pero también lo siento por los sustos que se llevan algunos, pobrecitos...

martes, 1 de julio de 2008

La hilandera

En una ciudad del más lejano Oriente vivía una joven llamada Fátima, la hija preferida de un próspero hilandero. Un día su padre le dijo –Hija, has aprendido el oficio y te has convertido en mi ayudante. Quiero que vengas conmigo a una travesía, pues tengo negocios que hacer en las islas del Mediterráneo. Tal vez encuentres un joven atractivo de buena posición, al cual podrás tomar por esposo.
Se pusieron en camino y viajaron de isla en isla, el padre haciendo sus negocios y Fátima soñando con el esposo que pronto podría ser suyo. Pero un día, cuando estaban camino de Creta, se levantó una tormenta y el barco naufragó. Fátima semiconsciente fue arrojada a una playa cercana a la ciudad de Alejandría. Su padre había muerto, dejándola completamente desamparada.
A partir de entonces, su vida pasada le pareció un tenue recuerdo lejano. Estaba completamente exhausta por la experiencia del naufragio, por tantas horas expuesta a las inclemencias del mar. Mientras vagaba por la arena, una familia de tejedores la encontró y aunque eran muy pobres la llevaron a su humilde casa y le enseñaron el oficio. De esta sencilla manera, Fátima inició una segunda vida y al cabo de uno o dos años, habiéndose reconciliado con su suerte recobró su felicidad.
Pero una mañana, estando en la playa, una banda de mercaderes de esclavos desembarcó y se la llevó junto con otros cautivos. Pese a lamentarse amargamente de su suerte, la muchacha no encontró ninguna compasión por parte de ellos, quienes la llevaron a Estambul y la vendieron como esclava. Por segunda vez, el mundo se había derrumbado.
Uno de aquellos días, sin embargo, apareció en el mercado un hombre que buscaba esclavos para trabajar en su aserradora donde fabricaba mástiles para barcos. Cuando el mercader vio el abatimiento de la infortunada Fátima decidió comprarla pensando que podría ofrecerle una vida un poco mejor que la que habría de recibir de cualquier otro comprador.
Llevó a Fátima a su hogar con la intención de hacer de ella una sirvienta para su esposa, pero, al llegar a su casa, se enteró de que había perdido todo su dinero pues su cargamento más importante había sido capturado y robado por unos piratas. Comprendió que ya no podría afrontar los gastos que le ocasionaba tener trabajadores, de modo que él, Fátima y su mujer quedaron solos para llevar a cabo la pesada tarea de fabricar mástiles.
Fátima agradecida a su empleador por haberla rescatado trabajó tan duramente y tan bien que tiempo después él le dio la libertad. Gracias a su esmero, ella llegó a ser su ayudante de confianza. Fue así como logró ser relativamente feliz en su tercer oficio.
Un buen día el mercader le dijo:
-Fátima, necesito que vayas a Java con un cargamento de mástiles. Asegúrate de venderlos con provecho.
La muchacha se puso en camino, pero al pasar frente a las costas de China, un tifón hizo naufragar la embarcación y una vez más salvó milagrosamente su vida mientras era arrojada a las playas de un país desconocido. Otra vez lloró amargamente pues sentía que su vida nada sucedía de acuerdo a sus expectativas. Siempre que las cosas parecían andar bien, algo espantoso ocurría malogrando todas sus esperanzas.
-¿Por qué será?- exclamó Fátima por tercera vez –que siempre que intento hacer algo se malogra? ¿Por qué tienen que ocurrirme tantas desgracias?
Pero no hubo respuesta, de manera que se levantó de la arena y caminó tierra adentro.
En China nadie había oído hablar jamás de Fátima, ni existía persona que supiera acerca de sus problemas. Sin embargo, en uno de aquellos reinos existía la leyenda de que un día llegaría allí cierta hermosa mujer extranjera capaz de enseñar a construir enormes tiendas para sus ejércitos, un arte por entonces muy codiciado.
A fin de estar seguros de que la esperada extranjera no pasara inadvertida si un día pisaba aquel suelo, el rey solía mandar heraldos a todas las ciudades y aldeas, pidiendo que cada mujer extranjera fuera llevada a la Corte. Fue precisamente en una de esas ocasiones cuando Fátima, agotada, llegó a una ciudad costera de China. La gente del lugar habló con ella por medio de un intérprete explicándole que tendría que presentarse ante el rey.
-Señora -dijo el rey cuando Fátima fue llevada al castillo-, ¿sabéis fabricar una tienda capaz de resistir los embates de las campañas de mis ejércitos?
-Creo que sí- respondió Fátima.
Muy pronto, habiendo comprobado la mala calidad de las sogas que poseían, recurrió a los conocimientos de sus tiempos de hilandera, recogió lino y fabricó las cuerdas. Luego pidió una tela fuerte, y también la juzgó inadecuada para el uso. Entonces utilizando su experiencia con los tejedores de Alejandría, fabricó una tela resistente para hacer tiendas. Más tarde, como había sido enseñada por el fabricante de mástiles de Estambul, hábilmente confeccionó unos sólidos parantes. Al quedar estos listos, se devanó los sesos recordando todas las tiendas que había visto en sus viajes y he aquí que la tienda fue construida.
Cuando esta maravilla fue mostrada al rey, él ofreció dar cabal cumplimiento a cualquier deseo que ella expresara. Fátima eligió entonces establecerse en China, donde se casó con un atractivo príncipe y rodeada por sus hijos, vivió feliz hasta el final de sus días.

Fue a través de estas aventuras como Fátima comprendió que aquello que le había parecido en su momento una experiencia desagradable, resultó ser parte esencial en la elaboración de su felicidad final.

Cuando estamos pasando por las adversidades no nos fijamos sino en el dolor que estas nos producen. Y es normal. La vida a veces se empeña en ser muy dura.

En otras ocasiones, nosotros mismos somos los obstáculos. Nos empeñamos una y otra vez en tropezar contra los muros que nos paran. Parar y reflexionar -¿qué es lo que estoy haciendo mal?, nos puede dar la oportunidad de ver que es aquello en lo que nos podemos estar equivocando, pudiendo así cambiar el rumbo de nuestra vida.

Sin preocupaciones

Para que los falsos maestros no te confundan y puedas alcanzar la libertad en el mundo, es indispensable que busques la percepción y la comprensión verdaderas.
Sé sencillo. Deja de lado toda preocupación y artificialidad.
Siempre estamos buscándonos en los demás. Este es un grave error.

Maestro Linji

Cómo niño embelesado. Ocuparse no preocuparse. Estar no depender.
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