domingo, 21 de agosto de 2011

Hablar de amor (I)


Lo he leído hace dos días.

Es algo que ya sabía. Llevo mucho tiempo escribiendo y hablando sobre ello. Pero es ahora que alguien lo comienza a entender y a aceptar. Por esto yo estoy sintiendome cada vez mejor de todo este proceso que comenzó hace dos años (y que es también una continuidad de los anteriores) , algo de lo que en su momento dejé constancia. Desde entonces he descubierto mucho más. Intuía pero no había confirmación en los hechos externos. Todo muy extraño. Bien, experiencia y conocimiento. Valioso en cuanto a lo mucho que me ha aportado. Aunque siento que a muchas personas se las haya causado daño. Todo fluirá de nuevo. Saber esto ya es suficiente para mi :)


No he leido las dos novelas que menciona "Cumbres borrasocas" y "Jane Eyre". Si las he visto en el cine. La autora señala que la película basada en la novela titulada Jane Eyre no refleja la verdad de lo que está expresado en ella.

Independiente de esto, pienso: las dos novelas son parte reflejada de esta vida que estoy viviendo.Cuánto he cambiado, si. Y, sobre todo, aprendido.


Lo dividiré en dos para que resulte menos denso.


No es sencillo hacer generalizaciones sobre el amor. Como cada persona que siente sus invisibles filamentos hacia otra persona, también el amor presenta cualidades singulares en cada caso. A diferencia de la atracción romántica, con guiones tan uniformes que hasta una frase para describirlos –"no permitiré que seas de nadie si yo no puedo poseerte", "aventura pasajera", "arrebato de mediana edad", "la otra mujer", "romance de guerra", etc.–, el amor no se ajusta a un argumento y un programa tipo, salvo en cuanto intensifica las alegrías y amortigua las penas en el marco de unas vidas absolutamente individuales. Robin Morgan lo resume así en The Anatomy of Freedom [Anatomía de la libertad]: "El odio generaliza, el amor especifica." Y la atracción romántica también generaliza. Cuando buscamos en otras personas una parte que nos falta, nos olvidamos de su singularidad. Puesto que la mayoría sufrimos carencias asociadas a definiciones de sexo, establecemos generalizaciones sobre el "sexo opuesto" (o sobre cualquier grupo erigido en "otro misterioso") transformándolo en una pantalla en blanco sobre la cual proyectaremos nuestras esperanzas (en forma de enamoramiento romántico) o nuestros miedos (en forma de odio). No es extraño que la atracción romántica se transforme tan fácilmente en odio y viceversa.


[...] los signos distintivos de una alta autoestima:

Cada componente de la pareja se siente amado o amada por su yo auténtico. Jane Eyre descubre la parte independiente de su personalidad a través de la aventura y Rochester entra en contacto con su parte dependiente a través de la desgracia. La atracción romántica, en cambio, gira en trono a la posesión y la transformación, y en estos términos se habla de ella. Por ejemplo, la conducta del hombre que se enamora de una mujer fuerte e independiente y luego intenta dominarla –n argumento romántico habitual desde que se escribió La fierecilla domada–, no es de amor sino de conquista. La mujer obsesionada por encontrar la manera de cambiar a su pareja –un argumento habitual cuando las mujeres se casan con su vida en vez de vivirla–, se distancia de su propia existencia para controlar la del otro.

Cada cual sabe que podría vivir sin el otro o la otra, pero no desea hacerlo. El libre albedrío es esencial para el amor. No podemos decir sí a menos que también podamos decir no. Catherine Y Heathcliff eran incapaces de ambas cosas. Jane sólo puede permanecer al lado de Rochester cuando tiene la seguridad de poder salir adelante sola. Una intimidad forzosa que es imposible abandonar, por el motivo que sea, acaba conduciendo al resentimiento, lo que Camus denominó "una autointoxicación, la malsana secreción de una prolongada impotencia en una vasija sellada". Por eso en palabras de Clare Boothe Luce: "Con la igualdad entre los sexos, habrá mucho más amor en el mundo."

Hay abundante espacio para el juego, la despreocupación y el humor. Cuando dos realidades chocan en la intimidad, el enamoramiento romántico acoge las contradicciones con enfado o desilusión; el amor, en cambio, las acepta con humor. La atracción romántica es inflexible porque intenta predecir y controlar; el amor, en cambio, es tolerante y capaz de improvisar. Tal vez por eso muchas personas utilizan a a menudo frases como: "Me casé con él porque me hacía reir", "Nos reíamos mucho juntos" y "Reírme con ella de mis dificultades siempre me reanima", para intentar explicar el indispensable sentimiento del amor. No es extraño que algunos pasajes de Jane Eyre evoquen la sonrisa, cosa que no ocurre con Cumbres Borrascosas.

Cada componente de la pareja siente empatía hacia el otro o la otra. Entre el extremo "masculina" de exclusiva atención a los propios intereses (por ejemplo, Heathcliff cuando satisface su necesidad de venganza casándose con la cuñada de Catherine) y el extremo "femenino" de exclusiva preocupación por los demás (por ejemplo, Catherine, inmovilizada entre Heathcliff y su marido), existe un término medio de empatía y equilibrio. Cada persona conserva un firme "centro" interno, pero a la vez también es capaz de contemplar la vida a través de los ojos de su pareja. Charlotte Brontë plasma literalmente esta imagen cuando Jane se convierte en "los ojos del ciego Rochester. A ella le gusta leerle en voz alta, describirle el paisaje, el tiempo que hace, y él, que antes era incapaz de aceptar ayuda ni siquiera del servicio, ahora acepta la que Jane le ofrece porque advierte que también es un placer para ella dársela. Sabemos que Jane no es simplemente otra de tantas mujeres dedicadas al cuidado de otra persona porque podemos imaginar que él se convertiría con el mismo placer en sus "ojos" en la situación inversa, una enorme diferencia con todos los relatos románticos, demasiado marcados por distinciones de sexo para ser reversibles. En palabras de Simone de Beauvoir: "El amor auténtico debería basarse en el mutuo reconocimiento de dos libertades; los amantes se identificarían entonces a la vez con consigo mismos y con el otro".


(Testo extraido del libro "Revolución desde dentro". Autora Gloria Steinem)

2 comentarios:

  1. Yo creo que siempre buscamos en el amor... la perfección... grave error, es en la imperfecciones cuándo más deberíamos amar a la persona amada: pero claro no sabemos amarnos a nosotras mismas, y luego buscamos en otra pareja lo q. nos falta: y encima pensamos que es su responsabilidad hacerme feliz, por eso se rompe tantas relaciones antes de buscar a tu pareja aprende a amarte a ti misma y a ser feliz contigo misma...,¡y alcanzar la libertad juntos, no cortarse las alas porque el amor siempre será libre!

    Un abrazo.

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  2. ¡Hola! cristi: uno aprende a amar a través de la confusión de todos los pasos que da... nada que se solucione sin experimentarlo...
    Un abrazo desde una libertad que costó años de sufrimiento -.-

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