miércoles, 16 de junio de 2010

El Noble Óctuple Sendero (V) La motivación correcta


2. La motivación correcta

Una mirada más profunda dejaría al descubierto el grado de confusión de nuestras motivaciones, incluso cuando pensamos que estamos brindando lo mejor, el deseo de ayudar puede estar teñido por necesidades e intereses personales ocultos. ¿Estamos buscando reconocimiento? ¿Queremos aparecer como salvadores, la causa de la felicidad del otro? Una acción que hoy parece valiente puede mañana resultar limitada, incluso cruel o simplemente inútil.
Cuando identificamos nuestros pensamientos y los clasificamos sin abrir juicio y sin culpa, aprendemos a distinguir nuestras tendencias sanas de las que no lo son. Nos familiarizamos con los motivos subyacentes a nuestra conducta examinando nuestras ideas y planteándonos preguntas. Si soy completamente honesto conmigo mismo, ¿cuáles son mis verdaderas motivaciones? ¿Realmente quiero mejorar la imagen de mi mismo? ¿En el fondo me gustaría que los demás fracasaran? ¿Por qué necesito llamar la atención? ¿Por qué me contengo, esperando que los demás tomen la iniciativa?
Una vez que nos damos clara cuenta de nuestras motivaciones, es importante no juzgarlas como positivas o negativas, porque estaríamos tentados de aferrarnos a las positivas como buenas y de rechazar las negativas como males, y eso a la larga puede resultar perjudicial. Una motivación positiva no necesariamente es correcta, porque ahí donde se juega la imagen de sí mismos no se toma en cuenta la motivación correcta. Para vivenciar la motivación correcta, debemos antes experimentar una transformación interior que nos acerque a la visión correcta. En algún momento percibiremos que nuestras antiguas motivaciones ya no se sostienen y sin embargo no han surgido motivaciones nuevas. Lo mejor que se puede hacer en este "espacio de transición" es relajarse, esperar atento, seguir observando y cuestionándose qué es lo universalmente bueno. Esto podría ser, por ejemplo, el deseo auténtico de no hacer daño a nadie y de no emprender actividades corruptas.
Gracias a una actitud atenta y permanentes cuestionamientos, la base de nuestras motivaciones empieza a cambiar. La visión correcta se percibe con claridad, aclarando la índole de nuestras motivaciones y permitiendo que se instale y florezca la motivación correcta.
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