viernes, 1 de abril de 2011

Los manipuladores (II) El perfil del manipulador


El perfil del manipulador


Pese a lo que aparenta, el manipulador no confía en si mismo; es un gran inseguro. Su conducta manipuladora funciona como una defensa muchas veces inconsciente. Actúa como una persona en un naufragio y, ante el temor a ahogarse, en su desesperación, se aferra a quien está a su alcance, arrastrándose a su eventual destino.

Utiliza la manipulación como medio de conservación o supervivencia. Es un mecanismo que se automatizó al formarse su personalidad. Quizás no haya sido sujeto de deseo en su familia de origen y, al quedar apartado, intentó ser tenido en cuenta. Para lograr esto, trató de imitar en que se vinculaba la persona que él suponía más poderosa de su entorno afectivo, por ejemplo el padre, y que posiblemente no tuviera en cuanta los deseos y necesidades de los demás.

Ya adulto, lejos de abandonar este mecanismo, trata de controlar los pensamientos y sentimientos de las personas que tengan algo que el valore o envidie, en un intento de apropiarse de ello.

Para poder manejarse socialmente, debe reprimir sus sentimientos personales, que son, en general, de profunda rabia y furia. Por esta razón, esos sentimientos reprimidos se intensifican y se convierten en una energía casi incontrolable, tan destructiva como un tsunami.

Lo paradójico es que, por más que controlen, dominen y sometan, nunca pueden llenar ese vacío interior. Ésta es la fuente de su profunda inseguridad.

Es muy común encontrar personas a las que, a pesar de preocuparse y ocuparse de sus vínculos afectivos más cercanos (esposa, madre, hijos), les cuesta mucho aceptar que éstos tengan deseos propios autónomos e independientes de los de ellos. Les resulta imposible conciliar dos o más deseos, porque suponen que esto significa la aniquilación del deseo propio. En el ámbito de las relaciones afectivas, puede existir un sólo deseo: el del manipulador.

Cuando alguien supone que sólo hay lugar, o que únicamente puede ser satisfecho un sólo deseo, está entrando en una dinámica violenta. Este patrón vincular, como decíamos anteriormente, proviene de la infancia. Probablemente de la imposibilidad de decodificación de una madre que pudo haber sentido como amenazador el deseo de su hijo en cuanto lo vivía como destructor del deseo de ella. Al sentir que ambos deseos no pueden convivir, que si complace el deseo de su hijo pierde la posibilidad de cumplir el propio, entra en una suerte de lucha, a veces con características de francos combates, para ver cuál es el deseo que triunfa.

Una madre que no decodifica bien es una madre que da el pecho cuando el hijo quiere jugar o le cambia los pañales cuando el niño llora de hambre. La necesidad o el deseo del hijo queda incumplido y a expensas de una interpretación errónea.

¿Por qué decimos que toda situación en la que no puedan respetarse o integrarse dos deseos es violenta?

Según Laura Gutman, la violencia emocional como fenómeno individual y colectivo es justamente esto; la imposibilidad de que convivan dos deseos en un mismo campo emocional, y esto es lo que ocurre con el manipulador. Si el deseo del otro intenta hacerse presente, el del manipulador debería retroceder o alejarse para hacer un espacio que pueda ser compartido; pero él no está emocionalmente preparado para compartir: el manipulador lo quiere todo.

Decíamos anteriormente que ha vivido una realidad emociona en su infancia en la que tuvo que ceder, quizás, a la imposición del deseo de un adulto. El cine nos da múltiples ejemplos de la dificultad de los hijos para realizar sus propios deseos: Billy Eliot, Claroscuro, etc.

Otra confusión en el psiquismo del niño se produce cuando se interioriza la idea de que la única posibilidad de cumplir con un deseo propio es hacerlo a costa del deseo del otro: "Si no hubiese sido por cuidar a mis hijos, yo hoy sería abogada y otra sería mi realidad...".

Se instala, entonces, un estado de alerta similar al de un campo de batalla: "Es tu deseo o el mio". Cualquier invasión en el terreno del deseo propio es vivida como peligrosa para la propia existencia. Es necesario, por lo tanto, mantener bajo control pensamientos, sentimientos o acciones de quien es considerado "invasor".

Queda interiorizada, entonces la impresión de tener el derecho de llegar hasta la aniquilación del "enemigo", porque está en riesgo de "supervivencia", y recurrirá para ello a todos los camuflajes o engaños necesarios para lograrlo. No debemos olvidar que para el manipulador ésta es una batalla que tiene que ganar. Ya en el siglo V a. C., Sun Tzu escribió:

El arte de la guerra es el arte del engaño, si adoptamos siempre una apariencia contraria a lo que somos, aumentaremos nuestras oportunidades de victoria.


El manipulador se cree un sabelotodo

El manipulador cree que todo el territorio le pertenece; no reconoce l alteridad, la existencia del otro. Como para compartir hace falta otro con quien hacerlo, él no comparte. Esto ocurre porque sólo hay lugar para una mirada, sólo hay lugar para un deseo, que, naturalmente, es el del manipulador. Esta conclusión es convertida por él en un saber universal, en una verdad incuestionable.

Esta creencia de ser omnisapiente no le permite aceptar diferentes posiciones. Incluso en el terreno emocional más íntimo, cree que "él sabe más" acerca de los sentimientos de la otra persona que la persona misma: "No, no... Lo que tú sientes no es tristeza, lo que sientes es...". Esta conducta, que en general tiene hacia todas las personas de su entorno, adquiere características de mayor gravedad cuando la emplea con sus propios hijos, porque llevar a un niño a dudar de sus propias percepciones diciéndole que no siente lo que siente, que no ve lo que ve, es sumamente arriesgado para su integridad emocional y para su salud psíquica.


El manipulador carece de empatía

El manipulador está incapacitado para ponerse en "los zapatos de los demás". No trata a los otros con reconocimiento,porque es algo que él desconoce; no lo recibió de su familia de origen cuando era niño y eso le privó de la posibilidad de sentirse seguro. Esto dificulta la intimidad compartida, porque esta situación le produce un temor de vida o muerte. Si bien, ante la mirada ingenua, parecen tener un adecuado funcionamiento social*, su desconfianza los hace incapaces de relacionarse cooperativamente.

*No olvidemos que muchas manipulaciones/abusos ocurren de puertas para adentro.


La percepción que tiene de sí mismo

Algunos manipuladores son conscientes de serlo y en esos casos rozan la perversión. Pero otro son totalmente inconscientes de sus manipulaciones, no tienen registro de ellas y por eso se sorprenden o enojan cuando alguien se las hace notar.

Que sean conscientes o inconscientes no debe afectarnos en cuanto a la protección que debemos emplear frente a ellos; es necesario no dar espacio a la manipulación porque es un terreno donde se juega la salud y muchas veces hasta la vida.


El modus operandi del manipulador

Una persona manipuladora evita dar información íntima de sí misma, pero está ávida de conocer la intimidad de los otros. Sabe que el que posee mayor información tiene el poder. Esto es de esencial importancia porque le permite ocultar su inseguridad de base y al mismo tiempo sentirse poderoso.


Actúa desvalorizando y culpabilizando a los otros, construye una ilusión: la de ser superior a los demás. El peligro radica que está convencido de que esa ilusión es real.


El mecanismo de defensa más utilizado por el manipulador es la proyección*, reprocha a los demás su frustración sobre la víctima elegida, como si fuera una pantalla, ve a ésta como portadora de ese odio intenso. Percibe a la víctima como a un monstruo destructor al que debe controlar para protegerse y al que hay que atacar anticipándose a su supuesta intención malvada.

*Se trata de una defensa de origen arcaico mediante la cual un hecho psicológico, deseos, sentimientos, etc., se desplazan y se localizan en otro sujeto. Como por ejemplo, "echar la culpa a otro".


En esa batalla, el primer movimiento debe ser el de minimizar a su adversario por medio de la descalificación y desvalorización, para que pierda confianza en sí mismo.


El manipulador es un experto en el manejo de la culpa, hace sentir a los otros que son irresponsables. Es por eso que la víctima intenta explicar la situación una y otra vez con la intención de ser comprendida, lo que nunca sucederá, y por eso en muchos casos se perpetúa esa interacción: el manipulador en muchos casos acusa y la persona manipulada explica.... explica... y explica. Si alguien le hace notar esta situación, el manipulador negará siempre su conducta culpabilizadora.

El manipulador miente, pero la mayoría de las veces no lo hace directamente, prefiere provocar malos entendidos que luego aprovechará en su beneficio. Opta por insinuar, ya sea por medio de palabras o silencios. Al "decir sin decir" (hipérbole) no se expone directamente y dejará siempre una vía de escape abierta: la de acusar al otro de haber comprendido mal o de ser muy susceptible.

Estás técnicas indirectas hacen dudar, confunden, desestabilizan y dejan a la persona manipulada enmarañada y con muy pocas posibilidades de defensa. Ésta es precisamente la intención del manipulador, puesto que si mintiera abiertamente quedaría expuesto su autoritarismo e intento de destrucción.


Otra de las conductas que asume es inducir a los demás a tomar decisiones en contra de su voluntad, ya que al carecer de empatía no tiene en cuenta las necesidades ni los deseos de los otros.


Evita la confrontación, pues el estilo cambiante en su comportamiento, opiniones o sentimientos le permiten no asumir la responsabilidad de sus propias ideas (éste es su objetivo) y de sus consecuencias. Por esto mismo suele apropiarse de ideas exitosas de otras personas y las expresa como propias.


Confunde a sus víctimas al dar el mismo tiempo dos mensajes no sólo distintos, sino incluso opuestos, de tal modo que si se obedece uno, automáticamente se desobedece el otro. (A esta persona que me plagió le gustan mucho las paradojas, si, y presume de ello, pero cuando le recomendé un libro, que compró, no le gustó, y se fue a leer las paradojas, precisamente de las que se habla aquí, mas, no hubo ni un sólo comentario al respecto). La paradoja que lo representaría es: "Está prohibido prohibir".

Un ejemplo de esto sería cuando alguien le dice a su hijo: "Todavía eres muy pequeño, ¡haz lo que yo te digo!, asume responsabilidades que ya es hora de que lo hagas".

Como ejemplo es el de quien reclama: "Tú nunca me das un beso". Y cuando lo recibe: "Me lo das porque yo te lo pedí, así no tiene valor".

La intención y el resultado es que, haga lo que haga, la persona manipulada quedará en falta o no logrará complacerlo.

De todas las formas de actuar del manipulador se desprende el uso distorsionado que hace de la comunicación.

Por la complejidad que esto supone, hemos creído necesario hacer un apartado sobre el uso de la comunicación en la manipulación.


Comunicación manipuladora

La principal característica del manipulador es el uso atípico que hace de la comunicación. No comunica de forma clara y directa sus necesidades, sus opiniones, sus sentimientos o sus demandas. No suele escuchar respetuosamente ni con tiempo suficiente lo que los demás exponen, salvo cuando la situación le resulta favorable.


La comunicación verbal es escasa; no necesita hablar mucho ya que con pequeños movimientos desestabilizadores logrará captar la atención. Sus palabras, sus gestos o sus silencios comunican constantemente su desacuerdo o su crítica, con lo que logra que los otros tengan la sensación de estar haciendo las cosas mal. Una ceja levantada, una sonrisa socarrona, un pequeño movimiento de hombros le bastan para insinuar sin decir. La violencia subyacente se percibe aunque no llegue a ser expresada verbalmente, convirtiéndose, de esta forma, en un generador de angustia.

El silencio o la negación de una comunicación directa es, quizás, el instrumento de destrucción por excelencia de los manipuladores, ya que la persona agredida, al verse obligada a reclamar respuestas o aclaraciones, expone sus flancos débiles, lo que es rápidamente aprovechado por el manipulador.

Cuando no está presente y, por tanto, no puede influenciar a su víctima con gesto o la mirada, utiliza las palabras para expresar toda su destructiva violencia contenida*.

*(De esto hay mucho que hablar, ya que algunos también usan la comunicación mental, siendo aún más perniciosa su influencia). Mucho he descubierto yo sobre esto. mucho. Si, todo pasa por algo.


¿Qué rédito obtiene el manipulador al negarse a mantener una comunicación clara?

!. La imprecisión de su mensaje lo ayuda a generar la suficiente confusión como para no sentirse atrapado ni descubierto en sus maniobras.

2. La falta de claridad al comunicar le proporciona un refugio desde el cual se enmascara con una aparente autoridad que utiliza para hacer creer a los otros que él sabe más o tiene mayor información que ellos.

3. Al ser impreciso en la comunicación deja un amplio margen para la interpretación del que le escucha. Esto lo utilizará luego para cambiar sobre la marcha sus opiniones y descolocar así a su interlocutor.

4. Otro de los beneficios que encuentra el manipulador en utilizar una comunicación deficiente es el de no asumir responsabilidades por lo que dice, dado que siempre podrá decir que en realidad fue mal interpretado. No olvidemos que estos personajes son especialistas en "echar la culpa a los demás".

5. Saca ventaja de cualquier situación. Utiliza el más mínimo error de su interlocutor para poder descalificarlo, y así obtener superioridad o dominio sobre él.

6. La imprecisión también le sirve para agregar un halo de misterio a lo que dice; esto generalmente tiene el beneficio complementario de la seducción por el misterio.


(Texto extraído del libro "Cómo hacer frente a los manipuladores". Autoras Gloria Hussmann y Graciela Chiale)

2 comentarios:

  1. ¡Hola! liz: imprecisión en le lenguaje, así percibo tu comentario, jejeje...
    Esta sociedad que nos enseña a manipular más que a ser honestos... bueno, más bien los dos mensajes... se honesto, tú, pero yo cuando te miento no digas nada... y tú se honesto.... ¿no sé como se puede ser honesto y no decirte que mentiste? Si, las comunicaciones se convierten en algo impreciso sin siquiera saberlo... aunque algunos si que lo saben... pero para esto estamos aquellos que les hemos desbaratado sus disfraces y ardides... si... :) Aprendamos pues, tanto a dejar de manipular como a no caer en las manipulaciones.

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