viernes, 27 de agosto de 2010

La confianza en uno mismo (VIII) Conocerse. El sentimiento de vergüenza


Se avergüenza:

–de sus temores ante la realidad, la vida, el cambio, el fracaso, los conflictos, los demás, su juicio;
–de su físico: apagado, lastimoso, fracasado, mediocre, insignificante, corriente, execrable;
–de sus ideas: estúpidas, mediocres, penosas, banales, simples;
–de sus defectos: timidez, nerviosismo, susceptibilidad, disimulo, pereza, torpeza, indecisión, cólera contenida;
–de su emotividad, de ruborizarse, llorar, templar, sobresaltarse, estremecerse, balbucear;
–de su comportamiento: apagado, torpe, apurado, pusilánime, timorato, cobarde;
–de su vida miserable.

¡Incluso le da vergüenza tener vergüenza!

Alin no se perdona haber derramado algunas lágrimas en la boda de su hermano. Ariane se reprocha tener un nudo en el estómago antes de dar una conferencia. Coraline, una morena entrada en carnes, se avergüenza tanto de sus redondeces que no quiere ponerse en traje de baño ante los demás; se va a comprar, cocina, hace la limpieza: todos los pretextos valen para evitar la playa. Fred se considera deshonrado tras haber declarado a un amigo que se levantaba tarde los domingos por la mañana.
La vergüenza surge cuando se tiene la certeza de que uno está en las antípodas de su ideal: "Nunca seré ese ser perfecto que he soñado". Esto se aplica a todo lo que uno no ha realizado y no realizará jamás, a todo lo que uno no es ni llegará a ser jamás. Este sentimiento, instalado insidiosamente, se manifiesta a menudo en observaciones como: "No valgo nada, no soy respetable, siempre me decepciono". En definitiva, usted se reprocha no ser como es debido, no hacer lo que conviene y no conseguir hacerlo nunca.
Este constante sentimiento de falta se acompaña de una extrema severidad hacia usted mismo, una severidad que en ocasiones se acerca al desprecio. Las desviaciones o negligencias más nimias se transforman en fechorías inexcusables.
Lydia, propietaria de una tienda de ropa, hace caja como cada noche. Como cada noche, cuanta por segunda vez y advierte horrorizada que se ha equivocado en unas veinte pesetas. Aunque es la única que se ha percatado de este ligero error, se mortifica profundamente y se reprocha con vehemencia: "¡Realmente no sirves para nada, más valdría que hicieras otra cosa!".
No se permite tener derechos, únicamente obligaciones. Me encanta pintar, exclama Caroline, pero he dejado de hacerlo, como si no tuviera derecho a entretenerme con mis tubos de colores y mis pinceles. Siempre hay tantas otras cosas que hacer...: la compra, la limpieza, la plancha, las facturas.
Esta actitud intransigente no deja sitio a la felicidad. Convencido de no ser digno, se niega a disfrutar de la existencia y de sus grandes y pequeños momentos de felicidad.
Cuando su marido le regala un collar por su cumpleaños, Arielle enseguida piensa que esa joya debe de costar muy cara, que es demasiado para ella, que no la merece.
Christian ha ganado un viaje al Caribe. "Mientras estoy tomando el sol, hay tantos seres desgraciados que trabajan a destajo y yo, en cambio, acomodándome al sol...", se repite sin cesar. ¡Ni que decir tiene que sus vacaciones se echaron a perder!
La vergüenza se transforma rápidamente en culpabilidad con respecto a los demás. Se hace reproches: "No valgo para nada, me falta voluntad". Tiene remordimientos: "Me cuesta mucho asumir responsabilidades, no pueden contar conmigo". Es a la vez juez y acusado en un tribunal, sin abogado que le defienda.
Albert, director adjunto de una pequeña empresa, trabaja las veinticuatro horas al día cuando se encarga de un pedido. Explica que debe hacer más porque es lento, y por su culpa la empresa corre peligro de quiebra y de perder clientes; está convencido de que perjudica a su socio y debe enmendar sus errores.

2 comentarios:

  1. El otro dia volví a ver mi película favorita, el hombre bicentenario. En ella se hace un comentario de pasada: "la humanidad reside en las imperfecciones, en las arrugas, en las cicatrices..." No tenemos que tener verguenza de ser humanos.

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  2. ¡Hola! soseki: en cuanto a experiencia, si, así es, cuando seamos capaces de utilizar la memoria sabia, no la tonta. En este caso se usa la memoria tonta. Hace pocos días vi y escuché como una abuela tratando de que su nieto se acercara al agua, le intentaba avergonzar diciéndole que parecía una nenaza, etc, todo más menos de este tenor... la vergüenza nos la inculcan, bienintecionadamente en la mayoría de los casos, si :)) Por esto me acuerdo del dicho: "el cielo está empedrado de buenas intenciones"...

    Mas hay algo importante, muy importante. Si somos capaces de ponernos en la piel de estas personas podremos aprender a tener y sentir compasión. Mientras no sea así, posiblemente sea la arrogancia la que nos esté dificultando la comprensión. Y la arrogancia también es un modo de huir de uno mismo, de algo que no quiere ver, de un sufrimiento que está pero que se oculta. Este es el que dirige todas las acciones, y no siempre en beneficio de uno, aunque mirándolo a corto plazo así nos lo esté pareciendo. Un roto, una vía en un casco de un barco acaba siempre por ceder al paso del agua. No sé si me hice entender.
    Un cariñoso abrazo

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